Prosperidad (1900-1914)
Hacia
1900 la economía argentina había dejado atrás los problemas derivados de la
crisis de 1890. La diversidad y capacidad de adaptación de las exportaciones
argentinas, como señala Carlos Díaz Alejandro, habían contribuido a la
recuperación. Hasta la década de 1880 prevalecieron las exportaciones de lana,
cueros y carne salada; en la de 1890 se produjo un marcado incremento de las
exportaciones de trigo; y a partir de 1900 crecieron de modo notable las
exportaciones de carnes congeladas. Debido a esta diversidad, como también a
las importantes inversiones extranjeras realizadas en las décadas precedentes,
entre 1900 y 1913, el valor de las exportaciones argentinas se triplicó,
mientras que el de las importaciones -inversión extranjera mediante- se
cuadruplicó, con un notable crecimiento de las importaciones de inversión. (1)
En
cuanto al comercio exterior, entre 1900 y 1914 -con excepción de 1911- la
balanza comercial argentina tuvo saldos positivos. Gran Bretaña suplió el 33%
del total de las importaciones; Alemania ocupó el segundo lugar, con el 15%;
Estados Unidos, en ascenso respecto a las décadas anteriores, el 13,6%; Francia
e Italia, entre 10% y 8% y Bélgica, alrededor del 5%. (2) La proporción de las
importaciones argentinas originadas en Gran Bretaña había alcanzado su pico en
1895, pero a partir de esa fecha empezó a declinar. A pesar de esta tendencia,
las importaciones argentinas de Gran Bretaña aún superaban con amplitud a las
de los Estados Unidos al estallar la Primera Guerra Mundial.
De
modo que en la década previa a dicha guerra las relaciones económicas
anglo-argentinas alcanzaron su punto culminante. Esto se debió tanto al volumen
del comercio bilateral como a la fuerte corriente de inversiones británicas
hacia la Argentina, que contribuyó a afianzar esa relación comercial. Una
prueba de la significación de la misma para Gran Bretaña está dada por el
hecho de que mientras el valor total de sus exportaciones al mundo se duplicó
durante el período 1900-1913, sus exportaciones a la Argentina crecieron 290%
entre 1900-1904 y 1909-1913. Entre esos mismos períodos las exportaciones de
manufacturas de algodón casi se duplicaron, las de lana se triplicaron y las
ventas de maquinaria se quintuplicaron. (3)
No
obstante la expansión de las exportaciones británicas a la Argentina por esos
años, Gravil advierte que la posición comercial de Gran Bretaña se hallaba
amenazada por la importante competencia que ejercían los productos alemanes y
norteamericanos en el mercado argentino. Por este motivo, las casas comerciales
británicas se vieron forzadas a comercializar productos norteamericanos y de
otros países.
En
1913, por ejemplo, la compañía británica The
South American Stores importaba el 45% de sus productos de Francia, el 25%
de Gran Bretaña y el 8% de los Estados Unidos. Además, bastante antes de 1914,
la comercialización de los textiles británicos había pasado en gran medida a
manos de comerciantes alemanes de la Argentina. (4) Algo similar sucedía en el
sector ferroviario, ya que entre los años 1908 y 1913, a pesar de que los británicos
controlaban el 76% de las acciones de las compañías ferroviarias en la
Argentina, los fabricantes británicos habían provisto sólo el 47,5% de las
locomotoras, el 49% de los vagones y el 40% de los rieles. Por lo tanto, la
correlación de signo positivo entre alto nivel de inversión de capital británico
e importación de bienes de ese origen registrada en la década de 1880 no se
repitió durante el boom inversor del período 1908-1913. (5)
Hacia
1913, el 15% de la inversión privada británica en la Argentina se colocó
fuera del control británico: 17,3 millones de libras se ubicaron en
emprendimientos argentinos que competían con los británicos. Esos
emprendimientos se dividían de la siguiente manera: ferrocarriles, 1,3 millones
de libras; bancos y casas de descuento, 11,6 millones de libras; comercios e
industrias, 2,1 millones de libras; electricidad, 0,3 millones de libras; tranvías
y ómnibus, 1,6 millones de libras y tierras, finanzas e inversión, 0,4
millones de libras. (6) Los restantes 20 millones de libras de la inversión
privada británica se colocaron en empresas de propiedad extranjera en
territorio argentino, que no estimularon a la industria británica. Incluso,
parte de este monto fue invertido en la sucursal argentina del proyecto de
Perceval Farquhar, que tuvo el expreso propósito de eliminar la presencia británica
de Sudamérica. (7)
El
estallido de la Primera Guerra Mundial constituyó un punto de inflexión en las
relaciones anglo-argentinas. Después de la guerra, Gran Bretaña no logró
recuperar su posición como principal proveedor de productos manufacturados
-posición en la que fue reemplazada por Estados Unidos-, si bien mantuvo su
preeminencia en los rubros invisibles (créditos, seguros, fletes). Esto fue
resultado, en parte, de tendencias en la economía británica que habían
comenzado a manifestarse a fines del siglo XIX: por un lado, la disminución de
las exportaciones de manufacturas, y por otro, la creciente importancia de los
bienes invisibles. Hasta comienzos de la Primera Guerra, los ingresos por
fletes, seguros y servicios bancarios crecieron, compensando el desequilibrio de
la balanza comercial. (8)
En
cuanto al comercio de granos en particular, al comenzar el siglo XX las
exportaciones argentinas mantuvieron el dinamismo adquirido en la década del
90. Es más, las exportaciones de granos incluso crecieron en los primeros años
del siglo. Considerando los volúmenes, el promedio de la exportación de trigo
en 1910-1914 creció 164% respecto de 1895-1899; el de maíz, 251%; y el de las
semillas de lino, 225%. En el lustro anterior a la Primera Guerra Mundial la
exportación de trigo alcanzaba 2,1 millones de toneladas por año; la de maíz,
3,2 millones de toneladas; la de semillas de lino, 0,7 millones de toneladas; y
la de avena, cebada y centeno, 0,6 millones de toneladas. Si tenemos en cuenta
los valores de las exportaciones en millones de pesos oro y consideramos el período
