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Concluida en diciembre de 1965 la primera etapa del proceso tendiente a la resolución de la disputa con la aprobación de la Resolución 2.065 (XX) en Naciones Unidas, se inició la segunda etapa que consistiría en la apertura de las negociaciones bilaterales. Hacia mediados de los años 60, la situación de colonia de las Malvinas parecía un anacronismo y una carga para la metrópoli. Esta apertura respondía a factores tales como el retiro del imperio, la creciente presión de las Naciones Unidas, y una revisión en la política de defensa (1).
    El 11 y 14 de enero de 1966 se reunieron en Buenos Aires el canciller Miguel Zavala Ortiz y el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Michael Stewart. Ambos firmaron un comunicado conjunto conocido como "Zavala Ortiz-Stewart":

Los ministros, Miguel Zavala Ortiz y Michael Stewart consideraron la diferencia existente entre el Gobierno argentino y el del Reino Unido sobre las islas Malvinas (Falkland). De acuerdo con el espíritu de conciliación que ha inspirado la Resolución de la XX Asamblea General de las Naciones Unidas aprobada el 16 de diciembre de 1965, ambos Ministros efectuaron un valioso y franco intercambio de puntos de vista, en el curso del cual los Ministros reiteraron las posiciones de sus respectivos gobiernos. Finalmente, como resultado de esas conversaciones los dos Ministros han coincidido en proseguir sin demora las negociaciones recomendadas en la citada resolución por la vía diplomática o por aquellos medios que puedan acordarse a fin de encontrar una solución pacífica al problema e impedir que la cuestión llegue a afectar las excelentes relaciones que vinculan a la Argentina y al Reino Unido. Ambos Ministros acordaron transmitir esta decisión al Secretario General de las Naciones Unidas (2).

