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Inversiones extranjeras directas en la Argentina

Impacto económico de las inversiones extranjeras

Una de las formas de evaluar el impacto de las inversiones extranjeras directas sobre la economía nacional es analizar el grado y tipo de inserción económica de las empresas transnacionales (1). Para ello suele utilizarse la información sobre las 200 mayores firmas industriales, las cuales representan entre un tercio y la mitad del total de la producción industrial nacional.
   
Al respecto, puede observarse que en 1980 84 de esas 200 empresas eran subsidiarias de transnacionales y, en conjunto, concentraban el 45.5% de las ventas totales del grupo. Si se consideran sólo las 10 mayores firmas industriales, se advierte la presencia de 6 transnacionales, las cuales consignan el 47.3% de las ventas agregadas (2).
   
Si se comparan los datos intercensales a fin de ver la evolución de estas tendencias, surge que en 1990 la contribución transnacional tiene un ligero incremento respecto de 1980, ya sea en la cantidad de firmas (89, es decir, 5 más que diez años antes) como en su aporte a las ventas del grupo (47.6%). De manera similar, si se toman las 10 mayores firmas líderes, la presencia de las multinacionales se consolida en cuanto al número de firmas (representan el 70% de ese grupo) y a su contribución a las ventas agregadas (3). Respecto de éste último punto, se manifiestan dos tendencias a lo largo de la década: una pérdida de gravitación de las empresas multinacionales en las ventas durante la primera mitad de los ochenta -particularmente, entre 1983 y 1985- y una creciente participación de las mismas en las ventas de las mayores firmas industriales durante la segunda mitad de la década, que compensó con creces la anterior contracción; este segundo fenómeno se hizo más notorio entre 1985 y 1987, debido a las condiciones de relativa estabilidad de precios originadas a partir de la puesta en marcha del Plan Austral y la consiguiente recuperación del nivel de actividad económica en varios sectores industriales en los que la presencia de las multinacionales es clave (e.g., automotriz, petroquímica, siderurgia, etc.).
   
Por otra parte, existe una clara diferenciación entre aquellas empresas transnacionales que controlan una reducida cantidad de filiales en el país y operan en un número restringido de mercados y aquellas que controlan el capital de un conjunto importante de firmas locales que actúan en distintos mercados bajo una forma integrada o diversificada. Es decir, en el segundo caso las firmas extranjeras que forman parte de conglomerados empresariales locales y, por lo tanto, desarrollan una estrategia acorde con los intereses de dicho complejo. En tal sentido, puede observarse que más de la mitad de las empresas extranjeras están integradas a complejos empresariales y aportan alrededor de las tres cuartas partes de las ventas del conjunto de las transnacionales que integran las 200 mayores firmas industriales. En cuanto a su evolución durante la década del ochenta, se evidencia una marcada profundización de ese predominio de las empresas transnacionales diversificadas o integradas: su número aumenta de 45 a 54, mientras que las demás transnacionales disminuyen de 39 a 35; su aporte relativo a las ventas agregadas de las 200 mayores firmas se incrementa de 38.9% a 42.9%, al tiempo que decae el del resto de 15.8% a 13.9% (4).
   
La mayor potencialidad de las firmas transnacionales diversificadas o integradas es lo que explica tales cambios. En el marco de las tendencias económicas generales de los ochenta (involución productiva, desplazamiento de la industria como eje central de acumulación y reproducción del capital, incremento del sector terciario, permanentes cambios en la estructura de precios relativos, etc.), las empresas transnacionales diversificadas o integradas han desplegado una mayor potencialidad de crecimiento respecto de aquellas que concentran su actividad local sólo en determinados mercados. Es decir, mientras éstas últimas dependieron de las posibilidades expansivas que les ofrecían los sectores específicos en los que operaban, las primeras se vieron favorecidas por su integración en configuraciones empresariales que involucraban un amplio espectro de actividades económicas. Así, por ejemplo, aquellas que contaban con sus propias entidades bancarias y financieras dispusieron, durante una década en la que el sector financiero desempeñó un rol protagónico, de ventajas ligadas a la liquidez financiera, posibilidad de acceso a los circuitos financieros locales, obtención de líneas de crédito preferenciales, agilidad en las gestiones, etc. Algo similar ocurrió respecto de la persistente inestabilidad económica y las drásticas modificaciones en la estructura de precios. Estas favorecieron, en términos relativos, a aquellas firmas diversificadas que estructuralmente estaban en mejores condiciones de desplazar y reasignar sus excedentes hacia los sectores y actividades que fueron mostrándose como los más dinámicos y rentables en las distintas coyunturas. Por eso es que el decenio de los ochenta permitió el desarrollo y crecimiento no sólo de los respectivos conglomerados transnacionales sino también de cada una de las empresas que los conformaban.
   
