La implementación de la política económica
El
plan de estabilización
29 de diciembre de 1958 fue anunciado por radio y televisión el llamado
"Programa de estabilización para afirmar el plan de expansión de la
economía argentina". Según las palabras del Presidente, se trataba de una
medida absolutamente necesaria, una decisión trascendental que marcaba un antes
y un después en la vida de la Nación y que trataba de dar solución a la grave
crisis económica heredada para poder, por fin, poner en marcha el plan de
desarrollo.
Para
ello era necesario tomar conciencia de la situación real, esto es, que en los
últimos quince años la Argentina había estado gastando mucho más de lo que
producía, que ya a principios de ese año la deuda externa superaba en 1.100
millones de dólares a las reservas de oro y divisas, que el país estaba al
borde de la cesación de pagos ya que las reservas eran de tan sólo 104
millones de dólares y no alcanzaban para hacer frente a los compromisos contraídos,
que en los últimos tres años se había acumulado un déficit comercial de
1.000 millones de dólares y que las empresas estatales provocaban considerables
pérdidas anuales al erario público (1). Tal déficit crónico había sido
cubierto reiteradamente con emisión de moneda, con lo cual esta última perdía
valor y se estimulaba la tendencia inflacionaria (2).
Semejante
panorama reclamaba que todo otro objetivo quedara sujeto a una sola prioridad:
estabilizar la economía. En la retórica oficialista, no sólo la modernización
y expansión económica pasaban a depender de este prerrequisito, sino también
los altos valores políticos que habían guiado la campaña presidencial: paz
social, legalidad, libertad, democracia. Por eso se pedía al pueblo la
tolerancia de dos años de sacrificios, al cabo de los cuales la economía estaría
saneada y la estructura económica transformada.
Las
principales medidas contenidas en el plan de estabilización eran las siguientes
(3): 1) establecimiento de una única tasa de cambio, libre y fluctuante de
acuerdo con juego de la oferta y la demanda, válida tanto para las
importaciones como para las exportaciones (4); 2) derogación del régimen de
cuotas, permisos de importación, permisos de necesidad y otros mecanismos de
intervención de la autoridad pública; 3) imposición de retenciones a las
exportaciones del orden del 10 y 20% sobre el valor de los productos;
Estos
lineamientos fueron producto de las recomendaciones realizadas por el Fondo
Monetario Internacional, como parte de las negociaciones llevadas a cabo para la
obtención de un préstamo stand-
by (6). En efecto,
ese mismo mes dicho organismo había autorizado a la Argentina el retiro de 75
millones de dólares (la segunda mitad de su cuota de participación), en mérito
a las seguridades de su plan de recuperación económica expuestas en Washington
por el Ministro de Economía Donato del Carril (7). La primera parte del crédito
(42.5 millones de dólares) sería entregada al gobierno argentino en el curso
de 1959, a medida que se desarrollara el plan de estabilización económica. El
saldo (27.5 millones) se reservaría para el año siguiente, a menos que el
gobierno lo requiriera antes y ello contara con la aprobación del Fondo.
Asimismo,
para financiación de mediano y largo plazo que permitiera reponer y ampliar
equipos e insumos para la industria, instituciones del gobierno de Estados
Unidos y firmas privadas estadounidenses concedieron a la Argentina un préstamo
de 254 millones de dólares. De modo que el monto total de ayuda financiera
exterior recibida en ese momento del Fondo Monetario Internacional y de
entidades privadas ascendió a 329 millones de dólares (8).
Los
resultados a mediano plazo del plan fueron positivos: la industria emergió de
la recesión de 1959 incrementando su producción a una tasa del 6.5% en 1960,
mientras que el producto bruto nacional creció un 5.9% ese mismo año; el valor
de la moneda se mantuvo estable y el costo de vida subió bruscamente a
principios de 1959, pero el promedio alcanzó sólo 12.1% entre diciembre de
1959 y diciembre de 1960. La política petrolera también rindió sus frutos: se
incrementó la producción doméstica en un 43.2%, lo que permitió que las
importaciones de combustibles y lubricantes insumieran 55 millones de dólares
menos. Las importaciones crecieron más que las exportaciones, con lo cual en
1960 se registró un déficit comercial de alrededor de 170 millones de dólares
(9). No obstante, las reservas de oro y divisas se incrementaron notablemente
(10) y el balance de pagos tuvo ese año un superávit de 150.4 millones de dólares
gracias al importante ingreso de capital extranjero (ver Cuadros 12,
13 y 14).
NOTAS
Ver Frondizi, 1978, pp. 231-235.
Según Lewis (1990, p. 277), en el primer año del gobierno de Frondizi la inflación había alcanzado una tasa anual de 80%, exactamente el doble de la tasa registrada el año anterior.
Lo que sigue es una síntesis de lo expuesto en Petrecolla, 1989, pp. 111-112; Szusterman, 1993, p. 122; Díaz Alejandro, 1966, pp. 158-161; Mallon y Sourrouille, 1973, p. 31.
No obstante esto, aquellas importaciones no esenciales tendrían recargos de 20, 40 y 300%, según el grado de necesidad para el país, pretendiendo con ello mantener cierta protección para la industria local.
Estas medidas monetarias y financieras fueron puestas en práctica en los primeros días de enero de 1959 mediante catorce resoluciones del Banco Central que establecían el nuevo régimen para las importaciones, el sistema de depósitos previos de importaciones y de liquidación de recargos y retenciones. El crédito era restringido básicamente por el aumento del 20 al 30% del efectivo mínimo de los depósitos a la vista. Para mayor detalle sobre esas resoluciones, ver Clarín 03/01/59, pp. 1, 10-11, 21.
Ver Eshag y Thorp, 1965, pp. 309-314.
Ver Clarín, 19/12/58, p. 1, 5.
Cf. Clarín, 30/12/58, p. 4.
Cf. Zuvekas, 1968, p. 53.
A principios de 1959 las reservas apenas superaban los 100 millones de dólares. A fines de ese año se habían casi cuadruplicado (396.5 millones) y alcanzaron su nivel máximo en marzo de 1961: 749.6 millones de dólares. Cf. Lewis, 1990, p. 305.
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