Lanús resalta que este encuentro señaló el comienzo de una etapa que culminaría en 1968 con un fracaso diplomático argentino (ver abajo) (3).
    En junio de 1966 un golpe de estado en la Argentina instauró lo que se autodenominó el gobierno de la "Revolución Argentina" presidido por el general Juan Carlos Onganía. Poco tiempo después, el Subsecretario de Estado para las Américas del Foreign Office invitó a un almuerzo al encargado de negocios argentino, Carlos Ortiz de Rozas (4). Al mismo también asistió el experto de la embajada argentina sobre el tema Malvinas. En esa oportunidad, Ortiz de Rosas y sus acompañantes fueron informados extraoficialmente y en un escenario negable (deniable scenario), que el Reino Unido no tenía intereses estratégicos, políticos o económicos que perseguir en las Malvinas. Esta sugerencia se les hacia para que consideraran que eventualmente las islas pasarían a ser territorio argentino y que el problema que restaba era encontrar cuándo y cómo se haría el traspaso. En esa oportunidad, también, les comentaron que "si quieren conquistar los corazones y las almas de los isleños, [los argentinos] deben probar ser amigos y demostrar que ellos [los isleños] estarían mejor con ustedes". Para ello sería necesario que existiera comunicación y entendimiento. Ortiz de Rosas reportó este intercambio a su gobierno, al mismo tiempo que previno que el proceso sería largo, pero que la metodología le parecía correcta y que la Argentina debería probar la sugerencia británica (5).
    El 28 de septiembre de 1966, como había ocurrido hacía dos años, las islas recibieron otra inesperada visita aérea. Un grupo de 20 argentinos autodenominados "Comandos Cóndor" secuestraron y desviaron un avión DC-4 de Aerolíneas Argentinas que realizaba un vuelo regular de Buenos Aires a Río Gallegos y lo forzaron a aterrizar en la capital de las Malvinas, Puerto Stanley. En el mismo viajaba el gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Territorio Antártico e Islas del Atlántico Sur. Una vez más el gobierno argentino negó estar relacionado con el hecho e informó que lo secuestradores serían sometidos a juicio (6). Hoffmann y Hoffmann señalan que "el incidente debiera haber alertado a Gran Bretaña" (7). Y en efecto, eso pasó. Como consecuencia de estas acciones, los británicos aumentaron el contingente de Royal Marines, que había sido establecido en 1965, de 6 hombres al equivalente de un pelotón (8).
    Por su parte, el gobierno del general Onganía continuó con el proceso de negociación iniciado por el gobierno anterior. Esta vez, las negociaciones se llevaron a cabo principalmente en Londres bajo la dirección del embajador argentino en esa capital, brigadier (RE) Eduardo Mc Loughlin. En esa oportunidad, la Argentina adoptó una estrategia pragmática, sin un plan prefijado y actuando de acuerdo con su percepción de las reacciones del gobierno británico (9).
    Por casi dos años, los diplomáticos argentinos y los funcionarios del Departamento de América del Sur del Foreign Office, mantuvieron numerosas reuniones formales e informales pero siempre de carácter confidencial. Según Lanús, el objetivo de dichas reuniones para la Argentina fue lograr algún tipo de compromiso británico sobre el tema de la transferencia de la soberanía.
    A pesar de diálogo existente, la diplomacia británica propuso en noviembre de 1966 un congelamiento de la cuestión de la soberanía por un plazo de 30 años. Durante ese período no se llevarían a cabo ninguna acción de normalización de las relaciones, comercio o cualquier otro contacto que afectara la posición de cada parte. Al finalizar el congelamiento, los habitantes de las Malvinas optarían libremente entre la soberanía británica o argentina. La respuesta argentina a esta propuesta fue negativa (10).
    Para marzo de 1967, los británicos habían suavizado su posición e informaron oficialmente a los argentinos que bajo ciertas condiciones -que se respetaran los deseos de los Isleños-, estarían dispuestos a cederles la soberanía de las Malvinas (11). Sin embargo, para fines del año siguiente, la situación volvió a endurecerse, y a partir de ese momento, la condición básica para efectuar la cesión pasó a ser la de los deseos de los isleños. Este vuelco en la postura británica fue producto de la acción de representantes de los isleños que, desde febrero de 1968, activaron la oposición a dichas negociaciones en el Parlamento y en la opinión pública. En efecto, miembros de ese cuerpo en contacto con el Consejo Ejecutivo de las Islas, conformaron lo que pasó a llamarse el "Comité del Reino Unido y las Islas Falkland" (United Kingdom-Falkland Islands Committee o UKFIC) o más comúnmente conocido como el "Falklands Lobby" (12). Ante el temor que las conversaciones terminaran con la presentación de un fait accompli. Este comité envió una carta abierta a todos los parlamentarios en febrero de 1968, levantando una ola de temor ante un inminente traspaso de soberanía a la Argentina (13). A fines de marzo de 1968 se llevaron a cabo los debates parlamentarios para aclarar el tema. En el interrogatorio, representando al Gobierno, tuvo que responder Lord Chalfont, ministro de estado del Foreign and Commonwealth Office (14). Durante el debate parlamentario, el ministro admitió que si se deseaban mantener buenas relaciones con la Argentina, los británicos deberían estar dispuestos a admitir que al igual que ellos estaban convencidos de la legalidad de su soberanía, los argentinos estaban convencidos de su reivindicación (15).
    También admitió que las negociaciones eran delicadas y por lo tanto confidenciales y que se negaban a concluirlas, por el contrario, el gobierno sostuvo que continuarían. El Gobierno británico descartó, en esa oportunidad, la posibilidad de otorgar la independencia a las Islas debido lo reducido de su población, su situación geográfica y sus escasos recursos. En vista de ello, el objetivo de las negociaciones para el Gobierno de Su Majestad era lograr un arreglo satisfactorio entre pobladores de las Islas y la Argentina en un política a largo plazo y en el interés de los pobladores. Por lo tanto, para la transferencia de las Islas a la Argentina era claro que deberían darse dos condiciones: primero, un acuerdo con amplias salvaguardias para los isleños; y segundo, que los isleños aceptaran ese acuerdo. No obstante ello, en virtud de las potestades constitucionales, el Gobierno se reservaba la decisión (16). El informe Franks claramente especifica que durante el debate en el Parlamento, el Secretario Stewart y otros ministros del Foreign Office "aclararon en varias ocasiones que no habría cesión de soberanía en contra de los deseos de los Isleños" (17). A pesar de lo discutido, durante los debates no se alcanzó un consenso sobre el acuerdo (18). Finalmente, en agosto de 1968, luego de una reunión entre el embajador Mc Laughlin y el ministro Lord Chalfont, a cargo de las negociaciones, se llegó a un acuerdo sobre el texto ad referéndum de un "Memorándum de Entendimiento". Según el mismo, los ingleses estarían de acuerdo con la transferencia de la soberanía si previamente, se aseguraran las comunicaciones entre las Islas y el continente y se lograra un acuerdo sobre ciertas garantías que aseguraran los intereses de los habitantes de las Malvinas (19). El memorándum fue transmitido inmediatamente a Buenos Aires por su embajada en Londres.
    Desde el 28 de marzo, el Secretario Stewart había informado al Gabinete sobre la fórmula que iba a proponer y recién en agosto se llegó a un acuerdo sobre el Memorándum de Entendimiento. El texto completo decía,