1911-1915 en relación al de 1986-1900, las cifras son aún más elocuentes:
259% de aumento para el trigo, 618% para el maíz y 483% para el lino. (9)
Asimismo,
en los primeros años del siglo, el Reino Unido absorbió la tercera parte de
los embarques de trigo argentino, la mitad de sus exportaciones de avena y las
dos quintas partes de las de maíz. La creciente demanda británica de trigo
argentino se debió a tres factores: la merma de un 50% en la producción británica,
los vaivenes de las exportaciones norteamericanas en 1904 y 1905 y el aumento
del consumo interno de trigo. (10)
Ahora
bien, aunque un alto porcentaje de las exportaciones argentinas de granos estuvo
destinado a Gran Bretaña y la Argentina fue un importante abastecedor de granos
de ese país, las principales casas exportadoras que operaban en la Argentina no
eran británicas. Como sostienen Gravil y Miller, las compañías cerealeras más
grandes de la Argentina fueron ejemplos tempranos de empresas multinacionales,
cuyos miembros residían en Europa. En efecto, hacia mediados de 1914 el control
de los embarques cerealeros argentinos estaba dividido entre estas compañías
de origen multinacional con los siguientes porcentajes: Bunge y Born, 23%; Louis
Dreyfus y Co., 22%; Huni y Wormser, 10,5%; Weil Brothers, 10%; General
Mercantile Company, 9,5%; Hardy y Mühlenkamp, 7%; H. Ford y Co. Ltd., 7%;
Sanday y Co., 6%; y Proctor, Garratt y Marston Ltd., 3%. Estas nueve compañías
comercializaban, por lo tanto, el 98% del total de las exportaciones de granos,
pero solamente las dos últimas, que contaban con 9% del total exportado, eran
británicas: Sanday y Co. de Liverpool -que contó con dos filiales, una en
Buenos Aires y otra en Rosario- y la firma Proctor, Garratt y Marston, también
de Liverpool, que actuaba en Rosario. Este 9% contrastaba claramente con el 65%
de las exportaciones de granos controlado por las empresas no británicas Bunge
y Born, Louis Dreyfus y Co., Huni y Wormser, y Weil Brothers, las que recibieron
el nombre de las "Cuatro Grandes". Por lo tanto, la presencia británica
en el comercio de granos en la Argentina no era monopólica. Dicho comercio
estuvo primordialmente en manos alemanas e incluso la participación francesa en
esta actividad más que duplicó la inglesa. (11)
El
transporte ferroviario fue la única actividad vinculada con el comercio de
granos en que empresas británicas estuvieron involucradas en forma
significativa. Las compañías ferroviarias Buenos Aires y Pacífico, Central
Argentino, del Sur y del Oeste, en particular, otorgaron un tratamiento
preferencial a las "Cuatro Grandes". Todas las exportadoras, excepto
Bunge y Born, utilizaban elevadores pertenecientes a las compañías
ferroviarias. (12)
En
cuanto al comercio de carnes, se destaca que a partir de 1900 la exportación de
carne vacuna refrigerada creció enormemente. Este crecimiento fue consecuencia
de una serie de factores que favorecieron a las carnes congeladas al mismo
tiempo que desalentaban otros tipos de producción pecuaria.
Entre
esos factores debe señalarse: 1) la crisis lanera de Francia que hizo decaer el
interés por los ovinos; 2) el cierre del mercado británico para el ganado en
pie argentino, debido a un brote de aftosa; 3) la declinación de las
exportaciones de carne provenientes de Estados Unidos, como resultado del
aumento del consumo interno y de las huelgas de Chicago; 4) la merma del
comercio anglo-australiano de carnes, debida
entre otros factores a las frecuentes sequías en Australia; y 5) el
crecimiento de la población y del consumo de carne por parte de los británicos.
(13) Debido a la aparición de este conjunto de factores la Argentina surgió
como el nuevo abastecedor de carne congelada a Gran Bretaña. El frigorífico,
sector en el que ya existía una importante inversión británica, pasó
entonces a un primer plano en la economía argentina.
Entre
1900 y 1914, además del crecimiento de las exportaciones de carne vacuna
congelada, se advierte una caída en la exportación de lana, el estancamiento
de la exportación de carne ovina congelada y, en los años previos a la Primera
Guerra Mundial, el comienzo de la exportación de carne enfriada.
Desde
1900 se produjo una marcada declinación de la exportación de ganado en pie.
Ello se debió a las desventajas del prolongado viaje y a la transmisión de
enfermedades del ganado. Como consecuencia de las plagas del ganado
(pleuro-neumonía y aftosa) de la década de 1860 se había generado en Gran
Bretaña cierta resistencia a la importación de ganado en pie. Las medidas de
control sanitario se hicieron más estrictas tras la sanción del Acta de
Enfermedades Contagiosas de los Animales en 1878. Dicha Acta estableció dos
listas para controlar la importación de ganado. La primera lista prohibió todo
comercio con aquellos países cuyo ganado tuviese alguna enfermedad probadamente
virulenta. La segunda permitió la importación de animales vivos, con la
condición de que fuesen matados en el puerto de entrada. Durante los doce
primeros años de vigencia del Acta, la mayoría de los países europeos estuvo
incluida en la primera lista, mientras la Argentina, junto a Canadá y Estados
Unidos, estuvo en la segunda. La
erupción de un foco de aftosa en el ganado vacuno de la provincia de Buenos
Aires en enero de 1900 llevó a las autoridades británicas a prohibir la
importación de animales en pie de la Argentina desde el 30 de abril de 1900.
(14)
En
la Argentina esta medida fue considerada discriminatoria, atribuyéndosela a una
actitud proteccionista de los intereses pastoriles británicos, o bien
a la intención de crear deliberadamente un excedente ganadero para
beneficiar a las compañías frigoríficas británicas. Las exportaciones de
carne refrigerada a Gran Bretaña, sin embargo, habían superado a las de ganado
en pie aun antes de la prohibición, mientras las exportaciones de carne de
cordero prácticamente se mantuvieron. Por este motivo, y porque el ganado
argentino realmente estuvo infectado con aftosa, la sospecha de que las medidas
sanitarias británicas tuvieron objetivos distintos de los manifestados debe
descartarse.
