Los prolegómenos de un cambio de modelo
1973-1976
El
candidato peronista (Héctor J. Campora) ganó las elecciones de marzo de 1973
por una amplia mayoría e inició un par de meses después su corto mandato, ya
que inmediatamente se llamó a nuevas elecciones (en setiembre de ese año) a
fin de permitir el acceso de Juan Domingo Perón al poder (1).
José
Ber Gelbard, presidente de la CGE hasta entonces, fue Ministro de Economía
durante los dos primeros años de la administración peronista. Su nombramiento
refleja claramente la nueva orientación económica, ya que ésta se basó
fundamentalmente en una propuesta elevada por la CGE al Presidente Cámpora
-parte de ella había sido ya incorporada a la plataforma electoral del FREJULI-
y luego se convirtió en el corazón del acuerdo social logrado alrededor de la
nueva política económica. La idea de un acuerdo surgió de la necesidad de
superar la histórica lucha por la distribución de la riqueza que tantos
impedimentos había creado en el pasado.
Precisamente,
el llamado "Pacto Social" se forjó con el acuerdo formal de los
sindicatos, la industria y el gobierno en torno a una serie de medidas que tendían,
fundamentalmente, a estabilizar los precios y redistribuir el ingreso en favor
de los trabajadores asalariados. Concretamente, dichas medidas incluían un
congelamiento de precios de los bienes de consumo, un alza general de salarios
de alrededor de 20%, la suspensión de las negociaciones colectivas de salarios
por dos años, un plan de austeridad para el sector público, una redistribución
del gasto hacia los servicios públicos, una reforma tributaria que afectaría,
en principio, el impuesto a las ganancias y a la tierra, y la canalización del
crédito hacia las empresas nacionales. Además, se intentaba mantener la tasa
de cambio estable, evitar una devaluación y tratar de que la masa monetaria
creciera lentamente (2).
Este
acuerdo corporativo acerca de objetivos e instrumentos, oficialmente
implementado a partir del 25 de mayo de 1973 y rubricado por el Congreso el 8 de
junio de ese mismo año, funcionó por casi un año de acuerdo con las
expectativas. Es decir, se alcanzó cierto crecimiento económico, una mayor
estabilidad de los precios y una mejor situación externa. Poco antes de la
muerte de Perón en julio de 1974 -en gran parte por la inminencia de este
episodio- se desató un agudo conflicto político que despertó la desconfianza
y las críticas de los actores involucrados y una
puja sin cuartel por el poder.
El
caos reinante durante el mandato de María Estela Martínez de Perón se reflejó
también en la inestabilidad del gabinete y la más que frecuente alternancia de
ministros de Economía (3). Ninguno de ellos permaneció en el cargo lo
suficiente ni contó con un mínimo de disciplina entre los firmantes del pacto
como para implementar un programa económico coherente. Por el contrario, sus
pasos reflejaron la necesidad de flexibilizar y/o ajustar las pautas del
acuerdo, en gran parte como respuesta a los conflictos políticos. Mientras
tanto, las distintas facciones dentro del movimiento peronista se disputaban el
control del gobierno; los sindicatos no reconocían la conducción de la
Presidenta y desafiaban sus decisiones con medidas de fuerza; los pequeños y
medianos empresarios de la CGE se consideraron excluidos a partir del reemplazo
de Gelbard y usaban la suba de precios como defensa frente a los aumentos de
salarios que el gobierno concedía, mientras que el sector agropecuario mantenía
su tradicional desconfianza respecto al gobierno peronista y sobre el final del
período se sumó claramente al descontento general (4).
Respecto
de las relaciones económicas externas, cabe aclarar que entre 1970 y 1975 no
hubo mayores novedades en el manejo de las importaciones, aunque la promoción
de las exportaciones manufactureras adquirió mayor relevancia. El régimen
comercial descripto en la sección anterior se mantuvo durante el gobierno
justicialista. También se mantuvo el doble mercado cambiario, el financiamiento
externo para las importaciones y el requisito de depósitos previos, aunque cada
vez con más excepciones.
La
promoción de exportaciones no tradicionales se realizó a través de distintos
instrumentos como, por ejemplo, la apertura de líneas especiales de créditos.
Una de ellas se suscribió con Chile por un monto de 100 millones de dólares
para la adquisición de material de transporte, maquinaria y bienes de capital.
Otra, con Cuba, por 200 millones de dólares (luego ampliada a 400 millones),
para la financiación del 85% de las adquisiciones de bienes de capital de
origen argentino (5). Convenios similares se firmaron con Hungría y con
Uruguay.
La
exportación de manufacturas fue incentivada mediante los instrumentos vigentes,
esto es, reembolsos y draw-back. En realidad, la Ley 20.545 sobre protección de la
producción nacional, sancionada en diciembre de 1973, autorizaba al Poder
Ejecutivo a modificar los derechos de exportación, suspenderlas, fijar precios
índices, reintegros, reembolsos y draw-back
en los casos de bienes cuya exportación se quería promocionar.