1. Los representantes del Gobierno de la República Argentina y del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, habiendo discutido la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) en un espíritu de amistad y cooperación, de conformidad con la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dejan constancia de este Memorándum de su entendimiento acerca de la posición alcanzada en las negociaciones.

2. El objetivo común es solucionar definitivamente y en forma amistosa la disputa sobre la soberanía, teniendo debidamente en cuenta los intereses de la población de las Islas. A fin de crear las condiciones en las que pueda alcanzarse ese objetivo, los dos gobiernos se proponen realizar rápidos progresos con medidas prácticas para promover la libertad de comunicaciones y movimiento entre el territorio continental y las Islas, en ambas direcciones, de un modo tal que estimule el desarrollo de vínculos culturales, económicos y otros.

3. A tal efecto y en el deseo de contribuir a esa solución, el gobierno de la República Argentina promoverá la libre comunicación y movimiento entre el continente y las Islas y el gobierno del Reino Unido colaborará en la ejecución de esta política. Las discusiones sobre las medidas prácticas a adoptarse tendrán lugar de inmediato en Buenos Aires.

4. El gobierno del Reino Unido, como parte de esa solución final, reconocerá la soberanía de la República Argentina sobre las Islas a partir de una fecha a ser convenida tan pronto como sea posible después de que (i) los dos gobiernos hayan resuelto la actual divergencia entre ellos respecto del criterio conforme al cual el gobierno del Reino Unido considerará si los intereses de los isleños estarían asegurados por las salvaguardias y garantías a ser ofrecidas por el gobierno argentino y (ii) el gobierno del Reino Unido se halle entonces satisfecho de que aquellos intereses estén asegurados así.

5. Ambos gobiernos continuarán las actuales conversaciones en Londres a efectos de definir los detalles de las garantías y salvaguardias de los intereses de la población de las Islas a ser ofrecidas por el gobierno argentino.

6. Los dos Gobiernos han tomado nota de las respectivas políticas y comparten la opinión de que un cierto período de tiempo facilitaría el desarrollo de condiciones para un arreglo definitivo. Si no hubiese alcanzado un arreglo definitivo, a solicitud de cualquiera de los dos Gobiernos podría convocarse a una reunión de representantes especiales un una fecha no antes de cuatro años y no después de diez años a partir de la firma de este Memorándum para comprobar el progreso o para examinar la cuestión (énfasis agregado).