La
prohibición de la importación de ganado en pie proveniente de la Argentina se
levantó en 1903, pero un rebrote de la infección hizo que se tornase
permanente. Antes de declinar definitivamente, la exportación de ganado en pie
mantuvo su vigencia principalmente como consecuencia de la demanda del ejército
británico en Sudáfrica en un momento en que el comercio de carnes refrigeradas
estaba todavía en su fase embrionaria. La exportación de ganado en pie alcanzó
un nuevo repunte entre 1902 y 1903, cuando 172.085 ovejas y 12.683 vacunos (así
como 63.423 mulas y 12.733 caballos) fueron enviados desde la Argentina a Sudáfrica.
La Guerra de los Boers también estimuló la exportación de carne congelada y
en conserva de modo transitorio, ya que en 1906 Sudáfrica concedió
preferencias tarifarias a Australia. (15)
A
partir de 1905 se acentuó el crecimiento de la exportación de carne congelada.
El promedio de los volúmenes anuales del período 1905-1909 fue 73,1% más alto
que el de 1900-1904, y el de 1910-1914 fue 66% superior al del lustro inmediato
anterior. Entre 1900-1904 y 1910-1914 la exportación de carne vacuna congelada
creció, por lo tanto, 186%. (16) La exportación de carne enfriada comenzó en
1908, con poco más de 1000 toneladas, alcanzando en 1910-1914 un promedio anual
de casi 25.000 toneladas. (17)
Asimismo,
durante los primeros años del siglo XX, la industria frigorífica argentina vio
facilitada la colocación de sus productos en el mercado británico por la
declinación de la competencia de las carnes norteamericanas. Entre 1880 y 1910
hubo en Estados Unidos un crecimiento demográfico del 83%, mientras que el
ganado bovino norteamericano creció sólo 22,5%, los porcinos 16,9%, y los
ovinos cayeron 6%. En consecuencia, una creciente proporción de la carne
norteamericana debió cubrir las necesidades del mercado interno. Este factor
fue para Gravil el más importante en la apertura del mercado británico a las
carnes argentinas. (18)
Australia
y Nueva Zelandia, las pioneras en la industria de carne refrigerada, fueron el
mayor obstáculo para las carnes argentinas. Sin embargo, la carne argentina
logró ingresar paulatinamente al mercado británico a partir de 1888, y para
principios de la década de 1900, la carne australiana fue relegada al consumo
de los conglomerados obreros del norte de Gran Bretaña, mientras que la
argentina conquistó el mercado del sur británico. (19)
Australia
demostró ser altamente vulnerable a la competencia argentina en carnes, debido
al carácter inestable de su economía, más afectada por las sequías que la
argentina. Además, la producción australiana era estacional, con un ciclo
productivo de tan sólo tres o cuatro meses. En consecuencia, la oferta de
Australia resultaba básicamente inestable. Esta discontinuidad de la oferta se
agravó además por defectos en el sistema de distribución de la carne, de carácter
horizontal, es decir, con muchos intermediarios. Luego de 1900 resultó muy
usual el sistema de ventas por adelantado, que sometió a los comerciantes
australianos a condiciones futuras que eran impredecibles.
En
contraste, el rasgo más destacado del comercio de carne anglo-argentino fue el
alto grado de integración vertical. La mayor parte de la carne enviada desde la
Argentina estuvo bajo control de los frigoríficos, los cuales contaron con sus
propias oficinas, depósitos y salida de venta al público en Londres. Las
firmas individuales en la Argentina controlaron, a diferencia de sus colegas en
Australia, todas las etapas de
procesamiento y distribución de la carne, desde la compra de los animales al
productor ganadero hasta la venta de los mismos a los consumidores británicos.
Este factor otorgó una considerable ventaja a la carne argentina sobre su
competidora australiana, menos organizada en este período. (20)
Desde la década de 1880 se habían establecido en la
Argentina compañías británicas que se dedicaron a la producción de carne
refrigerada. La primera de ellas, como ya se mencionara, fue The
River Plate Fresh Meat Co. Ltd., establecida por George Drabble en Campana,
en 1882. Esta firma se concentró en la exportación de carne ovina congelada.
La segunda fue Las Palmas Produce Co. Ltd., de capital angloargentino, establecida
por los hermanos James y Hugh Nelson en Zárate, en 1886. Los Nelson
diversificaron sus operaciones, emprendiendo no sólo la exportación de carne
congelada, sino también el negocio de la exportación de animales en pie para
ser sacrificados en Inglaterra. La Negra Compañía Sansinena de Carnes
Congeladas, cuya planta estaba en Avellaneda, fue establecida por capital
nacional en 1885, pero en 1891 fue adquirida parcialmente por The
River Plate Fresh Meat. Otras firmas inglesas fueron la Smithfield
& Argentine Meat Company, que se estableció en 1903 en Zárate y cuyas
operaciones comenzaron en 1905, y The La
Plata Cold Storage establecida en Berisso en 1904 pero
adquirida por la firma norteamericana Swift en 1907. (21)
The
River Plate, Las Palmas y La Negra se asociaron en 1897 para formar
The South American Fresh Meat Co.
Esta asociación de los tres frigoríficos más antiguos instalados en la
Argentina procuró alcanzar algún grado de cooperación para controlar el mercado de la carne como un oligopolio. Desde
entonces los administradores en Londres sostuvieron una conferencia semanal para
discutir las condiciones. Presumiblemente se llegó a un acuerdo tácito acerca
de los precios, e incluso se registraron intentos para lograr un acuerdo formal
respecto de la cantidad de carne a embarcarse desde la Argentina. (22)
Para
consolidar su dominio del mercado, The
River Plate de Campana, las Palmas de Zárate y Sansinena de Avellaneda en
1898 arrendaron al único competidor no británico -el establecimiento Terrason,
de San Nicolás- y lo mantuvieron
cerrado. Estas tres compañías frigoríficas británicas fueron protagonistas
de lo que Pedro Bergés llama la “edad de
oro” de la industria frigorífica, que comprendió el trienio 1900, 1901 y
1902. (23) Además de operar sin competencia en el mercado argentino, Sansinena,
River Plate y Las Palmas vieron reforzada su posición por la prohibición de
importación de ganado en pie argentino a Gran Bretaña, debida a la
fiebre aftosa. Este factor y otros como la sequía en Australia, la guerra de
los boers en Sudáfrica y los problemas laborales en Chicago y Nueva York (que
afectaron a la industria de la carne norteamericana) dieron origen a la edad de
oro de la industria frigorífica argentina.
