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Entre 1968 y 1971 la intensidad de los contactos disminuyó. El 21 de noviembre de 1969, la Argentina y Gran Bretaña convinieron en mantener conversaciones especiales para mejorar el tránsito y las comunicaciones entre las Islas y el continente (1). El 1° de abril de 1970 se iniciaron las reuniones en Londres y Buenos Aires. En julio de ese año, el Foreign Office recibió varias propuestas argentinas para establecer las comunicaciones entre ambas regiones a las que no respondió. Recién en 1971 se reiniciaron las conversaciones bilaterales en Buenos Aires (2). La segunda ronda de encuentros se desarrolló en Buenos Aires entre el 21 y 30 de junio de 1971. En esa oportunidad, la delegación británica incluyó isleños. Entre ellos se encontraba el gerente de la Falkland Islands Company, señor Alistair Sloggie (3). Por parte de la Argentina participaron alternativamente los diplomáticos Juan Carlos Beltramino, Enrique Ros, Guillermo Louge y, el asesor de la Cancillería, coronel (R) Luis González Balcarce (4). Estas negociaciones que se realizaron bajo un "paraguas de soberanía", culminaron con la aprobación de una serie de medidas prácticas cuya aplicación facilitaría el movimiento de personas y bienes entre el territorio continental argentino y las islas en ambas direcciones. El tono de las conversaciones fue calificado como cordial. El 1° de julio de 1971 ambos gobiernos suscribieron una Declaración Conjunta. Las medidas más importantes fueron,

1. la creación de una Comisión Consultiva Especial constituida por representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y de la Embajada Británica en Buenos Aires a fin de tratar todas las cuestiones relativas al establecimiento y promoción de las comunicaciones.

2. el Gobierno argentino otorgaría un documento a los residentes de las Islas Malvinas, sin referencia a la nacionalidad, que desearan viajar al territorio continental argentino, y que permitiría el libre desplazamiento en él.

3. los residentes de las Islas serían declarados por el gobierno argentino exentos del pago de derechos e impuestos y de cualquier otra obligación como resultado de actividades en las Islas. Asimismo, el gobierno británico no demandaría el pago de impuestos a los residentes provenientes del territorio continental argentino que presten servicios en las Islas.

4. se adoptarían medidas para que el equipaje normal de los residentes malvinenses que viajasen entre las Islas y el territorio continental estuviera libre de todo pago de derechos e impuestos.

5. que el gobierno argentino adoptaría medidas para que todo residente en las Islas que estableciera su domicilio en el territorio continental pudiera ingresar, por una sola vez, libre de derechos e impuestos, todos sus efectos personales del hogar y un automóvil. Facilitarían el tránsito de personas vinculadas al establecimiento y promoción de las comunicaciones.

6. el gobierno británico tomaría medidas para el establecimiento de un servicio marítimo regular de pasajeros, carga y correspondencia.

7. el Gobierno argentino tomaría medidas para el establecimiento de un servicio aéreo regular de frecuencia semanal de pasajeros, carga y correspondencia. Hasta tanto se construyera el aeródromo de Puerto Stanley, el gobierno argentino proveería un servicio aéreo temporario con aviones anfibios entre el territorio y las Islas.

8. Se proponían, asimismo, medidas para agilizar las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas; se establecía que las tarifas telefónicas, telegráficas y postales serían iguales a las internas del lugar de origen de las comunicaciones. Las estampillas de correo serían canceladas con un sello que se refiera a la Declaración Conjunta del 1 de julio de 1971.

9. El gobierno argentino manifestó que estaría dispuesto a cooperar en los campos de la salud, educación, agricultura y técnica en respuesta a requerimientos que pudieran formulársele (5).

En esa oportunidad, la estrategia del gobierno argentino fue la de acercar y vincular en forma progresiva las Islas al territorio continental (6). Era claro que, como afirma Lanús, "el propósito de estos acuerdos [era] influir en la opinión pública de los isleños -anímicamente aislados de la Argentina- y ahondar su interés por la cultura, política y economía de nuestro país. Estos acuerdos de comunicaciones, permitirían vincular a los isleños con la Argentina, generando una corriente de confianza y contactos imprescindibles para consolidar cualquier negociación política" (7). Por el contrario, la estrategia británica buscaba crear cooperación política a partir de éxitos en áreas funcionales que luego por efecto de spillover se trasladaría a otros temas (8).
    Un mes más tarde, el 5 de agosto, el Ministro de Relaciones Exteriores, Luis María de Pablo Pardo, comunicó al representante británico en la Argentina que su gobierno había aprobado la Declaración Conjunta del 1° de julio de 1971.
    El día 7 de enero de 1972 partía de Buenos Aires la motonave Libertad transportando un contingente de 300 turistas a la Antártida. Con el fin de aprovechar el viaje y consolidar el proceso de acercamiento, se decidió que la nave recalaría por una noche en Puerto Stanley. En la nave viajaron el Embajador de Gran Bretaña en Buenos Aires, Michael Hadow y el Director General de Antártida y Malvinas de la Cancillería, Mario Izaguirre (9).
    Con el objeto de revestir de mayor solemnidad a los acuerdos, el gobierno del general Lanusse dictó la Ley 19.529 que aprobaba la Declaración Conjunta de julio del año anterior, así como las notas reversales que ambos gobiernos se habían intercambiado sobre el tema de reserva de sus derechos de soberanía (10).
    El proceso de acercamiento entre las Islas y el continente fue completado por dos acuerdos más firmados durante 1972. El 2 de mayo de ese año, el Embajador de Gran Bretaña en Buenos Aires y el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, suscribieron un Acuerdo sobre la Construcción y Operación de un Aeródromo Provisorio en las Islas Malvinas por parte del gobierno argentino:

