La implementación de la política económica
De
lo deseable a lo posible
La
coyuntura económica a fines de los 50 y el diagnóstico del desarrollismo reseñados
anteriormente planteaban la adopción de medidas contundentes. Sin embargo, los
objetivos e instrumentos a aplicar no fueron definidos con claridad de
inmediato.
Durante
los primeros meses del gobierno de Frondizi se adoptaron medidas económicas
acordes con el carácter populista-redistribucionista de su propuesta electoral.
Por ejemplo, los salarios fueron aumentados en un 60% para compensar la pérdida
del poder adquisitivo por la inflación -una decisión en gran medida política
más que económica-, se limitaron las importaciones (1), se extendieron los
controles de precios, se bajaron los precios del transporte ferroviario en un
20%, se concedió un alza en las pensiones y se envió un proyecto de reforma
agraria al Congreso (2). Todo ello acompañado de una amplia amnistía para los
acusados de delitos políticos y militares y de una iniciativa para la
normalización de la actividad de los sindicatos (lograda recién en 1961).
Recién
hacia mediados de 1952 empieza a intensificarse la orientación aperturista que
se impondría respecto del capital extranjero.
Por un lado, se traspasan a manos privadas varias firmas de origen alemán
que habían sido nacionalizadas durante la Segunda Guerra Mundial y que se
hallaban bajo la órbita de la DINIE (Dirección Nacional de Industrias del
Estado) y algunas empresas británicas que habían pertenecido a Ferrocarriles
Argentinos. Por otro, el 24 de julio se anuncian acuerdos con compañías
petroleras para la explotación de áreas inexploradas y de algunas ya en
explotación, al tiempo que se estimula la expansión de YPF, la empresa estatal
que hasta ese entonces había monopolizado las actividades de explotación y
comercialización de petróleo. Asimismo, se hace pública la intención del
gobierno de formar una joint-venture con
capitales privados en el área eléctrica (en lugar de nacionalizar ese
servicio, como se había discutido previamente).
No
obstante, la orientación liberal-aperturista hasta ese momento corría paralela
con los actos de ingerencia estatal en los asuntos económicos y el intento de
mantener un cierto nivel de protección de la industria nacional. Por ejemplo,
en setiembre de 1958 se crea la llamada Comisión para el Reemplazo de
Importaciones, abocada al estudio de la sustitución de importaciones por
productos de fabricación nacional (3). La misma estaría presidida por el
Subsecretario de Industria e integrada por representantes de la Secretaría de
Relaciones Económico-Sociales, de la Presidencia de la Nación, del Ministerio
de Economía, de las secretarías de Finanzas y Comercio y del Banco Central.
Entre sus principales funciones figuraban: a) propiciar las medidas que
promovieran al máximo el empleo de las materias primas y productos de origen
nacional, a fin de orientar las importaciones hacia los bienes que más
interesaban a la economía del país; b) promover y coordinar la acción de los
organismos públicos y privados de modo de lograr el mejor aprovechamiento de
los recursos nacionales, con miras a la sustitución de importaciones.
Asimismo,
por el mismo decreto del Poder Ejecutivo se creaba, en el ámbito de la Secretaría
de Industria y Minería, un registro de productos de industria argentina en el
que las empresas industriales debían inscribir los artículos de su producción;
dichas mercaderías serían las únicas tenidas en cuenta para la regulación de
las importaciones.
Quizás
el paso más significativo de esta etapa en el sentido de abrir y desregular la
economía haya sido el intento de estimular la llegada de capitales externos
mediante la sanción, hacia fines de 1958, de la Ley 14.780 de Inversiones
Extranjeras, por la cual se concedía al capital extranjero que había obtenido
previa autorización del Poder Ejecutivo iguales derechos (incluyendo exenciones
impositivas) que al de origen local. Esta ley también permitía la repatriación
de capital, el cual sólo quedaba sujeto a la condición de que la tasa de
inversión alcanzara el nivel establecido por el gobierno al momento de ser
aprobada su entrada al país (ver Inversiones
extranjeras directas).
La
mayoría de los autores coincide en señalar que el cambio de rumbo hacia una
mayor apertura económica se debió a la toma de conciencia de las reales
dificultades económicas por las que el país atravesaba, particularmente, el
desequilibrio de la balanza de pagos, la caída de las reservas y la suba de la
tasa de inflación restringían seriamente las opciones de política. De todos
modos, las razones no fueron exclusivamente económicas. Las consideraciones políticas
ocuparon un rol muy importante en las percepciones de los tomadores de decisión,
en parte por su propia perspectiva sobre lo que debía hacerse, y en parte
porque la crítica situación imperante así lo determinaba.
En
efecto, años más tarde Frigerio sostendría que el desarrollismo se había
propuesto superar los clivajes sociales que la lucha peronistas-no peronistas
había creado, ya que su triunfo electoral llevaba implícito el mandato de
"tender puentes" entre los distintos sectores sociales que permitieran
construir un "frente nacional". En ese marco debían entenderse los
contenidos del discurso pre-electoral y las medidas económicas adoptadas
durante los primeros meses de gobierno (e.g., el 60% de aumento salarial
dispuesto). Ahora bien, también según su propio testimonio, aparentemente no
existió un cambio de rumbo profundo, ya que el plan que a continuación se
analizará estaba diseñado al momento de asumir y era parte del modelo global
planteado por el desarrollismo. Pero la situación política se fue complicando
de tal modo -en parte, incluso, por las iniciativas en materia petrolera
lanzadas- que el gobierno no tuvo más remedio que adoptar rápidamente algunas
medidas (4). Entre otras cosas, hacia fines de 1958 se tomaron medidas para
restringir las importaciones y el crédito y se iniciaron negociaciones con
organismos internacionales para la obtención de préstamos que, como
contrapartida, implicaban la puesta en marcha de un plan de estabilización.
NOTAS
Atendiendo a la seria escasez de divisas, el gobierno suspendió las importaciones el 2 de mayo, pero la necesidad de insumos para la industria hizo que se reabrieran, aunque en forma restringida, cinco meses después. Ver La Nación, 03/05/58, p. 1; Clarín, 26/10/58, pp. 25-26.
Sobre estas medidas, ver La Nación, 03/05/58, p. 1; 14/05/58, p. 1; 05/22/58, p. 9; 05/23/58, p. 5; 27/05/58, p. 1.
Ver Clarín, 25/09/58, p. 8.
Ver de Pablo, 1980, pp. 53-55.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.