Relaciones económicas externas
Comercio de bienes
El nuevo régimen de intercambios
Como
es bien sabido, un análisis histórico del sector externo de la economía
argentina muestra desde 1948 una tendencia deficitaria en la cuenta corriente,
la cual funcionaba como un serio obstáculo al desarrollo económico (1).
Asimismo, a pesar de que la propensión media a importar había declinado desde
principios de siglo, en la década del 50 la economía argentina aún dependía
fuertemente de las importaciones para su funcionamiento. La importancia de este
punto se comprende si se toma en cuenta que la mayoría de esas importaciones
eran esenciales para el proceso de producción (2), de modo que si no se mantenían
en niveles adecuados, una seria crisis sobrevendría. Por su parte, la
estructura de las exportaciones argentinas mostraban una absoluta preponderancia
de los productos primarios dirigidos a una reducida cartera de compradores (3).
Ahora
bien, según Lucángeli "... una liberalidad casi irrestricta al movimiento
de capitales, un conjunto de restricciones a través de los mecanismos de
precios, una mayor incidencia de las retenciones sobre las exportaciones
agropecuarias y ciertos beneficios impositivos a las exportaciones 'no
tradicionales' fueron los instrumentos básicos sobre los que se construyó el
andamiaje de la política exterior desarrollista" (4).
Como
se mencionó anteriormente, el plan de estabilización implementado a fines de
1958 implicó una brusca devaluación del tipo de cambio, junto a la
liberalización y unificación del mercado cambiario y la utilización de la política
arancelaria como instrumento de regulación de las importaciones y de las
retenciones en el caso de las exportaciones. Más concretamente, este
ordenamiento arancelario clasificaba las importaciones en cuatro categorías (5).
Los productos incluidos en la Lista 1 (e.g., materias primas esenciales como
hierro, petróleo y derivados, papel para diarios) no sufrían recargos al
momento de ingresar. Los de la Lista 2 (alimentos y otras materias primas)
estaban gravados con el 20% de recargo. Los pertenecientes a la Lista 3 (esto
es, un amplio grupo de productos alimenticios, bienes semielaborados, repuestos,
maquinarias, motores, etc.) tenían un recargo del 40%. Por último, los de la
lista 4 (es decir, todos los bienes no explicitados en las tres primeras) eran
pasibles de recargos del 300%.
Asimismo,
a fin de mantener la política del gobierno de acordar preferencia al
intercambio comercial con países vecinos, pocos días después se suspendieron
por el término de seis meses la aplicación de dichos recargos a un conjunto de
bienes (36 artículos) provenientes de Bolivia, Brasil, Chile, Uruguay y
Paraguay (6).
El
ordenamiento arancelario antes mencionado fue sustituido en mayo de 1959 por
otro más desagregado, que creaba nueve categorías de bienes agrupados en seis
listas e imponía un tratamiento más específico para las máquinas, motores
industriales y un conjunto de bienes intermedios y finales (7). La lista 1
comprendía las materias primas esenciales, sin recargos. La lista 2 incluía
las semillas para siembra, animales de pedigree para reproducción, carbón de
coke, algunos tipos de papeles, arrabio para fundición, hierro en lingotes,
metales, hojalata y materias primas químicas, los cuales tendrían un recargo
de 20%. La lista 3 establecía un recargo de 40% para un extenso grupo de
productos alimenticios, aceros especiales, laminados de hierro, maquinarias agrícolas,
fibras, aparatos de precisión, productos químicos, etc. La lista 4 comprendía
artículos tales como cámaras, cubiertas, alambres, laminados de acero,
maderas, repuestos para maquinaria industrial, componentes de radio y televisión,
motores eléctricos y algunos productos químicos. En la lista 5 estaban
incluidos bienes de consumo, motores de combustión interna para maquinaria agrícola,
circuitos impresos, componentes de radio y televisión y otros productos químicos,
los cuales tendrían un recargo del 300%. Finalmente, la lista 6 establecía un
recargo de 40% para máquinas y motores industriales en general (con algunas
excepciones, para las que se reservaban recargos de 100% y 300%). El resto de
las mercaderías no incluidas en estas listas sufría un recargo del 300%, salvo
los automóviles, para los que existían normas específicas. En consecuencia,
el recargo promedio para el conjunto de los bienes era de 143%, conservando los
bienes de consumo durarero (incluyendo automóviles) la tasa promedio más alta
(266%).
Como
puede observarse, esta estructura arancelaria indica un escalonamiento de los
derechos de importación, los cuales se incrementan a medida que se eleva el
grado de elaboración de los bienes. Este tipo de protección, con alteraciones
mínimas que no afectaban el esquema general (8), se mantuvo vigente hasta 1965.
