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El análisis retrospectivo de las distintas etapas en la posición argentina frente a la Segunda Guerra Mundial nos presenta una manifiesta irracionalidad desde el punto de vista del balance de costos y beneficios, para la Argentina, de las políticas exteriores aplicadas. El enigma de esta ausencia en el proceso de toma de decisiones parece hallarse en algunas características sui generis del complejo Estado/sociedad civil argentino, en virtud de las cuales, a medida que las perjudiciales sanciones norteamericanas contra la Argentina tenían lugar, la opinión pública y la de los grupos más influyentes  parecían alejarse de la proclividad a asociarse con Estados Unidos, alienando a los grupos aliadófilos y democráticos de la sociedad argentina. (1)  
    Dicha evolución fue paradójicamente autodestructiva, no sólo por el desenlace de la guerra, ya previsible desde 1943, sino porque el interés material argentino estaba ligado a la economía de Gran Bretaña, uno de los países aliados. Por cierto, no es suficiente para explicar dicho fenómeno la identificación de los factores que en la cultura política argentina valoran en más la “dignidad” y el “orgullo” nacional que las pérdidas o ganancias materiales. Tampoco es suficiente comprobar una tendencia a sobrevalorar el poderío argentino, que consideraba que el país podría soportar las sanciones norteamericanas, compensar las pérdidas, y enfrentar un mundo de posguerra regido por potencias poco amistosas. Además de estos factores, tienen que haber existido en el espacio cultural político argentino elementos marcadamente autoritarios, militaristas y antiliberales, afines a los fascismos europeos, que permitieran aceptar el alejamiento de los aliados. Todos estos elementos presentes en la cultura argentina, interactuando y alimentándose entre sí, generaron una irracionalidad  tal que llevó a alejarse cada vez más de la alianza triunfadora.
   
Un estudio de los contenidos educativos, desde comienzos hasta mediados del siglo XX, muestra que la población era adoctrinada en el dogma de la superioridad nacional argentina. Consecuentemente, la población argentina de la época de la Segunda Guerra Mundial había sido formada en la idea de que la Argentina tenía gran importancia, no podía ser aislada fácilmente, y por lo tanto no eran de temer las sanciones de las grandes potencias. De los contenidos educativos establecidos y de las pautas dadas como guía a seguir por los maestros, aparece claramente que la cultura oficial argentina no sólo no era incompatible con el fascismo europeo, sino que se hallaba más cerca de éste que de la democracia liberal. Los documentos redactados para el sistema educativo argentino, entre 1930 y 1950, nos muestran la presencia de tres factores: a) un claro sobredimensionamiento del poder argentino y de la importancia del país frente al mundo; b) un mito de destino manifiesto argentino, y c) una ideología autoritaria y nacionalista, más parecida a la de las dictaduras fascistas que a la de las democracias occidentales. 
   
Con un sustrato cultural semejante, no parece extraño que tanto los gobernantes argentinos como la opinión pública no comprendieran que, ante la derrota del Eje, la Argentina iba a quedar descolocada en el orden mundial, al ser percibida como decididamente antinorteamericana; y que ese resultado generaría costos muy altos al país. La vigencia de los rasgos culturales descritos permitía creer que la Argentina era lo bastante importante y poderosa como para sobrellevar las sanciones con “dignidad”, y que su “destino de grandeza” estaba resguardado, siempre que no se rindiera ante las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos. Una vez iniciado el proceso diplomático de agravios mutuos en 1940, durante el gobierno de Ortiz, el condicionamiento cultural prevaleció sobre el interés económico, y la política exterior apuntó paradójicamente a acercarse al Eje, a medida que los aliados estaban más cerca de ganar la guerra. Ante el fenómeno, no puede sino observarse que esta dirección era compatible con la ideología que, desde el Estado, se había impuesto en la Argentina durante décadas.

  1. Véase Carlos Escudé, “Un enigma: la “irracionalidad” argentina frente a la Segunda Guerra Mundial”, E.I.A.L., vol. 6, Nº2, 1995.

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