Visite nuestra página principal

El verdadero precursor del estudio de la invención de la Argentina no fue Nicolas Shumway (como podría creerlo algún desprevenido frecuentador de librerías porteñas) sino Ángel Rosenblat, quien en su temprano ensayo de 1964, El Nombre de la Argentina, reelaboró lo que ya había publicado mucho antes, primero en 1949, y antes aún en tres artículos del diario La Nación del año 1940 (2). Pero aquéllos no eran tiempos de auténtica integración regional, ni mucho menos de globalización. El Estado-nación estaba en su apogeo, al menos como imperativo normativo para las formaciones políticas soberanas, y todo cuestionamiento de las ficciones directrices y mitos fundacionales, aunque tolerados, tenía que quedar en el olvido. ¿Quién recuerda a Rosenblat excepto algún especialista como José Carlos Chiaramonte, que en el ya globalizado año de 1997 publicó una excelente y desmitificadora investigación dónde -además de importantes aportes propios a temáticas afines- agrega unas pocas precisiones a los hallazgos del precursor? Chiaramonte será más recordado por estos aportes que Rosenblat, no por una cuestión de mérito (que no evalúo) sino porque escribe en tiempos en que la desmitificación del Estado-nación es funcional para los intereses de la integración regional y la globalización. La concepción de Mannheim demuestra una vez más su vigencia, incluso en momentos en que ya se eclipsaron los intereses de izquierda (en el contexto de la guerra fría), que son los que hicieron que sus aportes a la "sociología del conocimiento" no se enmohecieran bajo el polvo de las bibliotecas.
    Por cierto, el título del libro de Shumway es más que juego de palabras: la Argentina fue inventada. Para comenzar -y como ya se señaló al pasar- Rosenblat documentó el hecho de que en un principio el vocablo "argentino" estaba vinculado al Río de la Plata, su cuenca, su territorio y sus habitantes: no abarcaba mucho más que Buenos Aires y su periferia. En segundo lugar, en la terminología de la época "argentinos" fueron tanto los criollos como los peninsulares que lucharon contra los invasores ingleses, aunque no lo hubiera sido un cordobés (salvo que, como los vizcaínos llamados argentinos, se hubiera avecindado en Buenos Aires). En tercer lugar, Rosenblat también documentó que la identidad de "argentino" excluía a los indígenas: incluía tan solo a españoles americanos y españoles peninsulares de la región del Río de la Plata.
    En efecto, es porque el sentido de identidad prevaleciente en 1810 era lugareño, y porque no existía una nacionalidad argentina ni virreinal, que la proclama emitida por el general de la "expedición auxiliadora" que la Primera Junta de Buenos Aires envió al Interior decía: "En este instante, hermanos y compatriotas, pisáis ya el terreno que divide a vuestra amada Patria de la ciudad de Córdoba. (...) Tened presente que vuestra Patria, vuestra amada Patria, Buenos Ayres, os observa (3)." La proclama también alude a la "madre Patria", España, ilustrando como se superponían dos identidades, la lugareña y la española (subdividida ésta en "americana" y "peninsular"), pero que no había sentido de identidad ligado al Virreinato o a lo que actualmente es la Argentina.
