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Desde comienzos de 1823 hasta mediados de 1825, Córdoba mantuvo cierto contacto con los Estados de Chile, Perú, Bolivia, Paraguay y Gran Bretaña, contacto que aunque no muy frecuente albergó una relativa continuidad a lo largo del período (1). Si bien Córdoba no se opuso a la Ley Fundamental promulgada por el Congreso en 1825, la ley de Presidencia del 6 de febrero de 1826, sancionada en virtud de la guerra con el Brasil, produjo la virtual secesión de la provincia frente a las "Provincias Unidas". Esta ley establecía un Poder Ejecutivo Nacional previamente a la sanción de la Constitución, en abierta contradicción con la Ley Fundamental. La legislatura cordobesa expresó su disconformidad en la sesión del 30 de mayo de 1826, en los siguientes términos:

"La ejecucion de esta ley antes de ser ofrecida á la aceptacion de las Provincias se les ha presentado tan alarmante como destructora de las garantías y libertades que se reservaron por la de 23 de enero de 1825 en el solemne pacto de asociación reproducido por el órgano de sus Representantes (...) No se admite la ley del 6 de febrero inmediatamente anterior, por la que el Congreso General Constituyente ha creado un Poder Ejecutivo Permanente."

    Este rechazo por parte de Córdoba podía tener serias consecuencias para la provincia, incluida la guerra. Por ello, el gobernador Juan Bautista Bustos estableció contactos con Simón Bolívar y con Antonio José de Sucre (2). Este ya había puesto los ojos en Bustos desde 1825, pues pensaba que podía ser útil a la causa de Bolívar. La oposición a Bernardino Rivadavia, que había sido nombrado titular del Poder Ejecutivo Nacional, llevó entonces a Bustos, Sucre y Bolívar a tratar de aunar esfuerzos. Sucre suministró dinero ese mismo año a Bustos y a Juan Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero. Carlos Segreti sostiene que se le remitieron al primero 3.000 pesos, aunque éstos no pudieron llegar a destino por ser interceptados en Salta (3).
    Pero fue la Constitución de 1826, dictada por el Congreso General reunido en Buenos Aires, la que marcó el punto culminante del deterioro de las relaciones internas de las "Provincias Unidas". Las consecuencias más directas para la provincia de Córdoba fueron su separación del pacto federal (16 de enero de 1827) y el desconocimiento de los actos del Congreso (31 de mayo de 1827). Así lo expresaba la Legislatura provincial:

"Art. 1: Pasese una nota al P.E. con el designio de que dirija éste á los Plenipotenciarios de los demas estados existentes cerca del Gobierno de Buenos Aires, haciendoles saber que la provincia de Cordoba, estando como está, fuera del pacto general de asociación, desde el 2 de octubre de 1826, por las razones que ya tiene imprimidas en su manifiesto, no reconoce ni reconocerá obligación alguna de las que de cualquier modo quiera contraer con los otros Estados ó tenga contraida aquel Gobierno con el carácter Nacional (...)."(4)