De
ese modo, hacia 1905 las compañías frigoríficas británicas y sus asociadas
disponían de casi dos tercios de la capacidad de congelamiento de carne del país.
Como las firmas argentinas tendieron a concentrarse en el mercado interno, las
compañías extranjeras dominaron una proporción aún mayor de la exportación.
(24)
La
edad dorada de la industria frigorífica atrajo otros intereses hacia el sector.
La posición oligopólica de las tres compañías británicas fue quebrada en
1907 por la irrupción de los frigoríficos norteamericanos, que desarrollaron
el sistema de carne enfriada, abriendo al vacuno de calidad un mercado más
amplio pero también más exigente que el de la carne congelada.
Asimismo,
de todas las actividades vinculadas con la producción y comercialización de
las carnes argentinas, el transporte marítimo fue el sector donde más
fuertemente se manifestó la presencia británica. Las compañías navieras británicas
-Royal Mail, Pacific Steam, H.W. Nelson, Furness Withy, Houlders, Prince,
McIver y Houston- controlaron casi completamente el transporte de carne
refrigerada. (25)
No
obstante, la irrupción del capital norteamericano en la industria de la carne
en 1907 complicó el predominio mantenido hasta entonces por los frigoríficos
británicos. Hasta esa fecha los intereses británicos controlaban seis de nueve
frigoríficos. Los frigoríficos de capital nacional, incapaces de resistir, se
plegaron al oligopolio británico o fueron absorbidos por éste. (26)
Los
frigoríficos norteamericanos contaban con dos armas: su poderío financiero y
la carne enfriada. Esta, de mayor calidad que la carne congelada, se adaptaba
mejor al gusto británico. Como consecuencia de la expansión norteamericana en
una industria donde hasta entonces predominaban los intereses británicos y en
la que el principal producto de los frigoríficos norteamericanos estaba
destinado al mercado británico, se declaró la primera "guerra de
carnes" (1908-1911).
Las
guerras de carnes consistieron en la competencia entre los frigoríficos británicos
y norteamericanos por alcanzar el máximo de faena y exportaciones, mediante
subas de precios ganaderos. Los norteamericanos, al poseer su propia flota, no
estaban subordinados como los frigoríficos argentinos a los barcos británicos.
(27)
Antes
de la guerra de carnes, sin embargo, para contrarrestar la competencia
norteamericana los frigoríficos británicos buscaron la asistencia del gobierno
argentino. Propagandistas pro-británicos como los medios Review of the River
Plate y The Buenos Aires Herald tuvieron un rol importante en este sentido.
La
campaña antinorteamericana llegó a la Cámara de Diputados en junio de 1909,
cuando Carlos y Manuel Carlés presentaron un proyecto de ley para prohibir
todos los "trusts de acción
conjunta" en la industria frigorífica. En su discurso de presentación,
los hermanos Carlés lamentaban los intentos extranjeros por "fundar un
imperio dentro de nuestra república". Aunque a primera vista su proyecto
podía parecer producto de una actitud nacionalista, los Carlés apuntaban
contra los frigoríficos norteamericanos: "Nuestros amigos los ingleses,
hace rato que nos están poniendo alertas sobre el peligro yanqui de los 'beef-trusts'..." (28) Los hermanos Carlés buscaban el apoyo
de los ganaderos para transferir el conflicto anglo-norteamericano del campo
económico al político, pero los estancieros, que eran los grandes
beneficiarios de la competencia entre frigoríficos británicos y
norteamericanos, se mostraron reacios a actuar contra los últimos. Finalmente,
el proyecto de ley de los Carlés fue ignorado.
Como consecuencia de la
competencia anglonorteamericana y de la caída de los precios de la carne en
Londres, producto de la creciente oferta de carne enfriada proveniente de la
Argentina, las compañías frigoríficas comenzaron a registrar pérdidas. Para
contrarrestar esa tendencia las compañías pusieron fin a la guerra de carnes,
uniéndose en un pool para establecer
cuotas de envíos. Las compañías establecieron la distribución de las
proporciones de exportación de carne a colocar en el mercado británico: 41,35%
para las compañías norteamericanas Swift, Armour y Morris; 40,15% para las
británicas, y 18,5% restante para las argentinas. (29)
Los
frigoríficos argentinos fueron testigos pasivos del enfrentamiento entre
norteamericanos y británicos. Antes de 1908, los frigoríficos argentinos se
habían incorporado al oligopolio británico. Los pocos frigoríficos de capital
nacional fueron absorbidos por los británicos o pesaron muy poco en el mercado.
Esta actitud pragmática se comprende mejor si se toma en cuenta que en 1915 los
beneficios de los frigoríficos oscilaron entre 22% y 257% de sus capitales, con
un promedio ponderado del 39%. (30)
El
acuerdo alcanzado entre los frigoríficos norteamericanos y británicos a fines
de 1911, que puso fin a la primera guerra de carnes, no duró mucho más allá
del plazo de un año por el que había sido acordado. Para permanecer en el pool
los frigoríficos norteamericanos requirieron un aumento del 50% de su cuota.
Como la contraoferta del 10% efectuada por los frigoríficos británicos fue
rechazada, en abril de 1913 se desencadenó la segunda guerra de carnes. (31)
Al
igual que durante la primera, en la segunda guerra de carnes (1913-1914) los
frigoríficos británicos también buscaron el respaldo de las autoridades
argentinas. En junio de 1913, el gobierno argentino fue informado por el
Ministro Plenipotenciario británico en la Argentina, Reginald Tower, de que el
Gobierno de Su Majestad miraría "con cordial interés cualquier acción
que se emprenda para impedir el establecimiento, por parte de firmas
extranjeras, de un monopolio en el comercio de exportación de carnes".
