Relaciones económicas externas
Flujos de capital
Otros
flujos de capital
Como
ya se mencionara, los créditos internacionales representaron un aporte
importante al lanzamiento del plan de estabilización y desarrollo económico.
Ellos correspondieron no sólo a los préstamos concedidos por organismos
multilaterales de crédito (entre los que se destaca el Banco Internacional de
Reconstrucción y Fomento, BIRF), sino también a corrientes de préstamos
bilaterales (principalmente, del Banco de Exportación e Importación de los
Estados Unidos, Eximbank).
Es
interesante notar que este era un hecho relativamente novedoso para la época,
ya que a fines de los años cincuenta los mercados internacionales de capitales
no habían alcanzado todavía el desarrollo que tienen hoy día y el flujo de
capitales desde los países desarrollados a los en desarrollo no tenía la
magnitud que adquiriría dos décadas después. Además, por ese entonces las
instituciones públicas nacionales de los países industrializados actuaban como
intermediarios en la concesión de créditos a otros países y sólo recién
después de la finalización de la Segunda Guerra habían empezado a intervenir
en esa práctica las organizaciones financieras internacionales.
Según
el ministro Alemann, hacia fines de la década del cincuenta el foco de atracción
de capital eran los países europeos y Japón, que aún estaban en la etapa de
recuperación después de la guerra y, en consecuencia, la escasez de divisas,
el desinterés de los inversores y la lejanía de nuestro país de los centros
financieros mundiales imponía duras condiciones a las negociaciones. Sin
embargo, medió una decisión del gobierno de Estados Unidos, en el sentido de
avanzar gradualmente primero en la concesión del préstamo stand-by
por parte del FMI, avalando el plan de estabilización, y luego de otros créditos
por parte de entidades oficiales norteamericanas, de créditos de largo plazo
del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo y, finalmente, de la
banca privada internacional (1).
Por
otra parte, Argentina había pasado a ser miembro del Banco Mundial y del Fondo
Monetario Internacional recién en 1956. A partir de entonces, la ayuda
financiera proveniente de esas instituciones -en principio, bajo la forma de créditos
para el desarrollo- comienza a ser más intensa. Además, el gobierno de
Frondizi, a poco de asumir impulsó negociaciones con el Banco Mundial para el
ingreso de la Argentina a la Corporación Financiera Internacional (CIF) (2),
organismo privado dependiente de dicho banco, encargado de financiar los
proyectos de empresas industriales que por razones estatutarias no pudieran ser
cubiertos con créditos del Banco Mundial. La incorporación se concretó
oficialmente en octubre de 1959 y abrió el camino para nuevas líneas de crédito.
En
consecuencia, al momento de lanzarse el plan de estabilización, la Argentina
recibió del FMI un préstamo de 75 millones de dólares, que fue ampliado a 100
millones y renovado tres veces consecutivas entre 1959 y 1961 (ver De
lo deseable a lo posible y El plan
de estabilización.).
Asimismo,
en el momento de la obtención del primer stand-by,
instituciones del gobierno de Estados Unidos y firmas privadas estadounidenses
concedieron a la Argentina un préstamo de 254 millones de dólares para
financiación de mediano y largo plazo que permitiera reponer y ampliar equipos
e insumos para la industria. En consecuencia, en conjunto, el monto total de
ayuda financiera exterior recibida en ese momento del Fondo Monetario
Internacional y de entidades privadas ascendió a 329 millones de dólares (3).
De
allí en más, el influjo de capital vía préstamos
de la banca extranjera privada fue constante a lo largo de todo el período. En
términos generales, se trataba de créditos concedidos a instituciones públicas
para su utilización directa, o bien para su transferencia a la economía
privada. La mayoría tenía el carácter de créditos de asistencia al
desarrollo. Los tomadores de capital eran instituciones de crédito públicas,
como el Banco Industrial, el Banco de la Nación, el Banco Hipotecario y bancos
provinciales, los que a su vez entregaban los fondos para la ejecución de
determinados proyectos de desarrollo. Algunos de esos créditos, por ejemplo los
concedidos por bancos privados extranjeros al Banco Industrial, debían servir
para el fomento de la exportación de maquinarias desde los países de origen
del capital (llamados créditos de suministro).
Además,
también se otorgaban créditos directamente a empresas privadas, cuyo reembolso
estaba garantizado por el Banco Central. Hasta ese momento, los industriales habían
recibido créditos del exterior bajo la forma de importaciones con pago diferido
y créditos comerciales a corto plazo. No obstante, hasta 1959 la significación
de estas importaciones con pago diferido sobre el total de importaciones fue mínimo
(3% de las mismas como máximo). Recién a partir de 1960 esta modalidad de crédito
adquirió mayor importancia, llegando a constituir alrededor del 10% del valor
de las importaciones (4).
