Sección 1: La cuestión de la deuda
Las relaciones de la Argentina con los Organismos Financieros Internacionales
De
las creencias a la realidad
A
pesar del optimismo oficial, la situación económica al retomarse la senda
democrática era bastante grave. No sólo existían problemas estructurales que
afectaban la posibilidad de crecimiento, sino que la coyuntura específica de
principios de los ochenta era particularmente seria. La crisis, más allá de la
percepción de los gobernantes, estaba marcada por un elevado déficit fiscal,
altas tasas de inflación, déficit de balanza de pagos, muy bajo nivel de
reservas y numerosos vencimientos de los compromisos externos en el corto plazo.
Para
citar sólo algunos indicadores, puede decirse que el déficit fiscal del último
trimestre de 1983 fue equivalente a un 14% del producto bruto interno; la tasa
de inflación del mismo período promedió
el 19% mensual; las reservas del Banco Central rondaban los 300 millones de dólares;
los atrasos externos acumulados llegaban, a fines de año, a los 3.000 millones
de dólares; los intereses con los bancos comerciales se habían pagado sólo
hasta el 10 de octubre de 1983. Además, se hallaban suspendidos los desembolsos
de los tres últimos tramos del préstamo stand-by
que había otorgado el Fondo, equivalentes a unos 900 millones de Derechos
Especiales de Giro (1). De modo que la necesidad de normalizar esta situación
e, incluso, obtener fondos frescos era apremiante.
No
obstante, pertrechado en el diagnóstico antes mencionado y convencido de que
tenía un amplio margen de maniobra en su relación con los acreedores, el
gobierno radical les comunicó a éstos que tomaría un período de seis meses
para verificar las cifras de la deuda externa y elaborar una propuesta de pago.
(2) Las intenciones del equipo económico estaban dirigidas a negociar
directamente con la banca comercial sobre la base de su propio plan económico,
sin aceptar las ataduras que hubiese implicado pactar previamente con el Fondo
Monetario Internacional.
Sin
embargo, desde un principio el Comité de Bancos, el Club de París y la Reserva
Federal de los Estados Unidos manifestaron que sólo existiría nuevo
financiamiento si previamente se acordaba con el Fondo. Además, los bancos
pretendían que la Argentina se pusiese al día con el pago de los intereses
atrasados antes de hablar del financiamiento para el año 1984. Como el equipo
económico liderado por el Ministro Bernardo Grispun proponía pagar intereses sólo
a partir del recibimiento de los desembolsos pendientes y sin un acuerdo previo
con el Fondo, las posiciones eran prácticamente irreconciliables.
Por
lo tanto, las presiones y las tensiones en las negociaciones crecieron hasta
fines de marzo de 1984, momento en que los bancos debían presentar sus balances
trimestrales, en los que tenía que estar resuelta la contabilización del cobro
de los intereses vencidos. El acuerdo llegó sobre la fecha, vía una operación
de "salvataje" que consistía en un adelanto de fondos efectuado por
cuatro gobiernos latinoamericanos y por la banca extranjera, a fin de que la
Argentina pudiera cubrir el pago de los intereses de su deuda externa.
De
acuerdo con esta fórmula, México y Venezuela aportaban 100 millones de dólares
cada uno, Brasil y Colombia 100 millones entre ambos, la banca extranjera otros
100 millones y la Argentina otro tanto de sus reservas (3). Ahora bien, este
acuerdo implicaba que el gobierno argentino aceptaba, por primera vez desde su
asunción, el compromiso de iniciar gestiones con el Fondo a la brevedad para la
firma de un acuerdo stand-by. De este
modo también se revertía la decisión de no efectuar ningún pago hasta fines
de junio de 1984.
Transcurrido
el plazo de cancelación, éste fue extendido un par de veces, a la espera de
que se concretara un acuerdo con el Fondo. Pero la decisión del gobierno
argentino de enviar una carta de intención unilateral a principios de junio,
complicó aún más las negociaciones. La misma estaba redactada en un tono poco
conciliador, reclamando un tratamiento más benigno para el pago de la deuda
-cuyo origen seguía cuestionándose-, estableciendo que las condiciones del
acuerdo no podrían ser incompatibles con los objetivos de crecimiento del país
y anticipando ciertas medidas expansivas reñidas con las propuestas del Fondo
(e.g., aumentos de salarios). Dicha carta no fue siquiera contestada por el
organismo internacional, lo cual tensó aún más las relaciones.
A
partir de allí, el gobierno intentó disminuir el grado de enfrentamiento con
los organismos multilaterales de crédito, a fin de obtener las mejores
condiciones de financiamiento posibles (4). Llegado el momento del vencimiento
de los intereses, a fines de junio, los bancos acreedores otorgaron una
facilidad de 125 millones de dólares con vencimiento a fin de setiembre, pero
bajo la condición de que se alcanzaría un acuerdo con el Fondo en el mes de
agosto.
En
consecuencia, el nuevo memorando enviado a ese organismo en setiembre de 1984
contó con un aval previo de sus propios técnicos (5). De todos modos, recién
fue aprobado en diciembre de ese año. El acuerdo, que duraría unos quince
meses, preveía un financiamiento de 1.419 millones de Derechos Especiales de
Giro, a desembolsarse en seis cuotas iguales siguiendo las periódicas
revisiones y aprobaciones por parte del Fondo de las metas establecidas (6).
