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Movimientos de capital en la Argentina

Los rasgos generales  

La Argentina no fue ajena a los vaivenes de las corrientes de capital antes mencionados. Durante la década del ochenta vivió las mismas restricciones que el resto de los países latinoamericanos (ver Cuadros 1, 2, 5 y 6). El comportamiento de las corrientes de capital durante esos años estuvo determinado, fundamentalmente, por el aumento de las tasas de interés internacionales y por el racionamiento del crédito externo. Estos factores influyeron de manera notable en la situación del sector externo. Fue necesario generar cuantiosos superávits comerciales para compensar el creciente déficit financiero. Entre 1982 y 1990 se generaron saldos de comercio positivos por valor de 33.850 millones de dólares, lo que equivalía a una transferencia de recursos al exterior de alrededor del 3.5% del producto bruto interno de cada año (1). Pero el aumento del déficit en la cuenta de servicios financieros continuó y no pudo ser compensado ni siquiera con la reducción del consumo y la inversión. El desequilibrio externo afectó la economía en su totalidad, en el marco de una persistente crisis macroeconómica, fiscal y financiera.
   
Además, el aporte de capitales de origen autónomo fue negativo durante los ochenta. Más allá de la necesidad de financiamiento de la cuenta corriente antes mencionada, hubo una salida de capitales del orden de los 5.076 millones de dólares. Al respecto es necesario diferenciar entre sector privado y público: las cuentas del sector privado muestran una salida neta de 12.079 millones de dólares, mientras que las del sector público son positivas, equivalentes a 7.003 millones de dólares (2). Es decir, entre 1982 y 1990 el sector privado tuvo un rol netamente contractivo, mientras que el sector público tuvo a su cargo la función de conseguir el financiamiento que cubriría la brecha externa.
   
No obstante, el racionamiento del crédito externo arriba mencionado impedía obtener dicho financiamiento de fuentes voluntarias. Por eso, durante este período se recurrió especialmente a los fondos compensatorios. Este recurso, junto con la persistente salida de capitales privados, afectaron notablemente la estabilidad macroeconómica y también la estructura financiera. Cuanto menor era el monto de fondos compensatorios obtenidos, mayor era el superávit comercial necesario para cerrar la brecha externa y, por lo tanto, mayor era el tipo de cambio real "de equilibrio". Ello realimentaba las expectativas de devaluación que se traducían en mayor incertidumbre y presión sobre la tasa de inflación y las tasas de interés nominales. Además, la constante fuga de capitales privados tuvo, como contrapartida, una reducción del tamaño del sistema financiero interno y se vislumbraron con fuerza las tendencias hacia la desmonetización y dolarización de la economía.
   
A ello debe sumarse otro factor de inestabilidad económica durante los ochenta: la extrema fragilidad financiera del sector público. La crisis de la deuda generó un creciente deterioro financiero de las cuentas públicas (3). Los planes de estabilización implementados fueron insuficientes para conjurar todas estas dificultades. A continuación se analizan en detalle estas tendencias.

  1. Fanelli y Machinea, 1995, p. 152.

  2. Cf. Fanelli y Machinea, 1995, p. 153.

  3. Sobre estos fenómenos, véase Damill et al., 1989.

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