La Política Económica del Proceso de Reorganización Nacional
Las
medidas iniciales
Según
consta en los documentos oficiales del gobierno del Proceso, las medidas
inmediatas a adoptar en el terreno económico eran definidas vagamente como
aquellas "medidas de control de emergencia necesarias para mejorar la
situación existente hasta tanto se pueda instrumentar la reactivación económica
en forma coherente" (1). En segundo lugar, se mencionaba la elaboración de
un plan económico que contemplaba los siguientes objetivos: a) estímulo a la
productividad; b) reactivación del aparato productivo; c) control y disminución
del déficit presupuestario; d) aliento a las inversiones; e) reversión de la
política estatizante; f) búsqueda de la eficiencia en los servicios públicos
y empresas del Estado; g) implementación de una política agropecuaria
realista; h) reactivación de las obras públicas; i) instrumentación de un
adecuado régimen de comercialización; j) impulso a las exportaciones
tradicionales y no tradicionales; k) desaceleración de la inflación compatible
con el mantenimiento de la actividad económica; l) reordenamiento impositivo.
El
titular de la cartera económica también usaba públicamente conceptos vagos
con alto contenido ideológico. La lectura de los hechos inmediatamente
anteriores al golpe de Estado llevó al Ministro de Economía a sostener que las
Fuerzas Armadas habían asumido el poder político para suplir un notorio vacío
de poder y que la ausencia de una autoridad respetada había estimulado el
enfrentamiento social en pos de una mayor participación en la distribución del
ingreso, lo cual actuó como acelerador del fenómeno inflacionario hasta
llevarlo a un punto sin precedentes. Por lo tanto, presentó a su programa como
"un enfoque global, integral y continuado" que básicamente buscaba
lograr el saneamiento monetario y financiero, un rápido crecimiento económico
y una "razonable distribución del ingreso" (2).
No
obstante, existía cierto diseño técnico de las medidas concretas a adoptar.
El 2 de abril de 1976 el flamante Ministro de Economía Martínez de Hoz anunció
por radio y televisión las nuevas medidas económicas tendientes, en términos
generales, a reducir la inflación y el gasto fiscal, redefinir la política
tributaria, ampliar y liberalizar el mercado de capitales, liberalizar los
precios y promover las exportaciones dentro de los principios de la
multilateralidad (3).
Los
principales objetivos del llamado "Programa de Recuperación, Saneamiento y
Expansión de la Economía Argentina" eran los siguientes: i) lograr el
saneamiento monetario y financiero indispensable para la modernización y
expansión del aparato productivo, lo que garantizaría un crecimiento no
inflacionario de la economía; ii) acelerar la tasa de crecimiento económico;
iii) alcanzar una razonable distribución del ingreso, preservando el nivel de
los salarios, en la medida adecuada a la productividad de la economía.
Más
concretamente, las disposiciones centrales del nuevo plan económico incluían:
a) fijación de un nuevo nivel de equilibrio de los salarios reales inferiores
en un 40% al nivel promedio del quinquenio anterior; b) eliminación de
retenciones a la exportación de productos agropecuarios; c) ampliación de un
programa de reducción progresiva de los aranceles de importación; d) eliminación
de subsidios a las exportaciones no tradicionales, de créditos de fomento y de
prestaciones sociales deficitarias (e.g., en las áreas de salud y vivienda); e)
incremento de las tarifas de servicios públicos; f) liberalización de los
mercados cambiario y financiero; g) financiamiento del déficit público
mediante colocación de títulos en el mercado de capitales; h) reducción del
gasto, del empleo y del déficit del gobierno; i) privatización de empresas que
habían pasado al control estatal (4).