¿Cómo fue posible que luego de los acalorados debates parlamentarios y de las afirmaciones del Gobierno británico de marzo y abril, pocos meses después, se haya llegado a la formulación de un texto que había sustituido la fórmula de "deseos" por la de "intereses"? Para Kinney, el Reino Unido adoptó en este texto la formulación de "intereses" de la Argentina y de las Naciones Unidas y la había transformado en el equivalente potencial de "deseos" que significaba un cúmulo de beneficios tan convincentes que los isleños los aceptarían (20). Para Beck, fue Stewart quien favoreció la fórmula que contemplaba los "intereses" y no los "deseos" a pesar de la gran presión en contra de un acuerdo con la Argentina. De este modo, esperaba que los isleños pudieran convivir en mejores términos con sus vecinos y que se desarrollaría una relación más estable que facilitaría a los isleños las comunicaciones con la Argentina y que, en definitiva, beneficiaría la posición del Reino Unido en América Latina y en las Naciones Unidas (21).
    A fines de noviembre de 1968, el Gobierno envió en visita oficial a las islas a Lord Chalfont, Ministro de Estado para asuntos Latinoamericanos del Foreign Office, con el objeto de mantener conversaciones con los isleños y también con los argentinos (22). En su intento para convencerlos de aceptar la política perseguida por el Gobierno, Lord Chalfont sostuvo frente a unos quinientos isleños que,

Ustedes se muestran reacios a comprender que las cosas están cambiando en el mundo exterior. El Reino Unido ya no es una gran potencia imperialista del siglo XIX...Se trata de vuestro futuro. Yo no les estoy dando ninguna seguridad, pero cuando ustedes dicen "Mantengan a las Falkland británicas", asegúrense de saber que esto significa algo diferente a lo que significaba en 1900... (23)

En otra reunión, esta vez secreta, con los seis miembros del Consejo Ejecutivo de las Islas, el funcionario les advirtió que "Gran Bretaña ya no podría mantener en las islas fuerzas navales suficientes para brindar protección, que ya no podría contribuir financieramente por la declinación del precio de la lana en el mundo, que había que tener en cuenta los intereses de la gran comunidad británica en la Argentina y que los isleños lo pasarían mejor dependiendo de la Argentina" (24). Al día siguiente de este encuentro, se reunió en la asociación de de criadores de ovejas. Según Hoffmann y Hoffmann, Lord Chalfont manifestó allí que "las negociaciones eran sólo una fase de un proceso, y que la `postura de acuerdo' tantas veces mencionada no constituía un tratado. Aunque se la hiciera pública, de ninguna manera alteraría la soberanía de las islas en contra de los intereses de sus habitantes. Pero las negociaciones debían continuar, porque si se interrumpían la Argentina podría reclamar las Islas de algún otro modo". De acuerdo con la opinión de Lord Chalfornt, Hoffmann y Hoffmann agregan, "se crearía incertidumbre y se complicaría la vida a los isleños" (25).
    Pero su palabras no tuvieron eco, y el Lobby logró que unos cien parlamentarios conservadores firmaran una moción para que el Gobierno británico "de una vez por todas asegure que los isleños son británicos y que no serán traspasados a un país extranjero en contra de su voluntad" (26). En Buenos Aires tampoco encontró Lord Chalfont predisposición para moverse hacia una posición más flexible (27). A su regreso a Londres informó a Stewart y profetizó que en "...este conflicto de `irreconciliables'; a menos que la soberanía sea seriamente negociada y transferida en el largo plazo, es probable que terminemos en un conflicto armado con la Argentina". (28)
    Lord Chalfont se presentó también ante el Parlamento e informó sobre sus actividades en las Islas. Allí fue duramente atacado por la Oposición conservadora (29). La decisión del Gabinete de abandonar la iniciativa del memorándum el 11 de diciembre de 1968 fue una importante victoria del Lobby. Este logró contrabalancear la presión argentina sobre el Gobierno. Para ello contaron con el apoyo de la prensa y del hecho que la crítica al Gobierno dentro del Parlamento tuvo su baluarte en el Gabinete de la sombra de la oposición conservadora (30).
    Para varios analistas, el Memorándum de Entendimiento es "el documento que contiene el compromiso más explícito por parte del Reino Unido sobre la eventual transferencia al Estado Argentino de la soberanía que ejercía sobre las Islas" (31).. Sin embargo, el Informe Franks agrega que

la publicación del Memorándum debía ser acompañada por una declaración unilateral, en la que se dejaba en claro que el gobierno estaba dispuesto a proceder a un arreglo definitivo con Argentina que comprendiera la transferencia de soberanía, sólo cuando estuvieran satisfechos de que dicha transferencia y las bases sobre la que ella tendría lugar, eran aceptable para la población de las islas (32).

