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Movimientos de capital en la Argentina

La política económica del gobierno radical en relación a los flujos de capital

En lo que hace a instrumentos de política económica utilizados, el rasgo más relevante del período radical lo constituye el Plan Austral, un programa económico de corte heterodoxo diseñado e implementado en 1985 por un grupo de renombrados economistas que hasta entonces se habían desempeñado en la Secretaría de Planificación. Suele decirse que con este plan finalizó el proceso de ajuste caótico que caracterizó los primeros años de la década del ochenta, ya que introdujo una serie de medidas integrales que afectan tanto los aspectos domésticos como externos -incluidos los flujos de capital- de las relaciones económicas.
   
Paralelamente con la implementación del Plan Austral se renegociaron en forma completa los compromisos externos y se produjo una incipiente reversión del fenómeno de fuga de capitales privados. En gran medida, los factores de dinamismo que actuaron para producir tal reversión en los flujos de capital son los mismos que continuaron actuando en los noventa para que esa tendencia se diera con mayor intensidad.
   
Uno de los factores que suelen gravitar en la generación de un flujo positivo de capitales es la reducción del llamado "riesgo país". En general, las variaciones del riesgo país están íntimamente ligadas a la evolución de la estabilidad macroeconómica. Por eso es que puede observarse que su nivel tiende a disminuir en períodos de relativa estabilidad, como en el primer año y medio de implementación del Plan Austral, y a aumentar en los períodos de fuertes desequilibrios, como fue el primer quinquenio de los ochenta y el período que va de la moratoria de pagos externos (primer trimestre de 1988) a la hiperinflación de 1989.
   
La gravitación de este factor aumenta en relación con los instrumentos de política económica utilizados por el gobierno. Para el agente poseedor de activos (físicos o financieros) en la economía doméstica, el riesgo país es un riesgo sistemático o de mercado y, por lo tanto, no es diversificable. La única manera de evitarlo es "abandonar" dicha economía vía la colocación de la riqueza en activos externos. Desde este punto de vista, la fuga de capitales y el racionamiento del crédito externo por parte de los bancos extranjeros pueden ser vistos como conductas defensivas ante la existencia de un riesgo contra el cual no es posible cubrirse. Además, desde el punto de vista de las colocaciones financieras, una de las formas más directas en que la inestabilidad macroeconómica afecta a los portafolios es a través de las devaluaciones no anticipadas. Ellas producen el efecto de licuar el valor real de los activos denominados en pesos, al acelerar la inflación, y aumentar la morosidad de las carteras en dólares o en pesos, al producir fuertes cambios en los precios relativos en un marco recesivo. Así, un plan de estabilización relativamente exitoso -como fue el Plan Austral- permite acotar el margen de error en la formación de expectativas y tiende a producir efectos beneficiosos sobre la evolución del flujo de capitales.
   
En términos generales, en la Argentina se han encarado diversos intentos de estabilización a lo largo de las últimas décadas que, utilizando un esquema de tipo de cambio fijo o de devaluaciones pautadas y distintas versiones del enfoque monetario del balance de pagos, dieron lugar a rápidos ingresos de capitales de corto plazo. Estos tendieron a favorecer la remonetización de la economía y al mismo tiempo generaron distorsiones cambiarias y de precios relativos que llevaron a marcados incrementos de la absorción doméstica. Pasada la etapa inicial de estos planes, la reversión de dichos flujos de capitales de corto plazo tendió a agravar las dificultades del sector externo y del sistema monetario, conduciendo a menudo a devaluaciones abruptas y reducciones excesivas de los niveles de absorción (1). 
   
