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    La resolución del Departamento de Estado de aceptar el ingreso de la Argentina a las Naciones Unidas provocó problemas a los responsables. La actuación de Stettinius fue duramente criticada. El 28 de mayo, el secretario declaró públicamente que el apoyo norteamericano a la Argentina en San Francisco no significaba otorgar carta blanca al gobierno de ese país, sino que, por el contrario, incrementaba sus obligaciones hacia los acuerdos de Chapultepec. A la vez, el gobierno argentino no facilitaba las cosas a estos funcionarios. Apenas la misión Warren había partido, un grupo grande de civiles y militares, entre ellos el general Rawson, fue arrestado por conspirar contra el gobierno. También fue reprimida toda celebración pública de la caída de Berlín y del fin de la guerra en Europa. Los corresponsales extranjeros fueron molestados y algunos periodistas detenidos. Las acusaciones de fascismo y de no cumplimiento con las resoluciones de la Conferencia de México nuevamente comenzaron a aparecer en Estados Unidos. En estas circunstancias, el 19 de mayo de 1945 arribaba a Buenos Aires el nuevo embajador norteamericano Spruille Braden, “con la idea fija”, según su colega británico David Kelly, que también había vuelto a su puesto, “de que había sido elegido por la Providencia para derrocar al régimen Farrell-Perón”. (1)
    Apenas presentadas sus credenciales, el embajador comenzó su crítica del gobierno argentino, calificándolo de débil, inescrupuloso y anti-norteamericano. Recomendó también suspender la consideración de las cuestiones en curso, incluidas las relativas a misiones militares y aéreas y a provisión de suministros militares, según lo recomendado por Warren, todo lo cual finalmente fue cancelado. Asimismo señaló a Perón que estaba profundamente disgustado con los continuos arrestos, censura de la prensa y falta de control de las firmas germanas. Consecuentemente, un sinnúmero de comunicaciones condenatorias fueron enviadas a Washington. El Departamento de Estado comenzó a seguir las recomendaciones de Braden, de manera tal que pronto la política de Rockefeller y Stettinius se revirtió. (2)
 
    Braden comunicó a su colega Kelly los términos en los cuales había telegrafiado al Departamento de Estado. Luego de denunciar que el movimiento nazi-fascista enraizado en la Argentina se hallaba en posición de desarrollar su fuerza y preparar una agresión futura, señalaba:

Mientras que la eliminación de Perón y su régimen militar sería ciertamente un paso importante, la seguridad de los Estados Unidos y por ende de Gran Bretaña no estará asegurada hasta que los últimos vestigios de los principios y métodos malévolos que el actual gobierno representa y practica, hayan sido extirpados, y exista una democracia razonablemente efectiva en la Argentina. Para alcanzar estos fines será necesaria una cooperación real y completa de todas las democracias, bajo el liderazgo americano y británico. (3)

Los británicos consideraron “las ideas exageradas de Braden con respecto al peligro representado por el gobierno argentino” como una “gran distorsión de los hechos”. Braden argüía que hacía diecisiete años que la Argentina no tenía una verdadera democracia, pero olvidaba, en opinión del Foreign Office, que en Brasil Vargas tenía el poder desde quince años atrás. J.V. Perowne, jefe del Departamento Sudamericano, afirmaba:

Si la Argentina puede efectivamente ser sometida, el control del Departamento de Estado sobre el hemisferio occidental será total. Esto contribuirá simultáneamente a mitigar los posibles peligros de la influencia rusa y europea sobre América Latina, y apartará a Argentina de lo que se supone es nuestra órbita. (4)