Sobre
el final del período, el deterioro de la balanza comercial -en parte atribuible
al deterioro de los términos de intercambio- llevó al gobierno a extremar los
cuidados en el manejo del comercio exterior. En especial, se trató de controlar
las importaciones no sólo a través del tipo de cambio sino que también se las
agrupó en tres listas. La lista A comprendía los bienes esenciales, que
ingresaban por el mercado comercial. La lista B incluía los bienes de capital,
que se canalizaban hasta el 40% de su valor por el mercado comercial y el resto
por el financiero. La lista C abarcaba el resto de las importaciones, las cuales
se liquidaban por el mercado financiero. Además, el ingreso de productos
prescindibles y suntuarios fue prohibido y el de bienes de capital fue
restringido a aquellos no producidos localmente, requiriéndose un
financiamiento del exterior superior a los 180 días. Asimismo, se utilizó el
mecanismo de las Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación (DJNI)
para restringir aún más las importaciones.
Sobre
este período Lucángeli concluye: "La administración justicialista pasó
de una situación floreciente en el sector externo a una de grave desequilibrio
en el término de dos años. Sin embargo, debe volver a señalarse que no se
recurrió a la utilización de nuevos instrumentos, sino a aquellos vigentes con
anterioridad. De todos modos, mostró cierta preferencia por la utilización de
las DJNI. Pero, por otro lado, la política comercial estuvo dirigida -casi con
exclusividad- a la administración del sector externo antes que a la orientación
de la asignación de recursos" (6).
En
síntesis, el impacto económico de las medidas adoptadas al principio de la
administración peronista fue positivo pero duró muy poco. La inflación se
redujo de la noche a la mañana y la estabilidad de los precios duró apenas
unos diez meses. Luego, volvió a aumentar constantemente, alcanzando
importantes picos durante 1975 y llegando a una tasa mensual de 54% en marzo de
1976 (precios mayoristas) (7). La tasa de crecimiento subió durante el primer año
del Pacto Social (6.8%), para declinar luego. El gasto público aumentó, siendo
cada vez menor la proporción que se financiaba con recursos genuinos del
tesoro. Por su parte, el balance comercial mostraba al inicio del programa un
superávit equivalente al 34% de las exportaciones pero fue perdiéndolo hacia
mediados de 1974 y se tradujo en déficit durante 1975 (8); en montos, ello se
tradujo en las siguientes cifras:
| 1973 | 1974 | 1975 | |
|
(en millones de dólares corrientes) |
|||
| EXPORTACIONES | 3266.0 | 3930.7 | 2961.3 |
| IMPORTACIONES | 2235.3 | 3634.9 | 3946.5 |
| SALDO COMERCIAL | 1030.7 | 295.8 | -985.2 |
| Fuente: Di Tella y Dornbusch (eds.), 1989, pp. 337-338. | |||
Hacia fines de 1975 la crisis política se aceleró. En diciembre fue abortado un golpe de Estado orquestado por la Fuerza Aérea, a cambio de que el mismo se efectivizara a la brevedad por parte de las tres armas. En realidad, para ese entonces la iniciativa contaba con el respaldo de amplios sectores sociales y era esperada de un momento a otro. Se concretó el 24 de marzo del año siguiente, inaugurando así otro largo período de gobierno militar.
NOTAS
Entre ambos, también ejerció la Presidencia Raúl Lastiri, entre julio y octubre de 1973.
Ver de Pablo y Martínez, 1988, pp. 38-50.
José Ber Gelbard fue reemplazado por Alfredo Gómez Morales en octubre de 1974. A éste le siguieron: Celestino Rodrigo (junio-julio de 1975), Pedro Bonanni (julio-agosto de 1975), Antonio Cafiero (agosto de 1975 a febrero de 1976) y Emilio Mondelli (febrero-marzo de 1976).
Para mayores detalles, ver Guido Di Tella: "Argentina's Economy under a Labour-based Government, 1973-6", en Di Tella y Dornbusch (eds.), 1989, pp. 213-233; también Wynia, 1986, pp. 315-325. La evaluación de algunos de los protagonistas puede hallarse en de Pablo, 1980, pp. 165-200.
Ver Lucángeli, 1989, p. 41.
Cf. Ibídem, p. 42.
La aceleración de la inflación se produjo, particularmente, a partir de junio de 1975 cuando el Ministro de Economía Celestino Rodrigo anunció una devaluación de gran magnitud, más incrementos tarifarios también muy altos que empujaron la suba de precios. Estas decisiones -conocidas popularmente como "el rodrigazo"- provocaron un brusco salto de la inflación: 63% en sólo dos meses (junio y julio de 1975), frente a un 32.6% en todo el semestre anterior (diciembre de 1974 a mayo de 1975). Los precios siguieron subiendo a partir de entonces y esto a la vez provocó corridas hacia el dólar. Cf. Schvarzer, 1983b, pp. 27-29.
Cf. de Pablo y Martínez, 1988, pp. 38-43.
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