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La primera característica sobresaliente del contexto político hacia fines de los años 50 era la oposición furiosa entre peronistas y anti-peronistas, un rasgo que de hecho marcó toda la historia política argentina de postguerra y contribuyó en gran medida a su lamentable record de enfrentamientos e inestabilidad.
   
De modo que el tan mentado pacto de Caracas entre Perón y Frondizi, si bien permitiría al segundo llegar a la Presidencia de la Nación, no lo colocaba en una posición cómoda respecto del resto de las fuerzas políticas. Como señala Luna, "aunque el Presidente contaba con una firme mayoría en el Congreso y la solidaridad de todos los gobiernos provinciales, carecía de base real en los que se dieron en llamar eufemísticamente 'factores de poder'" (1).
   
En primer lugar, los militares cuestionaron permanentemente la legitimidad de su mandato durante todo el período (2), al tiempo que compartían con otros sectores nacionalistas su crítica hacia el "entreguismo" económico (3). La izquierda también acordaba con estos argumentos y confrontaba al gobierno en el plano de la educación, en contra de la ingerencia clerical. Dentro del sector empresario, mientras los agropecuarios protestaban por el rol secundario asignado a su sector en el plan de desarrollo (4), tanto la Sociedad Rural como la Unión Industrial Argentina veían con malos ojos el intento de Frondizi de devolver a las organizaciones sindicales su personería jurídica y plenos derechos. Asimismo, la Unión Cívica Radical (UCR) cuestionó desde un principio el carácter ilegítimo de la llegada al poder de Frondizi y desarrolló una dura oposición durante toda su gestión. Los sindicatos, por su parte, pronto rompieron su tregua con el gobierno y resistieron tenazmente las medidas económicas.
   
No obstante, con el apoyo de la mayoría del electorado que respondía al proscripto partido peronista, la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) ganó las elecciones del 23 de febrero de 1958 con el 44.90% de los votos, dejando en un segundo lugar al partido del cual se había desprendido apenas un año antes, la UCR (denominada en ese momento Unión Cívica Radical del Pueblo, UCRP), que había obtenido un 28.90% de los votos (5).
   
En lo que respecta a la situación económica, como se ha explicado en el Capítulo 1, desde principios de la década la economía había estado sumida en una importante recesión alternada con breves períodos de prosperidad. El ingreso per capita había crecido en el mismo período a una tasa anual de apenas el 1% (6). El sector industrial en general funcionaba a pleno, aunque dependiendo de una fuerte protección y de un equipamiento obsoleto y deteriorado. Las importaciones habían sobrepasado a las exportaciones, de modo que el anterior gobierno había recurrido en repetidas ocasiones a préstamos externos para financiar las importaciones de insumos que la industria necesitaba -una práctica que los desarrollistas continuarían. Mientras tanto, la producción agropecuaria había permanecido estancada, de modo que no podía esperarse un aumento de las exportaciones significativo que pudiera ofrecer un alivio a los recurrentes desequilibrios de balanza de pagos. Sólo entre 1955 y 1958, la balanza comercial había acumulado saldos desfavorables por más de 1.000 millones de dólares (7) y el drenaje de reservas públicas era constante (8).
   
Por lo tanto, para el momento en que Frondizi se hace cargo del gobierno, la situación económico-financiera era sumamente crítica. A modo de ilustración, a los anteriores indicadores pueden sumarse los siguientes: la circulación monetaria había pasado en los últimos diez años de 7.000 millones de pesos a 70 mil millones; la producción por habitante continuaba casi estacionaria; la deuda externa superaba en 1.100 millones a las reservas de oro y divisas existentes en el Banco Central (269.9 millones de dólares (9)); el déficit del intercambio comercial previsto para 1958 era de casi 360 millones y excedía los recursos disponibles; las empresas públicas eran altamente deficitarias, y el presupuesto nacional amenazaba arrojar un déficit de alrededor del 50% (10).
   
En síntesis, las condiciones político-económicas imperantes eran apremiantes y representaban serios condicionantes para el nuevo gobierno. El mismo Frondizi lo reconocería pocos años después y así lo expresó con ironía al ser interrogado sobre cuál era el más grande error cometido durante su gobierno: "Haberlo aceptado ... Cuando uno recuerda las condiciones en que lo recibí, no es fácil determinar si lo que acabo de decirle es una humorada o una verdad" (11).

  1. Cf. Luna, 1972, p. 129.

  2. Algunos grupos dentro de las filas militares pretendieron dilatar e incluso impedir la asunción del mando por parte Frondizi. Luego, a lo largo de los cuatro años de gobierno, se produjeron nada menos que treinta y seis rebeliones militares. Ver Potash, 1985, Capítulo VIII. Sobre los intentos golpistas, ver también Rouquié, 1985, Capítulo IV.

  3. Más allá de estos factores, la propia estrategia electoral de Frondizi había contribuido a generar desconfianza entre los militares al tratar de construir la identidad de la propuesta desarrollista por oposición a las políticas del gobierno de facto anterior. Al respecto, ver Smulovitz, 1991.

  4. Según Lewis (1990:293), la política económica de Frondizi no despertó entusiasmo en este sector no sólo por el rol secundario mencionado, sino también porque mantuvo el tan criticado sistema de retenciones e incrementó las cargas sobre importaciones de maquinaria agrícola, pesticidas y fertilizantes. Estas medidas tenían por finalidad estimular su producción local, pero para los productores significaban un recorte a sus ganancias. 

  5. El resto de los partidos recibieron porcentajes mucho menores: la Democracia Cristiana, 3.16%, el Socialismo, 2.92%; los pequeños partidos conservadores se repartieron el resto. Cf. Szusterman, 1993, p. 108.

  6. Cf. Szusterman, 1993, p. 116.

  7. Cf. Frondizi, 1982a, p. 72.

  8. Al 31 de diciembre de 1958 las reservas de oro y divisas ascendían exactamente a 179 millones de dólares. Cf. Frondizi, 1982b, p. 118.

  9. Cf. Zuvekas, 1968, p. 51.

  10. Cf. Frondizi, 1980, p. 137.

  11. Cf. Luna, 1963, p. 36.

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