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El renacimiento de la integración

La iniciativa

Un primer paso de la nueva etapa hacia la integración económica en el Cono Sur estuvo dado por la reunión de los presidentes de Argentina y Uruguay en la ciudad de Colonia (Uruguay) el 18 de mayo de 1985. Allí se decidió la creación del llamado Consejo Ministerial Argentino-Uruguayo de Coordinación y Consulta, el cual tenía la función de promover la integración económica y social bilateral. Al mismo tiempo, se firmó allí el Acta de Colonia, documento que sentaba las bases para dicha integración. Entre dichas bases, se encontraban los lineamientos contenidos en el Convenio Argentino-Uruguayo de Cooperación Económica (CAUCE), firmado entre ambos países el 20 de agosto de 1974, y varios otros documentos que habían dado forma a los esfuerzos de cooperación y coordinación de políticas entre Argentina y Uruguay en los años precedentes.
   
Además, el Acta de Colonia preveía que la Argentina desgravara totalmente la importación de productos uruguayos hasta un cinco por ciento de la producción argentina respectiva; en el caso de productos considerados “sensibles”, se desgravaría totalmente los insumos, con un límite inicial mínimo del 2,5 por ciento de la producción argentina respectiva. A su vez, Uruguay desgravaría totalmente los bienes de capital y productos industriales originarios y procedentes de la Argentina, exceptuando aquellos que representaran más del 30% de las importaciones totales uruguayas, y podría declarar como sensibles a los productos industriales de origen nacional y reducir, en ese caso, las concesiones otorgadas (1).
   
Por otra parte, a fines de ese mismo año de 1985 los presidentes de Argentina y Brasil firmaron el Acta de Iguazú, documento que formalizó la política de entendimiento que se venía gestando. A partir de allí, se diseñaron instrumentos que permitieran concretar la iniciativa. En particular, durante los años subsiguientes se firmaron un conjunto de protocolos con el fin de ir avanzando en un amplio acuerdo económico-comercial. Los objetivos que impulsaban estos pasos estaban relacionados con la búsqueda de nuevas oportunidades de modernización tecnológica, de mayor eficiencia en la asignación de recursos en las dos economías y de crecimiento económico en sentido amplio. Estos acuerdos condujeron a la firma del Programa de Integración y Cooperación Económica (PICE), realizada en Buenos Aires en junio de 1986.
   
Los objetivos de corto plazo de este programa incluían la reducción de los desequilibrios comerciales bilaterales y la recuperación del nivel de intercambios previo a la crisis externa de los años ochenta. En el largo plazo, se proponía fomentar la existencia de vínculos económicos estrechos entre Brasil y Argentina. En cuanto a los procedimientos, el programa privilegiaba la utilización de mecanismos graduales, flexibles y selectivos para promover el comercio intraindustrial y una expansión equilibrada del comercio bilateral. Es decir, implicaba un proceso gradual de integración, con etapas anuales de definición, negociación y evaluación, en el marco de negociaciones flexibles que permitieran ajustar su alcance, ritmo y objetivos. Se trataba de un programa con distintos estadios que preveía la armonización de las políticas de ambos países, a fin de garantizar el éxito y la credibilidad del proyecto en su conjunto. Asimismo, se intentaba fomentar un intercambio comercial equilibrado que llevara a ambas economías hacia una especialización en sectores específicos y que estimulara la integración intrasectorial.
   
En un principio, el acuerdo se plasmó en la firma de una docena de protocolos que atendían a aspectos específicos del comercio y la cooperación bilateral, muchos de ellos complementarios entre sí (2).
   
El Protocolo Nº 1 establecía una unión aduanera entre ambos países para el comercio de bienes de capital. Es decir, sobre una lista común acordada regiría un arancel cero y ninguna traba no arancelaria, mientras que para terceros países se fijaría un arancel externo común. Se intentaba que el comercio en este sector se expandiera de forma equilibrada y que las políticas que ambos países aplicaran fueran simétricas.
   
El Protocolo Nº 2 fijaba un compromiso para Brasil de adquirir volúmenes mínimos pero crecientes de trigo de Argentina.
   
El Protocolo Nº 3 creaba un grupo de trabajo que se encargaría de definir un conjunto de productos alimenticios cuyo abastecimiento en un país podría ser complementado con la producción del otro, a los efectos de garantizar la seguridad alimentaria de ambos. Dicho grupo también se encargaría de hacer recomendaciones para la gradual armonización de políticas sobre producción, almacenamiento, transporte y distribución de tales alimentos.
   
El Protocolo Nº 4 sugería actualizar y renegociar los compromisos contraídos por ambos países en el marco de la ALADI, teniendo como objetivo la expansión del comercio.
   
