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En esta época de grandes turbulencias, Entre Ríos también se caracterizó por su permanente ejercicio de una soberanía local que estaba desgarrada por los conflictos entre federales y unitarios. Hacia 1842, el poder en el pago de Justo José de Urquiza estaba disputado por José María Paz, cuyo nombramiento como gobernador fue objetado por ambos el correntino Ferré y el oriental Rivera. No obstante, el 13 de octubre de 1842 Ferré, Paz y Rivera firmaron un tratado en Paysandú, que ratificaba al uruguayo como jefe de la campaña militar contra Rosas.
    Retomado el ejercicio del gobierno de Entre Ríos por Justo José de Urquiza a partir de febrero de 1843, éste decidió anular la ley de febrero de 1842 promulgada por Seguí, y momentáneamente Entre Ríos volvió a subordinar su política comercial a la de Buenos Aires.
    No obstante, la prohibición de la salida de buques con destino a Corrientes y Paraguay, y del tráfico directo entre los puertos del Litoral y el de Montevideo, decretada por Rosas en represalia al bloqueo anglo-francés, colocaron a Entre Ríos en una situación crítica. El gobernador delegado Antonio Crespo, sin duda con la anuencia de Urquiza y contrariando las disposiciones de Buenos Aires, autorizó el comercio por los puertos habilitados de la provincia con los de la Banda Oriental sobre el litoral del río Uruguay, medida que posibilitó no sólo el comercio entrerriano con su vecino oriental sino también con la región brasileña de Río Grande.
    A fines de 1845 Crespo alentó el comercio de la provincia de Entre Ríos con el puerto de Montevideo. Primero permitió el arribo de buques sin averiguar su procedencia. Más tarde el gobernador delegado aprovechó en forma inteligente la revocación del bloqueo de la escuadra porteña sobre Montevideo, efectuada por el propio Rosas en noviembre de 1845. Esta decisión de Rosas procuraba aliviar los deprimidos intereses mercantiles porteños. Pero al mismo tiempo, este levantamiento del bloqueo impuesto a Montevideo atentaba contra los intereses porteños de controlar el comercio rioplatense, pues daba pie al gobierno de Entre Ríos para comerciar con la capital uruguaya. Comentaba al respecto el gobernador delegado Crespo a Urquiza:

"La provincia sostiene una guerra a sus expensas. Si tuviéramos Banco no habría necesidad de esta clase de medidas pues sellaríamos papeles de trasnochada y saldríamos de apuros. Si Buenos Aires que lo tiene y ya le pega duro al cuño, consiente que entren y salgan buques cargados, ¿por dónde nos metemos nosotros a cumplidos? Se reirían de nosotros y con razón." (1)

    Las sospechas de Rosas hacia su poderoso "aliado" entrerriano Urquiza comenzaron a tomar cuerpo en ocasión de la última de las tentativas disidentes del período rosista por parte de la provincia de Corrientes. El 27 de marzo de 1845 el ejército de Urquiza derrotó a las fuerzas del oriental Rivera en la batalla de India Muerta. Tras esta victoria, Urquiza logró otro triunfo sobre las fuerzas correntinas comandadas por el retornado general José María Paz en la batalla de Laguna Limpia, el 4 de febrero de 1846. Como consecuencia de estos trascendentes éxitos militares, Urquiza pasó a controlar la situación del Litoral al tomar como prisionero a Juan Madariaga, hermano de Joaquín, el gobernador antirrosista de Corrientes.
    El gobernador Joaquín Madariaga, en dos cartas del 4 de mayo de 1846, intentó seducir a su colega y vencedor entrerriano Urquiza con la idea de una alianza tripartita entre Corrientes, Entre Ríos y la república del Paraguay. Dicha alianza estaría dirigida en contra de Rosas. En la primera carta, Madariaga confiaba a Urquiza sus propósitos:

"ocupandome de preparar y entenderme con el gobierno de Paraguay á este respecto, por que V. no debe desconocer, la importancia y el valor de su alianza. (...) ahora no trepido en asegurarle que mis deseos tienden á que el Entre Rios y Corrientes formemos una maza indisoluble, de la que V. debe persuadirse que sera el primer hombre (...)."

