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En algún sentido, el Brasil es el equivalente no de un Estado hispanoamericano sino de la misma Hispanoamérica: es la totalidad del Imperio Portugués en América, sin desmembramientos. Las raíces de la emergencia de una identidad "nacional" brasileña son una cuestión opinable. Algunos expertos la ubican hacia 1654, cuando los holandeses fueron expulsados del Noreste luego de 25 años de ocupación, o aún antes, en las exploraciones del interior brasileño por los bandeirantes de Sao Paulo, y en los tempranos conflictos con España en el Río de la Plata. De acuerdo a Leslie Bethell, sin embargo, fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando emergió en Brasil (como también en las colonias españolas e inglesas de América) un sentido de identidad más preciso y generalizado entre algunos sectores de la oligarquía blanca nacida en América. Estos brasileños, cuyos viajes a Europa se habían hecho más frecuentes, criticaban el sistema mercantilista, la excesiva tributación y la limitada disponibilidad y alto precio de los productos manufacturados extranjeros. Esto generó la percepción de un creciente conflicto de intereses, tanto político como económico, con Portugal, como así también conciencia del retraso y la debilidad de la metrópoli lusitana. La corona portuguesa tenía pocas fuerzas y apenas unos 2000 militares en Brasil, muchos de cuyos oficiales (y la mayoría de la tropa) eran nacidos allí. No obstante, los portugueses dominaban muchos de los puertos, así como el comercio del Atlántico.
    Sin embargo, y en la opinión de Bethell, estas diferencias entre los portugueses y la oligarquía brasileña no deben exagerarse. Por muchas razones, Brasil tenía lazos más cercanos con su metrópoli que Hispanoamérica. Entre los diversos factores que explican las diferencias entre las circunstancias de las colonias luso e hispano-parlantes pueden incluirse los siguientes:

  1. La oligarquía brasileña estaba menos firmemente arraigada en Brasil que la hispanoamericana en sus respectivos territorios.
  2. Exceptuando el difundido uso de esclavos, el gobierno colonial portugués era menos opresivo que el español. Portugal gobernaba a través de la oligarquía local en un grado mayor que España.
  3. Brasil no poseía universidades ni prensa escrita. Esto significaba que la oligarquía local iba a Portugal a estudiar, y de este modo los lazos entre las élites colonial y metropolitana se reforzaban en Coimbra. Era el mismo esquema del sistema colonial británico. España hizo lo contrario.
  4. La economía esclava generaba temor en la oligarquía. Los esclavos representaban alrededor de un tercio de la población, y en algunas regiones y ciudades conformaban la mayoría.
  5. La economía brasileña de la segunda parte del siglo XVIII estaba orientada hacia la exportación. Dependía del comercio transatlántico, y esto generaba una interdependencia entre los comerciantes coloniales y los metropolitanos.
  6. Brasil dependía del comercio esclavista de Portugal.
  7. En Brasil había poco comercio interno en comparación con Hispanoamérica, lo que por el momento hacía menos viable la independencia.
  8. El monopolio comercial portugués estaba menos celosamente guardado que el español, perjudicando menos a las élites locales.
  9. Las reformas imperiales de Portugal eran de menor alcance que las españolas y resultaban menos amenazadoras para los intereses locales.
  10. Portugal tenía en ese momento un liderazgo más ilustrado que el español. Había un gran contraste entre Manuel Godoy, el incompetente y corrupto jefe de ministros de Carlos IV desde 1792 en adelante, y don Rodrígo Sousa Coutinho, quien, aunque reaccionario, reconocía las ventajas de una limitada liberalización económica. La revolución norteamericana había mostrado la vulnerabilidad de los imperios. Como antídoto, Sousa Coutinho se ocupó de que se designara a brasileños en altas posiciones de gobierno, no sólo en Brasil sino también en el mismo Portugal.