En parte como consecuencia de la cuestión argentina, Stettinius se vio forzado a renunciar el 2 de julio de 1945, designándose a James Byrnes como su sucesor. Este era amigo y discípulo de Hull, por lo cual su nombramiento implicaba la vuelta de una actitud wilsoniana hacia la Argentina. Asimismo, a fines de agosto, Rockefeller tuvo que admitir públicamente su fracaso. Lo hizo con un discurso ante la Sociedad Panamericana de Massachusetts y el Norte de Nueva Inglaterra, en el cual atacó a la Argentina. Al día siguiente, 25 de agosto de 1945, Truman aceptaba la renuncia de Rockefeller. La retractación pública de este funcionario afectó fuertemente a los británicos y fue producto del frío trato que le había dispensado Byrnes, sumado a las presiones de la prensa y del Congreso. A su vez, Byrnes anunció que, dado su ignorancia de los problemas hemisféricos, el candidato ideal para el puesto era Spruille Braden. Antes de partir de Buenos Aires, Braden aseguró a los antiperonistas que desde Washington se esforzaría por la continuación de la política hacia la Argentina, bajo los lineamientos que él había trazado. (5)  
    Mientras tanto, la situación del gobierno de Farrell se complicaba. El 16 de junio, la Bolsa de Valores publicaba un manifiesto condenando la política socio-económica de Perón. La Sociedad Rural emitía un manifiesto similar dos días después. A fines de junio, el partido Radical tuvo su primera reunión pública en dos años, uniéndose a la crítica. La Federación Universitaria Argentina estableció un día de huelga, y el consejo nacional del partido Socialista denunció, el 3 de julio el estado de sitio y pidió elecciones para fines de año. Perón replicó, condenando a los egoístas y reaccionarios oligarcas y apelando a los sindicatos. No obstante, el presidente Farrell anunció el 7 de julio que las elecciones se realizarían a fin de año; el estado de sitio sería levantado el 7 de agosto y serían permitidas las celebraciones por la rendición de Japón. (6) 
    En agosto, las asociaciones universitarias, profesionales y empresarias reclamaron la cesación del gobierno y su transferencia a la Suprema Corte. La suspensión del estado de sitio, decretada a principios de agosto por el nuevo ministro del Interior, Juan Hortensio Quijano, no pudo detener el movimiento opositor. Cuando, a mediados de dicho mes, se conoció la rendición de Japón, durante tres días en las calles de Buenos Aires se produjeron choques violentos entre los estudiantes, la policía y los partidarios del régimen. (7)  
    Con el objetivo de coordinar la oposición al régimen, fue creada la Junta de Coordinación Democrática, apoyada por todos los partidos políticos argentinos, desde los conservadores a los comunistas. La Unión Cívica Radical, excepto su sector intransigente -identificado con Amadeo Sabattini-, aceptó tomar parte a fines de agosto. En la Junta de treinta y nueve miembros estuvieron presentes también estudiantes universitarios y representantes de las fuerzas económicas. La Junta buscó la cooperación de oficiales del ejército y la marina para organizar un movimiento opositor cívico-militar de envergadura. (8)  
    De esta manera, el 19 de septiembre tuvo lugar la gran Marcha de la Constitución y la Libertad. Ese día más de doscientos cincuenta mil argentinos desfilaron para expresar su repudio a Perón, reclamar elecciones y exigir la entrega del gobierno a la Corte Suprema. Cuatro días después, Spruille Braden dejaba Buenos Aires para suceder a Nelson Rockefeller como secretario asistente de Estado. “Nadie imagine”, señaló en una comida de despedida, “que mi transferencia a Washington significa el abandono de la  tarea que he emprendido”. (9) 
    El almirante Héctor Vernengo Lima, jefe de la marina, apoyado por nueve almirantes y unos treinta generales, habían hecho conocer su descontento a fines de julio. El 24 de septiembre, un manifiesto en favor de la restauración del gobierno constitucional fue presentado por cincuenta y un almirantes y capitanes retirados. El mismo día fracasaba un movimiento militar encabezado por el general Rawson con base en Córdoba. El gobierno aprovechó las circunstancias para reimplantar el estado de sitio, encarcelar a numerosos líderes políticos, imponer una estricta censura de prensa, y desalojar violentamente las universidades que habían ocupado los estudiantes. La tensa situación tuvo repercusión en la guarnición de Campo de Mayo. Aquí, en una reunión de oficiales, encabezada por el general Eduardo Avalos,  el 8 de octubre se resolvió exigir a Farrell la renuncia de Perón a todos sus cargos. Al conocer Farrell la exigencia, transmitió a Perón el pedido de renuncia.  Perón no opuso resistencia y al día siguiente dimitió los tres cargos que ocupaba. Desde los balcones de la Secretaría de Trabajo y Previsión se despidió de los trabajadores. Luego renunció el gabinete. Mientras tanto, comenzaba a gestarse un movimiento en los suburbios de Buenos Aires, en los sindicatos y en zonas alejadas del país, adonde la política social de Perón había llegado. (10)  
    El 13 de octubre, Perón fue arrestado y conducido a la isla Martín García, para ser traído de vuelta el 17 al Hospital Militar, bajo el pretexto de que se hallaba enfermo. Farrell, con la sola colaboración del almirante Vernengo Lima y el general Avalos, se ocupaba de los asuntos de gobierno. Pero la oposición no pudo llegar a un acuerdo: la marina quería entregar el gobierno a la Corte, el ejército se oponía, y los políticos se entretenían en discusiones bizantinas. En el ínterin, los más cercanos colaboradores de Perón movilizaron a los trabajadores y provocaron un acontecimiento que marcó la historia argentina de las siguientes tres décadas. El 17 de octubre, miles de personas se dirigieron desde el cinturón suburbano a la Plaza de Mayo, coreando el nombre de Perón y reclamando su libertad. Casi a la medianoche, Farrell salió al balcón de la Casa Rosada y se dirigió a la multitud para anunciar la palabra de Perón. Este pronunció un discurso apaciguador, señalando que no había necesidad de comenzar movimientos obreros y que volvieran a sus casas. (11)    
   
