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La política internacional en general fue otro de los puntos conflictivos generados por la estrategia desarrollista. Basta recordar las polémicas en torno a la resolución del conflicto con Chile ocurrido a pocos días de inicio del período gubernamental, los acuerdos con Brasil logrados en la reunión de Uruguayana (en abril de 1961), que escandalizaban a diplomáticos y militares acostumbrados a pensar las relaciones argentino-brasileñas en términos de competencia y rivalidad, o las críticas a la amplitud de criterio con que Frondizi miraba el conflicto Estados Unidos-Cuba, evidenciadas en ocasión de la reunión del Presidente con Ernesto "Che" Guevara en 1961 (Ministro de Industrias de Cuba en ese momento) y de la defensa que la delegación argentina hiciera de la Carta de la OEA en la VIII Reunión de Cancilleres en Punta del Este el año siguiente (1).
   
No obstante, el aspecto económico de la política exterior por aquellos años se ajustó a los objetivos y prioridades del plan de desarrollo ya mencionados. En consecuencia, la orientación general de las relaciones económicas externas estuvo marcada por la liberalización de los flujos de intercambio, tanto de bienes y servicios como de capitales, ya que la captación de estos últimos era lo que iba a permitir el tan ansiado despegue industrial.
   
Sin embargo, las relaciones comerciales externas deben entenderse no sólo como parte de la estrategia desarrollista, sino también como una resultante de ciertos acontecimientos que simultáneamente ocurrían en el sistema internacional a fines de los 50. Particularmente, la reaparición de los aranceles como instrumento de control de las importaciones fue en parte consecuencia del desmantelamiento del régimen bilateral de comercio y la vuelta a los mecanismos de precios como reguladores del comercio exterior, práctica más acorde con las reglas del sistema multilateral y mucho más próxima al pensamiento del FMI -una de las instituciones financieras internacionales que, dicho sea de paso, por ese entonces empezaba a adquirir mayor influencia sobre los flujos de capital que se destinaban a los países en desarrollo.  Por lo tanto, durante esos años se acentúa la denuncia y liquidación de acuerdos bilaterales y se firman muy pocos nuevos, mientras que se realizan esfuerzos similares a los de otras regiones para impulsar un sistema multilateral de pagos en América Latina y el establecimiento de un mercado común regional. En las secciones siguientes se analizan en detalle estas tendencias.

  1. Sobre el desarrollo de estos episodios, ver Luna, 1963, pp. 95-122.

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