Este anuncio de Tower fue acompañado por presiones de los frigoríficos británicos
y argentinos sobre el Ministro de Agricultura argentino Adolfo Mugica. El
ministro -un ganadero- replicó que no tomaría ninguna medida contra los
norteamericanos "salvo que descubriera propósito de trust".
A pesar de la presión, el gobierno no adoptó una actitud decididamente
antinorteamericana. (32)
En
respuesta a estas presiones políticas y comerciales, en mayo de 1913 el
diputado Carlos Carlés volvió a presentar el proyecto de ley para prohibir
todos los trusts de acción conjunta en el negocio de los frigoríficos que él
y su hermano Manuel habían presentado vanamente en 1909. En junio, el diputado
Juan J. Atencio solicitó autorización para interpelar a Mugica acerca de la
existencia de un trust de la carne en
la Argentina. Se abrió así un áspero debate en el Congreso entre los
defensores de los frigoríficos norteamericanos y los de los británicos. Entre
los protagonistas del mismo podemos mencionar a Carlos Carlés, Abel Bengolea,
Estanislao S. Zeballos y el socialista Juan B. Justo. Se conformó un comité
parlamentario, conformado por el ex presidente de la Sociedad Rural Emilio
Frers, Juan J. Atencio, Carlos Carlés y el diputado conservador y entonces
presidente de la Sociedad Rural Abel Bengolea, el que propuso al Congreso tres
medidas: una ley antitrust, una provisión para el censo del ganado en pie y
recomendaciones para investigar dentro del mercado interno. Finalmente, todos
los proyectos se archivaron, lo cual significó la victoria de las compañías
norteamericanas y los ganaderos argentinos vinculados a ellas sobre sus
competidoras anglo-argentinas y los otros ganaderos, quienes fueron incapaces de
contrarrestar la creciente influencia de los primeros. (33)
El
ministro Mugica convocó a algunos ganaderos, entre ellos al ex-presidente Julio
Roca, para analizar la situación. En esa reunión se acordó que no era
conveniente emprender acción alguna contra los frigoríficos norteamericanos, a
menos que éstos amenazaran a los estancieros argentinos. Esta aparente inacción
oficial se debió a que los productores ganaderos argentinos se vieron
beneficiados por los excelentes precios que acompañaron al boom
exportador. Para ellos, la competencia entre los frigoríficos era más
conveniente que el pool, de modo que
no tenían interés en que se tomara medida alguna para poner fin a la guerra de
carnes.
Más
aun, del mismo modo que durante la primera, las autoridades y los ganaderos
argentinos no evidenciaron en la segunda guerra de carnes una postura unánimemente
favorable a uno u otro de los bandos en pugna. Existieron firmes defensores de
los intereses británicos dentro y fuera del gobierno argentino, como también
los hubo de los norteamericanos. Esta división entre ganaderos probritánicos y
pronorteamericanos no respondió a la existente entre criadores e invernadores,
pues por entonces el comercio de carne enfriada era una pequeña porción del
comercio total de carnes de la Argentina. Peter Smith sostiene que esta división
respondió más al hábito que a la función: algunos estancieros comerciaban
con los frigoríficos británicos y otros con los norteamericanos.
El
gobierno argentino propuso a los británicos la reapertura del comercio de
ganado en pie como remedio a la competencia norteamericana. En la óptica
argentina, esta alternativa liberaría a los productores de los cuellos de
botella en el mercado, digitados tanto por los intereses británicos como por
los norteamericanos. Según el Ministro de Agricultura Adolfo Mugica, la
reapertura del comercio de ganado en pie hacia Gran Bretaña permitiría a los
productores argentinos ofrecer carne de categoría aún más barata que la carne
enfriada vendida por los frigoríficos norteamericanos. Al generar competencia
de precios, el ingreso de ganado en pie argentino en el mercado británico
evitaría la formación de un monopolio de los frigoríficos norteamericanos y
bajaría los precios de la carne, con el consiguiente beneficio del consumidor
británico. (34)
Los
frigoríficos británicos, en su búsqueda de apoyos para contener la
competencia norteamericana, recurrieron también a las autoridades del Reino
Unido. Pero éstas manifestaron su preocupación principalmente por el bienestar
de los consumidores británicos, de modo que tampoco percibieron la rivalidad
entre los frigoríficos británicos y norteamericanos como negativa.
Así, ante las presiones de los frigoríficos británicos
para que el gobierno argentino resistiera el "creciente poder del trust
norteamericano de la carne", el Foreign Office consultó a la Junta de
Agricultura británica antes de adoptar una decisión. Esta sugirió que el
Foreign Office debía alentar a las autoridades argentinas a limitar las
exportaciones de cada frigorífico. Esta propuesta de la Junta de Agricultura no
apuntaba tanto a ayudar a los frigoríficos británicos como a proteger a los
ganaderos británicos de la competencia extranjera e impedir un monopolio en el
comercio de carnes que perjudicara a los consumidores británicos.
El ministro británico en Buenos Aires justamente cumplía con estas
instrucciones cuando tuvo sus reuniones con los miembros del gobierno durante el
mes de junio. (35)
Aunque la segunda guerra de carnes consolidó la
posición de los frigoríficos norteamericanos debe señalarse, por un lado, que
sus productos se exportaban principalmente a Gran Bretaña y, por otro, que los
frigoríficos británicos también exportaban sus productos a Estados Unidos.
Tan es así que el primer embarque de carne argentina a Estados Unidos,
efectuado el 21 de agosto de 1913, fue hecho por el empresario británico George
Drabble.
Asimismo,
a pesar de la expansión de los frigoríficos norteamericanos, la posición de
los británicos se fortaleció por procesos de fusión. A comienzos de 1914,
The Las Palmas Produce Co. Ltd., la compañía del británico Nelson, se
fusionó con The River Plate Fresh Meat
Co. Ltd., la compañía de su compatriota Drabble, formando The
British and Argentine Meat Company Ltd., (popularmente conocida como Vestey
Brothers). También estuvo asociada a
esta operación la compañía naviera británica The Royal Mail Steamship Co. Ltd.
