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Poco después de finalizar su mandato, el ex-presidente Alfonsín sostuvo que su gobierno debió "remontar la situación que había creado la irresponsable acción militar del gobierno de facto." Por ese motivo, adoptó como política de su gobierno en el tema de Malvinas "actuar en todos los frentes que nos permitieran fortalecer... [los] intereses" del gobierno argentino. Entre otros, menciona las Naciones Unidas (1). De este modo, los foros internacionales fueron el ámbito donde la acción argentina concentró sus esfuerzos. Estos también incluyeron a la Organización de Estados Americanos y el Movimiento de los No Alineados. Para algunos, la diplomacia argentina se centró demasiado en este último organismo y, en particular, contó con el apoyo moral de los países miembros más radicalizados. A tal efecto Cuba sirvió como un canal informal para obtener el apoyo del grupo a la causa argentina (2).
    Los representantes argentinos debieron dedicar mucho esfuerzo para mejorar la imagen del país en esos foros. Para ello, no dejaron de enfatizar que con la democracia, el país tenía ahora el deseo de resolver la disputa por medios pacíficos y de acuerdo con las normas de la comunidad internacional. Los costos de la guerra para la Argentina habían sido altos y demostraron que difícilmente podría sostener una nueva aventura militar. Ahora sabía que recurriendo a la fuerza para resolver el tema contaría con la oposición del Consejo de Seguridad, con una respuesta mixta del Tercer Mundo y la oposición conjunta de Gran Bretaña y los Estados Unidos.
    De este modo, la Argentina continuó denunciando que en todos esos años el Gobierno del Reino Unido continuaba ignorando las solicitudes de la comunidad internacional y mantenía una situación anacrónica de colonialismo en perjuicio de la integridad territorial de otro estado. Por ejemplo, en 1985, el ministro Caputo denunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que, a pesar de las repetidas solicitudes de la comunidad internacional para hallar una solución pacífica a la disputa, Gran Bretaña continuaba con la ocupación ilegal de una parte del territorio Argentino. Como consecuencia, "el Reino Unido rehusa iniciar negociaciones totales y serias" (3).
    El resultado de las votaciones de las resoluciones sobre las negociaciones anglo-argentinas arrojaron un resultado favorable a la posición argentina de iniciar las negociaciones sobre todos los aspectos inmediatamente.

Votación de las resoluciones de la ONU sobre las negociaciones anglo-argentinas post 1982

Año Resolución A favor En contra Abstenciones
1982 37/9 90 12 52
1983 38/12 87 9 54
1984 39/6 89 9 54
1985 40/21 107 4 41
1986 41/40 116 4 34
1987 42/19 114 5 36
1988 109 5 37
Fuentes: Beck 1988, 176; Carbajal 1997, 14.

