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Comercio exterior argentino

El régimen de intercambios estipulado por el gobierno radical a partir de 1983 conservó algunos instrumentos implementados bajo el último gobierno militar y modificó otros. En principio, se realizó un ajuste en las normas referentes a las importaciones. Por el Decreto Nº 319 de diciembre de ese año, se establecieron tres listas de mercaderías de importación. La primera de ellas abarcaba bienes no esenciales, es decir, bienes de consumo e insumos producidos localmente y su importación quedaba prohibida hasta junio de 1984. La segunda lista abarcaba los bienes de capital e insumos industriales, cuya importación requería una aprobación por parte de la Secretaría de Comercio, la cual emitía a tal efecto los certificados llamados Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación, luego de una inspección previa de la Comisión Asesora Honoraria de Importaciones (1). La tercera lista comprendía las materias primas e insumos para la industria farmacéutica y bienes y equipos para el sector salud, los cuales estaban sujetos a una inspección del Ministerio de Salud y Acción Social. Los bienes que no estaban incluidos en ninguna de estas listas recibían automáticamente la Declaración Jurada de Necesidades de Importación (2).
    Por otra parte, las importaciones correspondientes a organismos públicos también estaban sujetas a este régimen. Además, para todas las importaciones se requería un financiamiento por un plazo mínimo de 180 días, excepto para los bienes de capital, para las cuales se requería el financiamiento del 85% a un plazo mínimo de un año cuando el valor FOB del bien importado no superase los 250 mil dólares; para valores superiores hasta los dos millones de dólares se extendía el plazo hasta cinco años; más allá de esa cifra debía consultarse al Banco Central. Asimismo, para todas las importaciones debía realizarse un depósito previo (equivalente al valor total FOB más los derechos de importación) para poder obtener el certificado de Declaración Jurada de Necesidades de Importación.
   
Junto con estas normas, también se restablecieron algunos gravámenes extra-arancelarios. Por ejemplo, en 1984 se fijó un gravamen del 12% sobre los fletes de transporte internacional marítimo y fluvial; al año siguiente se estableció la tasa de estadística del 3% y un gravamen del 0,5% sobre las importaciones que se destinaba al Fondo Nacional de Promoción de las Exportaciones; también a mediados de 1985, al momento de lanzarse el Plan Austral, se instrumentó un derecho transitorio del 10% sobre las importaciones que tenía objetivos fiscalistas.
   
Este régimen de intercambios se mantendría, en términos generales, hasta octubre de 1988, momento en el que el gobierno radical introdujo una serie de rectificaciones en el rumbo de su política económica (ver Cambios en el diagnóstico y la estrategia gubernamental).  Ellas incluyeron una reforma arancelaria que implicaba no sólo una disminución de la tarifa arancelaria sino también del número de posiciones sujetas al otorgamiento de Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación. Aún así, no se trataba de una apertura indiscriminada de la economía argentina.
   
Según las nuevas normas, las posiciones incluidas eran unas 1.057 y abarcaban bienes tales como: azúcar, bebidas alcohólicas, marroquinería, calzado, tejidos de fibras sintéticas y naturales, vestimentas, automotores, artefactos electrodomésticos, muebles, medicamentos, insumos farmoquímicos, etc. El arancel se redujo al 29% y se derogó el adicional del15% antes mencionado. En cuanto a los aranceles promedio, esta nueva estructura arancelaria los ubicaba en un máximo del 45% para instrumentos y aparatos de óptica, fotografía, de precisión, televisión y audio, 18% para los productos minerales; 22% para los productos químicos; 23% para el papel; 27% para los plásticos; 36% para los textiles y sus manufacturas, y 31% para el material de transporte (3).
   
Ahora bien, como puede observarse en los cuadros del Anexo Estadístico, la balanza comercial argentina fue superavitaria entre 1983 y 1989. El saldo positivo más alto se registra en el último de estos años y alcanza los 5.376.977 miles de dólares, mientras que el más bajo corresponde a 1987, con 542.342 miles de dólares (ver Cuadro 1).
   
En este período, más del 40% de las exportaciones argentinas tuvieron por destino cuatro países: Estados Unidos, Brasil, los Países Bajos y la URSS, con excepción del año 1986 en el que el porcentaje disminuyó al 34%. Otros destinos que concentraron el resto de las exportaciones fueron: la República Federal de Alemania, Chile, China, Irán, Italia, Bélgica, Japón, Uruguay, Cuba, España y Perú. Si el análisis se realiza agrupando los países de destino por continentes, se observa que Europa y América recibieron el grueso de las exportaciones argentinas (ver Cuadros 4 Y 5).
   
