Las relaciones con la España franquista
En
abril de 1946, debido a que España estaba reuniendo tropas en los Pirineos y
supuestamente tratando de desarrollar armas atómicas, el gobierno polaco
previno al gobierno norteamericano de que dicho país constituía una amenaza
para la paz mundial y que la comunidad internacional debía tomar medidas en su
contra. Los miembros de la ONU finalmente aceptaron la propuesta de Australia de
nombrar una subcomisión para analizar la situación de España. Esta
subcomisión presentó su informe en junio, señalando que efectivamente el
régimen del general Francisco Franco representaba un motivo de discordia
internacional y una amenaza para la paz y la seguridad del mundo. Se solicitaba
al Consejo de Seguridad que transmitiera estas conclusiones a la Asamblea
General, recomendando asimismo que, si el régimen de Franco se mantuviera y no
respetara las libertades cívicas, los miembros de la ONU rompieran sus
relaciones diplomáticas con él. Consecuentemente, la Asamblea General dispuso
un boicot diplomático que se mantendría durante cuatro años y dejaría a
España completamente aislada en el campo internacional.
(1)
Frente
a la hostilidad internacional, Franco trató de transmitir a Occidente la
importancia del carácter anticomunista de su régimen, convencido de que la
polarización entre Estados Unidos y la Unión Soviética con el tiempo daría
validez al mismo. Simultáneamente, puso el acento en la política de la
Hispanidad, con el propósito de obtener el apoyo de los países de América
latina. Franco adhería a la versión autoritaria y católica de aquélla,
inspirada en intelectuales de derecha como Ramiro de Maeztu. Este instrumento
ideológico-propagandístico adquirió, a comienzos de la Segunda Guerra
Mundial, un rasgo imperialista, mencionándose la conveniencia de alentar la
hegemonía política y económica en América. Sin embargo, a partir del fin de
la guerra se puso el énfasis en los aspectos culturales y religiosos de la
Hispanidad. (2)
En
el contexto de aislamiento en que se encontraba España, fue de vital
importancia la ayuda política y económica que le brindara el gobierno de
Perón. En el ámbito político, la Argentina defendió a España en los foros
internacionales -Naciones Unidas, conferencias interamericanas-; trató de
persuadir a los gobiernos latinoamericanos de mejorar sus relaciones con el
gobierno de Franco; e intercambió visitas de distinguidas personalidades,
siendo las más importantes la de la esposa del presidente argentino a España y
la del ministro de Asuntos Exteriores español a la Argentina. En el plano
económico, la asistencia del gobierno argentino, como se verá, también fue
relevante. Puede afirmarse que este apoyo hizo posible la supervivencia del
régimen de Franco hasta que fuera aceptado nuevamente por los países de
Occidente.
La
crítica situación en España había provocado a fines de 1945 la preocupación
de algunos observadores extranjeros por lo que pudiera ocurrir en dicho país.
Por ejemplo, el embajador británico señaló que era urgente la adopción de
medidas políticas que posibilitaran la provisión adicional de trigo a España,
aclarando que si bien era deseable la desaparición del régimen franquista, no
lo era la reanudación de la guerra civil o el desenlace de una revolución. El
asunto fue discutido en Londres, en noviembre de 1945, mencionándose la
necesidad de presionar al gobierno norteamericano para que exportara petróleo a
la Argentina, a fin de que ésta pudiera hacer llegar los cereales a sus puertos
y éstos ser enviados a otros países, entre ellos España. También se propuso
estudiar la posibilidad de la exportación de cereales desde Estados Unidos o
Canadá a España. Esta discusión interna adquiere importancia para explicar el
hecho de que los países occidentales no dijeran nada en contra de la ayuda
argentina a España. Perón presentaba la ayuda a España como un ejemplo de
política exterior independiente y como un desafío al boicot de Occidente al
gobierno de Franco. Sin embargo, dicha ayuda no habría sido totalmente
contraria a los objetivos de las potencias occidentales respecto de España. (3)
En
la mencionada situación crítica para el gobierno de Franco, luego de haberse
producido la elección de Perón para la presidencia argentina, el gobierno
saliente -con la anuencia del presidente electo- ofreció a España un crédito
de 30 millones de pesos para la compra de cereales argentinos, prenunciando la
política futura hacia dicho país. El acuerdo fue firmado el 30 de abril de
1946, pero, en demostración de que el tema era delicado ante la comunidad
internacional, se decidió no hacer público el texto del acuerdo ni los
términos del crédito.
