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El carácter obstinadamente antinorteamericano de la política de Perón -que era irracional dado que no generaba beneficios para la Argentina- provocó el deterioro de las relaciones con Estados Unidos. El 26 de octubre de 1951 una declaración (secreta) de política hacia la Argentina establecía que debían adoptarse actitudes que hicieran comprender a los argentinos que la Argentina necesitaba más a los Estados Unidos que éstos a la Argentina. (1)  El 23 de junio de 1952, en una reunión en el Departamento de Estado se le informó al nuevo embajador en la Argentina, Albert Nufer, los cambios de política aceptados en octubre del año anterior. Estos no significaban la vuelta a la coerción previa a 1947, pero no eran intrascendentes. Se debía continuar con una política “correcta” hacia la Argentina, pero debían aprovecharse las ocasiones para neutralizar la propaganda antinorteamericana de dicho país, y moderar “la penetración política argentina” en América latina. Se debía asimismo tratar de llamar la atención de los demás países latinoamericanos respecto del peligro representado por la Argentina y alentarlos a tomar medidas para evitar la penetración argentina. Dentro de la Argentina no habría actividades encubiertas, pero en los otros países la propaganda en contra de la Argentina debía realizarse en forma encubierta o privada. Los motivos de mayor preocupación para el gobierno norteamericano lo constituían en ese momento las actividades de ATLAS y los tratados de unión económica que el gobierno de Perón intentaba negociar con los países vecinos. (2)  
    A fines de agosto de 1952, el Departamento de Estado envió a sus embajadas en los países del continente instrucciones acerca de cómo se trataría de contrarrestar la campaña antinorteamericana del gobierno argentino. El documento atribuía los ataques de Perón a su necesidad de montar una “máquina de ficciones” para esconder su fracaso económico, y aconsejaba a los diplomáticos poner énfasis en lo ridículo de la ostentación argentina. Se mencionaba, por ejemplo, que nada había resultado de la propuesta de un Plan Marshall argentino para América latina. Se debían defender los principios democráticos frente a los ataques argentinos a la libertad de prensa, pero en realidad este discurso ideológico volvía a activarse como instrumento de una política pragmática que apuntaba a resistir la penetración argentina en América latina. (3)  
    No obstante, con la llegada del general Dwight Eisenhower a la presidencia, las cosas cambiaron. El nuevo secretario de Estado, John Foster Dulles, conjugaba una fuerte fidelidad a la penetración económica de Estados Unidos con una decisión fanática de oponerse a la influencia soviética en América latina. Consideraba a la Guerra Fría una cruzada moral y no tenía inconveniente en proponer como modelo para la región a las dictaduras -como lo hizo con la de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela- cuando eran funcionales a los intereses norteamericanos, es decir en los casos que crearan un clima atractivo para la entrada de capitales extranjeros y adoptaran una fuerte política anticomunista. (4) No es extraño entonces que el régimen peronista comenzara a ser percibido de manera diferente a como lo había sido hasta el momento. 
    Dulles envió a Perón un mensaje con una frase clave: “La Argentina y los Estados Unidos son ambos líderes reconocidos de la comunidad americana”. (5) Esto satisfizo enormemente al presidente argentino. Perón señaló al embajador Nufer que todos los problemas anteriores entre los dos gobiernos habían sido responsabilidad del ex presidente Truman, y que dijera a Eisenhower que por ser un general más antiguo, él (Perón) cumpliría sus órdenes. El presidente argentino deseaba mejorar las relaciones con Estados Unidos y atraer inversiones, motivo por el cual logró el apoyo de algunos importantes diplomáticos norteamericanos. Pocos meses más tarde, el presidente norteamericano enviaba a su hermano, Milton Eisenhower, a un viaje por América latina. El emisario entabló una buena relación con Perón, que significó el fin de la enemistad de éste con Estados Unidos y de sus políticas antinorteamericanas. (6)  