Tal
vez debido a este proceso de fusión de empresas británicas, sus competidoras
norteamericanas desearon renovar las negociaciones para establecer las cuotas de
participación en la exportación de carne argentina. Tras reuniones efectuadas
en Londres y Chicago en abril de 1914, se alcanzó un arreglo por el que se
asignaba una cuota del 58,5% a los frigoríficos norteamericanos, 29,64% a los
británicos y 11,86% a los argentinos. (36)
Por
otra parte, otro rubro importante en el que se registran inversiones británicas
en este período es el del comercio minorista. La creciente prosperidad
argentina atrajo inversiones extranjeras también hacia el comercio al por menor
a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Una modalidad entonces
desarrollada en Europa, las grandes tiendas, que integraban varios sectores del
comercio minorista, fue transplantada a Buenos Aires primero y luego a otras
ciudades.
Los
franceses habían tomado la iniciativa en 1872, cuando J. Brun fundó la casa
llamada "A la ciudad de Londres", cuyo local central estaba ubicado en
Corrientes y Carlos Pellegrini. Su éxito lo llevó a instalar otro local en la
Avenida de Mayo. A fines de la década de 1880, los grandes almacenes Bon Marché
de París comenzaron a construir un gigantesco local entre las calles Florida,
Viamonte, San Martín y Córdoba. Algunos empresarios argentinos también se
lanzaron en esa dirección. El caso más destacado es el de Alfredo Gath y
Lorenzo Chaves, quienes en 1883 fundaron la gran tienda que llevó sus nombres
en Buenos Aires.
En
los primeros años del siglo también los británicos comenzaron a invertir en
el comercio al por menor. De esta manera, D'Erlanger
and Co. convirtió a la firma argentina Gath y Chaves en una compañía
inglesa llamada The South American Stores
(Gath and Chaves) Ltd. Los británicos invirtieron en esta casa un capital
de 1.712.500 libras esterlinas. Con la firma de un acuerdo el 27 de mayo de
1912, Gath y Chaves cerró una etapa de casi treinta años de capitalización
independiente. A cambio de la participación británica, los fundadores de esta
casa comercial recibían el 5% de las ganancias hasta el 15 de enero de 1918 y
Lorenzo Chaves fue nombrado miembro de la Junta de directores en Londres.
Otro
elocuente testimonio del potencial de la venta al por menor y del interés británico
por invertir en la misma fue la apertura de una sucursal de la casa Harrods en
Buenos Aires, tras abrirlas en Río de Janeiro y Sao Paulo. El primer paso de
Harrods en la Argentina fue dado en febrero de 1912 con un capital de 25.000
libras, como un experimento barato. Ocho años después, Harrods tomó posesión
de la casa The South American Stores (Gath
y Chaves), controlando tanto los locales en Buenos Aires como estableciendo
filiales en Rosario, Bahía Blanca, Córdoba, Paraná, La Plata, Mendoza, Tucumán
y Mercedes. Además, Harrods capturó la totalidad del capital accionario de la
compañía The Chilean Stores (Gath y Chaves), que operó en las ciudades más importantes
de Chile, Santiago y Valparaíso, así como en pueblos pequeños como Temuco y
Valdivia. Hacia 1914 Buenos Aires se había convertido en un puesto avanzado del
comercio al por menor británico. (37)
Finalmente,
cabe mencionar el rubro combustibles respecto de las inversiones británicas. Al respecto, como es bien sabido, la economía argentina
creció sobre la base de combustible importado. Los densos bosques de las
provincias norteñas proporcionaron sólo 15% de la energía consumida en el país
hacia 1913, mientras que el carbón mineral, proveniente de los yacimientos de
carbón del sur de Gales, proveyó casi todo el resto. Favorecido por la
industria naviera británica, que ofrecía bajos fletes para el carbón en los
buques con destino a la Argentina, el carbón galés cubrió 90% de las
importaciones argentinas de carbón. Estas se incrementaron al compás del
crecimiento del sector ferroviario, que llegó a consumir 70% del carbón
importado. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el consumo argentino de
carbón galés se cuadruplicó respecto de la década anterior. (38)
Por otra parte, antes
de la Primera Guerra Mundial el petróleo proporcionaba menos del 5% de las
necesidades energéticas locales. Productos derivados del petróleo eran
importados por unas pocas compañías extranjeras. Entre éstas cabe mencionar
la norteamericana Standard Oil y su competidora británica, la Anglo-Mexican Petroleum Company Limited, subsidiaria de la Royal
Dutch Shell. La Anglo-Mexican, que comerciaba productos de la Mexican
Eagle Oil Company, también perteneciente a Shell, abrió oficinas en Buenos
Aires en 1913. Al estallar la guerra y desorganizarse los embarques de carne,
prosperó rápidamente, llegando a construir depósitos en Buenos Aires y Bahía
Blanca. Entre sus clientes principales estuvieron las plantas inglesas
envasadoras de carne y los ferrocarriles británicos. Hasta el comienzo de la
guerra el petróleo importado suplió más de 90% del consumo argentino. (39)
NOTAS
Ver Carlos F. Díaz Alejandro, "La economía argentina durante el período 1880-1913", en G. Ferrari y E. Gallo, (comp.), op. cit., p. 371; y A. G. Ford, "Comercio exterior e inversiones extranjeras, 1880-1914", en Ibid., p. 511.
R. Ortiz, op. cit., p. 674.
R. Gravil, op. cit., p. 97.
R. Gravil, op. cit., pp. 97-100. Ver también Sara Caputo de Astelarra, "La Argentina y la rivalidad comercial entre los Estados Unidos e Inglaterra (1899-1929)", en Desarrollo Económico, Volumen 23, Nº 92, enero-marzo de 1984, p. 593.
S.B. Saul, Studies in British Overseas Trade, 1870-1914, London, 1960, p. 79; H. S. Ferns, "Investment and Trade between Britain and Argentina in the Nineteenth Century", Economic History Review, 2nd. Series, 111 (1950), 208-218, fuentes citadas por R. Gravil, op. cit., pp. 100-101.