Por
otra parte, el plan de estabilización también implementó retenciones sobre
las exportaciones del orden del 10% y 20%, las cuales rigieron durante los dos años
subsiguientes. Además, a las retenciones vigentes para productos de origen
ganadero y agrícola se agregó en enero de 1959 un impuesto adicional
transitorio (duraría sólo ese año) para exportaciones de cereales y
oleaginosos. Recién en 1961 comenzaron a eximirse de tributos algunos
productos, al punto de que en 1963 sólo un 10% de las exportaciones
agropecuarias estaban sujetas a retenciones (9).
De
todos modos, estas retenciones no redundaron en menores ingresos para los
exportadores, ya que no alcanzaron a contrarrestar los efectos de la devaluación
del tipo de cambio efectuada al principio del plan. El establecimiento de un régimen
de cambio único y libre (que perduró hasta 1964) trajo aparejado un
encarecimiento del tipo de cambio efectivo para las exportaciones agropecuarias
del 205% entre 1958 y 1959 y del tipo de cambio real efectivo de un 45% en el
mismo período (10).
Por
otro lado, el plan de estabilización en principio mantuvo vigente el sistema de
depósitos previos para las importaciones, aunque no se aplicaba a los productos
de las listas 1 y 2 y a algunos de la 3. El resto de las mercancías estaban
sujetas a la constitución de depósitos previos por 180 días, por importes que
variaban entre el 50% y el 500%. En noviembre de 1959 este régimen de depósitos
quedó derogado (11).
Asimismo,
se intentó fomentar las exportaciones no tradicionales mediante un régimen de
promoción que se inauguró en enero de 1960 (12). A través del Decreto 614 se
disponía el reintegro de los recargos cambiarios y derechos aduaneros que
gravasen total o parcialmente los insumos de productos importados. Este
mecanismo, también conocido como draw-back (13),
se terminó de reglamentar a través del Decreto 8051/62, el cual definió el
procedimiento para su aplicación. En la misma línea, el Decreto 12.913/62
estableció el reintegro o devolución de impuestos internos a las exportaciones
no tradicionales hasta el 12% de su valor FOB. Aunque estas medidas fueron
modificadas varias veces con posterioridad, resultan interesantes en tanto
precedente de una política de promoción de exportaciones.
En
cuanto a la balanza comercial, en términos generales se observa que el
resurgimiento de la actividad económica logrado durante 1960 y 1961 fue acompañado
por un aumento de las importaciones (25% promedio anual), sobre todo la de
maquinarias y equipos. El volumen y el valor de las exportaciones no se
alteraron demasiado durante el primero de esos años, pero cayeron bruscamente
en el segundo, debido a una mala cosecha. Por lo tanto, el balance comercial,
que se había equilibrado en 1959, fue deficitario en 1960 (por 200 millones de
dólares) y en 1961 (580 millones de dólares) (14).
El
mejoramiento de la balanza comercial durante 1959 puede atribuirse casi
exclusivamente a una caída en el valor en dólares de las importaciones de
mercaderías (casi 20% respecto del año anterior y 24% respecto de 1957) (15).
En cuanto a la composición de las importaciones, se observa que se elevó la
proporción de los bienes de capital durante 1959, mientras que el volumen de
las importaciones de bienes de consumo, intermedios y materias primas cayó
significativamente (ver Cuadro 7). Por su parte, el valor en dólares de las
exportaciones se elevó del 2% entre 1958 y 1959 y su composición reflejó una
contribución menor del sector ganadero a las exportaciones totales y una
expansión de la del sector agrícola, debido a la cosecha favorable de 1958-59
y al menor nivel de absorción interna de estos productos durante 1959, lo cual
liberó una cantidad mayor de bienes exportables (ver Cuadro
6). A partir de
entonces, se revierte esta tendencia, como resultado del giro de los precios de
los granos y de la carne vacuna a favor de esta última. También en este caso
influyeron los efectos recesivos del plan de estabilización ya que, debido a la
caída de los salarios reales por obrero (18%) y al aumento del precio minorista
de la carne vacuna (64%), durante 1959 cayó significativamente el consumo de
ese producto (16).
Como
se mencionó anteriormente, el saldo positivo de la cuenta corriente logrado en
1959 desapareció en los dos años siguientes, ya que las importaciones se
elevaron junto con la recuperación de la absorción interna y las exportaciones
sólo lograron mejoras marginales. En el bienio 1960-1961 también se observa
que varió la estructura de las importaciones: siguiendo la redistribución de
ingresos, aumentaron las importaciones de bienes duraderos y suntuarios, y como
resultado de la política petrolera implementada, disminuyeron notablemente las
importaciones de combustibles (ver Cuadro
7). En cuanto a las exportaciones,
durante 1960-1961 aumentaron su valor en un 4% más que en el bienio 1957-1958,
debido al mejoramiento de sus precios en dólares, la reducción de la absorción
interna de exportables (nuevamente, por la caída de salarios reales) y al
mejoramiento de los términos de intercambio (17).
