La implementación de la política económica
Después
del invierno...
Más
allá de la retórica oficial, el gobierno de Frondizi nunca encontró real
alivio para la miríada de dificultades que le tocó enfrentar.
Después
de que la UCRI sufriera un revés en las elecciones para la renovación de las cámaras
parlamentarias en mayo de 1960 y en las de febrero de 1961 (1), Frondizi le pidió
la renuncia a Alsogaray. El ministro era una figura por demás impopular entre
la clase trabajadora, que lo identificaba como el responsable de los costos de
la austeridad, e incluso entre los votantes de clase media. Su sucesor fue otro
economista ortodoxo, Roberto T. Alemann (2), quien asumió el cargo en agosto de
1961. Según el testimonio del propio Alemann, el recambio ministerial se debió
a la percepción del Presidente de que Alsogaray no resolvía los problemas más
acuciantes, esto es, el achicamiento del sector público, la privatización de
algunas empresas estatales y la promoción de ciertas industrias básicas (3).
Por
otra parte, para ese entonces el clima político continuaba agitado. Los efectos
del plan aplicado ya se notaban en la redistribución de los ingresos en favor
de los productores de materias primas y los exportadores: los ingresos reales de
la clase trabajadora evidenciaban una fuerte caída (25.8% en 1959 en el caso de
los obreros industriales), la participación de los salarios en el ingreso
nacional alcanzó uno de los niveles más bajos del período de posguerra,
mientras que los ingresos del sector agrícola (especialmente el ganadero)
aumentaron en forma notable (4). Esta situación, sin duda, incentivaba los
conflictos gremiales los cuales, a su vez, tenían fuerte repercusión política.
Tal
fue el caso de los ocurridos en noviembre de 1960 y en octubre y noviembre de
1961 (5). El gobierno nunca logró solucionarlos de manera satisfactoria. El
Poder Ejecutivo transmitía una imagen de debilidad y hesitación, alternando su
postura conciliatoria con el recurso a la represión (6). Si a esto sumamos que
la estabilidad del régimen democrático siguió siendo precaria a lo largo de
todo el período -las sublevaciones militares eran constantes-, queda claro que
el gobierno estaba jaqueado desde todos los frentes.
Por
otra parte, para fines de 1961 los indicadores económicos mostraban que la
performance económica se deterioraba: las reservas caían, la balanza de pagos
volvía a ser deficitaria y la deuda externa se había triplicado. En realidad,
hasta ese momento el déficit comercial del año 1960 había sido
"disimulado" en el balance de pagos por una compensación vía
importaciones de capital (370 millones de dólares netos, en su mayor parte bajo
la forma de inversiones extranjeras directas). Por eso, a pesar de la salida de
capital permitida por el mercado libre de cambio, las reservas de oro y divisas
habían aumentado considerablemente (170 millones de dólares). Sin embargo,
dado que el volumen de las inversiones decayó al año siguiente -ya se habían
realizado las mayores inversiones en el sector petrolero- y que los préstamos
externos a corto y mediano plazo tendientes a compensar el desbalance comercial
no fueron suficientes, las reservas del Banco Central se redujeron en alrededor
de 200 millones de dólares (7).
Mientras
tanto, el nuevo Ministro de Economía continuó la línea marcada por su
predecesor. Sus preocupaciones centrales giraron alrededor de la negociación de
nuevos créditos externos que permitieran hacer frente a la abultada deuda
externa y el control de la inflación, que amenazaba con reaparecer (8). En
consecuencia, se vendieron varias empresas públicas (en seis meses se
transfirieron 40 firmas de las 44 agrupadas en la DINIE), se aumentaron
sustancialmente las tarifas de algunos servicios públicos (e.g., los servicios
postales y telegráficos), se renegoció la deuda con los proveedores estatales
y se intentó sin éxito racionalizar el funcionamiento de los ferrocarriles,
uno de las empresas públicas más deficitarias. De todos modos, estas medidas
no fueron suficientes para mejorar el equilibrio presupuestario.
Es
interesante rescatar el testimonio de Alemann sobre este último período, ya
que enfatiza la relación entre economía y política en el proceso de toma de
decisiones, la cual guarda ciertas semejanzas con el momento actual. Alemann
sostiene que fue imposible utilizar la devaluación como instrumento de política
económica por razones políticas. Desde la implementación del plan de
estabilización, "... el tipo de cambio se había convertido en el símbolo
de la estabilidad (no lo era desde luego, pero aparecía ante el público como
el símbolo); y como en política los símbolos tienen una gran importancia, en
esa época el símbolo era el tipo de cambio, había esa estabilidad y no se podía
tocar. Eso era un valor entendido. Le pregunté alguna vez al Presidente y me
dijo que no, que en ese momento (9) no devaluara porque ese era su gran símbolo,
haber conseguido la estabilidad del tipo de cambio y una razonable estabilidad
de precios también" (10).