Ahora
bien, como parte de la buena acogida que tuvo la iniciativa del gobierno
desarrollista en materia de recepción de capital extranjero, tanto en el
gobierno de Estados Unidos como en la banca privada de los principales países
industrializados, ya en setiembre de 1958 se había obtenido un crédito de 50
millones de libras esterlinas (alrededor de 140 millones de dólares) por parte
de un consorcio de firmas británicas: Henry Balfour and Company Limited,
General Electric Company Limited, Mitchell Engineering Group Limited, William
Press and Son Limited y Paterson Engineering Company Limited. Estas facilidades
financieras estaban destinadas a la financiación de las adquisiciones del
Estado de maquinarias, equipos e instalaciones para la actividad petrolífera,
al mejoramiento de instalaciones y usinas eléctricas, a la
construcción de obras y a los requerimientos de reequipamiento
industrial del sector privado (5).
En
octubre de 1958 se acordó con el Eximbank la concesión de créditos de largo
plazo (10 y 20 años) por 150 millones de dólares para financiar el desarrollo
en el sector eléctrico, siderúrgico y de transportes. Mientras tanto, se
realizaban negociaciones con la misma entidad para lograr otra línea de créditos
a corto y mediano plazo para financiar importaciones en materia de
reequipamiento industrial (6). Dichas negociaciones se extendieron también a
otros bancos privados, como el First National City Bank of New York, el Chase
Manhattan Bank y el Bank of America.
Esas
tratativas culminaron con la aprobación de un crédito por valor de 10 millones
de dólares (reembolsables en un plazo de cinco años, a partir de 1963) por
parte del Eximbank al Banco Industrial argentino (7). Esos fondos debían ser
luego orientados a pequeñas y medianas empresas, para contribuir a la adquisición
de equipos de capital en Estados Unidos.
Además,
dentro de los préstamos concedidos directamente a las empresas, puede
mencionarse el obtenido por la John Deers Argentina del Eximbank en enero de
1959 (8). El crédito era por cinco millones y medio de dólares y tenía por
objeto que los agricultores argentinos pudieran comprar 6.000 tractores en
Estados Unidos en los siguientes dos años. Esa partida cubriría las primeras
necesidades, hasta que la firma mencionada instalara su fábrica en Rosario, en
la cual planeaba producir 3.000 tractores por año. Los vehículos serían
transportados a la Argentina semimontados, para luego ser completados aquí con
piezas de fabricación local.
Por
otra parte, hacia fines de 1959 el ministro Alsogaray en persona gestionó
nuevas fuentes de apoyo financiero fuera del continente (9). Realizó un viaje a
Europa durante el cual solicitó la colaboración de la banca privada de varios
países al programa de estabilización y desarrollo.
Como
resultado de esas gestiones, se obtuvieron un total de 300 millones de dólares:
el Fondo Monetario Internacional renovó su crédito de 100 millones el 2 de
diciembre de ese año, el tesoro de Estados Unidos otorgó otros 50 millones el
28 de diciembre, 75 millones fueron acordados por bancos europeos mediante un
convenio firmado en París el 18 de diciembre y otros 75 millones por nueve
bancos norteamericanos a principios de enero de 1960 (10).
De esta última operación participaron el First National City Bank of
Nueva York (actuando como agente del grupo), el Bank of America y el Chase
Manhattan Bank, aportando 14 millones de dólares cada uno; el Morgan Guaranty
Trust Company, con 10 millones; el Bank of Boston, con 7 millones; el
Manufacturer's Trust y el Hannover Bank, con 6 millones cada uno; el Royal Bank
of Canada (sucursal Nueva York), con 3 millones, y el Philadelphia National
Bank, con un millón.
Asimismo,
meses después se anunciaron los buenos resultados de negociaciones llevadas a
cabo también por el Ministro de Economía en Estados Unidos para preparar un
programa financiero para 1961 y la gestión de una serie de préstamos de largo
plazo para acelerar el programa de desarrollo (11). Esos fondos serían usados
para proyectos específicos en varias áreas, a saber: construcción de caminos
y viviendas con créditos del Fondo de Préstamos para Desarrollo; construcción
de la usina de Dock Sud, con financiamiento del Banco Mundial; expansión de la
pequeña y mediana industria, gracias a fondos aportados por el Eximbank y por
un consorcio de bancos franco-alemanes al Banco Industrial de la República
Argentina; nuevos créditos del Eximbank para maquinaria vial y maquinaria para
la fabricación de viviendas.
Una
de las consecuencias inmediatas de esas gestiones fue la firma de un convenio
entre el Banco Industrial y el Eximbank, por el cual este último concedió 10
millones de dólares para ser destinados a pequeñas y medianas empresas que
adquirirían máquinas, equipos nuevos y asistencia técnica en Estados Unidos
(12).