Esta afirmación muestra que los británicos, incluso dentro del Gobierno, continuaron sosteniendo como condición esencial para la transferencia de soberanía la aceptación de los isleños. Ello hace suponer que, contrariamente a lo que algunos analistas señalan, con la excepción del lenguaje empleado, el Memorándum considerado en su totalidad no indica un importante alejamiento de la tradicional postura británica de respetar los deseos de los habitantes de las Islas. Para algunos, el propio gobierno británico se había creado un dilema al iniciar negociaciones sobre la soberanía con la Argentina y, al mismo tiempo, prometía a los isleños que las islas no serían transferidas (33).
    A partir de su recepción en Buenos Aires, el gobierno argentino guardó silencio durante casi dos meses. Recién en octubre de 1968, durante las reuniones de la Asamblea General Ordinaria de las Naciones Unidas en Nueva York, ambos ministros, Costa Méndez y Stewart, retomaron el asunto. Allí concordaron que no existían "discrepancias fundamentales sobre el documento por ninguna de las Partes". Sólo restaba firmarlo y hacerlo público.
    En tanto en Buenos Aires, el embajador Mc Loughlin y el representante argentino ante las Naciones Unidas, José María Ruda, participaron en una reunión de información con el presidente Juan Carlos Onganía. Según Lanús, mientras que ambos embajadores sostuvieron la necesidad de la firma del documento, el general Onganía no se pronunció al respecto (34).
    Finalmente, en los primeros días de diciembre de 1968 la Argentina aceptó el entendimiento. El embajador Mc Loughlin y su segundo, Enrique Ros, se entrevistaron con el secretario Stewart para acordar la oficialización del documento por parte de ambos gobiernos. Las palabras del funcionario británico no fueron las esperadas: "Lamentablemente la respuesta llega muy tarde; ya no estamos en condiciones de aceptar el Memorándum, tengo que ir al Parlamento a dar explicaciones sobre esto porque los Conservadores han pedido una explicación" (54). A pesar de los esfuerzos de Stewart, esa misma mañana el Gabinete había decidido no proseguir con el acuerdo debido a la intensidad de la oposición (36).
    El acuerdo había sido rechazado por los isleños, el Parlamento y la prensa británica. Un periódico británico, el Daily Express había hecho públicas las negociaciones bajo el título de "Malvinas en venta". Alguien del Foreign Office había filtrado el memorándum a Bill Hunter Christie, miembro del "Falkland Islands Committee", quien puso en movimiento la oposición al acuerdo. Dada la repercusión que tuvo la noticia y ante el temor de una posible caída del Gobierno, éste se retractó (37).
    Sin embargo antes de proseguir con la historia, cabe preguntarse cómo pudo una respuesta sobre un documento tan importante "llegar tarde". Lanús afirma que el destino de tan trascendente documento puede dar lugar a dudas: "la historia no es clara del lado argentino" (38). Su relato de los hechos deja entrever que alguien dentro del Gobierno argentino se oponía al acuerdo. Una vez que se recibió el documento, durante dos meses no hubo ninguna reacción a lo enviado por la embajada argentina en Londres. En octubre, el encuentro del Canciller Costa Méndez con su par británico puso a la rueda nuevamente en movimiento. Por lo tanto, puede descartarse que el documento se perdió en un cajón del Ministerio de Relaciones Exteriores. También informa Lanús que el presidente Onganía "no se pronunció" sobre el tema. Sin embargo, siempre según su relato, "después de mucha dilación y consulta, el Canciller Costa Méndez logró instruir a la Embajada de Londres para transmitir la aceptación argentina" (39). Por lo tanto, parece que Costa Méndez, al igual que Stewart enfrentó algún tipo de oposición interna. Finalmente el Canciller obtuvo una respuesta favorable al entendimiento (40).
    El 11 de diciembre de 1968, el Gobierno británico decidió en una reunión de Gabinete suspender todo intento de lograr un acuerdo con la Argentina en base al Memorándum de Entendimiento considerando la reacción del Parlamento y de la prensa (41).
    Ese mismo día, el Secretario de Relaciones Exteriores británico Michael Stewart declaró ante la Cámara de los Comunes que:

En sus conversaciones con el gobierno de la Argentina, el Gobierno de Su Majestad ha tratado de llegar a un entendimiento con la Argentina a fin de garantizar una relación satisfactoria entre las Islas y la región continental más próxima, aunque todavía no es total. Existe una divergencia básica respecto de la insistencia del Gobierno de Su Majestad en que no podrá haber transferencia de soberanía contra los deseos de los habitantes de las Falkland Islands (42).

Con esta declaración, el Gobierno de Su Majestad se retrotajo a la posición de la autodeterminación de los isleños (43).
    En esa ocasión, la respuesta argentina no se hizo esperar y al día siguiente (12 de diciembre) el Canciller Costa Méndez declaró que el gobierno del Reino Unido debía "reconocer como solución definitiva la soberanía argentina" y agregó que:

1. tal reconocimiento no debe estar supeditado a la conformidad de los actuales pobladores de las Islas.

2. La República tendrá en cuenta y asegurará los intereses de los habitantes de las Islas por medio de salvaguardias y garantías que se acuerden. El gobierno argentino conforme a los principios tradicionales ha informado su política en esta materia, acogerá esos pobladores con la más generosa disposición...

3. La concertación del acuerdo integral tendrá, por lógica consecuencia, el desarrollo de libres comunicaciones entre las Islas y el resto del territorio nacional argentino y la creación de vínculos definitivos con ellos... (44)

Durante la década de los 60 el Gobierno británico también tomó algunas decisiones que no estaban directamente relacionadas con las Islas Malvinas pero que, a juicio de algunos analistas, se convirtieron en señales contradictorias o fáciles de ser malinterpretadas por parte de los argentinos. Pues estos estaban siempre a la expectativa de algún cambio en la situación del archipiélago y la recuperación de las Islas era una de sus principales temas de política exterior. La primera señal fue el drástico recorte en el presupuesto militar británico de 1966. Este ahorro presupuestario llevó al Ministerio de Defensa a renunciar a los portaaviones y al "desembarco...de tropas contra una oposición sofisticada fuera del alcance de la cobertura de la aviación terrestre". Para algunos, esto podría haber afectado el planeamiento argentino con respecto a llevar adelante acciones militares contra las Islas (45). La segunda señal fue la decisión del gobierno de modificar, a principios de 1968, la "Ley de Inmigrantes del Commonwealth" de 1962. Ante la presión inmigratoria producida por el proceso de descolonización Gran Bretaña dispuso una nueva ley que disponía que no podía emigrar a Gran Bretaña quien no fuera oriundo de ella, o que no tuviera padre, madre o por lo menos un abuelo nacido en ella. El efecto de esta ley fue que en 1970, sólo la mitad de los isleños cumplían con los requisitos de la misma (46).

  1. Ellerby, 86.

  2. Comunicado Conjunto, emitido en Buenos Aires, el 14 de enero de 1966 citado en Lanús, 473.

  3. Ibid. 473.

  4. El embajador argentino había renunciado a su cargo a raíz del golpe militar.

  5. Kinney, 49.

  6. En la Argentina, el hecho produjo un estallido de demostraciones antibritánicas: ataque al consulado e Instituto Cultural Anglo-Argentino en Rosario; En Córdoba, hubo demostraciones antibritánicas; y en Buenos Aires, la embajada británica fue baleada desde un automóvil. Hubo generalizadas declaraciones de apoyo al grupo secuestrador. Este grupo se rindió a las autoridades locales en la noche del 29 de septiembre. El Gobierno argentino pidió disculpas al Reino Unido por los incidentes y envió un buque de transporte naval para repatriar a los pasajeros y a los secuestradores. Ante las expresiones de apoyo y pedidos de gracia "porque habían tratado de reivindicar la soberanía argentina sobre las Malvinas", el gobierno los juzgó aplicándoles penas muy leves (Hoffmann y Hoffmann, 115-116).