El Protocolo Nº 5 se refería a la elaboración de un proyecto de estatuto de empresas binacionales que pudieran conformarse.
   
El Protocolo Nº 6 estipulaba que los bancos centrales de ambos países debían ajustar las condiciones técnicas y operativas, de modo de hacer más eficientes los mecanismos financieros recíprocos.
   
El Protocolo Nº 7 fomentaba la creación de un fondo de inversión dirigido especialmente al sector de bienes de capital y al posible desarrollo de empresas binacionales.
   
El Protocolo Nº 8 recomendaba la realización de estudios técnicos para la venta de gas natural a Brasil por parte de la Argentina y para la participación conjunta en programas de exploración y explotación de petróleo en territorio argentino.
   
El Protocolo Nº 9 creaba el Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología con el fin de impulsar el desarrollo de esta área científica en forma conjunta.
   
El Protocolo Nº 10 creaba el Centro Argentino-Brasileño de Altos Estudios Económicos, el cual debía contribuir al desarrollo de un pensamiento homogéneo respecto del futuro mercado común.
   
El Protocolo Nº 11 garantizaba el acceso a información inmediata y asistencia recíproca en casos de accidentes nucleares y emergencias radiológicas.
   
El Protocolo Nº 12, referente a la cooperación en el campo de la industria aeronáutica promovía, entre otras cosas, la fabricación de partes de aviones brasileños en Córdoba. 
   
A estos protocolos se sumaron luego otros, firmados por los presidentes Alfonsín y Sarney el 10 de diciembre de 1986. Se trataba de unos dieciocho documentos, la mayoría de los cuales avanzaba sobre las materias tratadas por los protocolos anteriores y el resto estipulaba normas para la cooperación bilateral en materia de siderurgia, transportes, comunicaciones, política nuclear y de defensa.
   
El Protocolo Nº 1 insistía en la expansión equilibrada del comercio de bienes de capital sobre la base de una lista común de productos y fomentaba el aumento de la capacidad instalada y el desarrollo tecnológico en este sector, alentado por una armonización gradual de las políticas de ambos países en esta materia.
   
El Protocolo Nº 2 preveía la provisión de 900.000 toneladas de trigo argentino a Brasil y dejaba establecidas las partidas, precios, embarques, etc.
   
El Protocolo Nº 3 reforzaba la complementación de abastecimiento alimentario, sobre todo en situaciones de emergencia coyuntural.
   
El Protocolo Nº 4 se refería a la expansión y diversificación del comercio bilateral.
   
El Protocolo Nº 5 creaba una comisión para estudiar la normativa en ambos países referente a empresas binacionales.
   
El Protocolo Nº 6 extendía los acuerdos financieros previos a fin de viabilizar las relaciones comerciales y contrarrestar posibles desequilibrios mediante un acuerdo interbancario.
   
El Protocolo Nº 7 promovía la realización de aportes equivalentes en derechos especiales de giro a 200 millones de dólares para la creación de un fondo de inversiones.
   
El Protocolo Nº 8 fomentaba la cooperación en materia energética, por ejemplo, mediante un acuerdo entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Gas del Estado y Petrobrás para la exploración y explotación de hidrocarburos en áreas de interés recíproco.
   
El Protocolo Nº 9 reforzaba lo acordado en el área de biotecnología, definiendo la construcción y las normas de funcionamiento del Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología.
   
El Protocolo Nº 10, referente a los estudios económicos, promovía la publicación y difusión de análisis sobre ambas economías.
   
El Protocolo Nº 11 preveía la implementación de un sistema de información sobre accidentes nucleares, radioprotección y seguridad nuclear, al tiempo que promovía la cooperación para el desarrollo de un proyecto binacional para la construcción de un reactor super-regenerador.
   
El Protocolo Nº 12 estaba referido a la cooperación aeronáutica.
   
El Protocolo Nº 13 propiciaba la expansión del intercambio bilateral de insumos y productos siderúrgicos.
   
El Protocolo Nº 14, referente a transporte terrestre, proponía la simplificación y adecuación de los mecanismos operativos de intercambio de mercaderías y el establecimiento de nuevas normas de tránsito de pasajeros y mercancías.
   
El Protocolo Nº 15, sobre transporte marítimo, intentaba mejorar las condiciones del flete bilateral.
   
El Protocolo Nº 16 establecía un programa de cooperación en el área de comunicaciones.
   
El Protocolo Nº 17 promovía la cooperación en materia nuclear a través de diversas actividades conjuntas.
   
El Protocolo Nº 19 sugería la creación de un sistema informativo para conocimiento exhaustivo en el ámbito militar y el fomento de actividades conjuntas en producción para la defensa.

  1. Ver Broder, 1988, cap. 2.

  2. Para mayor detalle sobre los protocolos, ver Broder, 1988, Apéndice.

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