Sección 2: Comercio regional e integración económica
Conclusiones
El
comercio exterior de los países latinoamericanos en general y de la Argentina
en particular reflejó, como otras dimensiones económicas, las tendencias
negativas que agobiaban a sus economías en los años ochenta. No sólo cayó el
volumen de los bienes comerciados, sino también los términos de intercambio.
Aun así, fue a mediados de esta década cuando Argentina y Brasil decidieron
impulsar una nueva experiencia de integración económica que en pocos años ha
avanzado hacia el establecimiento de un mercado común. Este hecho se destaca
como el rasgo más sobresaliente de las relaciones comerciales externas de la
Argentina desde el retorno a la democracia.
Esta
nueva etapa de integración económica subregional iniciada en los años ochenta
ha traído aparejados algunos cambios respecto de las experiencias previas. Por
un lado, clausuró definitivamente una historia de desencuentros y competencia
entre Argentina y Brasil y dio paso a una etapa de cooperación mutuamente
beneficiosa que fomenta el desarrollo de intereses político-económicos
comunes. Por otro, la orientación del proceso económico es radicalmente
diferente: lejos de incentivar una dinámica “hacia adentro” del bloque, en
el sentido de promover la liberalización comercial entre los países miembros
acompañada de una alta protección del mercado interno, tal como se buscaba
durante la etapa de sustitución de importaciones, se promovió una modalidad
“hacia fuera” que aprovechara las potenciales complementariedades de las dos
economías y redundara en una inserción competitiva en los mercados
internacionales.
Los
logros, dificultades y demoras que el proceso de integración atravesó durante
los primeros años de su implementación están ligados, por un lado, con el
tipo de enfoque e instrumentos escogidos por las élites gubernamentales. Las
negociaciones dentro de los protocolos sectoriales, en pos de acuerdos graduales
y progresivamente más extensivos, se tornaron cada vez más complicadas y
lentas. Por otro lado, el empeoramiento de las variables macroeconómicas en
ambos países y el agravamiento de la crisis económica jugó en contra de un
avance más rápido y eficaz en términos de la concreción de una zona de libre
comercio ampliada.
En
consecuencia, a fines de la década del ochenta las numerosas expectativas
positivas que se habían depositado en el programa de integración no se
hallaban del todo satisfechas. El proceso se hallaba en un impasse
complicado por circunstancias políticas y económicas internas de los países
intervinientes. Los años noventa verán a la cooperación bilateral ampliarse
para incorporar otros socios y cobrar nuevo impulso y nuevas características.
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