Sección 1: La cuestión de la deuda
El origen del problema de la deuda
Cambios
en el sistema financiero internacional
Al
hablar del tema del endeudamiento de los países en desarrollo es ineludible
hacer referencia al proceso de internacionalización de la banca que comenzó a
mediados de la década del sesenta y se aceleró en los setenta. Precisamente,
fueron la internacionalización de las actividades bancarias (1) y la
transnacionalización de las instituciones bancarias (2) las que posibilitaron
dicho endeudamiento (3).
En
efecto, la convertibilidad de las monedas europeas y el levantamiento de
restricciones a la salida de capitales en Europa y en los Estados Unidos
dinamizaron y acrecentaron los flujos internacionales de capitales y las
actividades bancarias ligadas a ellos. En 1971 el sistema monetario
internacional abandonó el patrón de tipos de cambio fijos y adoptó el de
tipos de cambio flexibles. Este cambio, junto con la liquidez generada a partir
de la primera crisis del petróleo (en 1973), aceleraron los fenómenos de
internacionalización antes descriptos.
En
consecuencia, los bancos comenzaron a intervenir muy activamente en el reciclaje
de fondos entre distintos países. Si bien hacia fines de los setenta existía
una gran cantidad de bancos de todo tipo y origen en el mercado internacional,
este último fue formado, liderado y controlado por unos cuarenta grandes bancos
comerciales que predominaban aun antes de la gran expansión de sus sedes. Estos
bancos eran los que contaban con sucursales en el exterior desde largo tiempo
atrás y una extendida red de corresponsales, así como con una base de capital
que les permitió un rápido crecimiento. Los que lideraron ese proceso fueron,
fundamentalmente, los bancos que informan al Bank
for International Settlements de Basilea (conocidos como bancos BIS); dentro
de ellos, los principales tienen su base en Estados Unidos, Francia, Reino
Unido, Alemania Occidental y Japón.
Esa
inmensa masa de dinero contribuyó al aumento de préstamos bancarios
internacionales destinados a financiar tanto los déficits presupuestarios de
los países desarrollados que enfrentaban déficits en la cuenta corriente de
sus balanzas de pagos como los de los países en desarrollo. Además, la recesión
en los países industrializados produjo una disminución de la demanda de crédito
doméstica la cual, aun durante la etapa de recuperación posterior, creció a
tasas menores que las de los préstamos internacionales. Por lo tanto, los
activos externos de los bancos crecieron a tasas dobles a las de la expansión
monetaria en los países industrializados y hasta ocho veces superiores a las
del aumento del comercio mundial (4).
Ahora
bien, a partir de 1978 el mercado de préstamos internacionales se hace muy
competitivo y los márgenes de ganancia tienden a bajar. Además, la demanda de
préstamos de los países en desarrollo crecía a tasas mayores que las de
aumento de los activos internacionales de los bancos BIS en los países
desarrollados. Estos préstamos presentaban un mayor riesgo país y moneda y,
por lo tanto, se cobraba por ellos una sobretasa mayor y se compensaba la
disminución de la misma en otros préstamos. Por eso, los bancos BIS en general
buscaron activos de mayor riesgo para aumentar sus ganancias.
La
relación capital/activos de casi todos los grandes bancos internacionales se
deterioró, mientras que los activos de riesgo en los países en desarrollo que
pagaban mayores márgenes continuaron creciendo y aumentaron su importancia
dentro de los activos internacionales de los bancos BIS hacia fines de los
setenta.
Otro
factor que agregaba vulnerabilidad al sistema bancario internacional era el
hecho de que los pasivos internacionales tendían a concentrarse en el corto
plazo y en general eran negociables, lo que aumentaba su liquidez. Esto era
resultado de que la inflación creciente y las fluctuaciones de las tasas de
interés y los tipos de cambio llevaban a los inversores a preferir activos más
líquidos.
En
consecuencia, las características principales de los activos internacionales en
1982 eran: a) concentración en los prestatarios de algunos países en
desarrollo: los activos de los bancos BIS en los países más endeudados
representaban en 1982 el 12.6% del total de activos, siendo casi tres cuartas
partes de ellos obligaciones de la Argentina, Brasil y México (5); b) oscilación
del plazo promedio de los préstamos sindicados en el euromercado (6) entre
cuatro y siete años; c) volumen promedio importante y creciente por préstamo a
mediano plazo; d) establecimiento de tasa de interés flotante para la mayoría
de los préstamos.