    En la segunda carta Madariaga insiste a Urquiza con la idea de la alianza en contra de Rosas: "No vacile mi querido Gral, llego el mon.to de que (V E) de un golpe dé el ser á ntra querida Patria, Entre Rios y Corr.s y se inmortalice su nombre".(2)
    Vale señalar que este intento de acercamiento entre Urquiza y el gobernador correntino Madariaga reconoce antecedentes. Ya en mayo de 1845 se habían registrado una serie de contactos entre Urquiza, Paz y Madariaga a través del cuñado de Urquiza, Benito Outez. Según cuenta Paz en sus Memorias póstumas, tuvo además parte en estos contactos el emigrado antirrosista residente en Montevideo, Florencio Varela.
    Como producto de una compleja negociación entre dos caudillos del Litoral, el gobernador correntino Madariaga y el entrerriano Urquiza lograron un acuerdo que irritó a Rosas. Así, los representantes respectivos de ambos gobiernos provinciales, Gregorio Valdés y el coronel Miguel Galán, firmaron el 15 de agosto de 1846 dos tratados conocidos como los Tratados de Alcaraz. Uno de ellos era público y el otro secreto, en carácter de agregado o adicional al primero.
    El tratado público de Alcaraz contenía una serie de cláusulas destinadas a calmar las expectativas de Rosas. Así, por el artículo 3º de dicho tratado, "El Gobierno de la Provincia de Corrientes ofrece continuar observando el Tratado de 4 de enero del año 1831" y por el artículo 4º el gobierno correntino "Ofrece igualmente autorizar nuevamente al Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, para la dirección de las Relaciones Exteriores".
    Sin embargo, las cláusulas del tratado secreto adicional contrariaban las del público y por ende, el ánimo de Rosas. En efecto, por el artículo 1º si bien Corrientes aceptaba el espíritu del Pacto Federal del 4 de enero de 1831, proponía una serie de modificaciones que constituían un abierto desafío al jefe de la Confederación Argentina. La primera (artículo 1º, apartado 1º) eximía a Corrientes del compromiso de apoyar al gobierno de Rosas, establecido en el artículo 2º del Pacto Federal: "las obligaciones que impone el artículo 2º no se le exigirán en la presente guerra con el Estado Oriental del Uruguay, ni en las diferencias actuales con los Gobiernos de Inglaterra y de Francia". Por su parte, el artículo 1º, apartado 3º constituía otra seria modificación al Pacto de 1831, pues violando éste permitía acuerdos parciales entre una provincia de la Confederación Argentina -Corrientes- y un país vecino -Paraguay- sin la previa consulta a las otras provincias miembros del Pacto. Decía: "el Tratado de amistad y comercio, acordado entre los Gobiernos del Paraguay y Corrientes, así como las relaciones de esta clase que tiene establecidas con los Estados vecinos, continuarán en el estado que hoy se hallan (...)". (3)
    Un claro y detallado testimonio de la indignación de Rosas ante los Tratados de Alcaraz negociados entre Urquiza y Madariaga fue la carta que envió el jefe de la Confederación Argentina a su amigo el general Angel Pacheco el 14 de septiembre de 1846, diciéndole: "Los asuntos de Corrientes que pudieron haber tenido un desenlace honroso a la Confederación Argentina, han llegado al fin, a una crisis de sérias, y muy desagradables consecuencias".
    En esta carta, aunque Rosas manifestaba reparos tanto a la persona del gobernador correntino Madariaga como a las atribuciones que se había tomado el entrerriano Urquiza en sus negociaciones con éste, optaba por reconocer el papel de Urquiza en el manejo de las negociaciones con Corrientes y la continuidad de Madariaga en el gobierno de esa provincia, con el fin de evitar mayores turbulencias en la política correntina que implicasen la pérdida definitiva de esta provincia para el bando rosista:

"Como te instruirás por las copias que te envio, el General Urquiza dió cuenta verbal, y solo por medio del Mayor Castro, de las circunstancias políticas de la Prov.a de Corrientes, de un arreglo que ya seguia, y que se proponía efectuar con D.n Joaquin Madariaga, por conducto de su hermano D.n Juan, y de las proposiciones que habia indicado para ese fin. Notarás que el Gral. Urquiza, antes de adelantar esos pasos, no consultó ni pidió autorizacion ni basa ninguna al Gob.no Encarg.do de las Relaciones Exteriores. El General Urquiza entabló la negociacion; indicó proposiciones, y, despues de empeñado así, en este gravísimo asunto, dió entonces (explicaciones) por medio del Mayor Castro.
    Sin embargo, disimulando hasta donde me era posible, y sinceramente animado del deseo de que la Prov.a de Corrientes se reuna á la Confederacion Arg.na, bajo un arreglo honroso y conveniente, autoricé al General Urquiza para que continuase la negociacion sobre las basas que le transmití y verás insertas en la nota de 11 de Abril último. (...) Así era, pues, indispensable que el Gobierno legal, y el Congreso de la Prov.a de Corrientes, despojados de la autoridad legal p.r, la rebelion de los salvages unitarios en que figuró D.n Joaquin Madariaga, no fuesen injusta y deshonrosamente sacrificados, y con ellos el principio mismo que defiende la República por su seguridad y honor. No podía sancionarse el triunfo de los salvages unitarios, sin establecerse una conciliación equitativa y honrosa, con el amistoso y franco arreglo entre los fieles federales de la Prov.a de Corrientes y D.n Joaquin Madariaga. He ahi la necesidad de la basa principal que prefique al Gral. Urquiza como absolutamente indispensable no solo para la seguridad y honor nacional, sino, como bien lo penetrarás, para la solidez misma de la paz á que se arribase."

    Unos párrafos más adelante, Rosas daba rienda suelta a su disgusto por los Tratados de Alcaraz con las siguientes palabras:

"Bien advertirás la posicion en que quedarian la Confederacion y sus Gobiernos y el Encargado de las Relaciones Exteriores si, ratificando las estipulaciones de Alcaráz, promulgasen el Tratado público, y ocultaran el secreto por el que se destruye el primero, totalmente indecoroso, é inconveniente también en sí mismo, se sanciona la separacion de la Prov.a de Corrientes de la actual guerra de seguridad, honor e independencia nacional, se la constituye en receptáculo y asilo de los salvages unitarios, se le dá el caracter de Estado independiente reconociendo sus nulos Tratados anteriores y sancionándolos para la ulteridad, y se crea un Estado para los salvages unitarios dentro de la Confederacion Argentina, dejándose así el precedente para que en lo sucesivo Entre Rios, ú otra Prov.a Argentina asuma la misma posicion y vengan a disolverse y concluirse enteramente el pacto federal, la nacionalidad, todos los grandes intereses y la existencia misma de la República. Y para colmo de todo, esto deberá permanecer secreto, ocultarse á la República (y al mundo), y aceptarse sobre el desdoro la impostura.
    En ninguno de los dos Tratados se contiene la cláusula indispensable de que se someterán á la aprobacion y ratificacion del Gob.o Encarg.do de las Relac.s Exter.s y de los negocios de paz y guerra de la Confederacion Argentina. Aunque el Gral. Urquiza, en la nota de remision del Tratado público, lo somete á esta aprobacion, D.n Joaq.n Madariaga no se compromete ni obliga á ello, considerándose así, con el avenimiento del Gob.o de Entre Rios, á la Prov. de Corrientes en la separacion á que tienden todas las desacordadas estipulaciones de Alcaraz, apesar que, por los artículos del Tratado público, se trata y estipula por el Gob.or de Entre Rios el General Urquiza en nombre y representacion de todas las Provincias de la Confederacion Argentina. De modo que este General reconoce el nulo é intruso régimen de Corrientes; y D.n Joaquin Madariaga no reconoce ni el legal y nacional de la Confederacion Argentina ni la única autoridad general que puede celebrar la paz obligatoria á todas las Provincias y ratificarla así como ha hecho y hace la guerra.
    El preámbulo del titulado Tratado público y sus cinco artículos se hallan concebidos y expresados en ese sentido. Todos ellos son contrarios a las basas dadas al General Urquiza por el Gobierno Encargado de las Relac.s Exter.s. Se sacrifica el principio de la legalidad en la Provincia de Corrientes, y con él á las autoridades legales y á los federales que han combatido por las leyes y la causa nacional. Se cede el motivo mismo que justifica la actual guerra. Se abre anchamente el camino á las rebeliones y Gobiernos revolucionarios que quieran levantarse con la intervencion extrangera. (...)
    Precisamente el fundamento de toda la union nacional, y de todo pacto federativo es la cooperacion comun para la defensa contra los enemigos de la nacion interiores y exteriores. Esta basa es indispensable, y el mismo General Urquiza la consideró necesaria con respecto á la intervencion Anglo-Francesa. Mas por el artículo 1º del Tratado secreto queda la Prov.a de Corrientes separada de la causa-nacional, en buenas y amistosas relaciones con los enemigos de la Confederación Argentina, y como potencia independiente neutral en la presente guerra no solo con relacion á los salvages unitarios sino tambien con respecto á la Francia y la Inglaterra. Queda recibiendo y amparando en su territorio á todos los salvages unitarios, sin excepcion alguna: quedan vigentes las relaciones de toda clase que indebida é ilegalmente ha establecido con los Estados vecinos, y, lo que es aun mas, quedan sancionados como legales; mientras que tambien se reconoce en ese mismo caracter el pretendido Tratado de amistad y comercio con el Gobierno Paraguayo que ha declarado la guerra á la Confederacion Argentina (...). De esta manera no solo queda la Prov.a de Corrientes desligada de la Confederacion, y en una esfera de independencia, sino que se reconoce tambien el derecho que siempre se ha negado muy justamente á la Prov.a del Paraguay de celebrar tratados."

