La recuperación (1890-1900)
Durante
la década de 1890 la crisis de Baring quedó resuelta, pero las inversiones
extranjeras no tuvieron el mismo ritmo que en la década anterior. La crisis había
afectado tanto a Baring Brothers y al gobierno argentino, como a quienes habían
invertido en tierras y valores mobiliarios. Las inversiones británicas en la
Argentina no se recuperaron hasta 1904. Los préstamos al gobierno registraron
una declinación pronunciada, de modo que las inversiones en ferrocarriles,
frigoríficos, compañías de tierras y bancos crecieron en términos relativos.
La crisis no tuvo efectos desfavorables, sin embargo, sobre el sector
agropecuario. La década de 1890 se caracterizó por un aumento en los valores y
volúmenes de las exportaciones agrícolas y, de modo menos notorio, de las
ganaderas, cuyo afianzamiento se produjo después de 1900.
Analizando
la evolución más en detalle del comercio exterior argentino, puede observarse
que, según el Anuario del Comercio Exterior de la época, a fines de la década
de 1890 las importaciones argentinas desde Gran Bretaña representaban más de
un tercio del valor total importado (36,3% en 1898), mientras que Estados
Unidos, Italia, Francia, Bélgica y Alemania contaban con alrededor de 10% cada
uno. Las exportaciones estaban menos concentradas. El principal destino de las
exportaciones argentinas era Francia, que en 1898 contaba con 22,4%, siguiéndole
luego Alemania con 15,2% y Gran Bretaña con 14,3%. En ese año Francia,
Alemania y Gran Bretaña reunían más del 50% del valor total exportado.
Cabe
destacar que Francia era un importante comprador de lana argentina, por lo que
el valor de las exportaciones con ese destino superó en varias oportunidades en
la década del 90 a las destinadas a Gran Bretaña. Según la fuente antes
citada, los significativos porcentajes de participación de Alemania y Bélgica
(15,2% y 10,4% en 1898) reflejan el peso de estos países en el comercio
argentino de granos, donde la presencia británica fue comparativamente más débil
que en el comercio de carnes.
En
cuanto al comercio de granos, podría decirse que, en medio de la crisis de
Baring, la economía argentina descubrió en el trigo -desarrollado desde años
atrás en la zona de colonias del Litoral- el medio de pago de la deuda externa
acumulada en el período anterior. Varios factores coadyuvaron a un vuelco en
tal sentido: las malas cosechas en Europa y Estados Unidos, que determinaron un
precio mundial excepcional en 1891 (41 pesos oro la tonelada); la caída del
papel moneda, que valorizó los ingresos en oro; y la amplia disponibilidad de
tierras vírgenes para su cultivo.
El
incremento de la producción triguera produjo enormes saldos exportables, que
pasaron de un promedio anual de 762 mil toneladas en 1890-1894 a 801 mil
toneladas en 1895-1899. (1) De
acuerdo con el Anuario del Comercio Exterior correspondiente, el progreso también
se advierte al comparar el quinquenio 1886-1890, en que se exportó trigo por un
valor promedio de 6,1 millones de pesos oro, y el quinquenio 1896-1900 en que la
cifra fue de 25,1 millones.
La
exportación de maíz se expandió a un ritmo también notable, ya que saltó de
un promedio de 266 mil toneladas en 1890-1894 a 910 mil toneladas en 1895-1899.
Más notable aún fue la expansión de la exportación de semillas de lino, que
pasó de un promedio de 50 mil toneladas en 1890-1894 a 200 mil toneladas en
1895-1899. En valores, las cifras más elocuentes respecto del maíz son el
salto de 4,6 millones de pesos oro en el período 1891-1895 a 11,1 millones en
1996-1900, y para el lino de 3,6 millones a 7,1 millones en los mismos períodos.
(2)
La
expansión de la producción cerealera en la década de 1890 hizo que, como
proporción del valor total de las exportaciones argentinas, las exportaciones
de cereales saltaran de 1,4% en 1880 al 25% en 1890 y al 50% en 1900. En términos
relativos, las exportaciones ganaderas declinaron del 94% del valor total de las
exportaciones argentinas en 1880 al 61% en 1890 y a menos del 50% en 1900, pero
ello no se debió a una caída de los valores absolutos, sino al rápido
crecimiento de las exportaciones agrícolas. (3)
Un
rubro en lento ascenso entre 1890 y 1900 fue el de las carnes congeladas, al
compás de los primeros pasos de la industria frigorífica en la Argentina.
