Sección 2: Comercio regional e integración económica
El renacimiento de la integración
Antecedentes
En
los años ochenta el proceso de integración en el Cono Sur de Latinoamérica
cobra nuevo y renovado impulso en virtud de los acuerdos alcanzados por los
gobiernos democráticos de Argentina y Brasil. No obstante, este acercamiento se
asentaba en ciertos acontecimientos que habían ido limando las asperezas y las
desconfianzas mutuas que históricamente caracterizaron la relación bilateral.
En
ese sentido, un hito importante de ese camino cooperativo fue la firma del
Acuerdo Tripartito Argentina-Brasil-Paraguay a fines de 1979, por el cual se
acordaron ciertas normas para el aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos
del río Paraná y el avance de los proyectos de las represas de Itaipú y
Corpus. Además, en 1980 se firmó un convenio argentino-brasileño sobre
cooperación nuclear muy amplio y dos años más tarde estos entendimientos
pasaron una difícil prueba en ocasión de la Guerra de las Malvinas. Brasil
adoptó en esa oportunidad una actitud solidaria para con la Argentina y esto
sirvió para confirmar la voluntad cooperativa que estaba imponiéndose (1).
De
todos modos, si bien durante los años setenta los intercambios comerciales
entre Argentina y Brasil crecieron en forma significativa, seguían mostrando un
balance deficitario para el primer país reforzado, en la segunda mitad de esa década,
por el ingreso masivo de productos manufacturados brasileños que aprovechaban
la política aperturista argentina. Por eso los gobiernos de Sarney y Alfonsín
consideraron propicio aunar voluntades para lograr un intercambio más
equilibrado que permitiera a las dos economías insertarse competitivamente en
el nuevo contexto internacional.
El
cambio de régimen coadyuvó a esta iniciativa, en el sentido de que los
Ejecutivos de ambos países coincidieron en utilizar los acuerdos como una
plataforma desde la cual defender el retorno a la democracia en los dos países.
Desde entonces, el ingreso y permanencia de otros miembros al mercado común
estuvo ligado al respeto por las reglas de juego democráticas. Asimismo,
asumieron que Argentina y Brasil tenían un rol clave que cumplir en la región,
ya que por el peso relativo de sus economías y por la convergencia de sus políticas
podían generar un efecto de arrastre que dinamizara el comercio intra-regional
e impulsara un proceso más sólido que los anteriores de integración a nivel
multilateral.
NOTA
Ver Hirst, 1990.
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