  7. Ibid. 116.

  8. Franks, 5. Además de estos episodios públicos que preocuparon a los británicos, Oliveri López menciona que un desembarco clandestino en las Malvinas a cargo del submarino ARA Santiago del Estero determinó una mayor presencia naval británica (1992, 230 n. 4).

  9. Lanús, 474.

  10. Kinney, 49-50; Franks, 5.

  11. Franks, 5-6.

  12. Kenny define a esta organización como un grupo compacto y persistente, a favor de un solo tema, cuyo objetivo incluía la supresión de la discusión de cualquier alternativa a la del status quo para las Malvinas. Sus actividades consistieron siempre en actuar como una fuerza polarizadora que previno cualquier evolución hacia un arreglo entre las partes(58).
        Entre sus miembros se hallaban parlamentarios y personas influyentes. En 1977 se crearía otro grupo con base en Londres: La Asociación para la Investigación y el Desarrollo de las Islas Falkland (Falkland Islands Research and Developement Association). El objeto de este grupo era la búsqueda de alternativas de desarrollo no-argentinas para el archipiélago. Contaba con importantes apoyos y contactos también intervino para proteger la posición dura de los isleños activando a la opinión pública (Gustafson, 99).
        Estos grupos contaban con el apoyo financiero de la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Por último, otro grupo era el llamado Amigos de las Islas Falkland (Friends of the Falkland Islands) compartía también un gran número de miembros comunes con las anteriores. Ver también Ellerby.

  13. Ibid, 6. Al respecto, Quellet confirma que de las declaraciones de los miembros del Gobierno británico y de "la convicción existente en el ánimo de los parlamentarios" reproducidas en los Diarios de Sesiones, el objeto de las negociaciones era la soberanía (76). La carta enviada a los parlamentarios y a la prensa decía:
    ¿Sabe Usted qué...?: Se están llevando a cabo negociaciones entre los gobiernos de Gran Bretaña y la Argentina para entregar en cualquier momento las islas Falkland a la Argentina.
    Tenga en cuenta que: los habitantes de las islas nunca fueron consultados sobre su futuro. Que ellos NO quieren ser argentinos. Los isleños son tan británicos como ustedes, la mayoría son de descendencia inglesa o escocesa de hasta sexta generación. Cinco de cada seis nacieron en las Islas. Muchos ancianos no han estado en ningún otro lugar. No hay problemas raciales, on hay desempleo y no hay pobreza, y NO ESTAMOS EN DEUDA (27 de febrero de 1968, Ellerby, 87).

  14. Kinney, 50. De ahora en mas, Foreign Office. Pero tener en cuenta que para 1968, el Foreign and Commonwealth Office era el resultado de la fusión de tres departamentos, el Commonwealth Office, el Foreign Office, y el Colonial Office. Este último ya se había fusionado con el primero en 1966 (Hastings & Jenkins, 12-13).

  15. Quellet, 77.

  16. Relato en base a los Debates Parlamentarios (Hansard) en Quellet 77-78.

  17. Franks, 6.

  18. Kinney, 50.

  19. Lanús, 474.

  20. Kinney, 50.

  21. Peter J. Beck: The Falkland Islands Dispute as an International Problem. Routhledge, 1988 citado por Olivieri López 1995, 51.