Además,
según la visión del Fondo Monetario Internacional, la expansión del crédito
bancario y la concesión de incrementos salariales excesivos, fueron
responsables de la suba de la inflación en la segunda mitad de 1961 (11). De
todos modos, ese organismo volvió a renovar a fines de ese año el acuerdo stand-by por 100 millones de dólares, tal como lo había hecho los
dos años anteriores, en respaldo al programa económico del gobierno argentino
(12).
Por su desacuerdo con los incrementos salariales mencionados
y con otras medidas adoptadas (especialmente, la resolución del conflicto con
el gremio ferroviario) (13), el ministro Alemann renunció en enero de 1962 y
fue reemplazado por Carlos A. Coll Benegas.
Sobre
el final del período hubo un nuevo intento de reducir las importaciones vía
eliminación de las exenciones para las firmas que importaban líneas de
producción completas y del 40% de recargo que existía en importaciones de
maquinarias no producidas localmente. De acuerdo con las prioridades del plan de
desarrollo de sectores básicos, se concedieron estímulos fiscales a las
industrias del acero, petroquímica, celulosa, aluminio, y se promovió la
expansión de las actividades económicas a través de regímenes regionales
(e.g., en la Patagonia). Asimismo, se intentó estimular las exportaciones
aboliendo suprimiendo impuestos sobre las exportaciones de trigo, el sorgo y
otros productos y ampliando el crédito y las exenciones impositivas al sector
agrícola (14).
No
obstante, estas medidas no pudieran evitar el rápido deterioro de las variables
económicas: a principios de 1962 la inflación resurgió con todo vigor, la
producción comenzó a decrecer y se produjo una importante fuga de capitales
incentivada por la incertidumbre que creaban los acontecimientos políticos. La
decisión de Frondizi de permitir participar al partido peronista de las
elecciones generales del 18 de marzo de ese año fue crucial en este proceso, ya
que posibilitó el triunfo y el tan temido regreso de los peronistas a la escena
política (15), y aceleró la propia caída de Frondizi, quien fue depuesto por
un golpe militar el 29 de ese mismo mes.
NOTAS
La UCRP capitalizó esos triunfos, ya que el peronismo seguía estando proscripto.
Alemann se había desempeñado como asesor del ministro del Carril desde mediados de 1958, subsecretario de esa cartera entre abril y junio de 1959 y consejero financiero en Washington desde setiembre de este último año.
Cf. de Pablo, 1980, p. 73.
Para mayores datos, ver Wynia, 1986, p. 148.
Este último fue un paro total de 72 horas en apoyo a la huelga declarada por los obreros ferroviarios, quienes no sólo reclamaban por mejores niveles de salario sino también por el abandono de la iniciativa gubernamental de reorganización general del sistema de transporte ferroviario, lo cual incluía clausuras de ramales y talleres en gran escala. Como en otros casos, las concesiones otorgadas a cambio del levantamiento de la medida de fuerza fueron interpretadas como una derrota para el gobierno y un signo más de su debilidad.
Ante los actos de terrorismo ocurridos durante 1959, en marzo del año siguiente el Presidente cedió a presiones militares y decretó la instauración del llamado Plan CONINTES (Conmoción del Orden Interno), por el cual se estableció la jurisdicción militar sobre los acusados de esos actos y que derivó en una acción conjunta de las fuerzas armadas y de la policía para hostigar y encarcelar a militantes sindicales. Según el testimonio de Frondizi, los militares querían ir aún más lejos con la represión e incluso aplicar la pena de muerte, pero el Presidente no lo permitió. Cf. Luna, 1963, p. 125.
Cf. Eshag y Thorp, 1965, pp. 324-325.
Ver Alemann, 1988, pp. 583-585.
Nótese que entre diciembre de 1961 y marzo de 1962 se llevarían a cabo las elecciones de gobernadores provinciales, que de algún modo funcionaban como testeo para las próximas elecciones presidenciales.
Cf. de Pablo, 1980, p. 79.
Ver Zuvekas, 1965, pp. 56-57.
Ver Clarín, 09/12/61, p. 1.
Según sus propios dichos, el manejo de la cuestión presupuestaria fue el aspecto más complicado de su gestión, ya que las demandas por aumentos salariales ejercían cada vez mayor presión y algunos sectores se apartaban cada vez más de la política austera que proponía el Ministerio de Economía. Ver de Pablo, 1980, pp. 83-84, 99-100.
Ver Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1964.
En dichas elecciones el peronismo ganó en nueve distritos (las provincias de Buenos Aires, Neuquén, Santiago del Estero, Misiones, Chaco, Río Negro, Salta, Tucumán y Jujuy), la UCRI en seis (la Capital Federal y las provincias de Entre Ríos, La Pampa, Corrientes, Santa Cruz y Tierra del Fuego) y la UCRP sólo en Córdoba. Cumpliendo con acuerdos previos con los militares quienes, temerosos de un triunfo peronista reclamaban la intervención provincial bajo amenaza de golpe de Estado, el gobierno intervino de inmediato cinco de las seis provincias en las que este partido había ganado. Para mayores detalles, Ver Smulovitz, 1988.
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