La decisión del gobierno argentino de recurrir a los foros internacionales pareció haber dado resultado. Durante el período 1982-1988 sólo cinco países terminaron apoyando la postura británica (4). Francia e Italia cambiaron su voto de abstención por favorable. Debe destacarse también el cambio en la votación de los Estados Unidos que pasó a apoyar las resoluciones de las Naciones Unidas. Cabe recordar que en la votación de la Resolución 2065 (XX) de 1965 que por primera vez invitaba a las partes a iniciar negociaciones, ese estado se había abstenido (5). A partir de noviembre de 1982, los Estados Unidos votaron afirmativamente las resoluciones que señalaban la necesidad de negociaciones para facilitar el proceso de descolonización. Esto es considerado un cambio significativo (6).
    En 1988, estos resultados llevaron al canciller Caputo a declarar a la prensa que Gran Bretaña estaba "descolocada y acorralada" por la presión internacional y agregó que "ningún país puede pagar indefinidamente el precio del aislamiento" (7). Pero la realidad pareció demostrar lo contrario en tanto el Reino Unido pudo sobrevivir a esta censura y mantener su posición. Sin embargo, a pesar del apoyo de los Estados Unidos en las votaciones existen otros aspectos que deben considerarse. Cuando se comparan los resultados de las votaciones post-Malvinas con los de las votaciones anteriores al conflicto armado se observa que la guerra provocó una disminución en el apoyo del Tercer Mundo a la Argentina. Al respecto Gustafson nota que los 14 países que se abstuvieron en 1965 (Res. 2065) eran europeos y principalmente países blancos del Commonwealth. En cambio, las 52 abstenciones en la votación de 1982 (Res. 37/9) incluyeron a muchos países africanos y otros del Tercer Mundo (8). Entre los motivos que se dan para explicar esta disminución se menciona el hecho que al apoderarse de las islas por la fuerza, la Argentina había contrariando al espíritu prevaleciente en las Naciones Unidas. También fue señalado el comportamiento del gobierno militar que al mismo tiempo que enviaba "asesores" a Centro América y cortejaba a Sudáfrica, un país que practicaba el apartheid.
    En el ámbito de la OEA, hacia fines de 1985, el gobierno argentino evaluó que había obtenido un gran éxito diplomático cuando logró que ese organismo reformara su carta para impedir la membrecía de un posible estado malvinense independiente. En efecto, ahora el artículo 8 de la carta dispone que la condición de país miembro quedaba circunscripta a los estados independientes del continente miembros de las Naciones Unidas a esa fecha (9).
    Ante los No Alineados, el canciller Caputo insistió repetidamente en señalar la voluntad pacífica y negociadora de su gobierno y reiteró la invitación al Reino Unido "a reanudar las negociaciones tendientes a solucionar la disputa de soberanía que separaba a ambas naciones". (10).
    Muchos analistas consideran que el debate en las Naciones Unidas no tuvo efecto porque la presentación del tema se transformó en lo que Beck califica como "rituales confrontaciones anuales" que causaron "más daño que bien a las relaciones argentino-británicas" (11). Se afirma que hasta 1989, el gobierno argentino había depositado excesiva confianza en las Naciones Unidas. Dado que finalmente, no importó cuantos países apoyaron las resoluciones favorables a la posición argentina, "estas fueron poco exitosas en aislar a Gran Bretaña" (12). Por su parte, el diplomático norteamericano y experto en negociaciones internacionales Douglas Kinney, expresó una idea similar pero, observó con cierta ironía que del mismo modo en que los reclamos de otros estados miembros no se resuelven por comunicados de los No Alineados, la Argentina no recuperaría las islas "negociando con Mozambique" (13).
    La posibilidad de un acuerdo negociado con la Argentina por el estatus de las Falklands, y aún la normalización de las relaciones fueron también afectadas negativamente por la determinación de la señora Thatcher de mantener las ganancias de 1982. Se reconoce que esta decisión tuvo para el Reino Unido "consecuencias diplomáticas, pero en general, han sido sorprendentemente pequeñas y el gobierno ha podido sobrevivir fácilmente con una oposición internacional a la postura británica débilmente articulada" (14). Durante ese período los votos favorables logrados por la Argentina en las Naciones Unidas fueron irrelevantes en tanto el Reino Unido pudo sobrevivir a la censura de ese cuerpo (15).

  1. Otros frentes que menciona fueron la oposición interna británica y otros países con posibilidades de influir sobre Gran Bretaña. (Carta firmada por Raúl Alfonsín a María Oliva para su tesis)

  2. Kinney (1989), 259. Durante la guerra las Malvinas el régimen militar argentino terminó por abrazar a Fidel Castro (recuérdese la imagen en los noticieros argentinos del Canciller Costa Méndez estrechándose en un abrazo con el mandatario cubano).

  3. Doc. ONU A/40/PV.5 (1985) citado por Gustafson (1988), 189.

  4. Estos fueron Belice, Omán, Sri Lanka, Las Islas Salmón, y Gambia (Beck 176).

  5. Otros estados miembros que se abstuvieron fueron Gran Bretaña, Canadá, Portugal, Francia, y otros nueve países europeos y del Commonwealth. (Gustafson, 180)

  6. Gustafson (1988), 180.

  7. El Cronista Comercial, 21-3-1988; Escudé y González de Oleaga (1996), 17.

  8. Gustafson (1988), 180.

  9. Escudé y González de Oleaga (1996), 20-21.

  10. Discurso ante la Conferencia Ministerial de los Países No Alineados. Luanda, Angola, 2 al 7 de septiembre de 1985.

  11. Beck (1988), 176.

  12. Makin (1992), 235.

  13. Kinney (1989) 259-260.

  14. Byrd (1988), 4.

  15. Makin (1992), 231.

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