Capítulo 49: Las relaciones económicas con Gran Bretaña en el período 1930-1943
Introducción
En el período 1930-1943, y
particularmente en los primeros años de la década de 1930, la presencia económica
británica en la Argentina retornó a la posición de predominio perdida
durante la década anterior frente a la competencia norteamericana y alemana.
Durante la década de 1930, la Argentina representó más de la mitad del
comercio de importación y exportación británico con América Latina
(1) y la inversión de capital británico en la
Argentina excedió la tercera parte del total en la región, alcanzando un 39%
en 1939.
(2) La relevancia de
la Argentina respecto del resto de América Latina en términos de las
inversiones británicas fue un factor que llevó a algunos sectores del gobierno
del Reino Unido a postular la necesidad de que la Argentina lograse tener una
relación imperial semejante a la de Australia o Canadá. El informe de la misión
d'Abernon en 1930, por ejemplo, sostenía que la Argentina "tiene una
posición especial en relación con Gran Bretaña para la cual no existe
paralelo exacto fuera del Imperio Británico (...). Los dos países están
unidos económicamente el uno al otro en una peculiar manera". Asimismo sir
Malcom Robertson, ministro plenipotenciario del Reino Unido en Buenos Aires
entre 1925 y 1927 y embajador entre 1927 y 1929, fue uno de los más fervientes
defensores de una relación especial anglo-argentina, sosteniendo que la
Argentina "está en una muy especial posición y debe ser considerada casi
como parte del Imperio". (3)
Pero
frente a los defensores de un refuerzo de la "conexión
anglo-argentina", encabezados por sir Robertson, estuvieron los partidarios
de que el Imperio Británico se transformase en un espacio económico cerrado y
autárquico, en el cual el Reino Unido otorgara preferencias comerciales a sus
dominios y restringiese sus importaciones de países, que, como la Argentina, no
tenían el status de dominio dentro del Imperio británico. (4) Este sector
partidario de la política de preferencias comerciales estaba liderado desde
mediados de la década de 1920 por el millonario canadiense Max Aitken o Lord
Beaverbrook, el más franco oponente al comercio anglo-argentino. (5)
Beaverbrook expresó su postura a través del llamado Movimiento de Protección
Imperial, que surgió con fuerza a partir de la segunda mitad de la década de
1920, cuando en Gran Bretaña se hicieron sentir los efectos de la llamada Gran
Depresión (1929-1933). Con la llegada de la depresión económica, Gran Bretaña
abandonó su tradicional política de libre comercio y comenzó a buscar una política
comercial más apropiada para sus intereses. De este modo, se refugió en el
proteccionismo y constituyó un área de la libra, defendida por el control de
cambios primero y la inconvertibilidad de la moneda después. En septiembre de
1931, Gran Bretaña abandonó el patrón oro, base del sistema multilateral y
librecambista adoptado en el siglo anterior. (6) En síntesis, en los primeros años
de la década de 1930, tuvo lugar en el Reino Unido la transición entre la
vieja política comercial de libre comercio, con la cláusula de nación más
favorecida, y la nueva política de preferencias imperiales. Esta última tuvo
su expresión más acabada en la Conferencia de Ottawa de 1932 cuyas medidas,
como se detallará más adelante, alarmaron a los productores argentinos. Cabe
entonces abocarse al análisis de las relaciones económicas bilaterales por
esos años.
NOTAS
B.R. Mitchell y P. Deane, Abstract of British Historical Statistics, Cambridge, 1962, 3232; y Anual Statements of Trade of the United Kingdom with Foreign Countries, British Parliamentary Papers, fuentes citadas en Roger Gravil, The Anglo-Argentine Connection, 1900-1939, Dellplain Latin American Studies, Nº 16, Boulder, Colorado, Westview Press, 1985, p. 179. En base a las fuentes mencionadas, Gravil señala que en relación con el resto de América latina las importaciones de Gran Bretaña desde la Argentina representaron 56,7% en 1930, 50,9% en 1932, 44% en 1935 y 38,5% en 1938. Por su parte, Rory Miller, citando también los Annual Statements of Trade and Navigation, considera que la Argentina representó 55,6% del valor total de las importaciones británicas provenientes de América latina en 1930, 63,9% en 1932, 57,6% en 1935 y 52,3% en 1938. Ver Rory Miller, Britain and Latin America in the Nineteenth and Twentieth Centuries, London, Longman, 1993, tabla 9.2: Importaciones británicas provenientes de América latina, en miles de libras, entre 1920 y 1938, p. 210.