Asimismo, algunos otros indicadores también muestran la heterogeneidad del grupo de empresas transnacionales y las diferencias en la evolución de las mismas. La composición del conjunto de ellas que integran la élite industrial local se modificó sustancialmente durante los años ochenta debido, entre otras razones, a las distintas formas que adoptó la reestructuración internacional de sus respectivas casas matrices, la incorporación al espectro productivo local de algunas nuevas y grandes firmas transnacionales y los diversos procesos de fusión y absorción de empresas.
   
Estas transformaciones, en realidad, tuvieron su origen en reacomodamientos ocurridos entre las empresas transnacionales instaladas en el país con anterioridad a la segunda mitad de los setenta y que muestran tendencias sectoriales diferenciadas. Por ejemplo, se da una creciente presencia de empresas alimenticias (especialmente, las vinculadas a las exportaciones), químicas y petroquímicas y metálicas, mientras que pierden terreno las productoras de material de transporte, de productos metálicos y de maquinaria eléctrica.
   
Indudablemente, estas tendencias están en línea con las ya mencionadas, es decir, con la pérdida de significación relativa de aquellas actividades cuyo desarrollo local se vio limitado por el agotamiento de la demanda interna, su escasa competitividad externa y la creciente preponderancia de industrias más vinculadas a la explotación de recursos naturales o con una clara inserción en los mercados internacionales.
   
Por otra parte, uno de los factores claves de las transformaciones actuales de la economía argentina es la creciente gravitación de las exportaciones como componente de la oferta y la demanda global de la economía, así como respecto del producto bruto interno. Dentro de ese proceso y en concordancia con la mayor apertura de la economía propiciada a partir de la segunda mitad de los ochenta, sobresale la acelerada expansión de las exportaciones en general, especialmente de las industriales y, entre éstas, de las manufacturas de origen industrial. Las empresas de capital extranjero han jugado un rol protagónico en este proceso.
   
En efecto, ellas han aportado, a lo largo de las dos décadas precedentes, alrededor de la tercera parte del total de las exportaciones industriales. Esa contribución se incrementó en el caso de las manufacturas de origen industrial, en las que las empresas transnacionales alcanzaron, a mediados de los ochenta, casi el 50% del total. Sus exportaciones se concentran en un número relativamente pequeño de empresas y sectores de actividad en los que las mismas tienen una posición hegemónica. Además, las principales empresas transnacionales exportadoras tienen también una posición de privilegio entre las transnacionales de mayor monto de ventas anuales y muestran una relativa estabilidad en cuanto a su presencia en la élite exportadora, asumiendo un papel central en el elevado grado de concentración empresarial que caracteriza en general a las exportaciones industriales argentinas (5). De todos modos, cabe aclarar que ello no va en detrimento ni contradice el rasgo esencial de la inserción del capital extranjero en la industria: su predominio casi exclusivo en la producción para el mercado interno.
   
Observando la composición de la élite exportadora a mediados de los ochenta puede inferirse que 59 de las 200 firmas de mayor monto de exportaciones eran filiales locales de empresas transnacionales y concentraban el 42.9% de las exportaciones del grupo. Este porcentaje es similar al que corresponde a las 90 empresas de capital nacional que integran ese conjunto de 200, por lo que puede deducirse que el promedio de exportaciones por empresa es más de un 50% superior en el caso de las transnacionales que en el de las nacionales. Además, entre las empresas extranjeras se manifiesta un ligero predominio de aquellas que forman parte de conglomerados locales (33 de las citadas 59) (6).
   
Si se desagrega la élite exportadora entre aquellas empresas comercializadoras de productos primarios exclusivamente, productoras y comercializadoras de bienes industriales exclusivamente y exportadoras de bienes primarios e industriales indistintamente, se observa que en 1984 la mayor parte de las transnacionales que integran la élite exportadora son firmas que producen y exportan sólo bienes manufacturados, aunque su aporte a las exportaciones generadas por el conjunto global de empresas transnacionales es apenas la cuarta parte del total; la mayor contribución relativa la realiza, en realidad, un reducido grupo de grandes transnacionales exprotadoras de bienes primarios e industriales. En este último subconjunto se agrupan las principales empresas exportadoras de capital extranjero, cuyas ventas al exterior superan, en promedio, los 100 millones de dólares por firma. Desde el punto de vista del aporte relativo de estos tres grupos de empresas a las exportaciones nacionales, la mayor participación transnacional se registra entre las firmas exportadoras de productos primarios (56.7%), mientras que la menor contribución relativa está dada por las firmas productoras y exportadoras de bienes manufacturados (7).
   