    Por otra parte, los mecanismos que ayudaron a plasmar un "nosotros" rioplatense, netamente lugareño, incluyeron los primeros periódicos de Buenos Aires: el Correo de Comercio (el primero en aparecer, clausurado en 1810); el Telégrafo Mercantil, Rural, Político-económico e Historiográfico del Río de la Plata; el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio; La Gazeta de Buenos Aires (órgano del Directorio), El Censor (órgano del Cabildo de Buenos Aires) y El Lucero, entre otros. Además, la literatura hizo un aporte que puede estudiarse fácilmente ya que en 1824 se publicó La Lira Argentina o Colección de Piezas Poéticas Dadas a Luz en Buenos-Ayres Durante la Guerra de su Independencia, que reunió en 1824 todos los poemas publicados en Buenos Aires desde 1810. Típicamente, el título nos muestra que la "lira argentina" era una lira porteña. Como sostiene Anderson, también aquí la imprenta móvil jugó su papel en la generación de identidades colectivas.
    Pero el tema de la existencia o no de una identidad "argentina" abarcativa de un territorio mayor que el de Buenos Aires tiene sus complejidades y aparentes contradicciones. Chiaramonte, que endosa los hallazgos de Rosenblat, documenta por su parte que a éste "se le escapó" (4) una modalidad del uso del vocablo "argentino". Se trata de una modalidad ampliada, que confundió a historiadores y analistas llevándolos a la equivocada conclusión de que ya hacia el año 1810 podía reconocerse una identidad "argentina" similar a lo que hoy concebimos como tal. Esta acepción del término denotaba un territorio mucho mayor que el de Buenos Aires, pero siempre que la jurisdicción en cuestión estuviera bajo la égida de Buenos Aires, o se incluyera como una jurisdicción sobre la que Buenos Aires normativamente debía mandar. Durante un largo período los usos más abarcativos del vocablo "argentino", que sí existieron, estuvieron ligados al predominio y expansionismo porteño. Chiaramonte documenta que Córdoba era una "provincia argentina" desde el punto de vista de los columnistas del Telégrafo... que habitaban en Buenos Aires, pero no desde la perspectiva de los colaboradores del mismo periódico que eran vecinos de Córdoba, Salta, Mendoza o Corrientes.
    Tenemos pues tres etapas en la evolución identitaria. En un primer momento, las identidades superpuestas fueron la correspondiente a la ciudad que se habitaba con la de "español americano" (o "español peninsular"); en un segundo momento fue la de la provincia con la de "americano" (ya sin "español"); recién en un tercer momento, comenzó la identidad ampliada de "argentino" a reemplazar la más inclusiva de "americano".
    Como se ve, a las gentes del Interior y el Litoral les costó mucho adaptarse al vocablo "argentino". Esto se produjo como consecuencia de una curiosa vuelta de tuerca. Los pueblos de las "provincias" comenzaron a apropiarse del vocablo cuando los porteños comprendieron que intentar dominar esos territorios era demasiado costoso, y que les convenía la autonomía para no renunciar al patrimonio exclusivo sobre las rentas de la aduana de su puerto. Frente a esa combinación de deserción y abdicación porteña, las provincias contraatacaron reclamando una participación en esas rentas y (en el caso de las del Litoral) la libre navegación de los ríos, a la vez que sus gentes comenzaron a percibir la conveniencia de decir "nosotros también somos argentinos", para generar una primera persona del plural más abarcativa, que les permitiera usufructuar de una parte de la riqueza del puerto y asegurarse el acceso al comercio. Esto ocurrió hacia los tiempos del Congreso Constituyente de 1824-27, y fue recién a partir de ese momento que comenzó a gestarse un vocablo más consensuado denotando a todos los que hoy llamamos argentinos (indígenas inclusive), aunque ahora con las resistencias de los porteños, que tendían a resistirse a incluir a los provincianos dentro del gentilicio.