    Como consecuencia de estos factores, hubo sólo dos rebeliones significativas contra los portugueses en la segunda mitad del siglo XVIII. El movimiento de la inconfidencia mineira de 1788-89 fue sin duda el más serio, e involucró algunos de los hombres más ricos y poderosos de la región de Minas Gerais. Comenzó como una protesta contra la tributación arbitraria pero pronto se convirtió en anticolonialista en sus objetivos. Sin embargo, el movimiento fracasó totalmente en inspirar protestas similares en otras regiones.
    Contrariamente a la inconfidencia mineira, la conspiración de Bahía de 1798 fue un movimiento mucho más radical, que tuvo el objetivo de producir un levantamiento armado de mulatos, negros libres y esclavos. En la ciudad de Salvador los blancos eran superados 5 a 1, y la clase dominante aplastó la rebelión con la energía que el miedo a veces inspira. Por lo demás, la oligarquía de Bahía estaba más apegada al esclavismo y al sistema comercial prevaleciente, debido al auge del azúcar y a la prosperidad general de la década de 1790.
No obstante, los blancos criticaban al sistema colonial y expresaban resentimiento por la tributación abusiva y el mercantilismo. Pero las reformas de Sousa Coutinho consiguieron moderar muchos de estos sentimientos.
    Por otra parte, en fecha tan temprana como 1803, Don Rodrígo había sugerido que si Portugal llegaba a entrar en una guerra europea, y muy especialmente, si Napoleón invadía Portugal, antes que arriesgar la pérdida del Brasil (a raíz de una posible rebelión interna o de la probable usurpación de algún rival europeo), el príncipe regente Don Joao debería mudarse allí con su corte y establecer "un grande y poderoso imperio" en América del Sur (1). Por razones estratégicas y comerciales, el gobierno británico estaba a favor de una acción semejante en el caso de una invasión francesa. Cuando en junio de 1807 Napoleón decidió invadir Portugal en su intento por destruir el comercio británico con Europa, y dio un ultimátum al príncipe regente exigiendo el cierre de sus puertos a los barcos ingleses, el canciller británico George Canning formuló una contra-amenaza: si don Joao obedecía a Napoleón, Inglaterra destruiría la armada portuguesa (como ya lo había hecho con la danesa) y tomaría asimismo al Brasil. Pero si en cambio Don Joao no se rendía a Napoleón, Gran Bretaña mantendría vigente su obligación de proteger a la casa de Braganza.
    Más aún, en octubre de 1807 Canning ofreció en secreto la protección británica si Don Joao decidía mudarse temporariamente al Brasil. Para los portugueses la decisión era difícil, y por un tiempo Don Joao intentó complacer tanto a Canning como a Napoleón. Pero cuando a fines de noviembre Francia invadió Portugal, entre 10 y 15 mil miembros de la corte lusitana se embarcaron hacia Brasil con la protección de la armada británica. Desde el punto de vista del interés británico, ésta era una situación positiva: era factible esperar que los mercados brasileños se abrieran a su comercio, y que a través del Brasil, los productos británicos llegasen a Hispanoamérica, neutralizando las consecuencias del fracaso de las invasiones inglesas de 1806-07 en el Río de la Plata. Como recuerda Bethell (2), Lord Strangford escribió entonces: "He conseguido que Inglaterra establezca con el Brasil una relación de soberano a súbdito, y que pueda exigir obediencia como pago por su protección".
    Si ésta era la situación, ¿qué cosa era el Brasil? ¿A quién pertenecía? Al igual que Hispanoamérica, el Brasil se encontraba surcado por profundas divisiones regionales, sociales, económicas y raciales. Estaban los portugueses y sus protectores británicos, la oligarquía blanca criolla, los esclavos, los indígenas, los mestizos cazadores de indios, etc. Coexistían el cinturón azucarero, el sertao, los intereses mineros y los intereses de los ganaderos sureños; estaban también los productores y los comerciantes, generalmente defendiendo intereses contrapuestos. Si en una colonia como la Presidencia de Quito podemos simplificar la realidad diciendo que la "nación quechua" estaba dominada por la minoría hispanizada, la sociedad brasileña presentaba una complejidad mucho mayor. De sólo una cosa podemos estar seguros: no era una "nación", aunque sí fue un Estado donde hubo una continuidad institucional total entre la era colonial y la era independiente. En Brasil, con la Independencia no hubo crisis severa ni ruptura institucional. No obstante, al igual que los otros Estados que emergían en la América del Sur, se disfrazó de nación, ya que esta era una forma de legitimar su estructura de poder. Hecho esto, el Brasil se convirtió en el mayor actor del sistema interestatal que iba a desarrollarse en la América meridional.

  1. L. Bethell (comp.), Brazil: Empire and Republic, Cambridge: Cambridge University Press, 1993; pág. 13.

  2. Ibid., pág. 16.
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