    Una semana antes de la visita, Perón presentó al Congreso el proyecto de una nueva ley de inversiones, intentando establecer un clima favorable para las inversiones extranjeras. La ley garantizaba a los inversores que trajeran nuevos capitales al país extraer una ganancia máxima de 8% anual, y luego de diez años de operaciones, retirar su inversión en cuotas. El proyecto provocó un arduo debate en la Cámara de Diputados, dado que los partidos opositores temían que abriera el camino a concesiones del gobierno a compañías petroleras extranjeras. No obstante, la ley fue sancionada en agosto de 1953. (7)  
    Perón estaba convencido de que una Tercera Guerra Mundial era inevitable y quería preparar a la Argentina para desempeñar un rol importante en la defensa del cono sur. En varias ocasiones, señaló a funcionarios norteamericanos que la Argentina se aliaría inmediatamente con Estados Unidos en el caso de dicha guerra. La posición de Perón en este punto era de especial importancia para el gobierno de Eisenhower, que había hecho del anticomunismo el principal objetivo de su política lantinoamericana. El gobierno norteamericano consideraba que cualquier mejora en las relaciones con la Argentina contribuiría a la solidaridad hemisférica y a la defensa del mundo libre contra la agresión comunista. (8) 
    Milton Eisenhower regresó convencido del anticomunismo de Perón y de su apoyo a Estados Unidos. El secretario de Estado Dulles comenzó entonces a trabajar para conseguir asistencia para la Argentina a fin de evitar que se inclinara hacia el comunismo. Nufer también era optimista respecto de la Argentina y presionaba al Eximbank para que liberalizara sus políticas crediticias hacia este país. Sin embargo, no todos los funcionarios norteamericanos eran de la misma opinión que Eisenhower, Dulles y Nufer. Algunos objetaban el hecho de sobornar a Perón con promesas de créditos, y mantenían su desconfianza hacia el presidente argentino. (9) Por otra parte, el Eximbank, que era la única fuente para préstamos de fomento a América latina, resultaba totalmente insuficiente debido a que sus fondos provenían del Tesoro de Estados Unidos, y los préstamos para el desarrollo de Europa tenían prioridad. Esto era en parte un legado de la precedencia otorgada a los programas de recuperación de Europa en la posguerra, y en parte también se debía al conservadurismo fiscal de Eisenhower respecto de la asistencia al exterior con fondos gubernamentales.  
    Desde el punto de vista norteamericano, dos situaciones a mediados de la década de 1950 habían aumentado el peligro de mantener una impasse política y económica con América latina. Una era la expansión del comunismo y la otra, la creciente importancia de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). La influencia comunista supuestamente había crecido en Guatemala y el gobierno norteamericano trataba de conseguir el apoyo hemisférico para una acción colectiva en contra del gobierno de ese país.  
    El giro de la política norteamericana hacia la Argentina llegó a tal punto que, por ejemplo, las medidas peronistas contra la libertad de prensa y de radio, y el control gubernamental del sindicalismo pasaron a ser consideradas cuestiones internas de la Argentina, y Estados Unidos no insistiría en que se realizaran cambios en ellas para un acercamiento oficial. (10) Por su parte, la embajada norteamericana en Buenos Aires advertía que Estados Unidos debía conservar la confianza de Perón, de manera de “superar la etapa de peligro que comenzó cuando expuso sus intenciones amistosas y terminará sólo cuando la opinión pública norteamericana acepte a la Argentina del mismo modo en que aceptó a Franco o Trujillo, y por la misma razón: la cooperación contra el enemigo común, el comunismo”. (11) Esto demuestra que la existencia de una dictadura había dejado de ser realmente un asunto importante y que la defensa de la democracia y los derechos cívicos quedaban supeditados a la cuestión de interés vital del gobierno norteamericano.  
    En octubre de 1953, esta política norteamericana era confirmada en instrucciones enviadas a las embajadas latinoamericanas, donde se sostenía lo siguiente:

En primer lugar, ciertamente deseamos hacer todo lo apropiado y prudentemente posible para reforzar la idea de Perón de que el gobierno de Estados Unidos ya no le es inamistoso. No le somos inamistosos. Deseamos cooperar con él. Creemos en la solidaridad hemisférica, y la solidaridad es imposible sin la inclusión de la Argentina: es parte de nuestro interés inmediato tener buenas relaciones con ese país. Respecto de los asuntos internos de la Argentina, no corresponde que nos interesemos por ellos, así que independientemente de lo que pensemos respecto de algunos de los métodos de Perón, debemos mantener un discreto silencio al respecto. (12)

En agosto de 1954, en una época en que las libertades y derechos cívicos se veían muy amenazados en la Argentina, una lista secreta de los objetivos de Estados Unidos hacia la Argentina ya no mencionaba ninguna intención de mejoras en ese aspecto. (13)  
    Mientras Perón se situaba cada vez más cerca de Estados Unidos, por un curioso fenómeno de dialéctica partidaria la oposición se movía en dirección inversa. El ala izquierda de la Unión Cívica Radical había encabezado la oposición legislativa al peronismo, aunque señalando las coincidencias con el partido gobernante en los casos de decisiones de corte antiimperialista. Este grupo criticó fuertemente el acercamiento de Perón a Estados Unidos, desarrollando una vehemente campaña contra la ratificación del tratado de Río. La intransigencia radical también intentó superar al presidente en su política estatista e intervencionista respecto de la economía. De esta manera, cuando Perón llegó a un acuerdo con empresarios norteamericanos, la oposición tomó el contrato con la Standard Oil de California como el problema básico de la crisis argentina. (14) 
    No obstante haberse producido ya el giro en las relaciones con Estados Unidos, la Argentina mantuvo una posición independiente en la Décima Conferencia Interamericana celebrada en Caracas, del 1º al 28 de marzo de 1954. En ella, el gobierno norteamericano tuvo prácticamente como único objetivo obtener apoyo de los demás países del continente para una resolución que condenara el comunismo, con la cual pretendía legitimar su intervención en Guatemala en contra del gobierno de Jacobo Arbenz, que había manifestado la intención de expropiar tierras no cultivadas de la United Fruit Company de Boston, a fin de llevar a cabo una reforma agraria. La propuesta inicial norteamericana de que el control de las instituciones políticas de cualquier estado americano por parte del movimiento comunista internacional fuera considerado una amenaza a la soberanía política de los estados americanos y pusiera en marcha medidas de acuerdo con los tratados existentes no fue aceptada, dado que podía dar lugar a la intervención en contra de cualquier gobierno al que Estados Unidos acusara de estar bajo el poder del comunismo internacional. Se sabía además que la medida tenía como destinatario al gobierno de Arbenz en Guatemala, de cuyo carácter comunista muchos países no estaban totalmente convencidos. Frente a las objeciones latinoamericanas, el párrafo debió ser modificado, estableciendo que llegado el caso se convocaría una reunión de consulta para considerar la adopción de las medidas apropiadas de acuerdo con los tratados existentes. Con todo, México y la Argentina se abstuvieron de votar a favor de esta fórmula y Guatemala obviamente se opuso a ella. Obtenida la aprobación de la mencionada resolución, Dulles volvió inmediatamente a su país, dejando a sus funcionarios el tratamiento de las cuestiones económicas y sociales que eran las que realmente preocupaban a los países latinoamericanos. (15) 
    En mayo de 1954 el gobierno norteamericano demostró su preocupación porque el gobierno de Arbenz había recibido un cargamento de armas provenientes de Checoslovaquia. Trató de lograr la autorización de otros miembros de la OTAN a fin de registrar sus barcos en altamar para detectar otros envíos a Guatemala, pero no tuvo éxito. Suscribió entonces tratados de seguridad recíproca con los vecinos de Guatemala (en abril lo hizo con Nicaragua, y en mayo con Honduras), y les remitió material de guerra. Sin embargo, Estados Unidos no solicitó la correspondiente Reunión de Consulta para tratar la cuestión. A la vez, desde Honduras el 19 de junio tropas al frente de un general exiliado, Carlos Castillo Armas, entraban en Guatemala. El gobierno guatemalteco presentó una protesta por agresión ante el Consejo de Seguridad de la ONU. También lo hizo ante el Comité Interamericano de Paz pero luego la retiró para que el asunto quedara en manos del organismo mundial. No habiendo logrado obtener la ayuda del Consejo de Seguridad, el gobierno de Guatemala decidió otorgar su cooperación al Comité Interamericano de Paz. Este dispuso mandar el 28 de junio un cuerpo investigador a las tres repúblicas implicadas. Dos días antes de esa fecha, diez miembros de la OEA entre los cuales se encontraba Estados Unidos convocaron a una Reunión de Consulta, en virtud de “la intervención innegable del movimiento comunista internacional en la República de Guatemala y el peligro que ello entraña para la paz y seguridad del continente”. El Consejo de la OEA, reunido en sesión especial el 28 de junio, convocó a una reunión del Organo de Consulta para el 7 de julio en Río de Janeiro. Pero la instalación de un nuevo gobierno en Guatemala -en la que colaboró el embajador norteamericano- descomprimía la situación. El grupo investigador interamericano no alcanzó a llegar al lugar de los hechos y la Reunión de Consulta se suspendió. La Argentina consideró que la cuestión de todos modos debía investigarse, pero esta moción no prosperó y el caso quedó oficialmente cerrado. Estados Unidos en realidad había conseguido que ni la ONU ni la OEA pudieran acudir en apoyo de Arbenz, conociéndose luego que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) había instigado la invasión. El caso de Guatemala fue uno de los más significativos en las relaciones de Estados Unidos con América latina en la posguerra, recordando anteriores intervenciones norteamericanas y cooperando en armar el escenario para la crisis cubana. El nuevo gobierno guatemalteco suprimió sindicatos y partidos políticos. La reforma agraria fue continuada en forma limitada, pero a la United Fruit Company se le restituyeron la mayor parte de sus tierras. La violencia en el país fue acrecentándose y el mismo Castillo Armas fue asesinado en 1957. (16)  
