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A diferencia del caso cuyano, que era más lejano, el de las relaciones de las provincias mesopotámicas con Rosas fue tormentoso, así como fueron intensas las relaciones autónomas de estas provincias con Estados no argentinos. Lo ilustra el caso de Corrientes, cuyo gobernador Genaro Berón de Astrada se alió en 1837 con fuerzas uruguayas en contra de Buenos Aires, generando hechos políticos que se proyectaron mucho más allá de las fronteras de su provincia.
    Por cierto, una vez conseguida dicha alianza, el presidente oriental Fructuoso Rivera y los agentes consulares franceses residentes en Montevideo decidieron aprovechar la caótica situación del Interior de la Confederación Argentina, generada por el asesinato del gobernador rosista de Tucumán Alejandro Heredia. El anuncio del envío de efectivos militares por parte de Rivera fue realizado a través del agente confidencial francés Juan Pablo Duboué y tuvo eco favorable en los gobernadores de Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, Juan Felipe Ibarra, José Cubas y Tomás Brizuela, respectivamente. Estos mandatarios, disconformes con la política económica de Buenos Aires, se convencieron de la inminencia de la caída de Rosas y aceptaron las promesas de Rivera.
    Rosas, sin embargo, contraatacó apoyando una revolución en Santa Fe, lo que llevó a Berón de Astrada a extremar su política, organizando el "primer ejército libertador contra la tiranía de Rosas". Los contactos entre el jefe de las tropas correntinas, coronel Manuel Olazábal, y la Comisión Argentina de Montevideo -formada justamente a fines de noviembre de ese año con elementos antirrosistas provenientes de la Confederación Argentina-, tuvieron como fruto el Tratado de alianza ofensiva y defensiva entre el gobierno de Corrientes y el de la República del Uruguay, cuya finalidad expresa era "remover del mando de la Provincia de Buenos Aires y de todos los negocios políticos de la Confederación Argentina, la persona de don Juan Manuel de Rosas". Cabe agregar que en la gestación de este tratado también participó el cónsul francés en Montevideo, Buchet de Martigny. Este tratado correntino-uruguayo contra Rosas fue finalmente firmado el 31 de diciembre de 1838 por los representantes de ambos gobiernos, el citado coronel Manuel Olazábal y el ministro del gobierno de Rivera, Santiago Vázquez (2).
    Semejante acuerdo no podía formalizarse sin el comienzo de las hostilidades entre Rosas y Corrientes. En efecto, ante la inminente invasión de las fuerzas entrerrianas comandadas por el gobernador rosista Pascual Echagüe y la declaración de guerra del gobierno de Rivera a Rosas del 24 de febrero de 1839 -influida por la presión del grupo de exiliados antirrosistas de la Comisión Argentina-, el gobernador Berón de Astrada declaró por primera vez la guerra a Rosas a través de un manifiesto oficial que salió a la luz dos días después del proclamado por Rivera.
    No obstante la confianza inicial de Berón de Astrada en el apoyo material de Rivera, ni éste ni la Comisión Argentina en Montevideo asistieron al gobernador correntino, quien quedó solo frente a los ejércitos rosistas. El 31 de marzo de 1839 las fuerzas entrerrianas al mando de Pascual Echagüe, Justo José de Urquiza y el oriental Servando Gómez obtuvieron la victoria de Pago Largo, que terminó con la vida de Berón de Astrada. Entonado por su victoria sobre las fuerzas correntinas, Echagüe invadió territorio oriental con el propósito de derrocar al presidente Rivera, pero sus propósitos fueron abortados por las fuerzas riveristas en la batalla de Cagancha (29 de diciembre de 1839). Ante esta derrota, las fuerzas entrerrianas se retiraron a su provincia.
    Tras la derrota de Pago Largo, y luego de distintas alternativas, Pedro Ferré fue elegido gobernador el 25 de noviembre de 1839. Este reanudó el enfrentamiento contra el jefe de la Confederación Argentina. Exactamente un mes antes de su asunción, el 25 de octubre de 1839, Ferré se había entrevistado en la localidad correntina de Curuzú-Cuatiá con el general Juan Lavalle, quien estaba organizando la guerra contra Rosas desde el Uruguay. De esta reunión emergió la colaboración del correntino con la causa antirrosista. Ferré resolvió la creación de un ejército y nombró como jefe del mismo al destacado estratega antirrosista José María Paz. Una vez nombrado gobernador de Corrientes, Ferré levantó el "segundo Ejército Libertador contra Rosas"(3).
    No obstante, el fracaso de Lavalle, encargado por los miembros de la Comisión Argentina en Montevideo para dirigir la campaña contra Rosas desde la capital oriental hacia Entre Ríos y Buenos Aires, dejó indefensa a la provincia de Corrientes frente a las fuerzas rosistas comandadas por el gobernador de Entre Ríos, Pascual Echagüe.
    Ante esta realidad crítica, el gobernador Pedro Ferré tomó dos decisiones cruciales. La primera fue designar como jefe del Ejército de Reserva al general José María Paz en julio de 1840 y levantar el "tercer Ejército Libertador de Corrientes contra la tiranía". El resto de las tropas correntinas se había esfumado con los fracasos de Lavalle. La segunda medida fue la búsqueda de una alianza con el presidente oriental Fructuoso Rivera. Así, a principios de agosto de 1840 y ante el peligro de una nueva invasión a Corrientes por parte de las fuerzas de Echagüe, Ferré envió en misión diplomática a Juan Baltasar Acosta con el objeto de negociar una alianza con Rivera, cuyo cuartel general estaba en ese momento en Paysandú. Ferré, acérrimo defensor de la autonomía provincial, recelaba de las pretensiones protagónicas de Rivera en Corrientes y en todo el Litoral, pero al mismo tiempo consideraba que la alianza con el presidente oriental le resultaba indispensable para resistir las poderosas fuerzas de Echagüe.
    El representante de Ferré se contactó con Rivera, obteniendo de éste la revalidación del tratado del 31 de diciembre de 1838 entre Corrientes y la República del Uruguay. Además, Rivera manifestó a Acosta su disposición a enviar elementos de guerra a dicha provincia. Finalmente los representantes de los gobiernos uruguayo y correntino firmaron la Convención del 27 de agosto de 1840, por la cual Rivera podría tener "relaciones amistosas con las provincias argentinas que combaten contra el tirano Juan M. Rosas" (artículo 2º) y entablar y concluir "las negociaciones que fuesen necesarias con los Agentes franceses" (artículo 3º) (4).
    No obstante, movido por sus ambiciones personales y apetitos expansionistas sobre el Litoral, y arguyendo como excusa la inclusión en el ejército correntino del general Angel M. Núñez -a quien Rivera detestaba-, el presidente oriental rompió la alianza con el gobierno correntino el 17 de agosto de 1841. Ferré recibió esta ruptura con agrado porque estaba disgustado del escaso compromiso de Rivera a la hora de brindar aportes militares y económicos a Corrientes.
    Pero el antagonismo de Corrientes con Rosas, y su comportamiento como un Estado soberano, continuarían. La obstinada oposición de la provincia al régimen rosista quedó reflejada una vez más en la firma de dos tratados entre Paraguay (5) y Corrientes: uno de comercio y el otro provisional de límites, ambos celebrados el 31 de julio de 1841 en Asunción y ratificados por los gobiernos de Paraguay y Corrientes.
    El tratado de "Amistad y recíproca libertad de comercio" entre Paraguay y Corrientes establecía, entre otros puntos, que:

"Las transacciones mercantiles serán libres entre los contratantes. El comerciante podrá depositar sus mercaderías en los almacenes del Estado, pagando el 2%, y reembarcarlas libre de otro derecho. Los hijos de ambos Estados serán considerados como naturales de uno y otro país para el uso libre de sus derechos. "El Paso de la Patria" en la costa paraguaya, y el "paso Garayo" en la costa correntina (al frente de aquél) se destinan para la Correspondencia oficial. Continuarán los actuales derechos de introducción y extracción, á excepción de los relativos á la yerba, tabaco en rama, cigarros, miel, dulces y caña, que ajustarán por notas oficiales los gobiernos contratantes. Los pasos "la Patria", "Tebicuary", "Ytapuá" se han señalado para el comercio terrestre (...)."

    En cuanto al tratado de límites, Corrientes y Paraguay acordaban lo siguiente:

"Queda reconocida á la República del Paraguay el territorio que corresponde á la jurisdicción de la Villa del Pilar hasta Tebicuary. Sin perjuicio de los derechos de la República del Paraguay y de la Argentina, se reconoce como perteneciente á la primera las tierras del campamento llamado "San José de la Rinconada" y de los pueblos extinguidos Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio-miní, Corpus y San José, hasta la "Tranquera de Loreto"; y por el de la segunda: San Cárlos, Apóstoles, Mártires y los demás que están en la costa del Uruguay. Las islas "Apipé", "Borda" y las que se hallen más cercanas al territorio de Corrientes, en el río Paraná, quedan á su favor, y al de la República las que están en igual caso." (6)

    Aunque en el preámbulo del tratado se especificaba que éste no podía ser definitivo porque ni tenían los paraguayos autorización de su congreso, ni sentían los correntinos que pudieran determinar una demarcación fija por cuenta propia, este acuerdo abona la idea de que la Confederación no eran un Estado sino una configuración de mini-Estados, especialmente en cuanto reconoció al Paraguay territorio que había sido de la provincia de Corrientes.
    Los tratados correntino-paraguayos disgustaron a Rosas por tres razones:

1) porque contrariaban su firme decisión de no considerar al Paraguay como un país independiente (a pesar de que fue aceptado como tal por Manuel Belgrano en 1811);

2) porque desconocían su carácter de encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina; y

3) porque la provincia de Corrientes se hallaba en esos momentos en guerra con el gobierno de Buenos Aires.