Curiosamente, el ganado que aprovechó inicialmente las ventajas del
frigorífico fue el ovino y no el vacuno. (4) A pesar de que el bovino no se
adaptaba a las necesidades de la industria frigorífica, dos factores evitaron
su declinación durante la década del 90: la ampliación y consolidación de
fronteras y la mayor importancia de la exportación de ganado bovino en pie
respecto de la de carne congelada en este período. En cuanto al primer factor,
el proceso de expansión fronteriza necesitó de la presencia del vacuno, debido
a que éste devoraba los pastos altos, abonaba el suelo con sus deyecciones y
compactaba el suelo con su pisoteo, preparando el terreno virgen para la cría
del ovino. (5) Respecto del segundo factor, la mayor parte de la producción
exportable de la década de 1890 siguió saliendo del ganado en pie y no de los
frigoríficos, que recién a partir de 1900 ocuparon una posición de liderazgo
en la economía exportadora argentina.
En
1895 comenzaron los embarques regulares de ganado en pie hacia el Reino Unido.
Cortés Conde menciona la importancia del ganado en pie vacuno en el comercio de
exportación argentino, que alcanzó la cifra tope de 96.903 cabezas en 1898 a
partir de la cual comenzó la declinación, para llegar en 1900 a sólo 34.026
cabezas y cesar un año más tarde los embarques casi completamente, excepto
para países limítrofes. Este autor no menciona la exportación de ovinos.
Por
su parte, Gravil proporciona cifras semejantes para la exportación de bovinos
en pie: 89.369 cabezas en 1898 para luego descender a 85.365 en 1899 y a 38.562
en 1900. Pero este autor menciona cifras mucho mayores para el caso del ovino en
pie, sobre todo a partir de 1895: 430.372 cabezas en 1898, 382.080 en 1899 y
178.969 en 1900. Para 1903, las cifras habían declinado significativamente:
27.807 vacunos y 82.491 ovinos.
Giberti,
en tanto, menciona la exportación de ganado en pie como prioritariamente vacuno
aunque con activa participación lanar, pero no proporciona cifras. El ganado en
pie argentino, aunque de regular calidad, se impuso en los mercados europeos por
su bajo precio, frente a competidores como Canadá, Estados Unidos y Australia.
(6)
En
1899 las exportaciones argentinas de ganado en pie sumaron 9 millones de pesos
oro, mientras que las de la carne congelada (en su mayoría ovina) produjeron
2,7 millones de pesos oro. Los productos de los frigoríficos representaron tan
sólo el 16% del total de exportaciones de carne de la Argentina en 1894, pero
la tendencia cambió hacia 1900, de tal modo que en 1914 representaban cerca del
88% de ese total. (7)
Las
exportaciones de carne en conserva y extracto de carne también crecieron
durante el período en consideración. La Compañía de Extractos de Carne de
Liebig se había establecido en el Río de la Plata en 1871. Las importaciones
británicas de extracto de carne proveniente del Río de la Plata se elevaron de
3163 cwts. en 1880 a 310.527 cwts en 1910. (8) La carne en conserva fue un rubro
sustancial en las exportaciones argentinas a Gran Bretaña y registró una
enorme expansión durante la Primera Guerra Mundial. Fue, además, la rama de
procesamiento de la carne que primero adoptó la integración vertical, a través
de la adquisición de estancias.
Por
otra parte, las exportaciones de lana comenzaron a incrementarse hacia 1892, y
su salto más notable se dio entre 1894 y 1899, período en e1 que pasaron de
162.000 a 237.000 toneladas, para declinar hacia 1900 cuando Francia, el
principal comprador, sufrió una importante crisis textil. (9)
Ahora
bien, como se ha mencionado anteriormente, las inversiones británicas en la
Argentina declinaron a partir de la crisis de Baring y no se recuperaron hasta
los primeros años del siglo XX. Pero también se acentuó en el largo plazo el
cambio en la composición de dichas inversiones, ya que la proporción de las
inversiones directas sobre la inversión total británica pasó del 50,8% en
1895 a 59,3% en 1905. La más importante de las inversiones directas británicas
eran los ferrocarriles. En ese sector el capital nominal británico saltó de
7,6 millones de libras a fines de 1880 a 64,6 millones a fines de 1890,
93,6 millones en 1900, 174,4 millones de libras en 1910 y 215 millones a
fines de 1913. (10) La relevancia de las inversiones apuntadas se vio reflejada
consecuentemente en el alto grado de participación británica en el
aprovisionamiento de materiales al sector ferroviario. En 1893 Gran Bretaña
proveyó el 77,2% de las locomotoras; y en el año 1895, 64,1% de los vagones de
carga, 57,6% de los vagones de pasajeros y 43,7% de los furgones y vagones
especiales. En las empresas británicas, sobre todo en las más importantes
(Ferrocarril Gran Sur de Buenos Aires, Ferrocarril Central Argentino,
Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico y Ferrocarril Oeste de Buenos Aires),
esa participación fue aun mayor: 84,8%, 60,9%, 64,3% y 40,7% respectivamente.