Es
importante destacar que si bien en el período 1959-1961 hubo aumentos
considerables en las exportaciones de algunos productos agrícolas y ganaderos,
sólo se lograron resultados muy modestos en lo que hace al aumento del nivel de
exportaciones de manufacturas no tradicionales, a pesar de los incentivos
ofrecidos antes mencionados (e.g., exenciones impositivas, eliminación de
retenciones y establecimiento del mecanismo de draw-back).
En
cuanto al origen y destino de los intercambios, puede observarse en el Cuadro 2
el papel sobresaliente del Reino Unido como destino de las exportaciones
argentinas (18.98% del total) y de Estados Unidos como origen de las
importaciones argentinas (23.44% del total). En orden de importancia siguen,
como países de destino de las exportaciones: los Países Bajos (12.82% del
total), Italia (10.14%), Estados Unidos (9.58%), Alemania Occidental (8.92%),
Brasil (6.52%), Bélgica (3.78%), Francia (3.60%), Japón (3.30%), Chile
(3.12%), la U.R.S.S. (1.58%), Perú (1.38%) y Paraguay, Uruguay, Venezuela,
Suiza, Suecia, España, México y Bolivia, con porcentajes inferiores al uno por
ciento. (18) En el caso de las
importaciones, detrás de Estados Unidos se ubican Alemania Occidental (12.24%),
el Reino Unido (8.96% del total), Italia (6.48%), Venezuela (6.48%), Brasil
(6.24%), Francia (4.40%), Bélgica (3.04%), Japón (2.48%), Suecia (2.28%), los
Países Bajos (1.88%), Chile (1.86%), Suiza (1.5%), la U.R.S.S. (1.28%) y, con
porcentajes inferiores al uno por ciento, Paraguay, Perú, Uruguay, España, México
y Bolivia.
NOTAS
Para un análisis detallado de las tendencias a largo plazo del comercio argentino, pueden consultarse Ferrer, 1963a; Baldinelli, 1995; Randall, 1978.
Entre 1948 y 1952, alrededor del 60% del total de importaciones estaba compuesto por materias primas y productos intermedios (e.g., petróleo, hierro, acero, productos químicos, pulpa de papel, caucho), mientras que casi un 30% del total correspondía a bienes de capital (e.g., materiales de construcción, maquinarias y equipos agrícolas, de transporte y comunicaciones). Estas proporciones se mantuvieron a lo largo de la década siguiente. Cf. Díaz Alejandro, 1966, p. 47.
Durante toda la década del 50 alrededor del 95% de las exportaciones argentinas correspondió a una gran variedad de productos primarios con muy poca elaboración provenientes del sector agropecuario (e.g., carnes, lana, trigo, maíz, cueros, aceites, etc.). Hacia fines de la década, el 66% de dichas exportaciones era absorbido por sólo seis países: el Reino Unido, Holanda, Italia, Estados Unidos, Alemania Occidental y Brasil (en ese orden, según su porcentaje relativo sobre el total). Cf. Díaz Alejandro, 1966, pp. 69-70.
Lucángeli, 1989, p. 35.
Para mayor detalle sobre las listas que a continuación se detallan, ver Clarín, 07/01/59, p. 1, 11.
Ver Clarín, 13/02/59, p. 5.
Ver Clarín, 07/05/59, p. 1, 24.
Algunas de esas modificaciones implicaron, por ejemplo, la rebaja de los recargos a ciertos productos de las listas 5 y 6, como máquinas, motores, etc. Ver Clarín, 21/01/60, pp. 20-21.
Ver Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1964.
Cf. Lucángeli, 1989, p. 36.
Ver Clarín, 10/11/59, p. 6.
Ver Clarín, 21/01/60, p. 1, 9.
Esta medida habitualmente tiene por objeto alentar el desarrollo de la industria nacional ampliando las posibilidades de colocación de los productos locales en los mercados extranjeros. El mecanismo permite que los empresarios que utilicen materias primas u otros elementos importados en la fabricación de los bienes que venden en el exterior tengan derecho a la devolución de los recargos de cambio y de los aranceles que el Estado percibe en el momento en que se registra la introducción de dichas materias primas e insumos. De ese modo, se abarata el costo de producción de bienes con destino a la exportación.
Cf. Eshag y Thorp, 1965, p. 321, 324.
Cf. Díaz Alejandro, 1966, p. 189.
Ibídem, p. 192.
Ibídem, pp. 193-194.
Estos porcentajes, así como los que se mencionan a continuación para las importaciones, corresponden al promedio de los cinco años (1958-1962) y fueron calculados sobre la base de los datos que aparecen en el Cuadro 2 (ver Apéndice).
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