  1. El lector informado observará que -aunque su contenido es muy diferente- este acápite lleva el mismo título que el libro de N. Shumway, The Invention of Argentina (Berkeley y Oxford: University of California Press, 1991). Dicho libro contiene defectos comunes a muchos literatos que intentan conjeturar sobre las consecuencias políticas de la ensayística y la narrativa. Sin formación metodológica en la ciencia política, a veces extrapolan toda una cultura política a partir de un texto que ni siquiera fue difundido en su época, como es el caso del "Plan Operacional" de Mariano Moreno, que según el autor transmitió ficciones directrices (o fundantes) a la cultura argentina (pág. 39), cuando el mismo Shumway está consciente no sólo de la falta de circulación del documento sino también de las dudas sobre su autenticidad. No obstante, el libro de Shumway es importante porque, al haberse publicado también en castellano (y en Buenos Aires), comenzó a familiarizar al público argentino con la idea de que las naciones, incluida la Argentina, son construcciones sociales.
        Ayuda por lo tanto a desmitificar y desconstruir. Por otra parte, el título de Shumway carece totalmente de originalidad. La idea de que las entidades colectivas son construcciones sociales que se "inventan" es por lo menos tan vieja como la obra de Edmundo O'Gorman, La Invención de América, México: FCE, 1957. Muy posteriormente, Eric J. Hobsbawm y Terence Ranger compilaron el libro The Invention of Tradition (Cambridge: Cambridge University Press, 1983), que es fiel a una metodología historiográfica más rigurosa. Específicamente, Shumway es discípulo de Edmund S. Morgan, cuya obra Inventing the People (Nueva York: Norton, 1988) rastrea la invención del concepto "pueblo" tal como se presenta en la Constitución de los Estados Unidos ("Nosotros el Pueblo de los Estados Unidos..."). Morgan desarrolló con gran agudeza la temática de las ficciones directrices, desmitificándolas para el caso norteamericano. Shumway imitó pobremente el método de Morgan para la Argentina, no porque este tipo de análisis no fuera aplicable en este caso, sino porque eligió mal sus documentos y sacó algunas conclusiones que demuestran su escaso conocimiento del país. La publicación de su obra, sin embargo, tendrá su pequeño pero crucial impacto cultural, legitimando localmente no sus conclusiones sino su intención. Finalmente, debe consignarse que Beatriz Dolores Urraca transitó por la senda abierta por Shumway, dándole un matiz comparativo con su tesis de Ph.D., "The Literary Construction of National Identities in the Western Hemisphere: Argentina and the United States, 1845-1898" (Universidad de Michigan, 1993). Temáticas similares también fueron tratadas, entre otros, por: Adolfo Prieto, El Discurso Criollista en la Formación de la Argentina Moderna, Buenos Aires: Sudamericana 1988; Homi K. Bhabha (comp.), Nation and Narration, Londres y Nueva York: Routledge, 1990 (no contiene trabajos sobre países de América latina); Doris Sommer, Foundational Fictions: The National Romances of Latin America, Berkeley y Oxford: University of California Press, 1991 (contiene un capítulo interesante sobre Sarmiento y otro sobre el Amalia de José Mármol); Amaryll Chanady (comp.), Latin American Identity and Constructions of Difference, Minneapolis y Londres: University of Minnesota Press, 1994 (contiene un capítulo por Blanca de Arancibia, que discurre sobre la problemática identitaria en las novelas de Abel Posse).
        Existen títulos similares a los de Morgan pero que poco tienen que ver con su metodología. Son los casos de Enrique Dussel, The Invention of the Americas (Nueva York: Continuum, 1995), tratamiento lacrimógeno emprendido desde la ignorancia más supina (en el Prefacio dice que Sevilla fue reconquistada en 1492), y de la obra ya citada del mexicano O'Gorman (muy admirado por Dussel).

  2. A. Rosenblat, op.cit. La versión de 1949 se publicó en Nova, títulada Argentina. Historia de un Nombre, y los artículos de La Nación se publicaron en marzo de 1940. En Chile, el 88precursor en el tratamiento de estos temas fue Néstor Meza Villalobos, La Conciencia Política Chilena Durante la Monarquía, Santiago: Instituto de Investigaciones Históricas, Facultad de Filosofía y Educación, Universidad de Chile, 1958. En tiempos recientes estos trabajos fueron continuados por Mario Góngora, Ensayo Histórico sobre la Noción de Estado en Chile en los Siglos XIX y XX, Santiago: Ed. Universitaria, 1986.

  3. Carranza, Neftalí: Oratoria Argentina, Tomo I, Buenos Aires 1905, pág. 23, cf. J.C. Chiaramonte, op.cit., pág. 120.

  4. Ibid., p. 67.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "squeda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.