J. F. Rippy otorga como dato una inversión nominal británica en la Argentina de 428.518.172 sobre un total en la región de 1.127.904.305, aunque estas cifras son sólo las registradas en la Bolsa de Valores de Londres. J. F. Rippy, British Investments in Latin America 1822-1949, Connecticut, 1959, 85; Royal Institute of International Affairs, The Problem of International Investments, London, 1937; U. K. Department of Overseas Trade, Report of the British Economic Mission to Argentina, Brazil and Uruguay, London, 1930, estima una inversión total británica que oscila entre 500 y 600 millones de libras esterlinas. Todas estas fuentes son citadas por R. Gravil, op. cit., p. 179. Ver también la tabla 19 de Donald Boyd Easum, The British-Argentine-United States Triangle: A Case Study in International Relations, Ph.D. dissertation, Princeton University, 1953, p. 88, cuya fuente es Paul R. Olson and C. Addison Hickman, Pan-American Economics, New York, 1943, pp. 96 y 100. En la tabla de Easum, en 1939 la Argentina reunía 39% del total de las inversiones británicas en América latina, seguida de Brasil con 23% y México con 16%.
DOT, Report of the British Economic Mission, pp. 12-13; W.R. Wright, British-Owned Railways in Argentina: their effect on the growth of economic nationalism, 1854-1948, Austin, UTP, 1974, p. 135, citado por R. Miller, op. cit., p. 216. Ver también R. Gravil, op. cit., p. 180, cuyas fuentes son: M. Robertson, "Argentina and Great Britain", Institute of Hispanic Studies, Liverpool, 1935, Lectures and Addresses Nº 2, 10; M. Robertson, "The Economic Relations between Great Britain and the Argentine Republic", Royal Institute of International Affairs, Journal 9, 1930; F.O. 371/1340, Robertson to Henderson, 17 June 1929, 42.
Cabe
aclarar que en diciembre de 1930 fue elaborado el Estatuto de Westminster,
aprobado por el Parlamento en noviembre de 1931, por el cual Inglaterra y
sus Dominios configuraban la Comunidad Británica de Naciones, una forma
confederada del antiguo Imperio británico, donde las ex colonias tendrían
autonomía política pero mantendrían estrechos vínculos económicos con
la metrópoli.
Lord Beaverbrook dirigió a través de su periódico una verdadera campaña a favor del "Libre Comercio del Imperio", concepto que implicaba la abolición de la conexión anglo-argentina tan defendida durante la segunda parte de la década de 1920 por sir Malcolm Robertson. Los particulares puntos de vista de Max Aitken o lord Beaverbrook aparecieron en medios de prensa tales como el Daily Express y el Sunday Express, mientras sus documentos figuran en el House of Lords Records Office en Londres. La campaña de lord Beaverbrook no logró sin embargo mellar la conexión angloargentina. Por el contrario, las autoridades británicas procuraron durante la década de 1930 la fortificación y no la abolición de las vinculaciones entre Buenos Aires y Londres. El amigo y biógrafo de lord Beaverbrook sugiere que la campaña orquestada por este último fue engañosa, mal encarada y poco efectiva. Ver al respecto R. Gravil, op. cit., p. 182, quien cita a A.J.P. Taylor, Beaverbrook, London, 1972, especialmente las páginas 275-277.
Luis Alberto Romero, Breve historia contemporánea de la Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 96. Ver también Jorge Fodor y Arturo A. O' Connell, "La Argentina y la economía atlántica en la primera mitad del siglo XX", Desarrollo Económico, Vol. 13, Nº 49, abril-junio 1973, pp. 30-31 y R. Miller, op. cit., p. 205.
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