(11)
Cabe
destacar que, no obstante el espectacular crecimiento de las inversiones británicas
en ferrocarriles aun después de la crisis de 1890, la actitud del gobierno
argentino hacia las empresas ferroviarias varió respecto de la observada
durante los años de la "manía ferroviaria", previos a la crisis. La
práctica de otorgar garantías estatales sobre los beneficios ferroviarios fue
objeto de creciente crítica. Durante la crisis de Baring se advirtió que las
garantías gubernamentales cubrían no menos del 20% del endeudamiento del
gobierno nacional, con un costo anual de 5 millones de pesos oro. En respuesta a
esta situación, el gobierno argentino nombró en 1893 una comisión que debía
investigar métodos para reducir esta enorme carga. Las negociaciones con los
ferrocarriles resultaron en una reducción del monto de esas garantías hasta
cerca de la mitad de la cifra preexistente.
La
industria frigorífica fue otro sector en el que creció la inversión británica.
Firmas argentinas que operaban desde la década anterior cayeron en la órbita
de influencia británica o norteamericana, ya sea por problemas de falta de
infraestructura o de capital, o por ambas. Ya hacia 1891, Sansinena pasó a
estar bajo la influencia de The River
Plate Fresh Meat Company. Esta tendencia continuó, como lo prueba la
adquisición de la planta de La Blanca por el poderoso complejo de Chicago
conocido como The National Packing Company (conformado por las firmas
norteamericanas Swift, Armour y Morris), en 1909. Sulzberger & Sons, otra firma norteamericana, compró el Frigorífico
Argentino en 1913.
Otros
rubros de inversión que crecieron en la década de 1890 fueron las compañías
de tierras y las estancias. Mientras que en 1890 el capital británico invertido
en propiedades rurales sumaba 2,8 millones de libras, hacia 1913 el total
llegaba a 13 millones de libras. La primera compañía de tierras, la Argentine
Central Land Co., había sido creada por el Ferrocarril Central Argentino en
1870. Entre las explotaciones rurales puede mencionarse a Associated Estancias (organizada en 1900), Estancias and Properties, Limited (creada en 1899), Espartillar
Estancia (organizada en 1886) y Las
Cabezas Estancia Company (fundada en 1876). Por su parte, la compañía británica
Forestal Land, Timber and Railways Company obtuvo destacables
beneficios en la explotación de productos forestales, especialmente quebracho,
a partir de 1906. (12)
Otras
inversiones británicas importantes se localizaban en la infraestructura
portuaria y en servicios tales como electricidad, gas y tranvías. Ejemplos de
inversión en estos sectores fueron la Anglo
Argentine Tramway Co. Ltd., la Compañía Primitiva de Gas, ambas de la
ciudad de Buenos Aires, y la Compañía de Aguas Corrientes de la Provincia de
Buenos Aires.
El
caso de la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina revela que el capital británico
en los servicios públicos, si bien predominante, estuvo lejos de tener una
presencia hegemónica en el sector. La Anglo-Argentine
Tramways Co. Ltd. fue una compañía británica que prestó servicios en
Buenos Aires entre 1876 y principios de la década de 1950. Ya en 1907 esta
empresa fue absorbida por la Compagnie Générale
des Tramways de Buenos Aires, una empresa belga que perteneció a SOFINA (Société Financière des Transports et d' Entreprises Industrielles),
un holding internacional con sede en Bélgica e inversiones en transportes
urbanos y energía eléctrica en todo el mundo. Aunque la compañía siguió
teniendo accionistas y debenturistas británicos, SOFINA tomó el control de su
directorio. (13)
NOTAS
Anuario Geográfico..., op. cit., p. 380, citado por C.F. Díaz Alejandro, op. cit., Statistical Appendix, p. 474.
Ibid.