En cuanto a la procedencia de las importaciones argentinas, queda en evidencia que en el período en consideración el 45% de las mismas correspondió a tres países: Estados Unidos, Brasil y la República Federal de Alemania. El resto se repartía entre Italia, Bolivia, Francia, Japón, Bélgica, Australia, Chile, México, Uruguay, España y Suiza. Agrupando los países de procedencia por continentes, puede decirse que más del 50% de las importaciones argentinas provenían del continente americano (con excepción del año 1987, en el que el porcentaje fue un tanto menor) y un 35% de los países europeos, mientras que de Asia provenía el 10% de las importaciones y de Oceanía y África sólo el 1% en promedio (ver Cuadros 6 y 7).
   
En lo que respecta al continente americano en particular, se registran algunas tendencias importantes durante estos años. En primer lugar, se nota un descenso del 21% de las importaciones originadas en este continente en el año 1985; la cifra que éstas alcanzan (2.051 millones de dólares) es la más baja del período. En 1986 las importaciones crecieron un 23% y en 1987 un 11%. En este último año se registra el mayor valor de las importaciones procedentes de América: 2.802 millones de dólares. Los años 1988 y 1989 fueron de retroceso: las importaciones argentinas se redujeron 1% y 16%, respectivamente (4).
   
Cabe destacar que dentro de los intercambios con el resto del continente se destacan los efectuados dentro de la ALADI. Estos representaron el 63% de las importaciones argentinas desde el continente y el 33% del total mundial. Como variaciones importantes dentro de su comportamiento en el período en consideración, se observa que dichas importaciones aumentaron un 8% en 1987 y un 3% en 1988, año en el que alcanzaron el mayor valor: 1.775 millones de dólares. En 1989 bajaron abruptamente un 22% (5).
   
En el conjunto de países que conforman la ALADI, sobresalen Brasil como proveedor del 16% anual promedio de las importaciones totales de la Argentina entre 1984 y 1989, y en menor medida Bolivia, cuya participación en el total ha oscilado entre el 4% y el 10%. Por su parte, las importaciones de Chile registraron un 3% promedio, mientras que las de México y Uruguay representaron el 2% sobre el total importado. En cuanto a Estados Unidos, siguiendo una tendencia de larga data, aportó un porcentaje importante de las importaciones de la Argentina. En 1984 ingresaban productos procedentes de ese país por 847 millones de dólares, cifra que cayó a 694 millones de dólares el año siguiente. Este fue el menor monto del período, aunque equivalía al 18% de las importaciones totales argentinas. En 1986 se produce un alza que alcanza el mayor valor del período en 1987: 951 millones de dólares, equivalente al 16% de las importaciones argentinas totales. El período cierra con cifras menores aunque igualmente significativas sobre el total: el valor de las importaciones de Estados Unidos en 1989 fue de 892 millones de dólares, lo cual representó el 21% de las importaciones argentinas mundiales (6). De este modo, Estados Unidos fue el principal proveedor de bienes durante todo el período en consideración, con excepción del año 1988 en el que Brasil ocupó ese lugar.
   
Respecto de las exportaciones argentinas al resto del continente americano, el período comienza registrando un crecimiento del 11% entre 1984 y 1985, para pasar a una caída del 12% en 1986. En 1987 se produce nuevamente una baja, esta vez del 2%, paralela con la que se produce en las exportaciones totales. Es en este año en el que se alcanza el valor mínimo del período (2.517 millones de dólares). A partir de allí, las ventas hacia países del continente americano vuelven a subir un 34% en 1988 y un 17% en 1989 (7).
   
Dentro del continente sobresalen, como receptores de las exportaciones argentinas, los países de la ALADI y los Estados Unidos. En el primer caso, las ventas hacia ese grupo de países crecieron 7% durante 1985 y 5% durante el año siguiente. En 1987 bajaron un 16%, alcanzando el mínimo valor del período (1.314 millones de dólares), aunque éste equivalía al 52% de las exportaciones totales hacia el continente americano y el 21% de las exportaciones totales a nivel mundial. En 1988 y 1989 se registran importantes incrementos, del 34% y 36% respectivamente. Durante el último de esos años se alcanzó el máximo valor del período (2.399 millones de dólares), equivalente al 61% del total de las exportaciones argentinas al continente americano y el 25% de las exportaciones totales mundiales (8).
   