Como
puede observarse, la mayoría de estas medidas no eran novedosas. Muchas se habían
implementado bajo administraciones anteriores. Sin embargo, Martínez de Hoz
argumentaba que nunca se las había puesto en práctica a conciencia. Esta vez
se esperaba hacerlo sin medias tintas, ya que el gobierno poseía la voluntad y
el poder para hacerlas cumplir. Además, esta vez se contaba con el apoyo explícito
del Fondo Monetario Internacional, con el que a poco de asumir se negociaron
varios préstamos bajo la condición de alcanzar ciertas metas económicas (ver Otros
flujos de capital).
A
partir de las medidas antes enunciadas, pueden identificarse los ejes centrales
de la política económica del período 1976-1983. En primer lugar, la apertura
de la economía: durante los dos primeros años, el instrumento predominante fue
la reducción de los aranceles de importación a la oferta de bienes
industriales competitivos con la producción nacional. En segundo lugar, la
liberalización del mercado de capitales, que hasta ese entonces mantenía las
tasas de interés y las normas cambiarias estrictamente controladas por el Banco
Central. Al respecto, el paso más importante fue dado en junio de 1977 cuando
se implementó la llamada Reforma Financiera, por la que se liberalizaron las
tasas de interés de la banca comercial, se eliminó la mayor parte de los créditos
subsidiados y se liberalizó el mercado cambiario (ver Implementación
e impacto).
Por
otra parte, la retórica oficial indicaba que el rol del Estado en la economía
debía ser totalmente redefinido. No obstante, las medidas tomadas en este plano
estuvieron lejos de producir ese efecto. El reordenamiento de las cuentas públicas
fue uno de los objetivos iniciales, a fin de reducir el déficit fiscal vía
contracción del gasto. Se obtuvieron resultados positivos hasta fines de 1977,
pero a partir de entonces, los gastos del Estado tendieron a aumentar, dando
lugar a una política de mayor presión tributaria, colocación de títulos de
deuda pública en los mercados privados y, en cuanto a las empresas públicas, a
la toma de préstamos (ver Otros flujos
de capital).
Más
aun, la política de privatizaciones anunciada tampoco modificó
significativamente el rol predominante del Estado en la economía. Como señala
Schvarzer, el programa de privatizaciones implementado por esos años tampoco
condujo a una reducción del gasto público. Por el contrario, tuvo varias
consecuencias negativas: impulsó la emergencia de un nuevo grupo de firmas (un
complejo público-privado) cuyo crecimiento planteó mayores demandas sobre el
aparato estatal, deterioró aún más el sistema administrativo público y
reforzó el carácter subsidiario del Estado (5).
Por
último, la preocupación dominante durante esos años era la inflación (6). Al
respecto, el equipo económico aplicó distintas medidas (e.g., congelamiento de
salarios, ajustes salariales por debajo del incremento de precios, tregua de
precios, contracción monetaria y desindexación de la economía,
devaluaciones), las cuales tuvieron un éxito temporario.
Esta
combinación de objetivos implícitos y explícitos marcó el rumbo económico
adoptado. Por eso se hace necesario analizar el conjunto de medidas adoptadas,
las cuales estaban interrelacionadas, y su impacto sobre las variables
coyunturales y estructurales. Ese es el propósito de las secciones que siguen.
NOTAS
Cf. Ibídem, p. 26.
Ver Clarín, 19/05/76, pp. 8-9.
El texto completo del mensaje puede encontrarse en La Opinión, 03/04/76, pp. 10-11; también en Palacio Deheza, 1981, pp. 346-384.
Para mayor detalle sobre estas medidas y distintos enfoques sobre su implementación e impacto pueden consultarse, por ejemplo, Canitrot, 1980, 1981; Schvarzer, 1983b; Ledesma, 1981; Palacio Deheza, 1981; Martínez de Hoz, 1991; Winograd, 1984; de Pablo y Martínez, 1988; Azpiazu et al., 1986.
Ver Schvarzer, 1981.
Al momento de lanzarse el plan, la tasa mensual de inflación superaba el 50% (cf. Canitrot, 1981, p. 135).
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