  22. Franks 6.

  23. Beck 1988 citado por Olivieri López 1992, 231 n.9.

  24. Hoffmann y Hoffmann, 118.

  25. Ibid. 119. Parecería que algunos argentinos hubieran escuchado las palabras de Lord Chalfont. Pues mientras éste se hallaba en las Islas, el 27 de noviembre, un avión argentino aterrizó en las calles de Puerto Stanley. A bordo viajaron Héctor R. García, propietario del periódico Crónica, un reportero y como piloto a Miguel L. Fitzgerald (el mismo del aterrizaje de 1964). Inmediatamente fueron apresados y repatriados a Río Gallegos a bordo del buque HMS Endurance que trasladó a Lord Chalfont de visita a la Argentina (Ibid. 119-120 y Destefani 108).

  26. Olivieri López 1992, 84 y Ellerby, 89.

  27. Allí se reunió con el Canciller Costa Méndez y luego, ambos gobiernos anunciaron que habían tratado el tema de las Malvinas en el marco de las negociaciones secretas que tenían lugar en Londres (Hoffmann y Hoffmann, 117)

  28. Olivieri López 1992, 85.

  29. Hoffmann y Hoffmann, 122-123.

  30. Ellerby, 89-90.Por ejemplo, el 12 de diciembre el vocero sobre relaciones exteriores de la oposición, Sir Alec Douglas-Home, se comprometió a que si su partido heredara las negociaciones con la Argentina, ellos "eliminarían la cuestión de la soberanía de la agenda". De acuerdo con Ellerby, "el tema de las Falkland presentó a Heath [líder de los conservadores] como una oportunidad para unir a su partido, dividir a los laboristas y reconquistar la fe del público de que el Partido Conservador era capaz de defender valores británicos" (90).

  31. Lanús, 475; también Kinney, 50 y Olivieri López 1992, 83.

  32. Franks, 6. énfasis agregado.

  33. Ellerby, 90.

  34. Lanús, 475.

  35. Ibid. 476. Los ataques fueron tan severos que Stewart tuvo que acortar una visita oficial que realizaba a la India y regresar a defender la posición del Gobierno (Hoffmann y Hoffmann, 123.

  36. Olivieri López 1992, 231 n. 11. Los argumentos de Stewart eran que un arreglo con la Argentina sería beneficioso para los isleños, que mejoraría la posición del Reino Unido en las Naciones Unidas y su relación con América Latina, en general (Hoffmann y Hoffmann, 123-25.

  37. Lanús, 476.

  38. Ibid. 475.

  39. Ibid. 475, énfasis agregado.

  40. Durante los días de la Guerra del Atlántico Sur, el diario La Nación publicó una carta del brigadier Eduardo McLoughlin que respondía a una nota anterior publicada en ese matutino. Dicha nota firmada por José Campobassi sostenía que la Argentina no aceptó la propuesta británica porque aquella insistió en el reconocimiento incondicional de su soberanía. La respuesta de McLoughlin precisa que la negociación se había extendido por la falta de acuerdo entre las partes sobre el texto de una nota explicativa conjunta que acompañaría la elevación del Memorándum al Secretario General de las Naciones Unidas. Mientras se desarrollaban estas discusiones, la oposición en el Reino Unido había agitado el tema públicamente, lo que asustó al Gobierno y en consecuencia, abandonó las negociaciones (La Nación, 14-4-1982, 7).

  41. Franks, 6. Beck cuenta que en esa reunión, Stewart defendió la negociación señalando sus ventajas, pero un miembro del Gabinete comentó que "...uno por uno, todos nos volvimos en su contra", dejando claro que no conseguiría su objetivo (1988, 103 citado por Olivieri López 1992, 231 n.11).

  42. Lanús, 476.

  43. A partir de diciembre de 1968, Gran Bretaña estableció claramente su curso de negociaciones: negociar con la Argentina, pero dejar bien claro que la transferencia de soberanía sin la aprobación (auto-determinación) de los Isleños no era negociable (Kinney, 51).

  44. Lanús, 476.

  45. Kinney, 49.

  46. Quellet, 79-80. Los datos eran que sólo 140 personas en las Malvinas tenían pasaporte que les permitiría emigrar y 862 estaban sujetos a la aplicación de la nueva ley de inmigración (Ibid. 80 basado en House of Commons, Parliamentary Debates, 26.3.1968).

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