En lo que respecta al Plan Austral, es importante analizar en detalle sus efectos durante la etapa de implementación más o menos continua en la que en gran medida mantuvo su diseño original, esto es, entre junio de 1985 y octubre de 1987. Como ya se ha mencionado, se trató de un plan heterodoxo en la medida en que combinaba medidas de tal tipo, como el congelamiento de precios y salarios, la desindexación de la economía y la creación de una nueva moneda para borrar la memoria inflacionaria colectiva, con otras de corte ortodoxo, que apuntaban a resolver los problemas estructurales de la economía como, por ejemplo, un excesivo gasto público, la emisión espúrea de moneda, el proteccionismo y los subsidios. En cuanto a la política cambiaria, se fijó la paridad temporaria de la moneda doméstica con el dólar y luego, junto con una flexibilización del congelamiento de precios, se pusieron en práctica devaluaciones periódicas, tratando de adaptar la tasa de devaluación a la de inflación doméstica (2).
   
La evolución temporal de la entrada y salida de capitales privados durante el período de auge del plan muestra un incremento en el flujo de ingreso, aunque en general se trató de movimientos especulativos de corto plazo que aprovecharon el diferencial de tasas de interés mientras duró la credibilidad en la política cambiaria y se retiraron apenas ésta se deterioró. Así, entre junio de 1985 y marzo de 1987 sólo hubo un trimestre en el que el flujo de capitales fue negativo.
   
No obstante, al momento de lanzarse el Plan Austral existía un déficit en la cuenta corriente que mantuvo su magnitud incluso durante la etapa de entrada de capitales. Ello se debió a que el peso de los intereses externos originados por la crisis de la deuda había convertido en estructural el déficit en cuenta corriente. Esto produjo como resultado, por un lado, de que la credibilidad de la regla cambiaria fuera muy pobre en la medida en que el sector externo mostraba un fuerte desequilibrio estructural y, por otro, de que el efecto monetario del aumento de reservas debido a la entrada de capitales fuera más que compensado por la reducción de reservas inducida por la cuenta corriente. De hecho, durante toda la vigencia del plan se produjo una caída de las reservas internacionales (ver Cuadro 7).
   
La devaluación esperada fue en todo momento significativamente mayor a la implícita en la regla cambiaria del programa y tendió a incrementarse durante el período de reflujo de los capitales privados. Además, si bien el riesgo país se redujo cuando se lanzó el plan, nunca declinó a niveles compatibles con una estabilidad macroeconómica perdurable. En realidad, esta variable siguió, en líneas generales, la evolución de la expectativa cambiaria, por lo que se observa un progresivo deterioro a medida que avanza 1987.
   
Las razones que llevaron a una reversión de los logros iniciales del Plan Austral, a partir de la segunda mitad de 1986, son bien conocidos. La incertidumbre aumentó debido a que la situación de cuenta corriente se tornaba insostenible y el gobierno perdía el control de las variables fiscales y monetarias. El desequilibrio de la cuenta corriente se agravó por una combinación de factores externos y domésticos negativos: durante 1986 la caída de los precios agrícolas y los factores climáticos produjeron una caída significativa de las exportaciones, situación que se prolongó a lo largo del año siguiente; simultáneamente, el gobierno enfrentaba crecientes dificultades fiscales. En realidad, el shock externo deterioró las cuentas fiscales, cuyo cierre dependía, en gran medida, de los impuestos a la exportación y éstos habían sido reducidos para compensar el shock sobre las exportaciones.
   
Cabe aclarar que se utilizaron algunas medidas directas sobre los flujos de capitales, a fin de desalentar los ingresos financieros de corto plazo. Por ejemplo, se amplió a un año el plazo mínimo de permanencia de los préstamos financieros, el cual era de 180 días desde fines de 1984, y se modificaron los plazos de liquidación de divisas procedentes del comercio exterior. Estas medidas fueron relativamente exitosas en tanto impidieron el ingreso de colocaciones de muy corto plazo, pero no lograron aumentar el plazo de los préstamos. Al producirse el reflujo de las corrientes financieras, el gobierno se vio obligado a replantear todo el régimen cambiario, cosa que hizo hacia fines de 1987.

  1. Véase Damill et al., 1989.

  2. Para mayor detalle, véase Canavese y Di Tella, 1987; sobre los aspectos técnicos y políticos del plan, puede consultarse Acuña, M.L., 1995. 

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