Ver al respecto tabla 4.6 de inversiones de cartera británica bajo control mayoritario argentino en la industria privada en 1913, citado en R. Gravil, op. cit., p. 102, quien a su vez cita como fuente la tabla 9 del trabajo de Irving Stone, "British Direct and Portfolio Investment in Latin America before 1914", Journal of Economic History, volume XXXVII, (September 1977), Number 3, p. 713.
Percival Farquhar era un promotor norteamericano, dueño de empresas frigoríficas, madereras, de tierras, de servicios portuarios y públicos, asociado a capitales canadienses, británicos, norteamericanos, alemanes y franceses. Su teatro de operaciones abarcó diversos países del continente: Brasil, Argentina, Paraguay, Chile y Bolivia. Actuó en América latina entre los años 1898 y 1931. Aunque Farquhar recibió financiamiento del Scotland Bank y otros miembros de la comunidad financiera londinense, los intereses británicos en América latina se alarmaron con la aparición del grupo Farquhar. En la Argentina, Farqhuar obtuvo la gestión del ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano en asociación con el grupo Paribas (Banque de Paris et des Pays Bas) y otras entidades financieras, entre ellas la Argentine Railway Company, un holding destinado durante los años 1912 a 1914 a operar un conjunto de empresas cuya situación no fue muy próspera. A mediados de 1914 la situación del grupo Farqhuar se tornó insostenible en la Argentina, debido a la magnitud de los compromisos asumidos en distintas compañías, y la imposibilidad de saldarlos con nuevas emisiones como consecuencia del estallido de la guerra. Como resultado de estos factores, el holding se disolvió y el ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano volvió a manos del antiguo grupo inversor, hegemonizado por Paribas. Hacia fines de 1914 la enorme estructura de Farquhar colapsó en América, poniendo fin a su amenaza a los intereses británicos. Ver al respecto Irving Stone, op. cit., pp. 718-720 y Andrés Regalsky, "Capital extranjero y desarrollo ferroviario en la Argentina: las inversiones francesas, 1900-1914", Instituto Torcuato Di Tella, Centro de Investigaciones Sociales, Documento de Trabajo Nº 113, Buenos Aires, febrero de 1991, p. 38.
Pedro Skupch, "El deterioro y fin de la hegemonía británica sobre la economía argentina, 1914-1947", en M. Panaia, R. Lesser y P. Skupch (eds.), Estudios sobre los orígenes del peronismo, volumen 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 1975, p. 8.
Anuario Geográfico..., op. cit., p. 380, citado por C.F. Díaz Alejandro, op. cit., Statistical Appendix, p. 474.
W.H. Court, British Economic History 1870-1914: Commentary and Documents, Cambridge, 1965, pp. 191-192, citado por R. Gravil, op. cit., p. 37.
Un somero análisis de las "Cuatro Grandes" revela la debilidad de la presencia británica en el comercio de granos. Respecto de Bunge y Born, su sociedad fue fundada originariamente en Antwerp, e incluyó oficinas en Amsterdam, Hamburgo, Rotterdam, Londres y Buenos Aires. Los socios senior de la filial de esta firma en Buenos Aires a principios del siglo XX eran Ernest Bunge, un alemán nacionalizado argentino y Julius Born, alemán naturalizado belga. El 85% del personal de la firma decía ser alemán y éste era el idioma utilizado en sus oficinas. En cuanto a Louis Dreyfus y Co., era una empresa de origen franco-judío; Huni y Wormser, suizo-francés; Weil Brothers, judía. En cuanto a las otras empresas, The General Mercantile Co. Ltd. fue registrada en Londres en 1901, pero su capital era principalmente holandés; en cuanto a Hardy y Mühlenkamp, su socio principal, Hardy, era belga, mientras que Mühlenkamp era alemán; y respecto de H. Ford y Co., era aparentemente británica, aunque su socio administrador, Harold Ford, trabajó durante mucho tiempo para la casa mercantil alemana en Buenos Aires Brass, Mahn y Co. Ver R. Gravil, op. cit., pp. 37-41; R. Miller, op. cit., p. 149.
F.O 368/786, Tower to Grey, Commercial Confidential Nº 164, 30 July 1913, citado por R. Gravil, op. cit., p. 39.
Ver estos factores causales de la aparición del frigorífico como la principal opción para los ganaderos argentinos a partir de 1900 en P. Smith op. cit., pp. 42-43; R. Gravil, op. cit., pp. 55-63 y H. Giberti, op. cit., pp. 176-177.
Review of the River Plate, 7 April 1900, 8; 14 April 1900, 7 ; 28 April 1900, 8; 5 May 1900, 6; 12 May 1900, 6-7, fuentes citadas por R. Gravil, op. cit., p. 57.
R. Gravil, op. cit., p. 61; S.G. Hanson, op. cit., p. 129.
Calculado en base a los volúmenes del Anuario Geográfico consignados en la tabla 61 de C.F. Díaz Alejandro, op. cit., Statistical Appendix, p. 474.
H. Giberti, op. cit., pp. 187-188.
G. Omètre, L’ Industrie Frigorifique en Argentine, ses rapports avec le Marché Mondial des Viandes, Paris, 1925, cit. por R. Gravil, op. cit., p. 62.
Weddel’s Review of the Frozen Meat Trade 1904, 13; Weddel’s Review of the Frozen Meat Trade 1905, 5, fuentes citadas por R. Gravil, op. cit., p. 62.
Royal Commission on the Meat Export Trade of Australia (Street), April 1915, British Parliamentary Papers, XLVI, 1914-1916, fuente citada por R. Gravil, op. cit., pp. 62-63.
Ver detalles de las firmas The River Plate Fresh Meat Company, Las Palmas, Smithfield and Argentine Meat Co. y The La Plata Cold Storage en H.S. Ferns, Argentina y..., op. cit., pp. 415-417; S.G. Hanson, op. cit., pp. 53-55; P.H. Smith, op. cit., p. 42; Vicente Vázquez-Presedo, El caso argentino: Migración de factores, comercio exterior y desarrollo 1875-1914, Buenos Aires, EUDEBA, 1971, p. 182; H. Giberti, op. cit., p. 198.
