Sección 1: La cuestión de la deuda
Las relaciones de la Argentina con los Organismos Financieros Internacionales
Antecedentes
inmediatos
Como
bien señalan García y Junco, si bien el desencadenamiento la crisis de la
deuda en América Latina se ha marcado en el momento en que México suspende sus
pagos (en agosto de 1982), para la Argentina los problemas derivados del alto
endeudamiento habían comenzado un poco antes y se habían entremezclado con la
crisis política que marcó el fin del último régimen militar. Coincidiendo
con la guerra de Malvinas, la situación financiera de la Argentina se complicó
hacia abril de 1982 ante la desvinculación del mercado internacional de
capitales que produjo el conflicto bélico y la imposibilidad de seguir
cumpliendo con sus compromisos externos.
Las
negociaciones por una posible renegociación de la deuda externa se reiniciaron
recién en setiembre de ese año, en ocasión de la asamblea anual conjunta del
Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, en Toronto. Los acreedores
impusieron dos condiciones para avanzar en las conversaciones: que la Argentina
llegara a un acuerdo con el Fondo sobre un plan de ajuste económico que dicha
institución monitorearía, y que se descongelaran los fondos de Gran Bretaña,
ya que sus bancos formaban parte del pool de
acreedores.
La
Argentina cumplió con ambas condiciones, lo que permitió que hacia fin de año
se obtuvieran dos préstamos: un financiamiento compensatorio por la caída de
las exportaciones (equivalente a 520 millones en Derechos Especiales de Giro) y
un stand-by por 150 millones de
Derechos Especiales de Giro. En teoría, el acuerdo se extendería por quince
meses, hasta marzo de 1984. Los desembolsos serían trimestrales y en partes
iguales, según indicaran las evaluaciones técnicas, a cuya aprobación estaban
sujetos.
Los objetivos de política económica enunciados en la carta
de intención que el gobierno enviara al Fondo incluían: la reactivación económica,
la reducción del desempleo, el mejoramiento del sector externo y el
mantenimiento de pautas estrictas en cuanto a política fiscal y monetaria, política
de ingresos y para el sector externo. Todo ello estaba en la línea de los
tradicionales planes de ajuste propuestos por el Fondo para solucionar problemas
transitorios de desequilibrio de la balanza de pagos. El Memorando de
Entendimiento se aprobó en enero de 1983 y al mismo tiempo se efectuó el
primer desembolso del préstamo.
Por
otro lado, paralelamente se llevaron a cabo conversaciones con la banca privada
internacional, reunida en el Comité de Bancos acreedores de la Argentina. Las
mismas avanzaron lentamente porque el comité exigió, como es habitual, un
acuerdo previo con el Fondo. Una vez logrado, se acordó el programa de
financiamiento para 1982 y 1983, el cual consistía en: i) un crédito puente de
1.100 millones de dólares, tendiente a solucionar el problema financiero de la
balanza de pagos; ii) un préstamo de mediano plazo por 1.500 millones,
destinado a cerrar las cuentas externas durante 1983, con vigencia por cinco años,
y iii) ciertos principios generales a aplicar para la refinanciación
de las deudas del sector público (1).
Las
condiciones pautadas en este programa de financiamiento eran, en general, muy
estrictas y existía una estrecha vinculación entre éste y el stand-by
negociado con el Fondo, de modo que las fechas de los desembolsos
provenientes de ambas fuentes coincidían y estaban condicionados a la marcha
del plan económico acordado.
De
allí en más las negociaciones fueron cada vez más complicadas y las
condiciones más severas. En plena crisis del régimen, la discusión en el
plano doméstico y las críticas al gobierno sobre la performance económica
(incluyendo el origen y monto de la deuda externa) y sobre las condiciones
impuestas por el Fondo se acentuaban a medida que se acercaban las elecciones.
El cuestionamiento fue llevado incluso a la justicia, lo que provocaba dudas e
incertidumbre entre los acreedores. A eso se sumaban las dificultades del
gobierno para alcanzar las metas pautadas.
Por
lo tanto, en octubre de 1983 el Fondo suspendió los desembolsos y las
negociaciones se interrumpieron ya que, ante la inminencia de las elecciones,
los acreedores prefirieron esperar a saber qué postura tomarían las nuevas
autoridades.
NOTA
Cf. García y Junco, 1987, p. 37.
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