1.El aeródromo provisorio estará situado en Hooker's Point. La ubicación específica del aeródromo y cualquier derecho subsidiario con respecto al terreno adyacente que pudiera ser necesario durante el período de construcción y operación del aeródromo provisorio, serán tal como se convenga entre los representantes de nuestros respectivos Gobiernos en la Comisión Consultiva Especial.

2. La pista será de aproximadamente ochocientos metros de largo por treinta metros de ancho.

3. El Gobierno Argentino adoptará las medidas necesarias para construir el aeródromo y suministrar los materiales y equipos requeridos para su construcción, operación y mantenimiento. Empleará principalmente personal procedente del territorio continental argentino, pero con la participación de personal local. La composición del grupo para la construcción será tal como lo convenga la Comisión Consultiva Especial. El grupo de construcción podrá obtener y utilizar sin cargo, el material de construcción necesario, de los terrenos próximos al aeródromo según lo acuerde la Comisión Consultiva Especial.

4. El Gobierno de Reino Unido proveerá un edificio para habitación del personal procedente del territorio continental argentino para la construcción del aeródromo. Para dicho edificio y para la construcción, operación y mantenimiento del aeródromo, el Gobierno del Reino Unido proveerá agua, como también electricidad, tan pronto se logre una capacidad de producción suficiente.

5. El aeródromo será administrado y mantenido por personal del territorio continental argentino, con la participación de personal local. La composición del grupo para la administración y mantenimiento será tal como la convenga la Comisión Consultiva Especial (11).

Pocos meses después, el 24 de octubre de 1972 se firmó un acuerdo complementario del anterior. Por el mismo, se acordó la apertura de una agencia de Líneas Aéreas del Estado (LADE) en Puerto Stanley y la iniciación del servicio aéreo regular entre las Islas y el territorio continental:

1. Líneas Aéreas del Estado (LADE), Empresa Argentina a cuyo cargo se hallará el servicio regular así como el temporario, a los que se refieren los numerales (8) y (9) de la Declaración Conjunta, abrirá una agencia comercial y operativa en Puerto Stanley y designará su titular, así como al personal auxiliar necesario que desee emplear en las Islas Malvinas. El personal auxiliar estará compuesto en la forma en que acuerde la Comisión Consultiva Especial.
...
3. Las tripulaciones y los aviones con que se realicen los servicios referidos en el numeral (2) de este Acuerdo, llevará la misma documentación de vuelo que es de rigor para las tripulaciones y los aviones que realizan vuelos internos sobre el territorio continental argentino y sus operadores estarán exentos del pago de derechos de aterrizaje, gravámenes u otras cargas... (12).

El 25 de mayo de 1973 un nuevo gobierno constitucional se estableció en la Argentina. En su discurso inaugural el presidente Héctor J. Cámpora tuvo unas palabras para las Malvinas. Su recuperación sería uno de los objetivos de su gobierno (13).
    Respecto de las negociaciones realizadas durante el período 1968-1973, el argentino Quellet señala que Gran Bretaña trató de transformar las negociaciones en conversaciones, con el objeto de no tratar el tema central: soberanía. Al mismo tiempo, otros señalan que dada la divergencia de objetivos -ansiedad argentina por tratar el tema de la soberanía y la negativa británica de proseguir conversaciones políticas que trataran el tema- durante 1972 se llegó a una clara situación de impasse (15). Ante esta situación, la Argentina denunció ante las Naciones Unidas la utilización por parte de Gran Bretaña de una estrategia dilatoria. El foro internacional se hizo eco de la denuncia argentina y aprobó la Resolución 3.160 (XXVIII) de diciembre de 1973 que señaló su preocupación por la falta de progreso en las negociaciones e instó a las partes a proseguirlas (16). A pesar de ello, las negociaciones por las comunicaciones prosiguieron (17). Los avances diplomáticos argentinos fueron contestados por los isleños y el 4 de enero de 1974, el Consejo Legislativo de las Islas, aprobó una moción en la cual declaró:

Que esta Cámara se opone enérgicamente a toda negociación o conversaciones celebradas con el Gobierno argentino sin el previo y completo conocimiento del pueblo de las Islas, que involucren la transmisión de la soberanía de esta colonia contra los deseos de sus habitantes (18).