    Rosas remataba esta extensa carta a Pacheco, diciendo:

"Advertirás que en el tal Tratado secreto se reconoce tambien por el General Urquiza que la presente guerra se dirige contra el Estado Oriental, que es nuestro aliado en ella contra el enemigo comun, los salvages unitarios. Así ganan estos la cuestion misma de principios del modo mas inesperado, no solo con relacion á la Confederacion, sino tambien con respecto á la nacion Oriental y su Gobierno dirigido por el Gral. Oribe. Nos faltariamos á nosotros mismos, y faltariamos á nuestro aliado, concediendo á D.n Joaquin Madariaga lo que tan justa y necesariamente hemos negado á la Gran Bretaña y á la Francia." (4)

    Asimismo, Rosas expresaba su disgusto directamente a Urquiza en una carta del 12 de octubre de 1846, destacando: "la dura posición en que me ha colocado y los grandes sinsabores y disgustos que este asunto ha causado a este Gobierno", por el "equivocado camino dado al arreglo de Corrientes y las serias complicaciones que él debe producir, si no se reforma". Subrayaba Rosas además que la prensa unitaria de Montevideo anunciaba como un triunfo que Urquiza no hubiese seguido al pie de la letra los lineamientos de Rosas respecto de no reconocer la independencia de Paraguay, haciéndolo aparecer al gobernador entrerriano "defeccionando de una causa a que ha prestado importantes servicios y desconociendo la amistad que nos hemos profesado".(5)
    Con estos argumentos, Rosas devolvió los Tratados de Alcaraz al general Urquiza, expresándole que se había equivocado al firmarlos, y al mismo tiempo le hizo llegar el texto de otro acuerdo para que lo firmara con Madariaga.
    El nuevo acuerdo ratificaba el contenido del tratado público de Alcaraz, ya que se limitaba estrictamente a establecer un acuerdo de paz mediante el cual la provincia de Corrientes se reincorporaba a la Confederación Argentina. Libre de cláusulas secretas que amenazaran la autoridad de Rosas, el tratado establecía entre otros puntos: la paz entre Corrientes y la Confederación Argentina y la reincorporación de dicha provincia a la Confederación (artículo 1º); el reconocimiento de Rosas como encargado de las relaciones exteriores de la Confederación (artículo 2º), y la devolución de bienes confiscados a correntinos emigrados (artículo 3º).(6).
   Como era previsible, Madariaga rehusó firmar este nuevo tratado. Por su parte, ya fuera por la propia seguridad, por lealtad a Rosas, o por el fallido acuerdo entre éste y el comisionado inglés Thomas Hood, que no obstante era una señal inequívoca de que Inglaterra deseaba retirarse del bloqueo contra la Confederación, Urquiza se justificó ante Rosas y repudió los Tratados de Alcaraz, enfrentando a las fuerzas de Madariaga en la batalla de Vences de noviembre de 1847. Como consecuencia de la derrota, el gobernador correntino abandonó su provincia y Urquiza puso en ella a un mandatario de su confianza, Benjamín Virasoro, quien firmó la convención estipulada por Rosas.
    Para aventar las sospechas que recaían sobre él acerca de sus contactos con el antirrosista Madariaga, Urquiza declaró efusivamente su amistad con Rosas en una proclama a los correntinos:

"El encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación ha tenido con vuestro gobernador (Madariaga) consideraciones que le obligarían a entrar en una honrosa convención que se le propuso pero que él ha desoído. Marcho a reparar ese escándalo. Abandonad las filas de los salvajes unitarios traidores a la patria. La Federación sea vuestra divisa y odio a los que trajeron la intervención extranjera para humillar a su patria. La Confederación debe felicitarse de que Corrientes entre a integrarla con la resolución de sostener la nacionalidad e independencia, confiada a la dirección del eminente argentino brigadier don Juan Manuel de Rosas." (7).

    A pesar de las enfáticas declaraciones de adhesión a la causa rosista por parte de Urquiza, el comentario público seguía sospechando de la fidelidad del gobernador entrerriano. (8) 39 Y así como la fidelidad de Urquiza a Rosas resultaba poco creíble, ocurría lo propio con Virasoro. Finalmente, a fines de septiembre de 1850 los gobernadores de Corrientes y Entre Ríos se entrevistaron en Concordia y dispusieron una acción conjunta contra Rosas.
    Rosas desconfiaba pues de Urquiza desde los Tratados de Alcaraz firmados en 1846, y a partir de entonces sería menos sensible a sus intereses. En 1848 el Restaurador decidió prohibir la salida de oro de Buenos Aires a las provincias, las que deberían conformarse con el papel moneda de Buenos Aires. Esta medida perjudicaba los intereses económicos personales de Urquiza, quien necesitaba ese oro para efectuar sus compras en el exterior. Según Martín Ruiz Moreno, la prohibición del gobierno de Rosas de exportar metálico a las provincias se ensañó contra Entre Ríos y Corrientes, lo que el 5 de noviembre de 1848 motivó un reclamo de Urquiza al canciller Arana, en estos términos:

"Siendo la plaza de esa Capital de Buenos Aires, nuestro principal y casi exclusivo mercado para todo lo que se exporta é importa para esta provincia de Entre Ríos, y no permitiéndose en dicha plaza que pueda extraerse, para esta, moneda metálica, resulta de ello graves inconvenientes para nuestro comercio, por cuanto, por falta de numerario se ven embarazosos nuestros hombres de comercio é industrias, para activar su especulación y trabajos, con perjuicio, sin duda, no solo de esta provincia sinó también de esa." (9)

    Enrique Barba aporta más detalles de las medidas adoptadas por Rosas que sin duda contribuyeron a agravar las relaciones entre el gobernador de Entre Ríos y el jefe de la Confederación Argentina:

"La situación de privilegio creada a favor de Buenos Aires se acentuó con las medidas que tomó Rosas referentes a la moneda. Prohibió la extracción de metálico para las provincias, con lo que las obligaba a aceptar el papel inconvertible de Buenos Aires. Las provincias, en cambio, debían pagar en Buenos Aires con metal. Por otra parte, siendo Buenos Aires el único puerto de exportación para Europa, los precios se fijaban de acuerdo con la demanda del mercado consumidor. Quiere decir esto que en todos los casos los productos de las provincias similares a los porteños (léase Entre Ríos) se veían perjudicados -por razón del precio del transporte- con respecto a éstos en el comercio de exportación. (...) Otra medida tomada por Rosas afectaba los intereses de Entre Ríos. Se refería a la prohibición de extraer pólvora de Buenos Aires para esa provincia. La pólvora era indispensable para los yacimientos de cal entrerrianos, que después de la ganadería constituía lo más importante de su industria." (10)