La necesidad de llegar a un acuerdo sobre la cantidad de carne a embarcar se debía a dos factores. Por un lado, la limitada disponibilidad de bodegas para los envíos a Gran Bretaña, que llevó a las compañías a una brutal competencia. Por otro, la limitada capacidad del mercado británico para absorber la carne argentina sin que se provocara una caída de los precios. Más tarde, para la carne enfriada, se agregó un tercer factor: la lentitud del viaje. Como éste duraba un mes y la carne enfriada sólo duraba 40 días, quedaban sólo diez días para su distribución y venta. Ver P.H. Smith, op. cit., p. 49, y R. Gravil, op. cit., p. 69, quien cita como fuente a Report of the Departmental Committe appointed to inquire into Combinations in the Meat Trade, British Parliamentary Papers, XV, 1909, 5-6.
Pedro Bergés, "El frigorífico en Argentina. Su historia, su importancia, su porvenir", Anales de la Sociedad Rural Argentina, Buenos Aires, mayo-junio de 1908, pp. 47-48, fuente citada en H. Giberti, op. cit., p. 178.
H. Giberti, op.cit., pp. 178-179; Vicente Vázquez Presedo, "La evolución industrial (Argentina, 1880-1910)", en G. Ferrari y E. Gallo (comp.), op. cit., pp. 411-412; Juan E. Richelet, The Argentine Meat Trade: Meat Inspection Regulations in the Argentine Republic, Londres, 1929, p. 19, citado por P.H. Smith, op. cit., p. 42.
Información suministrada por el Dr. R.G. Greenhill, citada por R. Gravil, op. cit., p. 69.
H. Giberti, op. cit., p. 197.
Ibid., pp. 199-200.
Diputados, 1909, 1 (21 de junio), pp. 155-159, cit. por P.H. Smith, op. cit., pp. 64-66.
R. Ortiz, op. cit., p. 358; P.H. Smith, op. cit., p. 66; H. Giberti, op. cit., p. 200.
De acuerdo con Escalada, los dividendos de los frigoríficos norteamericanos La Plata Cold Storage, Armour y La Blanca en 1915 fueron de 28,3%, 22,4% y 95,9% respectivamente. Las firmas británicas British and Argentine Meat y Smithfield Argentine tuvieron en ese mismo año dividendos del 44,5% y 43,7% y el frigorífico argentino Sansinena un dividendo del 25,6%. Por su parte, el frigorífico Argentino Central de la firma norteamericana Sulzberger tuvo un dividendo del 256,9% en 1915. Alberto J. Escalada, "Estado actual de la ganadería argentina", Buenos Aires, Imprenta Escoffier, Caracciolo y Cía., 1916, p. 43, también citado en H. Giberti, op. cit., p. 201.
R. Ortiz, op. cit., p. 362; P.H. Smith, op. cit., p. 73; H. Giberti, op. cit., p. 200.
Ver al respecto F.O. 371/1897, Argentine Republic, Annual Report 1913, 22; F.O. 368/785, Tower to Grey, Commercial Nº 109, 28 May 1913; Parliamentary Debates, Commons, Vol. LIV, 23 June 1913, 813 and 1 July 1913, 1654; F.O. 371/1897, Argentine Republic, Annual Report 1913, 22-23, fuentes citadas por R. Gravil, op. cit., p. 73; P.R.O., F.O. 368/375, Board of Agriculture a F.O., 30 de mayo de 1913; F.O. a Gaisford, 2 de junio de 1913; Tower a Grey, 11 de junio de 1913, fuentes citadas por P.H. Smith, op. cit., p. 67.
Ver respecto del debate en el Congreso sobre los trusts de la carne y las medidas adoptadas en respuesta a las presiones británicas R. Gravil, op. cit., pp. 73-74 y P.H. Smith, op. cit., pp. 68-72.
Para la propuesta de Mugica, ver Diputados, 1913, tomo II, 25 de junio de 1913, p. 316-319, donde el Ministro de Agricultura propone, en respuesta a los abusos del trust de la carne, la reapertura de los puertos ingleses al ganado en pie, previa inspección de veterinarios británicos. F.O. 371/1897, Argentine Republic, Annual Report 1913, 25; F.O. 368/785, Tower to Grey, Commercial Telegram Nº 17, 18 June 1913; F.O. 368/785, Tower to Grey, Commercial Nº 138, 18 June 1913, fuentes citadas por R. Gravil, op. cit., p. 75; P.R.O / F.O. 368/375, Tower to Grey, 13 de junio y 18 de junio de 1913; y Ministerio de Agricultura, Comercio de Carnes, 1 (Libro Rojo), Buenos Aires, 1922, pp. 26-27, fuentes citadas por P.H. Smith, op. cit., p. 68.
P.R.O., F.O. 368/375, Board of Agriculture a F.O., 30 de mayo de 1913; F.O. a Gaisford, 2 de junio de 1913; Tower a Grey, 11 de junio de 1913, citado por P.H. Smith, op. cit., p. 67.
Ibid., p. 73.
R. Gravil, op. cit., pp. 94-95.
D.C.M. Platt, Latin America and British Trade, 1806-1914, London, Adam and Charles Black, 1972, p. 246; A.J. Sargent, Coal in International Trade, London, P.S. King and Son, 1926, p. 28; J.B. Bradley, "Argentine Fuel and Power and the International Coal Trade", Comments on Argentine Trade, 9 de mayo de 1930, p. 48, fuentes citadas por Carl E. Solberg, Petróleo y nacionalismo en la Argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, pp. 23-24. Consultar también tabla de crecimiento del consumo industrial de combustibles entre 1912 y 1922 citado en Carlos García Mata, "El consumo de combustibles en la Argentina", Revista de Economía Argentina, Año 9, Nº 107, mayo 1927, p. 397, citado a su vez en Carlos A. Mayo, Osvaldo Andino y Fernando García Molina, La diplomacia del petróleo (1916-1930), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983, p. 15.
C.E.
Solberg, op. cit., p. 30.
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