Poco
después el Eximbank también otorgó un crédito de 16 millones de dólares
para adquisición de equipos por parte de Vialidad Nacional que facilitarían el
reequipamiento de las empresas constructoras contratadas por el Estado para
llevar a cabo diversas obras. Y a comienzos de 1961 dieron fruto las
negociaciones mencionadas anteriormente, al conceder el Eximbank otros dos créditos
por un total de 50 millones de dólares: 40 millones para la compra de
maquinarias y la construcción de caminos, y 10 millones para la compra de
equipos destinados a modernizar la industria de la construcción (13). Ello
estaba en un todo en consonancia con las prioridades del programa de desarrollo
del gobierno (v.g., la expansión y modernización de la infraestructura económica)
instrumentadas, en este caso, a través de un programa de cuatro años a cargo
de Vialidad Nacional.
El
Banco Industrial argentino también alcanzó un acuerdo con el Crédit Lyonnais
y la Banque de Paris et des Pays Bas para el otorgamiento de créditos
especiales que permitieran financiar la adquisición en Francia de bienes de
capital nuevos, así como el pago de la asistencia técnica que se contratara en
ese país para la instalación y puesta en funcionamiento de maquinarias y
equipos destinados a la industria y a la minería. La financiación podría
hacerse casi hasta un cien por ciento del valor de los equipos y sobre la base
de un régimen de pago diferido que podía llegar hasta cinco años de plazo
(14).
Asimismo,
en medio de expresiones de renovada confianza al plan de desarrollo argentino, a
mediados de 1961 el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento otorgó un
crédito por 48,5 millones de dólares que la Dirección Nacional de Vialidad
destinaría en las siguientes proporciones a la construcción y reconstrucción
de la red vial (32,1 millones), a la adquisición de equipos de mantenimiento
instrumental (13 millones), a gastos de ingeniería (1,4 millones) y a fletes y
seguros (2 millones) (15).
Por
otra parte, el gobierno argentino recibió un crédito de 100 millones de marcos
(alrededor de dos mil millones de pesos al cambio vigente en ese momento) del
Instituto de Crédito para la Reconstrucción, dependiente del gobierno de
Alemania Occidental. Esa suma se destinaría a la financiación de un empréstito
que la Argentina planeaba emitir en Europa y para amortizar esos mismos créditos
dentro del mercado de valores alemán (16).
Para
la misma fecha el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) firmó un convenio
con la Corporación de Bancos Provinciales (COBAPRO), por el cual concedió un
crédito a 12 años de 15 millones de dólares, que había sido inicialmente
gestionado por el Consejo Federal de Inversiones. El mismo estaba destinado a la
expansión de empresas agrícolas, mineras e industriales de veinte provincias
(17). Casi un 30% del mismo se destinaría a compras de equipos en Argentina y
el resto para compras en el exterior. Se canalizaría a través de los bancos
oficiales y mixtos de las provincias involucradas, agrupados en un consorcio
liderado por los bancos de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. Los préstamos eran
amortizables en ocho años y cada empresario podía acceder a una suma de hasta
500 mil dólares o su equivalente.
La
asignación de créditos debía priorizar aquellos proyectos que cumplieran con
los siguientes principios: utilizar recursos productivos no plenamente ocupados,
implicar una mejora tecnológica, permitir el aumento de las exportaciones de la
provincia en cuestión hacia el exterior u otras provincias o contribuir a la
sustitución de importaciones. Hasta donde existe información disponible, hacia
mediados de 1964 se había utilizado el 74% del total del crédito, la mayor
parte en actividades industriales dentro del sector agropecuario, alimenticio,
bienes de capital, materiales de construcción, minería y transporte, en ese
orden según el monto de cada rama sobre el total (18).
La
misma entidad (el BID) concedió hacia fines de ese año dos nuevos créditos,
uno de 10.8 millones de dólares para la ampliación de las instalaciones de
energía hidráulica en Santa Fe y Rosario, y otro de 630 mil dólares para
obras de irrigación y desarrollo agrícola en la provincia de Jujuy (19).
NOTAS
Cf. de Pablo, 1980, pp. 70-73.
Ver Clarín, 23/01/59, p. 5.
Cf. Clarín, 30/12/58, p. 4.
Cf. Altimir et al., 1967, p. 375.
Ver Clarín, 18/08/58, p. 1.
Ver Clarín, 16/10/58, p. 1; 09/12/58, p. 4.
Ver Clarín, 10/04/59, p. 3.
Cf. Clarín, 02/01/59, p. 11.
Ver Clarín, 10/11/59, p. 1, 5.
Cf. Clarín, 02/01/60, p. 1.
Ver Clarín, 27/10/60, p. 8.
Ver Clarín, 15/11/60, p. 15.
Véanse detalles en Clarín, 08/12/60, p. 9; 07/01/61, p. 11; 04/02/61, p. 1, 9.
Ver Clarín, 01/06/61, p. 12.
Cf. Clarín, 01/07/61, p. 9.
Ver Clarín, 09/07/61, p. 8.
Ver Clarín, 11/07/61, p. 13.
Cf. Altimir et al., 1967, p. 376.
Cf. Clarín, 27/12/61, p. 35.
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