    Por otra parte, los intereses económicos encontrados de Entre Ríos y el régimen rosista no se limitaban a las arbitrarias medidas respecto del metálico y la pólvora. A ella debe sumarse, por supuesto, el muchas veces mencionado monopolio porteño de la Aduana y el tema conexo de la libre navegación de los ríos. Con el fin del bloqueo anglo-francés este conflicto se vio agravado, porque el bloqueo había permitido a las provincias del Litoral saborear algunos frutos del libre comercio, aunque fueran modestos. Según cuenta Horacio Giberti, aquel conflicto les había permitido a los estancieros entrerrianos comerciar sus productos ganaderos directamente con las grandes potencias europeas, sin la intervención de Buenos Aires. Este factor convirtió a Entre Ríos en rival de la capital de la Confederación Argentina durante los años del bloqueo.
    Esta libertad comercial sufrió un duro revés con la firma de los tratados de paz entre la Confederación Argentina y los gobiernos inglés y francés en 1849 y 1850, pues las cláusulas de los mismos establecían el cierre del tránsito por los ríos Paraná y Uruguay a todo barco que no recalase previamente en Buenos Aires. Esta realidad afectó a las provincias mesopotámicas, a los saladeros ubicados sobre la margen oriental del río Uruguay, a las exportaciones de tabaco y yerba paraguayas, a los envíos de maderas y frutos brasileños, y a las importaciones efectuadas por todas esas regiones. Después de los tratados Arana-Mackau y Arana-Southern, Buenos Aires pasó a ser el único mercado de intercambio exterior para las provincias de Corrientes y Entre Ríos. (11). Dado el nuevo equilibrio de fuerzas económicas, políticas y militares, era improbable que don Juan Manuel de Rosas pudiera mantener esta situación por mucho tiempo más.

NOTAS

  1. Carta de Antonio Crespo a Justo José de Urquiza, del 26 de marzo de 1846, citada en apéndice del libro de Beatriz Bosch, Los tratados de Alcaraz, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, Número C, Imprenta de la Universidad, 1955 p. i, y en Oscar F. Urquiza Almandoz, Historia económica y social de Entre Ríos (1600-1854), Buenos Aires, Banco Unido del Litoral, 1978, pp. 252-253.

  2. Cartas Nros. 2 y 3 de Joaquín Madariaga a Justo J. de Urquiza, San Roque, 4 de mayo de 1846, citadas en B. Bosch, op. cit., apéndice, pp. III y IV.

  3. Textos de los Tratados público y secreto de Alcaraz en ibid., pp. 18-19 y en Juan Pujol, Corrientes en la organización nacional, Buenos Aires, Guillermo Kraft, 1911, pp. 137-140.

  4. Carta Nº 13 de Juan M. de Rosas a Angel Pacheco, en la que hace un minucioso análisis de las negociaciones de Alcaraz, Buenos Aires, 14 de septiembre de 1846, en B. Bosch, op. cit., apéndice, pp. XIV-XX.

  5. Carta de Rosas a Urquiza, 12 de octubre de 1846, en V.D. Sierra, op. cit., tomo IX, 1974, p. 309.

  6. El texto del nuevo acuerdo puede encontrarse en ibid., pp. 314-315.

  7. Adolfo Saldías, Papeles de Rosas, 2 vols., La Plata, 1904-1907, y José Luis Busaniche, Rosas visto por sus contemporáneos, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, pp. 121-122.

  8. Tómese por ejemplo el caso del viajero Samuel Green Arnold, que había estado en Brasil y Montevideo, y anotó en su Diario de Viaje que en el transcurso de una conversación mantenida por él en marzo de 1848 en una posta ubicada en plena pampa junto con dos amigos que se quejaban del autoritarismo de Rosas, les comentó en tono premonitorio que "Ya vendrá Urquiza con opiniones liberales...". Samuel Green Arnold, Viaje por América del Sur, 1847-1848, Buenos Aires, Emecé, 1951, citado en J.L. Busaniche, op. cit., p. 122.

  9. Martín Ruiz Moreno, La revolución contra la tiranía y la organización nacional, Rosario, La Capital, 1905, tomo I, pp. 340-341, cit. en Enrique M. Barba, "Las reacciones contra Rosas", Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta su organización definitiva en 1862), vol. VII, 2ª secc., Buenos Aires, El Ateneo, 1962, p. 440.

  10. E. Barba, op. cit., p. 440.

  11. Ver Horacio C. E. Giberti, Historia económica de la ganadería argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, pp. 139-140.

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