Perón no volvió a reasumir sus cargos, pero el nuevo gabinete formado por Farrell estaba constituido por amigos del coronel, cuya complicidad fue de invalorable ayuda. Luego de casarse con María Eva Duarte, Perón se dedicó de lleno a prepararse para la elección venidera, anunciada para el mes de febrero. Las fuerzas que lo apoyaban eran heterogéneas: un grupo disidente de los radicales, el partido Laborista, una considerable parte del ejército, toda la policía, con pocas excepciones la jerarquía católica (ésta tenía en cuenta la implantación de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, temía la separación de la Iglesia del Estado propuesta por parte de la oposición y no podía aceptar un frente democrático que incluyera a los comunistas), algunos grupos nacionalistas y conservadores. En general, mucha gente vería en el joven candidato una alternativa a la vieja política, apareciendo éste como la contrafigura de los modelos anacrónicos que proponían los partidos tradicionales. Ciertamente, su política social le había concitado la adhesión de grandes sectores de la clase obrera. (12) 
    La oposición constituyó a principios de diciembre de 1945 la Unión Democrática, integrada por el partido Radical, el Socialista, el Demócrata Progresista y el Comunista, con el tácito apoyo conservador. Los candidatos elegidos fueron la fórmula radical José P. Tamborini-Enrique M. Mosca. Las cosas no empezaron mal para este grupo que se presentaba como el abanderado contra el nazi-fascismo, cuando se produjeron dos hechos que afectaron profundamente el posible resultado de su campaña. El primero fue el descubrimiento de un importante cheque entregado por una organización patronal como contribución a la campaña de la Unión Democrática. El segundo fue la publicación por el Departamento de Estado -a instancias del secretario asistente Braden- del Libro Azul sobre la Argentina, que apareció el 12 de febrero. Este constituía una acusación, basada en fuentes alemanas y de otro origen, de los sucesivos gobiernos argentinos, desde Castillo en adelante, impugnando su buena fe, condenando su política interna y externa, y tratando de probar las conexiones nazis y tendencias fascistas de sus líderes, incluido Perón. Obviamente, el propósito de su divulgación era influir en el electorado argentino en contra de Perón. En la Argentina, el documento apareció publicado en los grandes diarios y fue propagado por la Unión Democrática. Perón se defendió, presentándolo como evidencia de la injerencia norteamericana en la política argentina y acuñó el slogan: Braden o Perón. En estas circunstancias, el 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones para elegir presidente y vice, catorce gobernadores, y legisladores nacionales y provinciales. Los comicios, controlados por las fuerzas armadas fueron limpios. La fórmula Perón-Quijano obtuvo el 52,4% de los votos, contra 42,5% de la Unión Democrática. El 4 de junio de 1946, las nuevas autoridades juraban ante la Asamblea Legislativa, asumiendo sus funciones. (13)

  1. New York Times, 28 de mayo de 1945, cit. en ibid., pp. 180-181; Noble to Eden, 31 March, 17 April, 1945, F.O. 371/44709 and 44710, AS 2070/92/2 and 2471/92/2; Kelly to F.O., 27 April, 1945, F.O., 371/44710, AS 2321/92/2; Kelly to Churchill, 15 May, 1945, F.O. 371/44710, AS 2594/92/2; Sir David Kelly, The Ruling Few, London, 1952, p. 307, cit. en R.A. Humphreys, op. cit., p. 198; R.A. Potash, op. cit., pp. 368-369.