Simon G. Hanson, Argentine Meat and the British Market. Chapters in the History of the Argentine Meat Industry, California, Stanford University Press, 1938, p. 121; D.B. Easum, op. cit., pp. 27 y 29, quien cita como fuente a Hanson.
Varias razones explicaron esta preferencia de los frigoríficos por el ovino. En primer lugar, el vacuno de entonces no tuvo la calidad exigida por el gusto británico. El ovino, en cambio, corrió con la ventaja de la mestización de décadas anteriores. En segundo lugar, la precariedad de los frigoríficos hizo más dúctil el congelamiento de una res delgada y pequeña como la ovina que el de un animal grande como el bovino. La paulatina valorización de la carne ovina por parte del frigorífico (que llegó a pagar hasta el 50% más que la grasería), hizo que los criadores buscasen el Lincoln, con más carne que el merino. De este modo, los estancieros se dedicaron a la cría del Lincoln o a cruzarlo con merinos. Este proceso de "desmerinización" estuvo también estimulado por el éxito del merino en campos bajos y húmedos como los del sur de Buenos Aires y la adaptabilidad del Lincoln a los pastos duros. No obstante, este proceso de "desmerinización" no fue parejo en todo el país, dividiendo más bien a éste en dos zonas bien diferenciadas. Una de ellas, correspondiente a la mayor parte de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba y sur de Entre Ríos, se adaptó al proceso debido a la cercanía de los frigoríficos y a la calidad de los pastos, que permitió criar razas ovinas exigentes en alimentación. La otra zona, correspondiente al norte de Entre Ríos, Corrientes, La Pampa y área patagónica, mantuvo los métodos tradicionales, debido a su lejanía de los centros frigoríficos. En el caso del área patagónica, este último inconveniente se unió a la pobreza de sus pastos para hacer de los campos patagónicos un ámbito exclusivamente productor de lana y, por ende, apto para los merinos desplazados. Ver al respecto Horacio C.E. Giberti, Historia económica de la ganadería argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, pp. 171-172.
De acuerdo con José María Jurado, citado a su vez por Horacio Giberti, el vacuno es el ganado colonizador por excelencia, "anda grandes distancias sin fatiga, soporta bien las adversidades, mejora los pastos, compacta el suelo por el pisoteo, lo abona con sus deyecciones y lo drena gracias al fácil escurrimiento del agua por los caminos que traza hacia las aguadas". Por su parte, Giberti agrega que "se tornó evidente la necesidad y ventaja de mantener bovinos en campos dedicados a lanares; la distinta modalidad alimentaria de ambos hace que no compitan entre sí; la oveja no come los pastos altos, de modo que sin el vacuno que los devore, éstos cubren poco a poco el campo y lo desvalorizan". Ver H. Giberti, op. cit., p. 173; José María Jurado, "Cuestión ganadera", Anales de la Sociedad Rural Argentina, XXI, apartado VII, Buenos Aires, 1887, pp. 181 y 153.
Ver, al respecto, el cuadro sobre número de exportaciones argentinas de ganado en pie hacia Gran Bretaña entre 1890 y 1903, Report of the Departmental Committee appointed to inquire into Combinations in the Meat Trade, British Parliamentary Papers, XV, 1909, Appendix 1, fuente citada por Roger Gravil, The Anglo-Argentine Connection, 1900-1939, Dellplain Latin American Studies, Nº 16, Boulder, Colorado, Westview Press, 1985, p. 57; R. Cortés Conde, op. cit., p. 113; H. Giberti, op. cit., p. 174.
D.B. Easum, op. cit., p. 30.
R. Gravil, op. cit., pp. 65 y 67.
R. Cortés Conde, op. cit., p. 113.
J.F. Rippy, op. cit., p. 160.
Ver porcentajes en Eduardo Zalduendo, Libras y rieles, Buenos Aires, El Coloquio, 1975, p. 373. Consultar del mismo autor, "Aspectos económicos del sistema de transportes...", op. cit., p. 449.
Eduardo José Miguez, Las tierras de los ingleses en la Argentina (1870-1914), Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1985; J.F. Rippy, op. cit., pp. 161 y 177. Ver R. Cortés Conde, op. cit., p. 141.
Raúl García Heras, "Capitales extranjeros, poder político y transporte urbano de pasajeros: la compañía de tranvías Anglo-Argentina Ltda. de Buenos Aires, Argentina, 1930-1943", en Desarrollo Económico, volumen 32, Nº 125, abril-junio de 1992, pp. 36-37.
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