    El 28 de junio Perón envió una extensa carta a Milton Eisenhower sugiriendo que se realizara una reunión de consulta hemisférica sobre el problema del comunismo, cualquiera fuera el resultado del conflicto en Guatemala y ofreciendo Buenos Aires como sede de la misma. Perón expresaba su preocupación por la infiltración comunista en América latina, particularmente en países como Brasil, Chile, Uruguay, Ecuador, Colombia y México, y argüía en favor de un enfoque hemisférico del problema, señalando que debían coordinarse esfuerzos a través de reuniones secretas con funcionarios de cada gobierno especialmente elegidos. Milton Eisenhower, luego de consultar con el Departamento de Estado y expresar que sería un error no capitalizar de alguna manera la actitud de Perón y su ofrecimiento, respondió al presidente argentino haciéndose eco de su preocupación y reconociendo la necesidad de coordinar la lucha contra la amenaza comunista. No obstante, ninguna otra acción fue llevada a cabo ante la propuesta de Perón. (17)  
    A mediados de 1954, tanto Estados Unidos como los países latinoamericanos comenzaron a prepararse para la conferencia económica que tendría lugar en diciembre en Río de Janeiro. La disconformidad con la política económica norteamericana se había hecho más intensa en América latina. La CEPAL había comisionado a un grupo de expertos la tarea de preparar estudios sobre los problemas de la región y sus posibles soluciones. Poco antes de la conferencia, el grupo dio a conocer un informe que señalaba la insuficiencia del ahorro interno y del crecimiento de  los ingresos por las exportaciones como los principales obstáculos al crecimiento y desarrollo económicos latinoamericanos. Para contrarrestar el efecto de los desfavorables términos del intercambio y la declinación en las exportaciones, el grupo proponía programas de estabilización de precios internacionales y acuerdos de compensación de fondos y de integración regional. En el ámbito interno, el informe recomendaba realizar esfuerzos que apuntaran a la industrialización acelerada, la reforma agraria y fiscal, y la planificación nacional para establecer prioridades y asignar los escasos recursos. Como dichos esfuerzos requerían tiempo, un flujo de capital extranjero sería necesario para compensar la insuficiencia del ahorro interno y de los ingresos por exportaciones durante el período de transición. El informe mencionaba un nivel de inversión extranjera anual de 1.000 millones de dólares por un período de 10 años. Los inversores privados debían proveer un tercio de estos fondos y el resto debían hacerlo las instituciones de financiación internacional por medio de créditos a largo plazo y bajo interés. Para facilitar lo último, el informe proponía la creación de un banco de desarrollo interamericano. (18)  
    El gobierno de Eisenhower rechazó tanto las propuestas como la filosofía de la CEPAL. El Consejo Nacional de Seguridad preparó una nueva declaración de política para América latina, el documento NSC 5232/1 que fue aprobado el 3 de septiembre de 1954. Este reafirmaba la prioridad de la solidaridad hemisférica y de la erradicación del comunismo. También reiteraba el compromiso de ir reduciendo gradual y selectivamente las barreras y tarifas al comercio y la necesidad de incentivar a los latinoamericanos a basar sus economías en un sistema de empresa privada y a crear el clima para la inversión privada. La innovación consistía en que el Eximbank fuera autorizado a financiar todos los proyectos de desarrollo serios para los cuales el capital privado o del BIRF no estuvieran disponible. El cambio reflejaba la nueva percepción de que Estados Unidos no sólo hacía negocios en América latina, sino que estaba llevando adelante una guerra. Esta fue finalmente la única propuesta de significación llevada por el gobierno norteamericano a la reunión de Río. (19) 
    El apoyo argentino para el rechazo de Estados Unidos al modelo de la CEPAL era fundamental. Henry F. Holland, secretario asistente para Asuntos Interamericanos, visitó dos veces la Argentina en 1954, en septiembre y nuevamente en diciembre, y tuvo éxito en obtener el respaldo de Perón. No sólo esto, sino que Perón también estuvo de acuerdo en ocuparse del problema del atraso en el giro de remesas gananciales para abrir el camino a futuros créditos del Eximbank. Como consecuencia, un decreto emitido en enero de 1955 permitió a las compañías industriales y mineras extranjeras remitir las ganancias posteriores a agosto de 1953 hasta 8% anual del capital invertido. Otro aparente éxito de la política norteamericana fue la propuesta de la Standard Oil de California para explotar petróleo argentino. (20)  