Para julio de 1974, el Canciller Alberto J. Vignes afirmó que al menos que las negociaciones sobre la transferencia de las islas se acelerase, "la política [argentina] amistosa sería revisada" (19). En Gran Bretaña, el nuevo gobierno del Primer Ministro Harold Wilson inició conversaciones diplomáticas introduciendo la posibilidad de un condominio. Ello dio lugar a importantes encuentros entre representantes de los gobiernos argentino y británico en julio de 1974. En esa oportunidad, el embajador de Gran Bretaña presentó al canciller Vignes una comunicación escrita en la que informaba haber sido instruido por su gobierno "para proponer que las discusiones entre Gran Bretaña y la Argentina sobre el futuro de las Islas deberían resumirse sobre la base de las salvaguardias y garantías a extenderse a los isleños en el hipotético caso de un condominio de Gran Bretaña y Argentina en relación a la soberanía territorial sobre las Islas Falkland" (20).
    La comunicación británica además expresó lo siguiente:

...el objetivo del Gobierno de Su Majestad al entrar en negociaciones sobre la base del condominio será resolver la disputa de la soberanía a través de la aceptación de la co-soberanía argentina sobre las Islas y que el producto final pueda ser un tratado que solucione la disputa anglo-argentina creando una atmósfera favorable en la cual los isleños puedan desarrollarse acorde a sus intereses (21).

Finalmente, el documento señaló que "cualquiera fuera la forma que pudiese asumir el condominio, éste tendría algunos elementos básicos, como ser que ambas banderas flamearan juntas, que se adoptaran los idiomas español e inglés como idiomas oficiales, que se aceptará la doble nacionalidad para los isleños, y que el gobernador fuese designado alternativamente por la Reina y el Presidente de Argentina. Sobre esas bases, el gobierno inglés aceptaba, en forma oficial y preliminar, iniciar las conversaciones en Buenos Aires" (22). Esta aproximación diplomática británica coincidió con una contrapropuesta de la Cancillería argentina también sobre "condominio" que era similar en muchos aspectos (23).
    Las conversaciones sobre el tema se desarrollaron en forma muy confidencial. Pero luego de la muerte del presidente Perón no se continuó trabajando sobre esta opción. Según Lanús, de acuerdo con testimonios, el presidente Perón habría dado su conformidad para que se analizara dicha solución al diferendo sobre la soberanía, pero que al producirse su deceso, el canciller Vignes "ocultó e hizo zozobrar esas negociaciones a pesar de la posición de Perón", desconociéndose los motivos de Vignes para adoptar semejante decisión (24). Por el lado británico, estas conversaciones que se realizaron sin la aprobación o la participación de los isleños fueron desbaratadas por el Parlamento, lo que llevó al Gobierno británico a informar en agosto de 1974 que no sería práctico la continuación de las conversaciones sobre el tema (25).
    A partir de 1969, el Gobierno británico había comenzado a percibir la resonancia política que podía generar la posible existencia de petróleo alrededor de las Malvinas. En aquella oportunidad, el Foreign Office concluyó que sería mejor no hacer nada al respecto por temor a provocar un aumento en la tensión política entre Gran Bretaña y la Argentina al punto de empujar a esta última a ocupar las islas por la fuerza (26). Más tarde, el Gobierno británico decidió realizar sus propias exploraciones en las aguas de las Malvinas para constatar si efectivamente había allí petróleo. Para ello, a partir de 1970 se llevaron a cabo relevamientos en la zona. Hacia mediados de los 70s se habían acumulado pruebas que sugirieron que probablemente existía petróleo en la región (27).
    De inmediato, varias empresas petroleras se interesaron en la zona y, según manifestaciones del Secretario Principal del Territorio de Gran Bretaña, se estaban esperando los resultados de un informe que había sido encargado a un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham (28). El informe titulado "Geology of the Region around the Falkland Islands" fue preparado por Departamento de Ciencias Geológicas de esa universidad y sus autores fueron P.F. Barker, J. Burrel, P. Simpson y D.H. Griffiths y presentado en marzo de 1975 (29). Según el informe existían ciertas posibilidades de encontrar petróleo en las Islas y en el mar adyacente.
    El 19 de marzo de 1975, la Cancillería argentina emitió un Comunicado de Prensa en respuesta de la intenciones británicas. Según este texto, la Argentina no reconocía el ejercicio de ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos naturales:

Teniendo en cuenta que las Islas Malvinas y dichas áreas forman parte integrante del territorio nacional, el Gobierno argentino manifiesta que en ellas no reconoce ni reconocerá la titularidad ni el ejercicio de ningún derecho relativo a la exploración y explotación de minerales o hidrocarburos por parte de un gobierno extranjero. Por consiguiente tampoco reconoce ni reconocerá y considerará insanablemente nulos cualquier actividad, medida o acuerdo que pudiera realizar o adoptar Gran Bretaña con referencia a esta cuestión que el gobierno argentino estima de la mayor gravedad e importancia.

