El
boicot económico a la Argentina, como ya se señalara, comenzó en febrero de
1942 y continuaría, con distinta intensidad, hasta 1949. Durante los años de
la guerra, el énfasis estuvo puesto en privar a dicho país de suministros
vitales, que sólo Estados Unidos podía proveer. Así, se rechazaron licencias
para la exportación a la Argentina de máquinas de acero, repuestos y material
rodante para ferrocarriles, productos químicos y equipos para petróleo, hierro
y acero, carbón, aceite de quemar, ceniza y soda cáustica, hojalata, etc. Esto
se llevó a cabo en un nivel mayor que el justificado por las necesidades de la
guerra y con la clara intención de aumentar la vulnerabilidad de la Argentina.
Incluso se complementó con la continua interferencia en el comercio de la
Argentina con los países de la región, tratando de prevenir la exportación de
caucho boliviano y brasileño, estaño y quinina bolivianos, carbón brasileño,
cobre chileno, etc., a la Argentina. (1)
A
la vez, se presionó a Gran Bretaña para que disminuyera en gran medida sus
exportaciones a la Argentina. Esta presión resultó exitosa en una amplia gama
de productos. Sin embargo, cuando se apuntó a un embargo total de las
exportaciones e importaciones argentinas, los británicos se opusieron, en parte
por intereses y opiniones divergentes sobre la situación en la Argentina; y, en
parte, porque el presidente Roosevelt se negó a garantizar que la pérdida de
provisión de carne de Gran Bretaña sería compensada con las reservas
norteamericanas. Con todo, las presiones lograron, en el curso de la guerra, que
no se firmara un contrato de carnes a largo plazo.
Durante
toda la guerra y la temprana posguerra, el gobierno norteamericano boicoteó
todas las negociaciones que afianzaran la conexión anglo-argentina, como, por
ejemplo, los contratos a largo plazo de carne y semilla de lino; en cambio, apoyó
sistemáticamente al lado británico en todas aquellas negociaciones que - como
la adquisición de los ferrocarriles de propiedad británica por parte del
gobierno argentino- condujeran simultáneamente a la ruptura del vínculo
anglo-argentino. Obviamente, esto implicaba el retiro de los intereses británicos
del sur de Sudamérica, muy conveniente a los intereses norteamericanos. Por
otra parte, el acatamiento de los británicos a las presiones del gobierno de
Estados Unidos contra los contratos de largo plazo se produjo bajo la promesa de
mantener a los demás compradores alejados del mercado argentino. Esto significó
la interferencia en las relaciones de la Argentina con Francia e Italia, y del
comercio con Bélgica y Noruega. Terminada la guerra, el gobierno norteamericano
se opuso a que la Argentina fuera invitada a una conferencia para establecer una
Organización de Comercio Internacional, a pesar de los reparos del gobierno
británico, que señalaban que la Argentina no debía ser dejada de lado, dado
su posición destacada en el comercio mundial. Asimismo, se trató de
obstaculizar la expansión de la marina mercante argentina.
La
declaración de Política de Exportación I de Estados Unidos para con la
Argentina, fechada el 3 de febrero de 1945, establecía que se debían mantener
en los mínimos del momento la exportación de bienes de capital, siendo
esencial no permitir la expansión de la industria pesada argentina. Por cierto,
esta política discriminatoria continuó hasta la normalización de las
relaciones en 1947. No obstante, un boicot encubierto e ilegal, opuesto a la política
oficial, continuó siendo implementado por la Administración para la Cooperación
Económica (ECA), a cargo del programa de Recuperación Europea (ERP). Desde el
comienzo, la ECA puso en práctica una política que prevenía las compras
europeas con dólares del plan Marshall en la Argentina, permitiéndolas en
cambio en Canadá y Australia, competidores de la Argentina en el mercado de
alimentos. Incluso la ECA ejerció presiones para evitar las compras europeas
con otras monedas en la Argentina. El asunto fue descubierto por los comentarios
anti-argentinos que funcionarios subalternos de la ECA hicieron a la prensa, lo
cual originó una gran conmoción
en la Argentina. El nuevo embajador norteamericano en Buenos Aires, James Bruce,
ordenó entonces una investigación de la política de la ECA hacia la
Argentina. En una comunicación al presidente Truman, informó de las
declaraciones realizadas por el director de la División Agrícola y Alimenticia
de la ECA, en el sentido de que iba a “hacer caer de rodillas a la
Argentina”. Asimismo Bruce mencionó la tergiversación de los precios
argentinos y las instrucciones al ejército de comprar carne en cualquier país
salvo la Argentina, sin tener en cuenta los precios.
Como
consecuencia de la investigación solicitada por el embajador Bruce, el
Departamento de Estado elaboró un memorándum secreto, el 25 de enero de 1949,
en el cual documentaba treinta y tres casos de discriminación de la ECA en
contra de la Argentina. Estos significaban pérdidas en dólares y otras monedas
europeas, incluso fuera del área del Plan Marshall. Asimismo, se conoció que
la ECA había organizado una combinación de países europeos para obligar a la
Argentina a hacer concesiones. Obviamente, todo esto colocó a la Argentina en
una posición muy desfavorable frente al mercado internacional. Sin embargo, a
pesar de la acción desplegada por el Departamento de Estado, un memorándum del
22 de marzo de 1949 informaba de nuevas discriminaciones, si bien señalaba una
mejora en la situación. Reconocía que la discriminación de la ECA durante
1948 había acrecentado la falta de
dólares e incentivado la precaria situación económica de la Argentina. Howard
H. Tewksbery, jefe de la división de los Asuntos del Río de la Plata, admitió
que la situación podría producir una catástrofe. (2)
NOTAS
Carlos Escudé, “El boicot norteamericano a la Argentina en la década del 40", Conflictos y procesos de la Historia Argentina Contemporánea, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, agosto de 1988, pp. 12-14. La descripción más detallada del boicot, basada en fuentes norteamericanas y británicas, se halla en C. Escudé, Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina..., op. cit., pp. 253-303.
La “Export Policy I” de Estados Unidos se encuentra en FRUS, 1945, IX, 526-599. El memorándum sobre la política de la ECA hacia la Argentina (25 de enero de 1949; EW 840, 50 Recovery/1-2549, Dep. de Estado, NA) es un documento extraordinariamente significativo que deja muy pocas dudas con respecto a la obstrucción del comercio y las finanzas argentinas llevadas a cabo por la ECA. El otro memorándum mencionado se encuentra en 835.50/3-2249. Finalmente, la carta de Tewksbury al embajador Bruce se puede consultar en FRUS, 1949, II, 478-480.
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