Dichas
metas incluían: a) un mejoramiento de la balanza comercial, basado en una política
de promoción de las exportaciones y en la fijación del tipo de cambio en función
del balance de pagos; b) una evolución de las reservas internacionales de
acuerdo con las necesidades de financiamiento del país; c) una refinanciación
de los capitales adeudados, incluyendo un cronograma de pago de los intereses
atrasados; d) un tope al incremento del endeudamiento externo (4.500 millones de
dólares para 1984 y 1985 en conjunto); e) un compromiso formal de no
intensificar las restricciones a las transferencias externas y a las
importaciones, tratando de simplificar el sistema comercial y cambiario; f) una
reducción estricta del gasto público que apuntaba a reducir la tasa de inflación;
g) una mejora en los ingresos fiscales, especialmente, vía actualización e
incremento de las tarifas públicas; h) la fijación de los incrementos
salariales del sector público y privado sobre una escala de inflación
descendente; i) una política de control generalizado y flexible de precios, que
mantuviera la tasa de inflación por debajo del 300% anual; j) una política
monetaria restrictiva, aunque manteniendo un manejo flexible de la tasa de interés;
k) el establecimiento de un plazo perentorio para la renegociación de la deuda
externa con la banca acreedora y el Club de París (30 de junio de 1985).
Sobre
esta base, se obtuvo el primer desembolso en enero de 1985, el cual
habitualmente es incondicional y está vinculado meramente con la aprobación
del acuerdo por parte de las autoridades del Fondo. Junto con esto, dicho
organismo también concedió una cantidad de divisas en concepto de facilidad
compensatoria por caída de las exportaciones. No obstante, durante el mismo mes
se realizó la primera visita de la misión técnica del Fondo para comprobar el
cumplimiento de las metas durante el último trimestre del año anterior. A
pesar de que la mayoría de las variables estaban dentro de lo pautado, el
descontrol de la tasa inflacionaria hizo que la evaluación fuera negativa y que
se suspendiera el siguiente desembolso.
Por
último, cabe considerar las negociaciones con la banca comercial en este período.
La estrategia del gobierno respecto de los bancos acreedores consistía en
negociar un plan financiero global que permitiera obtener fondos frescos y
refinanciar todos los vencimientos del período 1982-1985 como parte del mismo
paquete. De ser posible, también se intentaría la postergación del préstamo
puente acordado bajo la administración anterior.
La
posición de los bancos, en cambio, distaba de coincidir con esta alternativa.
El comité de bancos pretendía el cumplimiento de las obligaciones contraídas
anteriormente. Además, la Argentina reclamaba un tratamiento más benévolo en
la negociación de las deudas viejas y un reconocimiento de responsabilidades
mutuas, ya que simultáneamente (en 1984) se estaba produciendo una suba
significativa de la tasa de interés internacional que perjudicaba a los
deudores pero que tenía su origen en cuestiones internas de los países sede de
los bancos (7).
Esto
coincidió con la inauguración de un nuevo foro donde los países en desarrollo
pudieran tratar la problemática de la deuda en su conjunto. En junio de 1984 se
reunieron los ministros y cancilleres de varios países latinoamericanos en
Cartagena, a fin de discutir los problemas de endeudamiento. Allí se abogó por
un tratamiento político del tema que permitiera encontrar una solución sobre
la base de responsabilidades y costos compartidos y se estableció un mecanismo
de diálogo permanente.
Para
ese entonces la Argentina consiguió un nuevo préstamo de la banca acreedora
por 125 millones de dólares (8). En el mismo se zanjaban, hasta cierto punto,
las diferencias: el gobierno se comprometía a firmar un acuerdo stand-by
con el Fondo Monetario Internacional en el mes de agosto y los acreedores
aceptaban renegociar todo el paquete de vencimientos de capital del período
1982-1985.
A
partir de este acuerdo se empezó a negociar el programa financiero. Las
discusiones giraron en torno al monto de dinero fresco que se concedería, al
mecanismo on-lending como forma de
asignación del crédito doméstico y a las condiciones para el pago de los
servicios de la deuda.
Luego
de largas negociaciones, a fines de 1984 se acordó el llamado "Plan
Financiero Argentino 1984-1985" (9) (ver Cuadro
11). En él se preveía un
financiamiento de 7.900 millones de dólares, con el que se contrarrestaría el
déficit previsto de la cuenta corriente del balance de pagos, se pagaría el préstamo
puente de 1982 y se haría frente al monto acumulado de atrasos; la cantidad
restante se destinaría a recomponer las reservas y a liquidar algunas deudas de
capital no refinanciables. El dinero sería aportado por varias instituciones:
4.200 millones de dólares provendrían de los bancos acreedores, el Fondo
aportaría 1.400 millones en Derechos Especiales de Giro, mientras que el Club
de París contribuiría con 700 millones, los organismos oficiales de crédito
con 1.000 millones y los bancos multilaterales de desarrollo con 600 millones.
No
obstante, las dificultades que enfrentó el programa económico implementado en
setiembre de ese año -diseñado, cabe recordar, según los lineamientos del
acuerdo stand-by al que se había
llegado con el Fondo- impidieron que este plan financiero se ejecutara como
estaba previsto. El recambio de funcionarios en la cartera de Economía a
principios de 1985 daría inicio a una nueva ronda de negociaciones.
NOTAS
Cf. García y Junco, 1987, p. 42.
Véase Tedesco, 1994, pp. 163-165.
Cf. Stiles, 1987, p. 66.
Véase Bouzas (ed.), 1988, pp. 37-42.
Véase Ministerio de Economía.
Véase García y Junco, 1987, pp. 45-46.
Véase Schvarzer, 1985.
Cf. García y Junco, 1987, p. 48.
Véase República Argentina, 1984.
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