Una política exterior independiente
El
peronismo acuñó el concepto de “Tercera Posición” para identificar su
postura frente al contexto internacional (1). Ésta implicaba no sólo un
posicionamiento respecto de las grandes potencias sino también una búsqueda de
mayor poder de negociación frente a ellos. En especial, perseguía el propósito
de contrabalancear el peso de las relaciones con Estados Unidos a través de la
profundización de los vínculos con potencias extra-continentales. Es decir, se
rechazaba la división bipolar del mundo en esferas de influencia bajo el poder
de las potencias dominantes surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Ello
implicaba un rechazo ideológico a las dos posiciones extremas que estos poderes
representaban y la formulación de una alternativa superadora tanto del
individualismo extremo propugnado por el capitalismo como del colectivismo y
estatismo que practicaba el comunismo.
En la esfera de las
relaciones económicas externas, la política exterior peronista reflejaba el
intento por mantener el esquema triangular que se había formado entre
Argentina, Estados Unidos y Gran Bretaña, a fin de dar impulso a la
industrialización nacional. Esto quedó claramente reflejado en la evolución
de la balanza comercial argentina entre 1946 y 1948 que se presenta más
adelante.
De
todos modos, esto no impidió que al mismo tiempo se fueran reforzando los vínculos
económicos con Estados Unidos. Los intentos del gobierno argentino en este
sentido se vieron complementados con el lobby
ejercido por los grupos económicos exportadores de Estados Unidos, interesados
en colocar sus excedentes y, por lo tanto, en desplazar a sus competidores
europeos. Además, en el caso de la industria de armamentos norteamericana, por
ejemplo, sus intereses convergían con los de su gobierno por consolidar la
hegemonía militar en el continente. No obstante, este acercamiento tenía sus límites,
no sólo porque existían grupos de interés norteamericanos hostiles al
gobierno de Perón, que se hacían oír en el Congreso, sino también porque por
esos años Estados Unidos asignaba prioridad económica y estratégica a la
recuperación europea, con lo cual América Latina en general quedaba en un
segundo plano. Además, el grueso de las medidas adoptadas por el peronismo no
encuadraban en el enfoque liberal del país del Norte: el estatismo, el
bilateralismo, las nacionalizaciones, el rechazo a incorporarse al Fondo
Monetario Internacional y al Banco Mundial, la defensa de la Tercera Posición
en las relaciones diplomáticas, hacían muy difícil un entendimiento más
profundo (2).
Además,
un mayor acercamiento se veía dificultado por la posición argentina en los
foros internacionales en general y en las conferencias interamericanas en
particular, donde se sostuvo que América Latina no debía figurar en la agenda
de los Estados Unidos sólo por cuestiones de seguridad sino que debía existir
también un compromiso de ayuda económica de ese país hacia la región. Al
respecto, la Argentina propuso la creación de un sistema de crédito que se
canalizara a través de un banco interamericano. También se defendieron
reiteradamente otros principios, como el de no intervención, el bilateralismo,
la defensa de los precios de las materias primas, etc.
Por
otro lado, siguiendo con su estrategia global, el gobierno peronista buscó
estrechar lazos no sólo con los países latinoamericanos sino también con países
europeos como, por ejemplo, Bélgica, Francia, Italia, Alemania Occidental y
España, en los que intentó colocar los excedentes de productos agrarios, e
incluso con los países del Este, como la URSS y otros. En todos los casos se
trató de crear y/o fortalecer los vínculos económicos, de modo que los países
de Europa Occidental paulatinamente se convirtieron en proveedores de
importaciones claves para el desarrollo industrial de la Argentina y en el
origen de inversiones extranjeras que se radicaron en el país.
El
vínculo con la URSS en particular reforzaba la postura independiente sustentada
por la Tercera Posición y pretendía explotar el déficit soviético de
alimentos a favor de las exportaciones argentinas. Asimismo, también con el fin
de diversificar mercados, se firmaron convenios comerciales con otros países
del Este: con Checoslovaquia en junio de 1947, con Rumania en octubre del mismo
año, con Polonia en diciembre del año siguiente y con Bulgaria en junio de
1949. Estos convenios presentaban características similares y en general
comprendían el intercambio de cueros, lanas, aceites, extracto de quebracho, lácteos,
etc. de procedencia argentina por diversos tipos de maquinarias, combustibles y
otros bienes de consumo originados en esos países.