    No obstante las seguras reacciones del Restaurador, los correntinos continuaron con su política de alianzas antirrosistas. El 5 de noviembre de 1841, el gobernador Ferré -que meses antes había perdido el apoyo del oriental Rivera- celebró una alianza secreta con su par santafesino Juan Pablo López. López estaba disgustado con Rosas pues éste había designado en lugar de él a Manuel Oribe como jefe de las fuerzas confederadas que vencieron a los ejércitos de la Coalición del Norte dirigidas por Juan Lavalle en las batallas de Quebracho Herrado (28 de noviembre de 1840) y Famaillá (19 de septiembre de 1841). Decepcionado, López se pasó al bando antirrosista y pactó con Ferré. Este convenio fue conocido como el Pacto de Las Saladas. Ambos gobiernos se aliaron ofensiva y defensivamente "contra el tirano usurpador Juan Manuel Rosas, con el objeto de establecer la paz, la libertad y la organización de la República por el voto libre de los pueblos".
    A la firma del Pacto de Las Saladas entre los gobernadores de Santa Fe y Corrientes, se sumó otro dolor de cabeza para Rosas: la victoria de Paz en la batalla de Caaguazú el 28 de noviembre de 1841, que dejó a Corrientes en manos del antirrosismo. No obstante, el nombramiento de José María Paz como gobernador de Entre Ríos en marzo de 1842 produjo un inevitable distanciamiento entre este último y Ferré, temeroso del poder adquirido por Paz. Las desavenencias entre Paz y Ferré fueron explotadas a su vez por el oriental Rivera, quien logró del gobernador correntino y del santafesino López el mando general del ejército de Corrientes. De esta forma se formó en octubre de dicho año el "cuarto Ejército Libertador de Corrientes contra la tiranía rosista", que aun actuando en combinación con las fuerzas orientales antirrosistas sufrió una aplastante derrota en la batalla de Arroyo Grande del 6 de diciembre de 1842, de mano de las fuerzas del oriental Manuel Oribe y el entrerriano Justo José de Urquiza.
    Esta derrota de Ferré abrió un corto período donde el bando rosista se impuso en la política correntina, ya que aquél fue reemplazado en el gobierno provincial por Pedro Dionisio Cabral, quien contaba con el visto bueno de Rosas. Sin embargo, poco duró la tranquilidad en Corrientes, ya que en 1843, ante una incursión de emigrados antirrosistas dirigida por los hermanos Joaquín y Juan Madariaga, Cabral abandonó su cargo de gobernador.
    A partir de 1843, los Madariaga dominarían la política correntina en contra del sector rosista de la provincia, gracias a la imposibilidad de una reacción entrerriana en su contra: Urquiza y su caballería estaban luchando en territorio oriental contra las fuerzas de Rivera. Por cierto, un nuevo tratado de navegación y comercio con el Paraguay (2 de diciembre de 1844), la alianza concertada luego con este país (11 de noviembre de 1845), y la actitud correntina ante los efectos económicos del bloqueo anglo-francés mostraban nuevamente la actitud desafiante de Corrientes hacia la política económica de Buenos Aires.
   

NOTAS

  1. Véase Manuel Florencio Mantilla, Crónica histórica de la Provincia de Corrientes, 2 vols., Buenos Aires, 1928-1929; Hernán Félix Gómez, Corrientes y la república entrerriana, 1820-1821, Corrientes, 1929; Tratado del Pilar, 29 de septiembre de 1820, en Martín Ruiz Moreno, Contribución a la historia de Entre Ríos, 2 vols., Buenos Aires, 1919; Thomas Lyle Whigham, The Politics of the River Commerce in the Upper Plata, 1780-1865, Ph.D. dissertation, Stanford University, 1986.

  2. Texto del Tratado con la República del Uruguay de alianza ofensiva y defensiva contra Don Juan Manuel de Rosas y su gobierno, y para hacer cesar el bloqueo francés respecto de la provincia de Corrientes, citado en Hernán F. Gómez, Historia de la provincia de Corrientes. Desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo, Corrientes, Imprenta del Estado, 1929, pp. 298-299.

  3. Manifiesto de guerra de la provincia de Corrientes a Buenos Aires, 1º de enero de 1840, en Manuel Florencio Mantilla, Crónica histórica de la Provincia de Corrientes, tomo II, Buenos Aires, Espiasse y Cía., 1929, Capítulo IX, pp. 23-25.

  4. Convención del 27 de agosto de 1840, firmada en Paysandú entre la provincia de Corrientes y la República Oriental del Uruguay, citada en M.F. Mantilla, op. cit., tomo II, Capítulo X, pp. 49-50 y 67-68.

  5. De hecho, en esta época Rosas había exhumado un nuevo enemigo: el Paraguay, y estaba proyectando una campaña hacia allí. Los elementos militares que Rosas envió a Entre Ríos para este fin fueron utilizados por Urquiza en la expedición en su contra. Según Halperín Donghi la empresa paraguaya tenía como objetivo lograr que las provincias mesopotámicas adoptaran medidas restrictivas de su comercio exterior como lo habían hecho las demás. Julio Victorica, Urquiza y Mitre, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, p. 13; Tulio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino, (1791-1850), Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1982, p. 248.

  6. M.F. Mantilla, op. cit., tomo II, Capítulo X, p. 59.

 

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