    No obstante, el acuerdo bilateral tuvo sus limitaciones. El apoyo de Perón a la posición norteamericana en Río y su decreto para la remesa de ganancias habían sido realizados ante la promesa de ampliación del programa de créditos del Eximbank, para cuya obtención el embajador Nufer estaba presionando al Departamento de Estado. Pero los créditos para América latina entre 1954 y 1956 resultaron mucho menores de lo esperado, y a la vez el decreto de Perón fue considerado insuficiente por el Departamento de Estado, porque no abarcaba la mitad de las empresas norteamericanas que operaban en la Argentina. Respecto de las negociaciones por el petróleo, inicialmente el gobierno argentino estuvo de acuerdo con la propuesta de octubre de 1954. Pero cuando la Standard Oil de California comunicó su intención de participar en el mercado interno argentino y vender el petróleo producido a otras compañías además de YPF, las conversaciones se suspendieron. (21)  
    Enterados del fracaso, Holland y Dulles temieron que Perón estuviera usando el asunto como un pretexto para desterrar la idea de utilizar la empresa privada para desarrollar el petróleo argentino, pero Nufer les aseguró que ése no era el caso. Las conversaciones se reiniciaron en febrero de 1955 y el 25 de abril se firmaba un contrato con la Standard Oil de California para la explotación petrolera en el interior del país. En mayo, el gobierno argentino aprobaba el contrato y lo enviaba al Congreso para su ratificación. En este contexto, resulta muy significativo que el 10 de marzo el Eximbank autorizara un crédito de 60 millones de dólares para la acería de San Nicolás, aunque éste luego no se concretara hasta el año siguiente. En un principio el contrato petrolero fue bien recibido por la opinión pública argentina, pero cuando se conocieron sus términos poco favorables para YPF hubo oposición. El partido Radical, dirigido por Arturo Frondizi, denunció el contrato como una maniobra para destruir YPF. El bloque radical de la Cámara de Diputados emitió una declaración expresando su intención de defender el petróleo argentino y su completa nacionalización, rechazando cualquier tipo de acuerdo con compañías extranjeras que afectara la independencia y soberanía del país. El Congreso rechazó el contrato y las negociaciones con la compañía se reiniciaron. (22) 
    El rechazo del contrato con la Standard Oil y las concesiones a inversores británicos prepararon el terreno para que la opinión pública norteamericana, alentada por los artículos críticos de Perón del New York Times, movilizara su cruzada moral por el mundo libre, cuando el gobierno de Perón acentuó su autoritarismo. Varios legisladores propusieron resolución con el propósito de condenar la persecución de la Iglesia; y otros criticaron el acercamiento de Eisenhower al gobierno argentino. En junio de 1955, poco después del fallido golpe contra Perón, Holland defendió el apoyo a Perón en una sesión secreta del subcomité para América latina de la Cámara de Representantes, enfatizando la cooperación de Perón en asuntos hemisféricos. En agosto, habló con el New York Times, tratando de convencer al diario de que Perón era un bastión contra el comunismo, había sido de gran ayuda en la conferencia de Río y estaba promoviendo la inversión extranjera. Asimismo Holland afirmó que Perón estaba pagando internamente un precio por el respaldo a la posición norteamericana. (23)  
    En definitiva, debido a la falta de importancia estratégica de la Argentina para el gobierno de Estados Unidos y de otros incentivos políticos o económicos, no fue un objetivo de la política norteamericana hacia la Argentina, desde 1942 en adelante, buscar la estabilidad de este país. Las medidas del secretario Hull respaldaron los factores desencadenantes del golpe de 1943, llevaron luego a la expulsión de los miembros proaliados del gabinete de Ramírez y más tarde al derrocamiento del propio Ramírez, que fue reemplazado por el gobierno de Farrell-Perón, más nacionalista y antinorteamericano que el anterior. Asimismo, la intervención del embajador Braden en la política interna de la Argentina en 1946 incrementó la popularidad de Perón y colaboró en que éste fuera elegido. La oposición norteamericana al gobierno de Perón agudizó la polarización de la sociedad argentina y demostró ser contradictoria porque una de sus razones principales -la falta de respeto a la democracia y a las libertades y derechos cívicos- fue absolutamente desestimada cuando el gobierno norteamericano decidió dar un giro en su política hacia la Argentina. Sin que Perón hubiera cambiado en nada su estilo de gobierno, Estados Unidos terminó apoyándolo hacia el final de su gobierno. (24) 
    Por el lado de Perón, su política antinorteamericana era coherente con el nacionalismo que se había desarrollado en las últimas décadas en algunos sectores de la sociedad argentina y formaba parte del pensamiento de Perón, desde que éste preparara la revolución de 1943 en la logia militar del GOU. Fue confirmada luego por la discriminación que sufriera la Argentina respecto de las compras europeas con dólares del Plan Marshall. Sin embargo, el pragmatismo de Perón lo habría llevado a cambiar bastante fácilmente su postura ante el discurso laudatorio y la promesa de ayuda financiera del gobierno de Eisenhower. De allí, que el hecho de haber invertido enorme cantidad de recursos del país en exportar el justicialismo y llevar adelante una prédica antinorteamericana para asumir una posición contestataria frente a Estados Unidos - prédica realizada a través de agregados obreros que invitaban contingentes a visitar la Argentina, de la costosa creación de ATLAS, de la propaganda a través de diarios, radios y agencias de noticias, y del intento de ayuda económica a los países vecinos- no habría sido sensato para un país que atravesó todos esos años una situación económica vulnerable. 