Si se toman los datos del final de la década, la comparación indica que hubo una relativa estabilidad en la presencia transnacional en la élite exportadora. Cabe remarcar que respecto de las exportaciones industriales se registra una marcada expansión de las ventas al exterior de las empresas transnacionales, las cuales se incrementaron en más del 50% entre 1984 y 1988. Ello se traduce en una mayor presencia transnacional en el ámbito de las exportaciones industriales, aun cuando se mantiene el escaso grado de diversificación de las ventas al exterior de cada una de las firmas de años atrás: al igual que en 1984, en 1988 la suma de las exportaciones asociadas en cada empresa a una única rama de actividad representa el 96.4% del total de las exportaciones manufactureras (8).
   
Entonces, en términos generales, puede decirse que hacia finales de la década la contribución transnacional a las exportaciones revela una relativa estabilidad en el plano global y, como se acaba de mencionar, un ligero incremento en el caso de las manufacturas. Volviendo a la distinción en tres subgrupos antes establecida, los datos correspondientes a 1988 indican que, a diferencia de lo ocurrido en 1984, no había empresas transnacionales exportadoras de bienes primarios exclusivamente. Este reposicionamiento se ve acompañado de una creciente gravitación de las transnacionales productoras y comercializadoras de bienes manufacturados exclusivamente. Cabe destacar que las ventas al exterior de este último subconjunto se incrementaron, entre esos años, en un 56.7%. Por su parte, el subconjunto formado por las transnacionales que comercializan tanto productos primarios como industriales muestra igual número de firmas que en 1984 e incluye, como entonces, a las principales exportadoras de capital foráneo; no obstante, su desempeño en el tiempo difiere del de los otros subgrupos: en un marco global caracterizado por un crecimiento más o menos generalizado de las ventas al exterior, las generadas por este subconjunto de firmas disminuyen un 5.2% entre 1984 y 1988, con lo cual también decrece su significación relativa en la élite exportadora transnacional (9).
   
Por último, como resultado de estas diferencias en el comportamiento, en el subconjunto de firmas que exporta distintos tipos de bienes se verifica un leve crecimiento en la participación global de las transnacionales. Esta tendencia se intensifica en el caso de las empresas transnacionales que sólo producen y comercializan bienes manufacturados: su gravitación en las exportaciones generadas por ese tipo de firmas -las cuales crecieron en más de un 30% en el período en consideración- aumentó un 6%, como resultado del acelerado crecimiento exportador de aquellas transnacionales que forman parte de conglomerados locales.
   
Ahora bien, otra de las formas de evaluar el impacto de las inversiones extranjeras directas sobre la economía nacional es analizar el papel de las empresas transnacionales en la inversión estrictamente industrial. Como ya se ha mencionado, el decenio de los ochenta representa una fase de crisis y transición de la economía argentina, durante la cual la inversión atravesó por uno de sus momentos más críticos. La caída de la inversión bruta llegó a alcanzar niveles inéditos, tanto en su magnitud como en su persistencia. De todos modos, este fenómeno conlleva también comportamientos disímiles entre los agentes económicos, de manera que puede observarse un reposicionamiento al interior del espectro industrial.
   
De acuerdo con la información censal recogida por un trabajo realizado conjuntamente por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la Argentina entre 1983 y 1988, el monto de la inversión de las empresas transnacionales en ese período sigue el bajo promedio general.
   
La misma tendencia a seguir los patrones generales se verifica si se desagregan los datos a fin de ver la orientación sectorial de la inversión: la principal actividad receptora de las inversiones de las transnacionales es la industria elaboradora de productos químicos (especialmente, petroquímica y refinerías de petróleo); ellas concentran casi las dos terceras partes del total de inversiones de las transnacionales en el sexenio 1983-1988. Les siguen las ramas metalmecánica y alimenticia, con casi un 10% del total. En estas dos ramas se nota una posición privilegiada en cuanto a la acumulación de capital de las transnacionales ligadas a la producción para la exportación, donde se concentra la inversión, las cuales no se vieron afectadas por la retracción generalizada del mercado interno (10).
   