Obviamente,
la concentración de los pasivos internacionales en el corto plazo significaba
que si se producía una fuga de pasivos de un banco a otro, de un país a otro o
hacia afuera del sistema bancario, se podía provocar una liquidación de
activos bancarios, no necesariamente controlable por el mercado interbancario.
Asimismo,
la demanda de préstamos de gran volumen para financiar a grandes empresas y
gobiernos llevó a los bancos a adoptar un mecanismo de participación conjunta
y concertada en las operaciones internacionales. Para satisfacer la demanda se
implementó la sindicación de fondos, mediante la cual un banco o varios obtenían
el concurso de otros bancos para lograr reunir el volumen deseado de fondos y
administraban el préstamo (7). Este instrumento se regía por relaciones
contractuales que obligaban al deudor con los bancos y a los bancos entre sí.
Esto permitió reunir volúmenes crecientes de fondos para los mismos
prestatarios y generar comisiones de administración para los grandes bancos. De
esta forma, éstos obtenían ganancias sin aumentar su exposición de riesgo y
sin exceder los límites fijados por las reglamentaciones de su país de origen
para la exposición a un único deudor.
Por
último, la vinculación de todos los bancos con los grandes bancos de los
Estados Unidos era muy importante, ya que la mayoría de las operaciones
internacionales estaban denominadas en dólares y, por lo tanto, los bancos no
estadounidenses debían tener una reserva en dólares de alta liquidez sobre sus
activos en esa moneda. La forma de hacerlo era constituir un depósito o una línea
de crédito con los nueve bancos más importantes de los Estados Unidos (los
llamados money center banks), los que
a su vez son también depositarios de reservas de otros bancos americanos, por
lo que tienen un papel central en la interrelación que se da dentro del sistema
bancario internacional.
Asimismo,
la Reserva Federal de los Estados Unidos, al determinar la política monetaria
que afectaba al dólar -principal moneda internacional- y al ser prestamista de
última instancia de los money center
banks, tenía un rol clave en el sistema financiero internacional y de hecho
funcionaba en la práctica como prestamista de última instancia de dicho
sistema.
En
suma, a partir de mediados de los años sesenta se produjo un proceso de
internacionalización basado en el crecimiento continuo de los activos
internacionales y la transnacionalización de numerosas actividades y entidades
bancarias. Ello generó una estructura de activos y pasivos internacionales muy
vulnerable. Este proceso también incrementó la interrelación institucional de
los agentes financieros internacionales que, entre otras cosas, hacía posible
una acción concertada de los bancos privados e instituciones financieras
nacionales de los países desarrollados.
NOTAS
La internacionalización de la actividad bancaria se mide por el crecimiento de los activos y pasivos internacionales de los bancos, es decir, aquellos que representan obligaciones de o con residentes de otros países distintos al de localización del banco.
La transnacionalización de las instituciones bancarias consiste en el establecimiento de sucursales y filiales de los bancos en el exterior, un fenómeno generalmente ligado al de internacionalización de sus actividades.
Sobre estos procesos véase, por ejemplo, Dinenzon y Hopenhayn, 1987; Muns (ed.), 1983; también Griffith-Jones y Sunkel, 1987; Calcagno y Martínez, 1988; Cepal, 1989.
Cf. Calcagno y Martínez, 1988, p. 4.
Cf. Calcagno y Martínez, 1988, p. 9.
Entre 1976 y 1981, casi la mitad de los nuevos préstamos internacionales eran préstamos sindicados en el euromercado.
La concesión de préstamos "soberanos", es decir, el otorgamiento de créditos por los bancos a entidades soberanas (e.g., gobiernos, bancos estatales, empresas públicas) u otras entidades con aval del gobierno, habitualmente se ha hecho mediante préstamos colocados directamente por el prestamista individual o mediante consorcios de prestamistas bancarios. En este último caso, unos pocos organizadores principales reúnen un paquete de préstamos en que se venden participaciones a otros prestamistas que no entran en contacto directo con el prestatario. Frente a la demanda creciente de créditos bancarios por parte de los países en desarrollo y la buena disposición crediticia de los bancos, el mecanismo del préstamo de consorcio se convirtió en un instrumento muy importante en el flujo de créditos internacionales, ya que permitía organizar grandes volúmenes de fondos mediante operaciones únicas.
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