  1. 611.35/10-2651, RG 59, DOS, NA, Declaración de política, cit. en  C. Escudé, “La traición a los derechos humanos...”, op. cit., p. 98.

  2. 611.35/5-552, RG 59, DOS, NA, despacho 1634, cit. en ibid., pp. 99-100.

  3. 735.00/8-2652, RG 59, DOS, NA, “Propaganda campaign of the Argentine government”, enviada a diplomáticos de Estados Unidos en la otras repúblicas americanas, cit. en ibid., pp. 100-101.

  4. G. Connell-Smith, op. cit., p. 238.

  5. 611.35/3-353, RG 59, DOS, NA, telegrama de Dulles a Nufer, cit. en C. Escudé, “La traición a los derechos humanos...”, op. cit., p. 102.

  6. Norma D. González, U.S.-Argentine Relations in the 1950's, Ph.D., dissertation, University of Massachusetts, 1992, pp. 128-131. Para la relación de Perón con el presidente Eisenhower y la evaluación de la visita de su hermano Milton Eisenhower, véase la correspondencia de Perón a Eisenhower, 30 de julio de 1953, NARA, 59, Central Decimal Files 1960-1963, Box 1594, File 735.00/11-162.

  7. República Argentina, Congreso Nacional, Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, 1953, I, 671-675; 1953, II, 1010-1044, 1047-1087, 1096-1136; R.A. Potash, op. cit., p. 223, cit. en N. D. González, op. cit., pp. 126-127.

