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En este capítulo hemos pasado revista a algunos hechos concretos de un alto nivel de especificidad. Exploramos los mecanismos específicos que ayudaron a plasmar nuestro propio mito de pérdidas territoriales, que se incorporó a la cultura política argentina de una manera empíricamente mensurable. Sabemos que esta cultura política -que es un emergente de los reiterados problemas identitarios que enfrentó la Argentina en su proceso de consolidación como Estado- condicionó decisiones políticas de altísimo costo económico a lo largo de la historia de la política exterior argentina (especialmente durante el período 1976-83). Conocemos pues un mecanismo específico por el cual una cultura, gestada por un complejo proceso histórico vinculado al nacimiento mismo de un nuevo Estado y una nueva comunidad imaginada, condiciona y limita el desarrollo, relaciones internacionales mediante.
    La doble dimensión teórica y práctica, intelectual y utilitaria, de este tipo de indagación está muy clara. La población general argentina ignora lo que ignora. También lo ignoran su dirigencia política y hasta sus especialistas en relaciones internacionales. ¿Cuántos argentinos recuerdan que en 1811 Manuel Belgrano firmó un tratado que reconocía al Departamento de Candelaria, parte de nuestra actual provincia de Misiones, como jurisdicción paraguaya? Una mitología funcional a los intereses identitarios y políticos del nuevo Estado Argentino ocultó datos tan significativos como este. No sólo estaba Candelaria en el área natural de influencia de Asunción, sino que la Corona española la declaró paraguaya por Real Cédula de 1659. En 1726 la transfirió a Buenos Aires pero en 1743 la volvió a poner bajo jurisdicción paraguaya, hecho que ratificó en 1784. En 1806, después de un período de tres años en que todo el territorio de Misiones quedó separado tanto del Paraguay como de Buenos Aires, la totalidad del mismo, es decir, mucho más que Candelaria, fue incorporado al Paraguay. Y así llegamos a Belgrano y su tratado. Luego, en 1852, hubo otro tratado, no ratificado, por el cual Candelaria pasaba a la Confederación Argentina, pero que reconocía como paraguaya lo que es hoy Formosa y parte de la actual provincia del Chaco. La falta de ratificación fue producto del desacuerdo de la legislatura argentina respecto del territorio chaqueño, pero Formosa no estaba en discusión: era claramente paraguaya. Y entonces vino la victoria que dio derechos. A tal punto dio derechos que una orilla del río Pilcomayo es hoy argentina: llegamos a la puertas de Asunción. Pero cuando la Argentina quiso ocupar también el Chaco paraguayo, los brasileños dijeron "no" y nuestro canciller dijo: Está bien. La victoria no da derechos. Y esa frase, aislada de su contexto, nos fue enseñada a todos con pompa moralista. La incorporamos, la creímos, y nos rasgamos las vestiduras ante las iniquidades de otros Estados, seguros de que somos un ejemplo moral para el mundo.
    Quizá hace algunas décadas no hubiéramos podido desmitificar estos acontecimientos con tanta crudeza, porque nuestra misma existencia como comunidad imaginada estaba basada en una mitología que justificaba la realidad política del nuevo Estado inventando una historia a su medida. Pero el tiempo ha transcurrido, la comunidad imaginada argentina está consolidada, y estas mitologías se han vuelto crecientemente disfuncionales, en la medida en que se proyectaron en políticas autodestructivas para el país y su Estado, como la guerra de las Malvinas. Es seguramente por ello que esta obra, que hasta hace poco tiempo hubiera sido considerada subversiva, puede ahora publicarse sin mayor escándalo y para beneficio del país.
    Siempre es bueno tener confianza en uno mismo y sus virtudes, pero no al extremo de perder contacto con la realidad y emprender cursos de acción autodestructivos. Esto fue lo que desgraciadamente ocurrió con la cultura argentina, y esto fue lo que se proyectó a nuestra política exterior durante varias décadas, hasta 1989. La dolorosa pero necesaria crítica constructiva que aquí acometimos tiene por objetivo evitar que en el futuro se repitan aventuras suicidas como la de 1982.
    Y ahora, después de estos capítulos introductorios, donde desarrollamos el bagaje conceptual indispensable para lanzarnos a historiar las relaciones exteriores argentinas sin mitos ni mentiras piadosas, podemos pasar inmediatamente a la médula de la cuestión, con el Tomo II de la Parte Primera de nuestra Obra.
 

Marzo 1985
Opinión sobre si la Argentina ha ganado o perdido territorio
a lo largo de su historia

Pregunta Total

Sexo

M.      F.

Edad

18-24  25-28  29-34  35-49 50-64 +65

Educación

P.I.  Prim. Sec. Sup.

¿La Argentina
ha ganado
territorio a lo
largo de su
historia?
6,4 6,5    6,2 7,0        6,7       3,4       6,8     6,9   6,2 4,8    6,7    6,7    5,1
¿La Argentina
ha perdido
territorio a lo
largo de su
historia?
73,6 74,9 72,2  75,9    78,7     78,8    74,5    70,8  66,2 61,0  72,7   75,5  86,1
No sabe
No contesta
20,1 18,6 21,6   17,1    14,6     17,8    18,7  22,3 27,6 34,3   20,6   17,8   8,9
Total % 100 100  100   100      100     100     100    100   100    100   100    100    100
Bases 1.021 506  515    158       89       118     278    233  145    105   466   371      79

 

Marzo 1985
Opinión sobre si la Argentina ha ganado o perdido territorio
a lo largo de su historia

Pregunta Total
Alta

Nivel

Med.  M. Baja  Baja   

Agr.  Ideolog.

C. Izq.     Centr.      C. Der.       NS/NC       -

¿La Argentina
ha ganado
territorio a lo
largo de su
historia? 
6,4 5,2          6,8         7,2      4,1           4,5           4,3             11,5           6,1
¿La Argentina
ha perdido
territorio a lo
largo de su
historia?
73,6 76,3      78,1       73,1    64,9          83,4          81,0          72,7          62,0
No sabe
No contesta
20,1 18,6      15,2       19,6    31,0          12,1          14,7          15,8          31,9
Total % 100 100         100       100    100           100           100           100           100
Bases 1.021 97          310        443    171           157            326           209           329

 

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