El gobierno argentino considerará, además, la materialización de actos de la naturaleza antes mencionada, contraria a las resoluciones y consensos sobre las Islas Malvinas adoptadas por las Naciones Unidas, cuyo claro objetivo es la solución de la disputa de soberanía entre los países por la vía pacífica de las negociaciones bilaterales (30).

Como respuesta al amenazante comunicado argentino, en el mes de abril, el recién designado embajador del Reino Unido en la Argentina informó, en su primer encuentro con el Canciller Vignes, que ante cualquier ataque a las Islas el Gobierno británico respondería con la fuerza militar (31).
    A pesar de la oposición argentina, el gobierno inglés mantuvo sus propósitos y el 16 de octubre confirmó el envío a las islas de un misión económica encabezada por Lord Shackleton (32). Ante este anuncio, el 22 de octubre, el Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que no se concedía permiso oficial a la misión Shackleton (33). Ya el 16 de octubre, había hecho saber que el envío de la misión de relevamiento económico introduciría una desagradable perturbación en las relaciones anglo-argentinas y que su presencia pondría en peligro la solución pacífica de la disputa (34). Esta reacción echó por tierra las expectativas del Foreign Office de que el envío de una misión patrocinada por el Gobierno, en lugar de una empresa privada, calmaría al gobierno argentino (35).
    Lanús afirma que la Misión Shackleton, no autorizada por el gobierno argentino, introdujo un cambio sustancial que violaba un tácito principio de no innovar, que ambos países habían respetado hasta ese momento (36).
    Para julio de 1975, Kinney sostiene que el Reino Unido propuso a la Argentina discusiones para el desarrollo conjunto del Atlántico sudoccidental. El Canciller Vignes aceptó esa posibilidad pero la ató a la transferencia de la soberanía a través de un arriendo (leaseback) por un término fijo. La propuesta argentina incluía la ocupación inmediata de las islas Georgias y Sandwich del Sur con la aquiescencia británica (37). A esta propuesta, el Gobierno británico respondió que cualquier acción unilateral sería inaceptable, por lo que el Gobierno argentino rechazó cualquier conversación sobre cooperación económica que excluyera una discusión del tema de la soberanía (38).
    El 8 de noviembre de 1975, el representante argentino ante las Naciones Unidas sostuvo que dado que el estado presente de la situación entre ambos países era de ruptura de negociaciones, la Argentina no dejaría de valer sus derechos en la forma que considere más apropiada. El Gobierno británico consideró que este discurso contenía la idea de una acción unilateral por parte de la Argentina (39). Kinney agrega que a partir de mediados de los 70 tanto la oposición como el Gobierno argentino habían comenzado a utilizar regularmente la amenaza de invasión como parte de la presión diplomática (40).
    En noviembre de 1975 el Canciller argentino en ese momento, Ángel Federico Robledo, invitó a Gran Bretaña a tratar el tema de la soberanía. Las autoridades británicas hicieron llegar al Canciller una nota sin membrete (non-paper) en el que informaban que el honorable Lord Shackleton visitaba las Islas aceptando una invitación. El gobierno argentino respondió con otro non paper recordando las leyes sobre autorización para navegar en aguas territoriales argentinas (41).
    A fines de 1975, se llevó a cabo en París una reunión por el Diálogo Norte-Sur. Allí, un nuevo canciller argentino, Manuel Aráuz Castex se encontró con su par británico, el Secretario del Foreign Office James Callaghan, quien le solicitó iniciar conversaciones sobre cooperación económica. Como era de esperar, Araúz Castex expresó su aceptación si se incluía la cuestión de la soberanía. También como era de esperar, la respuesta de Callagham fue que para tratar ese aspecto debía consultar la voluntad de los isleños.
    El 17 de diciembre de 1975, Callagham entregó a Aráuz Castex una nota donde proponía una agenda "abierta" para discutir temas de cooperación y cualquier otra cuestión (42). En un nuevo encuentro en Roma, Aráuz Castex le propuso a Callagham transformar la misión Shackleton en una empresa de los dos países, "a fin de quitarle...su carácter unilateral y provocativo" y que estuviera bajo la dirección de un representante de cada país (43). Lanús afirma que este ofrecimiento de investigación conjunta fue rápidamente distorsionado por los británicos. Mientras que para los argentinos se trataba de poner toda la operación bajo la dirección de un paraguas binacional, para Callagham esto se tradujo en que la Argentina podía incorporar tres técnicos a la expedición, uno en temas económicos, otro marítimos, y un tercero en petróleo. La Argentina elevó la lista de tres nombres pero uno de ellos fue sólo aceptado como asesor. En vista de ello, Aráuz Castex concluyó que las verdaderas intenciones del gobierno inglés eran llevar adelante la expedición sin la participación argentina (44).
    A fines de 1975 la tensión entre ambos países había aumentado y durante los primero días del año siguiente, la presidente María Estela Martínez de Perón mantuvo reuniones para analizar la situación en Presidencia con el canciller Aráuz Castex y los tres Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, el general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti (45). Allí se analizó el texto de un Comunicado de Prensa que fue finalmente publicado el 5 de enero de 1976 por la Cancillería para contestar a lo que consideraban una "ruptura unilateral" de las conversaciones por parte de los británicos:

Ante tal comprobación, la Cancillería argentina estima inadecuado avenirse a considerar temas que, frente a aquella reticencia, resultan insustanciales con relación al problema verdadero, y no conducentes por lo tanto a la justa solución del mismo...Como consecuencia de ello el Pueblo de la República debe estar advertido de que su gobierno, juntamente con las Fuerzas Armadas y demás organizaciones institucionales que estructuran el Estado argentino, comparten inquebrantablemente el celo de aquél por la defensa de la dignidad y los derechos de la Nación; y que actuarán sin precipitación pero con toda la persistencia, la prudencia y la energía que sean necesarias para logra justicia (46).

El 3 de enero de 1976, Lord Shackleton arribó a las Malvinas a bordo del buque HMS Endurance. El Canciller argentino sostuvo que el arribo del enviado británico en esa fecha, coincidente con la ocupación de las Malvinas en 1833, era una "coincidencia hóstil y desconsiderada" y que por ello el Gobierno argentino consideraba que el Gobierno británico había roto unilateralmente con las negociaciones. Más aún, informó al embajador británico que "las dos partes se mueven rápidamente en un curso de colisión" (47). Ante esta escalada en la tensión de las relaciones, Callagham envió el 12 de enero un mensaje a la Cancillería argentina en el que sostuvo que el tema de la soberanía era una "disputa estéril" y en un intento conciliatorio los invitó a mantener conversaciones confidenciales. La respuesta fue inmediata. El 13 de enero el Ministro de Relaciones Exteriores respondió, lamentando "no encontrar ningún elemento positivo que justifique la reapertura de negociaciones" (48). El mismo día la Cancillería argentina informó que su embajador ante Gran Bretaña, Manuel de Anchorena, no retornaría a Londres y que había comunicado al Gobierno del Reino Unido que sería aconsejable que retirara el suyo, Derek R. Ashe, de Buenos Aires. A partir de ese momento, las relaciones se mantuvieron congeladas a pesar de que ambos gobiernos aseguraron que los hechos no implicaban una ruptura diplomática (49). El 14 de enero, Callagham declaró ante los Comunes que la tradicional amistad entre ambos gobiernos se encontraba entorpecida por razones de soberanía, pero que el gobierno del Reino Unido entendía que era imprescindible para el desarrollo económico de las Islas contar con cooperación económica del territorio continental. Agregó, también, que "con buena voluntad, el Reino Unido y la Argentina podrían transformar el área de disputa por la soberanía sobre las Islas en un factor de cooperación entre ambos países, de acuerdo con los deseos e intereses de los malvinenses" (50). En medio de la crisis, el 15 de enero, el canciller Aráuz Castex fue reemplazado por el embajador Raúl Quijano, quien, del otro lado del Atlántico, destacó que las relaciones entre ambos países no estaban rotas. Al mismo tiempo las comunicaciones con las Malvinas se mantuvieron normales. Es claro que el gobierno argentino no deseaba cerrar todos los canales de comunicación. Los británicos tampoco quisieron agravar la situación.
    Pocos días más tarde, el 27 de enero, el Ministro de Estado del Foreign Office declaró ante la Cámara de los Lores que:

...no habrá cambios en la soberanía británica sobre las Islas Falkland en contra de los deseos de los isleños. Pero el gobierno de Su Majestad estima...que se atenderá mejor a los intereses a largo plazo de los isleños mediante vínculos estrechos y amistosos con la Argentina (51).