  8. Embassy BA, Despatches 1003, 5 Feb. 1953, 611.35/2-553, and 211, 4 Sept. 1953, 611.35/9-453; DOS, 17 Aug. 1954, 611.35/8-1754; S.G. Rabe, op. cit., pp. 37, 67-72; DOS, Memorandum, 24 March 1954, 611.35/3-2454: Embassy BA, Despatch 1003, 5 Feb. 1953, 611.35/2-553, cit. en ibid., 128.

  9. DOS, Memorandum, 24 March 1954, 611.35/3-2454; Embassy BA, Despatch 1003, 5 Feb. 1953, 611.35/2-553; DS Bulletin, 1953, 554-559; New York Times, 20 July 1953; Milton to Dwight Eisenhower, 25 Nov. 1953, Folder 2, and 9 Sep. 1953, Folder 3, Box 12, Name series, DDE Papers as President; Embassy BA, Despatches 211, 4 Sep. 1953, 611.35/9-453, and 1363, 24 April 1953, 811.05135/4-2453; DOS, Memorandum, 23 Sep. 1953, 835.10/9-2353; DOS, Memorandum, 29 Sep. 1953, 835.10/9-2953; Embassy BA, Despatches 807, 19 Feb. 1954, 835.10/2-1954, and 751, 25 June 1954, 835.2614/6-2554, cit. en ibid., pp. 128-131.

  10. 611.35/3-353, RG 59, DOS, NA, telegrama de Dulles a Nufer, cit. en C. Escudé, “La traición a los derechos humanos...”, op. cit., p. 103.

  11. 611.35/7-3153, RG 59, DOS, NA, despacho 103 firmado por el primer secretario Robert C. Martindale, cit. en ibid., p. 104.

  12. 611.35/10-753, RG 59, DOS, NA, “Instructions on US-Argentine relations to all ARA diplomatic and consular posts (...)”, cit. en ibid., p. 105.

  13. 611.35/8-1754, RG 59, DOS, NA, “Balance Sheet: US-Argentine relations”, cit. en ibid., p. 106.

  14. A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 195-196.

  15. G. Connell-Smith, op. cit., pp. 243-244.

  16. Ibid., pp. 245-249; véase también Stephen G. Rabe, Eisenhower and Latin America. The Foreign Policy of Anticommunism, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1988, capítulo 3.

  17. Perón to Milton Eisenhower, 27 June 1954; Milton Eisenhower to Dwight Eisenhower, 6 July 1954, and Milton Eisenhower to Perón, 4 August 1954, Folder: Argentina 1953-1954, Box 1, Holland’s Records, cit. en N.D. González, op. cit., pp. 141-142.

  18. U.N. Economic Commission for Latin America, Economic Survey of Latin America, 1953, New York, U.N. Publishers, 1955; U.N. Economic Commission for Latin America, Economic Survey of Latin America, 1954, New York, U.N. Publishers, 1956, cit. en ibid., pp. 176-177.

  19. NSC 5432/1 en FRUS, 1952-1954, IV, 81-86; FRUS, 1952-1954, IV, 345-52; S.G.Rabe, op. cit., pp. 70-71, cit. en ibid., pp. 177-178 y 181.

  20. Memoranda of Conversations with Perón, 19 Sep. 1954, and 6 Dec. 1954, Folder: Argentina 1954-1956, Box 1, Holland’s Records; Embassy BA, Despatch 626, 14 Jan. 1955, 835.00/1-1455; Embassy BA, Telegram 397, 20 Jan. 1955, 811.05135/1-2055; Embassy BA, Despatch 647, 21 Jan. 1955, 800.05135/1-2155, cit. en ibid., pp. 182-183. El Departamento de Estado consideró que las disposiciones del decreto eran insuficientes, porque alrededor de la mitad de las compañías norteamericanas que operaban en la Argentina no eran industriales ni mineras. El ministro Gómez Morales señaló al embajador Nufer que el alcance del decreto era limitado debido a la escasez de dólares, pero que el gobierno tenía la intención de liberalizar sus disposiciones cuando las condiciones lo permitieran. Ibid., p. 183.

  21. Ibid., pp. 183-186.

  22. Ibid., pp. 186-196.

  23. Ibid., pp. 201-204.

  24. C. Escudé, “La traición a los derechos humanos...”, op. cit., pp. 109-110.

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