    En cumplimiento de lo dispuesto por la Legislatura, el mismo 31 de mayo de 1827 el gobernador de Córdoba dirigía al ministro plenipotenciario de Su Majestad Británica, al enviado del gobierno de los Estados Unidos, al agente de negocios de Colombia y al enviado de Chile, todos residentes en Buenos Aires, una nota en que expresaba severas críticas a Buenos Aires y a la Constitución del 26 por constituir ésta una clara violación de la voluntad general.
    La situación cambió cuando José María Paz derrocó a Bustos en San Roque, el 22 de abril de 1829, y se convirtió en el nuevo hombre fuerte de su provincia. Paz alentó planes para una organización supraprovincial que contemplara los intereses del Interior, contra los del Litoral y Buenos Aires. Hacia 1830, el general Paz inspiraba cierto respeto. Así parecían advertirlo tanto Chile como Bolivia, que esperaban cautelosos el desenlace final. En el caso de Chile, las relaciones con Córdoba se acentuaron a partir de 1830. Instalados los conservadores en el gobierno chileno luego de la batalla de Lircay, en abril de 1830, el ministro de relaciones exteriores, Diego Portales, decidió enviar al comisionado Ramón Ocampo ante el gobierno de Córdoba. Este, de tendencia claramente unitaria, veía al general Paz "muy acreditado" políticamente, por lo que creía en su victoria y reclamaba ante su propio país la necesidad de vincularse a través de una convención.
    Por su parte, a Paz le era conveniente mantener relaciones cordiales con un gobierno extranjero, pues esto le otorgaba prestigio frente a las otras provincias y equiparaba a Córdoba con el gobierno de Buenos Aires (5). Más aún, Paz estaba interesado en comprar armas para su provincia en Chile. Por lo tanto, para el gobierno de Córdoba era importante disipar cualquier prevención chilena. De allí que Antonio Sarachaga, ministro de Relaciones Exteriores de la provincia, escribiera a Portales el 28 de junio de 1830 con el objeto de presentar la imagen de una Córdoba que no sólo luchaba generosamente por intereses nacionales, sino que tenía unidad de objetivos respecto de la república chilena (6). Estas relaciones de cordialidad llegaron a su punto más alto con la firma de una Convención Provisional entre el gobierno de Córdoba y el de Chile, el 31 de julio de 1830 (7). Simultáneamente, Córdoba intentaba sacar ventaja de sus buenas relaciones con Chile. Fue entonces que decidió el envío de la misión Márquez (22 de octubre de 1830), con el objetivo de negociar un préstamo de $ 100.000 en metálico y otro de $ 25.000 en especies (armamentos). Sin embargo, sus objetivos no pudieron concretarse por la negativa del gobierno chileno(8).
    Las relaciones de Córdoba con otros países fueron menos activas, pero no obstante ilustran la actividad interestatal de un Estado soberano. Las relaciones con la República Oriental del Uruguay se limitaron al intercambio de notas oficiales, en las que el gobierno de Córdoba comunicaba sus triunfos de La Tablada y Oncativo. Por su parte, Bolivia participó interponiendo su mediación para que en las provincias argentinas se estableciera un gobierno central por medio de un congreso. Según manifestaba el canciller boliviano Mario Enrique Calvo a su par, el ministro de Relaciones Exteriores cordobés Sarachaga, era necesario aunar esfuerzos ante la posibilidad de nuevos planes de reconquista por parte de España (9).
    Pero la caída de la Liga del Interior y la desaparición de la escena político-militar del general Paz determinó una nueva disgregación de fuerzas en el seno de las "Provincias Unidas". Esta dispersión de fuerzas llevó a Córdoba a integrarse momentáneamente a la órbita de Estanislao López. Posteriormente, con la muerte de Facundo Quiroga (1835) y la consecuente caída de los Reynafé, la provincia se convirtió en uno de los principales bastiones del poder de Juan Manuel de Rosas. Desde entonces y hasta después de Caseros (1852), Córdoba estuvo gobernada por Manuel López, perdiendo toda autonomía respecto de sus relaciones exteriores, que fueron manejadas por Rosas.

  1. Entre esta correspondencia podemos citar:
    "Copiador de oficios dirigidos al Ilustrísimo Honorable Sr. Gral. Dn Rudecindo Alvarado y demás autoridades del Perú", Córdoba, 1823, en Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba (AHPC), copiadores de Gobierno, caja 283, cuaderno 60.
    "Copiador de oficios dirigidos al Gobierno de Chile y sus Ministros", Córdoba, 1823, en AHPC, Copiadores de Gobierno, caja 283, cuaderno 32.
    "Copiador de oficios dirigidos al Cónsul General de S.M.B. residente en Buenos Ayres Dn Woodbine Parish", Córdoba, 1824, en AHPC, Copiadores de Gobierno, caja 284, cuaderno 72.
    "Copiador de oficios dirigidos al Exmo Sor Gral en Xefe del Extro Libertador en el Alto Perú Antonio José de Sucre", Córdoba, 1825, en AHPC, Copiadores de Gobierno, caja 284, cuaderno 12.
    "Copiador de oficios dirigidos al Exmo Sr Director Supremo de la República de Chile y sus Ministros", Córdoba, 1825, en AHPC, Copiadores de Gobierno, caja 284, cuaderno 10.
    Papeles de López (1820-1822)
    , Vol. II, Archivo General de la Provincia, Santa Fe, 1977, pp. 186-187.

  2. Carlos S.A. Segreti, Juan Bautista Bustos, en el escenario nacional y provincial, Gobierno de la Provincia de Córdoba, Subsecretaría de Cultura , Córdoba, 1970, pp 17-18.

  3. Norma L. Pavoni, El Noroeste argentino en la época de Alejandro Heredia, I, La Política, Tucumán, Ed. fundación Banco Central Comercial del Norte, Colección Historia, 1981, p. 106.

  4. Sesión del 31 de mayo de 1827, Compilación de leyes, Decretos y Acuerdos de la Excelentísima Cámara de Justicia y demás disposiciones de carácter público dictados en la provincia de Córdoba desde 1810 a 1870, tomo 1, Córdoba, 1870, pp. 31-32.

  5. Juan Draghi Lucero, "Relaciones diplomáticas entre Córdoba y Chile en 1830", en Congreso de Historia Argentina del Norte y Centro, Córdoba, 1944, pp. 46-47.

  6. Ibid. pp. 46-47.

  7. Ibid. pp. 72-73.

  8. Inés Ferreyra y Beatriz Moreyra, ¨El gobierno del general Paz en Córdoba y su acción nacional, 1829-1831", en Estudios de Historia Argentina II, Córdoba, 1974, pp. 101-102.

  9. Ibid., pp 102-103

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