    Mientras ambos gobiernos trataban de mantener la situación de tensión bajo control, algunos sectores en la Argentina solicitaban una acción más enérgica. En efecto, el mismo día, el líder de la bancada de la oposición, Antonio Trócoli (UCR), hizo un pedido de informes al Poder Ejecutivo. Por éste trámite, quiso saber qué otras medidas se habían considerado además del retiro de los embajadores y si ello era todo lo que el país podía hacer para castigar a Gran Bretaña (52).
    En medio de la crisis, el 16 de enero, un buque de transporte de la Armada Argentina desembarcó en Puerto Stanley 750 toneladas de equipo y cincuenta miembros del cuerpo de ingenieros del Ejército. En la capital de las Islas muchos pensaron que se hallaban ante el preludio de la invasión. Sin embargo, un mensaje del Foreign Office desde Londres, enfrió los ánimos al informar que el desembarco del equipo era legítimo y que se trataba del material para extender la pista de aterrizaje según se había acordado en 1972 (53).
    Durante esos días, la prensa británica reprodujo artículos escritos por isleños donde se expresaron sus temores acerca de que el Foreign Office los hubiera "vendido" y que como "peones que eran, se transformarían en las víctimas de una batalla diplomática perdida" (54).
    Los organismos regionales se expidieron en apoyo de la Argentina. La Organización de los Estados Americanos sostuvo que la exploración del potencial económico de las Islas constituía una amenaza a la seguridad hemisférica. También el 16 de enero, el Comité Jurídico Interamericano de la OEA declaró en Río de Janeiro que la Argentina tenía un inobjetable derecho de soberanía sobre las Islas Malvinas. Calificó a la misión Shackleton como una "innovación unilateral" que violaba las Resoluciones de las Naciones Unidas 2.065 (XX) y 3.160 (XXVIII) y que amenazaba la paz internacional y la de toda América Latina; por último, que todas esas acciones implicaban un esfuerzo hostil para silenciar los reclamos argentinos y obstaculizar el progreso de las negociaciones solicitadas por la Asamblea General (55). Con posterioridad, Gran Bretaña rechazó, en una nota presentada a la Comisión de Descolonización de las Naciones Unidas, la declaración de la Comisión Jurídica de la OEA.
    El pico de la crisis se alcanzó el 4 de febrero cuando el destructor de la Armada Argentina ARA Almirante Storni (56) se dispuso a detener al buque de investigación oceanográfica británico RRS Shackleton que navegaba a 78 millas al sur de Puerto Stanley. Desde el destructor se ordenó: "Detenga las máquinas o abriré fuego". El motivo esgrimido por la nave argentina fue que los británicos se hallaban dentro del límite de la jurisdicción argentina de las 200 millas alrededor de las Islas (57). Según algunos informes, también se creía que Lord Shackleton se encontraba a bordo. El capitán del buque británico, actuando bajo órdenes radiales del gobernador de las Malvinas, Neville French no detuvo la marcha, se rehusó a recibir un grupo de abordaje o seguir al Storni al puerto de Ushuaia. Con el fin de aumentar la presión, las acciones del destructor fueron apoyadas por un avión de reconocimiento marítimo Neptune de la Armada. El destructor entonces hizo varios disparos sobre la proa del Shackleton que a pesar de ello prosiguió su ruta hacia Puerto Stanley. El buque argentino no persistió en su accionar pero siguió a la nave inglesa hasta seis millas de ese puerto donde finalmente emprendió el retorno (58).
    El hecho que la nave argentina se haya limitado a realizar algunos disparos y que no emprendió ninguna otra acción a pesar de su capacidad, parecería demostrar que sólo se buscó enviar un aviso: no se le reconocían derechos a Gran Bretaña para incrementar el desarrollo económico de las Islas (59). Ante los hechos, se sucedieron las protestas británicas ante el Gobierno argentino y ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (60). La Argentina protestó y acusó al Gobierno británico de haber violado las normas relativas a la jurisdicción marítima, en tanto que el Reino Unido denunció la actuación del buque argentino como un "peligroso" hostigamiento contra un buque que navegaba pacíficamente para efectuar "un relevamiento científico en la zona" (61). Sin embargo, el enfrentamiento no escaló. Al día siguiente de los disparos, Edward Rowlands, ministro de estado del Foreign Office, afirmó ante la Cámara de los Comunes que harían "todo lo posible para enfriar la situación" pero fue ovacionado cuando sostuvo que la posición del Gobierno era clara: respetar los deseos de los isleños (62). Para Beck, la respuesta de su país estuvo relacionada, no sólo, con el deseo tradicional de Gran Bretaña de evitar los conflictos con la Argentina, sino para evitar otros problemas dado que en ese mismo momento la "Guerra del Bacalao" con Islandia estaba en plena escalada (63).
    Por otra parte, Kinney agrega que el debate parlamentario sobre el tema demostró que la posición británica era débil dado lo exiguo de sus fuerzas militares (64). Sin embargo, las consecuencias de la acción argentina no tuvieron mayor impacto sobre la política británica hacia las Islas y prevaleció el status quo. Los isleños persistieron en su empeño de permanecer bajo la soberanía británica, el Foreign Office continuó tratando de alcanzar algún grado de cooperación económica de todas las partes involucradas, y muchos argentinos continuaron exigiendo soberanía plena sobre las Islas. Al respecto el canciller Quijano afirmó,

el centro de nuestra discusión es... soberanía...No podemos avanzar y si el Reino Unido no desea discutir el este tema nosotros no podemos tratar los otros temas. Por supuesto que estamos muy interesados en la cooperación económica y las comunicaciones, pero sin soberanía estos son temas mucho más periféricos (65).

