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Movimientos de capital en la Argentina

Características y evolución de los flujos de capital

Tal como se acaba de mencionar, en el contexto de una seria crisis económica originada por el problema de la deuda externa y el fracaso del modelo de liberalización económica implementado desde la segunda mitad de los setenta por el último gobierno militar, los primeros años de la década del ochenta se caracterizaron, según la expresión de Damill et al., por un "ajuste caótico". Este proceso estuvo signado por una fuga masiva de capitales privados, un extremo racionamiento del crédito externo y crecientes dificultades del Estado para acceder a nuevo financiamiento de los organismos multilaterales de crédito (ver Cuadro 7).
   
Recién a partir de la implementación del Plan Austral en 1985 se produce una incipiente reversión del fenómeno de fuga de capitales privados y se crean las condiciones para que años más tarde se intensifique este cambio. A fin de analizar dicha evolución, es necesario examinar lo ocurrido con los diferentes rubros que conforman la cuenta de capital.
   
Si se comparan las fuentes de demanda y de oferta de fondos prestables del exterior surge, a nivel agregado, que la Argentina tuvo una demanda neta de fondos externos por valor de 12.507 millones de dólares entre 1985 y 1990. De ese monto, 9.125 millones eran necesarios para cubrir el desequilibrio de la cuenta corriente y 3.382 millones se requerían para financiar la acumulación de reservas (1). En principio, esta demanda de fondos debía ser cubierta por la oferta de capitales autónomos (o de mercado) y de capitales compensatorios. Pero, como se mencionó anteriormente, el aporte de financiamiento de los capitales autónomos fue negativo (2). En consecuencia, ya sea vía amortización de deuda o vía compra de activos externos, la demanda global de fondos prestables del resto del mundo durante el segundo quinquenio de los ochenta se elevó a 17.700 millones de dólares, es decir, un promedio de 2.950 millones por año (3).
   
Dicha demanda anual de financiamiento externo fue cubierta por varias fuentes. En primer lugar, cabe destacar el carácter marginal de la contribución del Fondo Monetario Internacional (186 millones de dólares anuales promedio), a pesar de la influencia que las negociaciones con ese organismo tuvieron en la determinación de la política económica de la administración radical. De hecho, el Fondo comprometió un fuerte apoyo al Plan Austral entre 1985 y 1987; de allí en más, se dedicó a recaudar las amortizaciones, independientemente del estado de la liquidez externa de la economía argentina.
   
En contraposición, sobresale el aporte -tanto en magnitud como en distribución temporal de los desembolsos- realizado por los acreedores nucleados en el Club de París (ver detalle en el Cuadro 6). Esta institución concedió crédito neto por 804 millones de dólares anuales en promedio, realizando los mayores aportes en el momento del lanzamiento del Plan Austral y durante los episodios hiperinflacionarios ocurridos hacia el final del mandato de Alfonsín. Otra fuente importante de financiamiento compensatorio se obtuvo mediante la colocación de Bonos Externos (Bonex). El total de recursos captados mediante este instrumento fue de 436 millones de dólares anuales en promedio  (ver Cuadro 6). El pico más alto de la serie se ubica en el año 1989, cuando se utilizó este financiamiento para la reconversión de la deuda doméstica en deuda externa, en el marco del llamado "Plan Bonex".
   
De todos modos, mediante estas fuentes y otras menores no se pudo equilibrar las cuentas externas. Por eso es que durante esos años aparece otro rubro que de alguna manera sirve para "financiar" los desequilibrios: los atrasos en los pagos a los acreedores (ver Cuadro 4). Entre 1985 y 1991 la Argentina incurrió en atrasos en sus pagos al exterior en forma sistemática, por un monto de alrededor de 601 millones de dólares anuales, excepto en 1987, año en que la cifra se reduce porque la renegociación global llevada a cabo ese año permitió regularizar un tanto la situación. Pero a partir de 1988 se comenzaron a acumular nuevamente documentos impagos, ya que la fuerte reducción del saldo comercial no permitió cumplir con los términos de la renegociación del año anterior.
   
Ahora bien, a pesar de que la cuenta de capitales autónomos muestra un saldo negativo en todo el período, a nivel más desagregado se observa que este hecho fue el resultado de comportamientos opuestos de los diferentes ítems que la componen. Por ejemplo, uno de los rubros que influyó negativamente de manera notable fue el financiamiento del comercio exterior. En el sexenio en consideración, egresaron capitales por ese concepto por un monto de 4.313 millones de dólares (4). El financiamiento de las importaciones registra valores sistemáticamente negativos, con excepción de los dos últimos años. Este es un aspecto llamativo ya que, dado que el financiamiento de las compras externas se calcula como la diferencia entre el valor de los ingresos de bienes y los pagos efectuados, cabe esperar que los flujos de capital sean positivos en períodos de expansión de las importaciones y negativos en época de contracción. No obstante, incluso en períodos de aumento de las compras externas, como fue el bienio 1986-1987, el financiamiento se redujo. Puede especularse que existió entonces fuga de capitales, canalizada a través de operaciones que aparecen registradas como relativas a las transacciones comerciales o a su financiamiento.
   
De acuerdo con la misma fuente, el ítem correspondiente a préstamos a las empresas privadas también fue deficitario, arrojando un saldo negativo de 2.241 millones de dólares. Esto parece haber sido el resultado, en gran medida, de los esquemas que favorecieron la amortización anticipada de deuda de esas empresas en condiciones concesionales. Asimismo, el rubro "otros" también muestra un desbalance de 5.615 millones de dólares, aunque esta cifra incluye algunas correcciones contables correspondientes a la aplicación del Plan Bonex y otras operaciones de consolidación de deuda.
   
Los ítems que muestran un comportamiento opuesto, es decir, que evidencian un saldo positivo, son la cuenta de préstamos al gobierno, con un saldo de 428 millones de dólares y, especialmente, la cuenta de inversión externa directa, que arrojó un balance positivo de 5.685 millones de dólares. Esta última es la cuenta que adquiere mayor importancia hacia finales de la década como fuente para cubrir las necesidades de divisas de la economía. Su saldo aumentó a medida que se empezaron a implementar los programas de capitalización de deuda desde 1984 en adelante (ver Inversiones extranjeras y capitalización de deuda) y, más tarde, los programas de privatizaciones, que se aplicaron en forma integral recién durante la administración siguiente.

  1. Cf. Fanelli y Damill, 1993, p. 9.

  2. Según la misma fuente, el egreso neto de fondos fue de 5.193 millones de dólares entre 1985 y 1990.

  3. Cf. Fanelli y Damill, 1993, p. 10.

  4. Cf. Ibidem, Cuadro 3, p. 13.

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