Conclusiones
Una
conjunción de factores domésticos e internacionales, entre los que sobresalen
la internacionalización de la banca, los desequilibrios monetarios entre países
importadores y exportadores de petróleo y las políticas de los países
industrializados, llevaron a los países en desarrollo de mayores ingresos
-entre ellos, la Argentina- a incurrir en un fuerte endeudamiento externo
durante la segunda mitad de la década del setenta.
Una
vez desatada la crisis de la deuda en 1982, tanto el Banco Mundial como el Fondo
Monetario Internacional se vieron enfrentados a la tarea de redefinir sus
funciones y sus relaciones con los países endeudados.
Ante
la negativa de la banca comercial de seguir financiando a los países con
problemas, el Fondo se convirtió en el interlocutor e intermediario obligado
entre deudores y acreedores. Especialmente, entre 1982 y 1985 jugó un rol muy
importante como agente catalítico y coordinador de los paquetes de nuevos
recursos financieros y refinanciamiento de la deuda.
A partir de 1985 el Banco Mundial pasa al centro de la escena y su
asistencia a los países endeudados, acompañada de la correspondiente
condicionalidad, es un factor clave para entender las reformas económicas que
éstos encaran.
Como
se adelantó en las secciones precedentes, la relación con los organismos
financieros internacionales durante el gobierno de Alfonsín atravesó tres
etapas bien diferenciadas.
En
primer lugar, los dos primeros años estuvieron marcados por el intento del
gobierno argentino de resistir las demandas de esas instituciones y alterar
sustantivamente los parámetros fijados por ellas para la negociación
financiera del problema de la deuda de los países latinoamericanos.
La
segunda etapa, iniciada en 1985 a partir del cambio de Ministro de Economía
(Juan Vital Sourrouille reemplazó a Bernardo Grinspun), apuntó a normalizar
las relaciones con las agencias multilaterales de crédito y la banca acreedora
y a sentar las bases para una modificación progresiva y consensuada del
contenido de las negociaciones.
Por
último, el período que va desde 1987 hasta el fin del mandato de Alfonsín
estuvo caracterizado por la persistencia de condiciones críticas en el sector
externo y crecientes dificultades en el plano doméstico tanto en lo económico
como en lo político.
Estos
cambios, junto con la recuperación de la iniciativa por parte de los acreedores
y la profundización de la condicionalidad sobre el final del período, tornaron
la política económica cada vez más hacia el enfoque económico ortodoxo
pregonado por los organismos financieros internacionales y mostraron el
progresivo reconocimiento del gobierno de la inflexibilidad de los parámetros
de la negociación. A medida que avanzaba la década del ochenta, las crecientes
dificultades del gobierno de Alfonsín por manejar tanto la situación económica
doméstica como la relación con los actores externos dieron prueba de ello.
En
suma, el caso argentino demuestra que la resolución de la crisis de la deuda
estuvo determinada por la desigual distribución del poder de negociación entre
deudores y acreedores. Por eso, como señalan Tussie y Botzman: "Más allá
de la rigidez institucional, la preocupación fundamental del momento fue la de
evitar el colapso del sistema financiero internacional y no la de resolver la
crisis de financiamiento de los países endeudados sin comprometer el
crecimiento económico. Es más, desde el momento de la crisis de la deuda hasta
ahora [1989], las distintas estrategias ensayadas por las instituciones
multilaterales, los países desarrollados y la banca acreedora consistieron en
formas alternativas de garantizar un flujo permanente de capitales desde los países
endeudados" (1).
NOTA
Tussie y Botzman, 1989, p. 1.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.