A pesar de lo sucedido o debido a ello, el canciller argentino, y el ministro Rowlands acordaron en Nueva York reasumir el diálogo (66). Al mismo tiempo, Rowlands le comunicó claramente que el Gobierno británico "defendería las Islas si los argentinos intentaban utilizar la fuerza" (67).

  1. Los británicos habían reconocido el excesivo aislamiento en el que se hallaban los isleños. No existía ningún periódico local, y sólo recibían noticias del mundo exterior a través de la radio. La infraestructura educativa y los servicios médicos no eran adecuados. Por lo tanto, parecía lógico mejorar los lazos con la Argentina (Hoffmann y Hoffmann, 125).

  2. Ibid. 125.

  3. Lanús, 477.

  4. Ibid. 477.

  5. Ibid. 477-78; para ver el texto completo Quellet, 150-153.

  6. Lanús, 478.

  7. Ibid. 479. A pesar que el tema de la soberanía no estaba en al agenda la lectura que la Argentina hizo, posiblemente siguiendo anteriores consejos británicos, fue que el pedido de provisión de servicios podía considerarse como una licencia para ganarse a los Isleños y avanzar en la transferencia de soberanía (Kinney, 51).

  8. Gustafson, 92. El acuerdo fue considerado como favorable por numerosos británicos y no se registraron protestas o presiones en los grupos tradicionalmente opuestos a un arreglo con la Argentina -la prensa, el Lobby, el Parlamento y la Falkland Islands Company (Hoffmann y Hoffmann, 127).

  9. Lanús, 478.

  10. Ibid. 479.

  11. Ibid, 496-96 n. 34.

  12. Lanús, 496 n.35.

  13. Ibid. 479.

  14. Quellet, 83-84.

  15. Kinney, 52.

  16. Ver arriba Resolución de la Asamblea General 3.160(XXVIII) del 14 de diciembre de 1973.

  17. Se trata de los acuerdos de septiembre de 1974 sobre el abastecimiento de productos derivados del petróleo y un tratado sobre comunicaciones, donde se abolieron los pasaportes, se construyó la pista aérea temporaria y la prestación de servicios educativos y de combustible (Kinney, 52 y Franks 8).

  18. Lanús, 480.

  19. Gustafson, 87.

  20. Lanús, 480 y Olivieri López 1992, 91.

  21. Lanús, 480.

  22. Ibid. 480.

  23. Ibid. 480. Gustafson comenta que posteriormente, el 3 de abril de 1975, el periódico Financial Times publicó que las posturas de ambos países respecto de la soberanía podía resolverse a partir del establecimiento de un condominio anglo-argentino (87-88).

  24. Lanús, 480. Dado el clima político en el que se hallaba la Argentina a la muerte del presidente Perón en julio de 1974, es posible suponer porque al Canciller no le pareció prudente avanzar con el tema. Por el contrario, otro argentino, Olivieri López, sostiene que "hay versiones encontradas si el canciller Vignes tuvo oportunidad de analizar esta propuesta con el recientemente reelecto presidente Juan Domingo Perón. O si llegó a haber alguna respuesta del gobierno argentino rechazando sus términos o pidiendo mayores precisiones" (1992, 91-92).

  25. Kinney, 52 y Franks, 8.

  26. Gustafson, 83.

  27. Ibid. 86-87.

  28. Lanús, 480.

  29. Ibid. 496 n.3. A partir de la publicación del informe, algunos autores argentinos tienden a adjudicar a Gran Bretaña la intención de sustituir las negociaciones por la soberanía por conversaciones sobre cooperación económica (Quellet, 85). Para la visión opuestas de los analistas británicos ver Beck (1982). Lanús y también otros afirman que "esta cuestión de los hidrocarburos y la explotación de las aguas territoriales fue el factor que deterioró ostensiblemente las relaciones entre Londres y Buenos Aires (481).

  30. Selección de párrafos. Lanús, 481.

  31. Franks, 8.

  32. Lanús, 481.

  33. Hoffmann y Hoffmann, 138. Los motivos dados de esa decisión fueron que la cuestión de la soberanía de las Islas se hallaba en pleno proceso de negociación, acorde con la recomendación de las Naciones Unidas, y por lo tanto, las partes deberían abstenerse de emprender nuevas acciones (Ibid.).

  34. Gustafson, 90.

  35. Ibid. 89.

  36. Lanús, 481.

  37. Kinney, 52.

  38. Franks, 9.

  39. Ibid. 9-10.

  40. En septiembre de 1975, durante el congreso anual de la Unión Interparlamentaria en Londres, el Senador argentino Luis León participó en una serie de incidentes con sus pares británicos. Según el delgado británico, Lord Newall, el Senador insinuó en una reunión a puertas cerradas "que la Argentina podría recurrir a la fuerza para recuperar las islas". El británico calificó ante la prensa a esta amenaza como "deplorable", "ridícula" y "patética". En otro debate, León acusó a los británicos de piratería internacional, y sostuvo que "al agotarse su paciencia la Argentina habría de decirles a las Naciones Unidas y al mundo que su propia dignidad hacía intolerable que se prolongara por más tiempo tal situación" (Hoffmann y Hoffmann, 137). Kinney cita otros ejemplos (52).