Por
otra parte, respecto de América Latina se buscó crear un espacio de
solidaridad política y complementación económica que, acuerdos bilaterales y
multilaterales mediante, pudiera conducir a una mayor integración entre las
economías de la región. Esto ayudaría a quebrar el aislacionismo y
relegamiento en que el orden internacional de posguerra había colocado a esta
zona de América. Al mismo tiempo, la cooperación regional acrecentaría el
poder negociador del conjunto de países frente a la potencia hegemónica,
favorecería la expansión del comercio intra-regional y facilitaría la búsqueda
de mercados alternativos para sus exportaciones. De ese modo, en conjunto podrían
no sólo adquirir mayor protagonismo político sino también sortear las
restricciones que la economía internacional planteaba a su desarrollo.
Más
allá de los resultados económicos concretos, el ámbito diplomático en el que
se jugaron estos postulados fueron las conferencias interamericanas. En el año
1945 la Argentina adhirió (mediante el Decreto 6945/45) al Acta Final de la
Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz que había
sido firmada en marzo de ese año en Chapultepec (México); también ese año
ratificó la Carta de las Naciones Unidas y llevó al seno del Consejo
Interamericano Económico y Social (CIES) las cuestiones relativas al precio
internacional de las de materias primas exportadas por los países
latinoamericanos y otros problemas que aquejaban a las economías de la región.
Asimismo, tanto en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz
y la Seguridad del Continente realizada en Río de Janeiro en 1947, como en las
sucesivas, los temas de la seguridad colectiva y la defensa continental
estuvieron en el centro del debate.
En dicha conferencia
la Argentina tuvo una actuación destacada en defensa de principios pacifistas,
de la distinción entre agresión continental y extra-continental, de la no
obligatoriedad del empleo de las Fuerzas Armadas de ningún país sin su
consentimiento, de la extensión de la zona de seguridad americana a las islas
Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y el sector antártico argentino y de las
gestiones que conducirían a una conferencia para tratar especialmente temas
económicos interamericanos (3). Además, en esa conferencia se establecieron
las bases del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que el
Congreso argentino recién aprobó tres años más tarde.
La Argentina también tuvo una activa participación en la IX
Conferencia Interamericana, realizada en Bogotá en 1948, en la que se creó la
Organización de Estados Americanos, en la IV Reunión de Consulta de Ministros
de Relaciones Exteriores convocada en Washington en 1951 por Estados Unidos ante
el agravamiento de la Guerra de Corea y en la X Conferencia Interamericana
celebrada en Caracas en 1954. Cabe aclarar que en las dos últimas de estas
reuniones el tema de la seguridad continental adquirió un nuevo eje y quedó íntimamente
ligado a la cruzada ideológica de Estados Unidos en contra de la expansión del
comunismo a nivel internacional.
Por
último, en el marco de la solidaridad regional que propugnaba, el gobierno
peronista impulsó acuerdos bilaterales con otros países latinoamericanos. En
1946 se firmaron convenios con Brasil para el aprovechamiento del río Uruguay,
con Chile sobre cooperación económica, financiera y cultural y con Bolivia
sobre cuestiones comerciales y financieras. Más tarde se reforzó esta
tendencia con varias iniciativas, a saber: a) la firma de un Acta de Unión con
Chile, en febrero de 1953, con el fin de coordinar la política de desarrollo de
ambos países; b) las propuestas de integración latinoamericana realizadas por
la delegación argentina en la V reunión de la CEPAL en abril de 1953; c) el
Tratado de Unión Económica firmado con Paraguay en agosto de 1953; d) el
Convenio de Complementación con Nicaragua, en diciembre del mismo año; e) el
Acta de Unión Argentino-Ecuatoriana, acordada en la misma fecha que el
anterior; f) el Convenio de Unión Económica con Bolivia firmado en setiembre
de 1954; g) los convenios sobre intercambio comercial y sistema de pagos
alcanzados con Colombia y Brasil.
NOTAS
Al respecto ver, por ejemplo, Cafiero, 1996.
Ver Cafiero, 1996, pp. 45-49.
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