Cabe destacar que, según la misma fuente, a lo largo de estos años dentro de la ALADI Brasil fue el principal comprador de productos argentinos ya que adquirió anualmente, en promedio, el 40% de las exportaciones a esa zona, es decir, el 22% de lo vendido al continente americano y entre el 6% y el 12% de lo destinado hacia todo el mundo. México ocupó el segundo lugar dentro de las exportaciones a la ALADI en 1985 y 1986, recibiendo el 12% y el 7% respectivamente del total que iba a esa zona, mientras que dicho segundo lugar pasó a Chile en 1988 y 1989, país que adquiría entonces el 15% de ese total. Por su parte, las exportaciones a Perú mostraron un comportamiento estable a lo largo de estos años, ubicándose en un promedio del 10% de lo vendido a la ALADI. La misma cifra se registra como promedio de lo comerciado con Uruguay entre 1986 y 1989, y es cercana a la correspondiente a Venezuela en 1984 (8%) y a Colombia en 1985 (9%).
   
Respecto de Estados Unidos, fue receptor del 33% de las exportaciones argentinas al continente americano y del 12% del total mundial de éstas. La tendencia que las mismas siguieron fue alcista entre 1984 y 1985 (17%) y declinante en 1986 (31%). En este último año se registra el menor monto exportado a ese país: 706 millones de dólares. En los años siguientes los intercambios se recuperan, registrándose un incremento del 32% en 1987 y del 31% en 1988. Este último año se alcanzó el valor máximo del período (1.217 millones de dólares), equivalente al 36% de las exportaciones argentinas al continente americano y al 13% del total exportado al mundo en su conjunto.
   
En lo que hace a la composición de los intercambios, a lo largo del período en consideración la Argentina exportó principalmente productos primarios (sobre todo, cereales, semillas y oleaginosas). No obstante, la importancia de este tipo de bienes disminuyó a través del tiempo, ya que pasó de representar el 46% del total de las exportaciones en 1984 al 21% en 1989. A su vez, la participación de los productos manufactureros de origen agropecuario (especialmente, aceites, derivados de industrias alimenticias y carnes) creció del 36% al comienzo del período al 43% en 1989. Asimismo, aumentaron también las exportaciones de manufacturas de origen industrial, desde un 18% sobre el total en 1984 a un 36% en 1989 (9).
   
Respecto de las importaciones, según la misma fuente su composición estuvo determinada básicamente por materias primas, insumos y bienes intermedios para las industrias siderúrgica, química, metalúrgica y del plástico, los cuales concentraron alrededor del 50% (promedio anual) de las importaciones totales durante el lapso 1984-1989. Dentro de estos grandes rubros se destacan, en particular, las importaciones de desbastes, rollos para chapas de hierro y acero; en el caso de las materias primas e insumos sobresalen el óxido de aluminio calcinado, minerales de hierro, cobre refinado, dentro del rubro de alimentos, el café sin tostar, y en el caso de las sustancias químicas, el dióxido de titanio y el carbonato de sodio impuro. A las importaciones de insumos les siguieron, en orden de importancia, las de bienes de capital y de partes y piezas de otros bienes; las primeras representaron entre el 13% y el 18% del total anual en el lapso 1984-1989 y las segundas, entre el 17% y el 21%. Dentro del primer rubro sobresalen las importaciones de máquinas automáticas para procesamiento de datos, máquinas para la industria textil, del cuero, del caucho y del plástico. También se importaron todo tipo de barcos, cosechadoras automáticas, compresores, instrumentos de medición, comprobación y análisis, etc. En el segundo caso, las importaciones de partes y piezas se concentraron en las correspondientes a vehículos y, en menor medida, partes de máquinas para procesamiento automático de la información, de motores de explosión y de combustión interna y de turbinas de gas.
   
Acerca de la importación de combustibles, se observa que representó un promedio anual de 473 millones de dólares durante el período en consideración. El primer lugar le correspondió al gas de petróleo, del cual se importó un volumen promedio de 2 millones de toneladas anuales; a este le siguen las importaciones de fueloil y gasoil, las que comenzaron a ser significativas a partir del año 1987 (10).

  1. Para las importaciones de bienes comprendidos en los acuerdos de la ALADI y el CAUCE (el Convenio Argentino-Uruguayo de Cooperación Económica) no se requería la realización de estos trámites.

  2. Para mayor detalle, ver Lucángeli, 1989.

  3. Idem, p. 48.

  4. Cf. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1991, p. 63.

  5. Ibidem.

  6. Ibidem.

  7. Cf. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1991, p. 56.

  8. Ibidem.

  9. Cf. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1991, p. 41.

  10. Idem, p. 47.

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