  41. Lanús, 481.

  42. Ibid. 482.

  43. Ibid. 482.

  44. Ibid. 482.

  45. Kinney sostiene que en esa reunión los militares se opusieron a una invasión como solución a la situación planteada en ese momento (a pesar de sus posibilidades de éxito). Al respecto se han dado dos explicaciones. Según una de ellas, los motivos de tal postura estaría en que una recuperación exitosa de las Malvinas reforzaría al agonizante gobierno de la presidente Martínez de Perón. Otra explicación sería que una acción armada contra las Islas hubiera sido contraproducente para la campaña de relaciones públicas hacia los isleños que llevaba a cabo el Gobierno argentino. Por lo tanto, las comunicaciones y los servicios a las Islas no fueron interrumpidos (54).

  46. Lanús, 482. Párrafo del Comunicado de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores, 2-1-1976.

  47. Kinney, 53; Franks, 10. El enojo argentino se expresó de diversas maneras. El 7 de enero, un diputado justicialista propuso confiscar sin compensación todas las propiedades británicas en la Argentina hasta que Gran Bretaña devolviera las Islas. Otro diputado propuso eliminar los carteles indicadores en inglés de los aviones de las aerolíneas argentinas (Gustafson, 90).

  48. Lanús, 483.

  49. Ibid. 483.

  50. Ibid. 483; Franks, 11.

  51. Cámara de los Lores, 27-01-1976 en Lanús, 483.

  52. Gustafson, 91.

  53. Ibid. 91-92.

  54. El Times de Londres, 22-6-1976 en Gustafson 92. Además, comenta que los isleños creían que semejante cooperación del Foreign Office con una "nación no confiable" indicaba que estaban regalando las Islas o que inconscientemente facilitaban a la Argentina la preparación de una invasión (Ibid.).

  55. Gustafson, 92; Hoffmann y Hoffmann, 139. Lanús califica a esta declaración como "un apoyo de fundamental importancia" (483).

  56. ARA Almirante Storni: destructor de origen norteamericano de 2100 toneladas. Se hallaba al mando del capitán de fragata Ramón A. Arosa.

  57. Ya el 14 de noviembre de 1975, el Ministerio de Relaciones Exteriores había enviado una nota de protesta al gobierno británico por la presencia de buques de esa nacionalidad navegando en aguas que la Argentina consideraba como sus aguas territoriales (G. 93).

  58. Beck 1982, 39-40; Kinney 54. Este último, sostiene que los militares argentinos, y no el Gobierno habían planeado dicha acción desde antes del nuevo año. De acuerdo con su relato, la intención de los militares era hacer un gesto que no cobrara víctimas y reforzar el reclamo argentino para que su límite de las 200 millas incluyera, además de la costa del continente, la plataforma y las islas. Por otra parte, el buque como rehén hubiera servido para ejercer mayor presión sobre el gobierno inglés para negociar la soberanía a condición de su liberación. Para Kinney, este hecho demuestra que los militares argentinos prefirieron llevar a cabo un gesto político-militar antes que una invasión que implicaba riesgos para ellos y beneficios para el gobierno civil (54).

  59. Gustafson, 93. Lanús le añade un comentario más colorido a este serio incidente al señalar que fue "presagio, símbolo o advertencia de que el pueblo argentino no podía seguir aceptando impasiblemente, dilaciones o provocaciones que ya constituían ultrajes a sus aspiraciones más profundas" (484).

  60. Gustafson sostiene que la protesta británica fue ante el Comité de Descolonización (94).

  61. Lanús, 484.

  62. Hansard en Beck 1982, 40; Kinney, 54.

  63. Beck 1982, 40. Además, Beck sostiene que las acciones de ambos gobiernos tipificaban la tendencia de ambos a teatralizar la disputa con propósitos internacionales y domésticos (ibid.).

  64. Kinney informa que estas consistían en 37 marines de Puerto Stanley, el buque de patrulla antártica HMS Endurance, y el "deseo argentino" de mantener buenas relaciones (Kinney, 54).

  65. Declaración del 22-3-1976 en Gustafson, 95.

  66. Kinney, 54.

  67. Franks, 12. Durante el mes de febrero de 1976, el Comité de Defensa del Reino Unido, elaboró planes de contingencia para enfrentar un posible ataque argentino. Los planes concluían que la mejor acción sería el envío de una fuerza naval que transportara tropas de desembarco, el apoyo de un portaaviones y gran cantidad de apoyo logístico (Ibid. 13).

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