En síntesis, los polos de atracción casi exclusivos de la formación de capital en la industria durante los ochenta coinciden, tanto en el caso de las empresas transnacionales como en las de origen local. Ellos son: las industrias productoras de insumos intermedios de uso difundido (petroquímica, refinerías de petróleo, siderurgia); el complejo automotor, estimulado por el lanzamiento de nuevos modelos y la producción de autopartes para su exportación; algunas industrias alimenticias intensivas en recursos naturales y orientadas hacia el mercado internacional (e.g., aceites, pesca, carnes preparadas, etc.); los sectores favorecidos por regímenes de promoción industrial específicos en algunas regiones del país, como las industrias electrónica y de electrodomésticos en Tierra del Fuego y varias otras en La Rioja, San Luis, Catamarca y San Juan.
   
Cabe aclarar que, tal como se ha indicado anteriormente, si bien la inversión transnacional sigue los patrones globales a nivel agregado (brusca contracción en 1985, recuperación en el bienio 1986-1987 y nueva retracción en 1988), en el plano sectorial se registran profundas asimetrías. Algunas ramas registran, en 1988, un nivel de inversión por debajo del de 1983 (e.g., textiles, madera, muebles), mientras que en otras dichos nivel se incrementó notablemente, como es el caso, por ejemplo, de la industria de minerales no metálicos.
   
Las asimetrías también se evidencian si se incluye la distinción entre empresas transnacionales que forman parte de conglomerados empresariales locales y empresas que circunscriben su actividad en el país al control del capital de una reducida cantidad de filiales e incluso de una sola y operan en un número muy acotado de mercados. En tal sentido, se observa que existe entre ellas una clara diferencia de comportamiento y de actitud ante la inversión. Como se mencionó anteriormente, el grupo más dinámico está constituido por aquellas transnacionales que en el ámbito local controlan el capital de un conjunto importante de firmas que actúan en diversos mercados, bajo la forma de conglomerados empresariales de capital foráneo; ellas asumen una proporción mayoritaria de la inversión transnacional en todos los sectores industriales.
   
En tal sentido, la centralización del capital transnacional en la Argentina es uno de los rasgos fundamentales de la pobre tendencia inversionista de los ochenta. Se trata de una de las varias manifestaciones de un fenómeno más amplio de creciente gravitación económica de un número relativamente reducido de grandes agentes o grupos económicos que operan en múltiples ramas de actividad y que consolidan su posición económica y política durante estos años.
   
En el área específica de la acumulación de capital e inversión en la industria, su accionar se manifiesta en un gran interés en utilizar los regímenes de promoción industrial vigentes. El mismo estudio de CEPAL/INDEC antes mencionado indica que estos grupos aprovecharon la mayor parte de los ingentes beneficios fiscales derivados de tales regímenes, lo cual les permitió realizar un aporte de capital propio muy inferior al realmente requerido para la maduración de sus proyectos de inversión en la industria. Para citar tan sólo un indicador, puede decirse que más de la mitad de la inversión realizada por las empresas transnacionales diversificadas entre 1983 y 1988 fue concretada al amparo de esos incentivos, lo cual representa el 46.1% del total de la formación de capital promovida; en contraposición, sólo el 7.5% de la inversión de las restantes empresas de capital extranjero correspondiente al mismo período fue favorecida por ese tipo de promoción (11).

  1. Dos fuentes muy exhaustivas al respecto son Azpiazu, 1993 y Kosacoff y Bezchinsky, 1993.

  2. Cf. CEPAL, 1995b, p. 87.

  3. Cf. CEPAL, 1995b, pp. 88-89.

  4. Cf. CEPAL, 1995b, pp. 90-91.

  5. Sobre estos fenómenos, véase Kosacoff y Bezchinsky, 1993, pp. 13-19; CEPAL, 1995b, p. 102.

  6. Los datos corresponden a 1984. Cf. CEPAL, 1995b, p. 104.

  7. Cf. Ibidem, p. 106.

  8. Cf. Ibidem, p. 108.

  9. Cf. Ibidem, p. 110. 

  10. Por el contrario, durante esos años las ramas dependientes de la evolución del mercado interno se limitaron mayormente a mantener o reparar sus equipos de producción.

  11. Para mayor detalle, véase CEPAL, 1995b, pp. 129-134.

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