  2. Kelly to F.O., 5 June, 1945, F.O., 371/44686, AS 2959/12/2; cit. en R.A. Humphreys, op. cit., pp. 198-199; R.A. Potash, op. cit., p. 370.

  3. AS 3686/12/2, FO 371/44687, cit. en C. Escudé, op. cit., p. 182.

  4. Kelly al F.O., 29 de junio de 1945, AS 3412/12/2, FO 371/44687; AS 3412/12/2, FO 371/44687, 4 de julio de 1945, cit. en ibid., p. 183-184.

  5. Hadow a Perowne, 24 de agosto de 1945, AS 4775/12/2, FO 371/44689; New York Times, 26 y 29 de agosto de 1945, cit. en ibid., pp. 186-187.

  6. Kelly to F.O., 16, 18, 22, 25 June, 1945, F.O. 371/44711, AS 3128/92/2, AS 3170/92/2, AS 3239/92/2, AS 3295/92/2; Kelly to Eden, 5 July, 1945, F.O. 371/44712, AS 3778/92/2,  cit. en R.A. Humphreys, op. cit., p. 199.

  7. La Prensa, 1-17 de agosto de 1945, cit. en R.A. Potash, op. cit., p. 376.

  8. La Prensa, 21 de agosto de 1945 en adelante; Primera Plana, 14 de septiembre de 1965, p. 38, cit. en ibid., pp. 376-377.

  9. H.F. Peterson, Argentina and the United States, 1810-1960, New York, 1964, p. 448, cit. en  R.A. Humphreys, op. cit., p. 200.

  10. Kelly to F.O., 4 Aug., 1945, F.O. 371/44712, AS, 4029/92/2; Kelly to F.O., 9, 10 Oct., 1945, F.O. 371/44714, AS 5245/92/2, AS 5247/92/2, AS 5427/92/2; Kelly to F.O., 11 Oct., 1945, F.O. 371/44714, AS 5308/92/2, cit. en R.A. Humphreys, op. cit., p. 200; R.A. Potash, op. cit., pp. 376-377, 379-381; Félix Luna, Argentina, de Perón a Lanusse, 1943-1973, Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1985, pp. 27-28.

  11. Kelly to F.O., 13, 15, 16, 17, 18 Oct., 1945, F.O. 371/44714, AS 5326/92/2, AS 5380/92/2, AS 5411/92/2, AS 5419/92/2, AS 5459/92/2, cit. en R.A. Humphreys, op. cit., pp. 200-201; F. Luna, op. cit., pp. 30-32. 

  12. F. Luna, op. cit., pp. 32-34; R.A. Humphreys, op. cit., p. 201.

  13. R. A. Humphreys, op. cit., pp. 201-202; F. Luna, op. cit., pp. 34-37. Véase en C. Escudé, op. cit., pp. 190-194, la evaluación del Libro Azul que hicieron los funcionarios del Foreign Office. Por otra parte, el Libro Azul fue rechazado por Brasil, Chile, México y Ecuador. El objetivo oficial norteamericano de obtener una declaración conjunta de América latina contra la Argentina se vio así frustrado. A su vez, el Foreign Office emitió el 14 de febrero una declaración breve y poco comprometida sobre  el Libro Azul. Los norteamericanos presionaron en favor de una reacción más pro-norteamericana. Los británicos respondieron que una declaración de apoyo al Libro Azul sería incoherente con su política antiintervencionista. Lo único que podían hacer era abstenerse de realizar actos de apoyo abierto al gobierno argentino, de aplaudir la honestidad de las elecciones, y de reconocer la contribución argentina a la recuperación europea por medio del envío de alimentos. La reacción británica era realmente significativa, dado la delicada situación financiera del Reino Unido y su dependencia de la buena voluntad norteamericana para un préstamo que se negociaba en ese momento. Los funcionarios británicos fueron conscientes de que si el Departamento de Estado los hubiera sometido a chantaje, se  habrían visto obligados a apoyar el Libro Azul. No obstante, esta situación no se produjo. Minuta de Perowne, 20 de febrero de 1946, AS 1202/235/2, FO 371/51809; Bevin a Inverchapel, 23 de febrero de 1946, AS 1123/235/2, FO 371/51809; Bevin a Noble, 18 de mayo de 1946, AS 2613/235/2, FO 371/51813, cit. en ibid., pp. 194-195.

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