(4)
Ya
en las ceremonias de asunción del mando, Perón anunció al almirante Moreno,
jefe de la delegación española que asistió a las mismas, que proporcionaría
ayuda a España, e informó de la posibilidad de un acuerdo económico entre
ambos países. El Convenio Comercial y de Pagos fue firmado el 30 de octubre de
1946 en Buenos Aires y ampliamente publicitado. La Argentina concedía a España
un crédito rotativo anual de 350 millones de pesos por tres años, con opción
a renovarlo por otros dos años. El interés sería de 2,75%. También le era
otorgado a España un préstamo de 400 millones de pesos, a ser devuelto en 25
años, que debía ser utilizado para el pago a la Argentina de las importaciones
realizadas por España entre 1942 y 1946, una deuda que alcanzaba 225,5 millones
de pesos. (5)
Respecto
de la venta de cereales, el acuerdo aseguraba a España por lo menos 400.000
toneladas de trigo en 1947 y otras 300.000 en 1948, siempre que el excedente de
las exportaciones de trigo argentino no estuviera por debajo de 2, 6 millones de
toneladas. Si fuera así, la Argentina se comprometía a vender a España al
menos 15% del mismo en 1947 y 12% en 1948. Condiciones semejantes se acordaban
para el período 1949-1950. Asimismo, se convenía la venta de 120.000 toneladas
de maíz en 1947 y otras 100.000 al año siguiente. Hasta 1951, España podría
importar también carne, aceite comestible, legumbres y otros productos.
El
tratado disponía que si España pudiera adquirir trigo, maíz y aceites
comestibles de calidad semejante y precios inferiores en otro país, se lo
comunicaría al gobierno argentino y en caso de que éste no ajustara sus
precios, aquélla podría comprar dichos productos en otro lado. Sin embargo, lo
cierto fue que al no tener otras fuentes de aprovisionamiento, España tuvo que
aceptar siempre las condiciones de la Argentina.
Por
su parte, España debía exportar a la Argentina, hasta fines de 1951,
cantidades establecidas de palanquilla, chapa negra, plomo, corcho, aceitunas y
su excedente de aceite de oliva. También enviaría productos textiles y de
madera, zinc y mercurio, maquinaria agrícola e industrial, motores eléctricos
y a combustible. Aceptaba también la construcción de barcos para la Argentina
en sus astilleros, aunque esto quedó establecido en forma general. Por último,
se estipulaban algunos arreglos respecto de las conexiones aéreas y marítimas,
lazos culturales y asuntos de inmigración. Las respectivas marinas mercantes
tendrían prioridad para el transporte de mercaderías entre ambos países,
aunque el mayor trabajo recaería en la marina española, que tenía mucha más
envergadura que la argentina. Un punto importante para la Argentina era la
adquisición del derecho a establecer zonas francas en puertos españoles, desde
donde pudiera exportar sus mercaderías al resto de Europa.
Las
estipulaciones del acuerdo -entre ellas el porcentaje de interés- eran
favorables para España. El tratado tenía también una intencionalidad
política, dado que se firmó poco antes de la sesión de la Asamblea General de
las Naciones Unidas que debía tratar la “cuestión española” y la
propuesta de aplicar sanciones a España. Por ello, el acuerdo fue recibido en
España con verdadero entusiasmo. Los gobiernos occidentales aparentemente
fueron clementes con el mismo, a pesar de que alentaba al gobierno de Franco,
del cual intentaban separarse en el discurso. Por ejemplo, un documento del Foreign
Office señalaba que si se estableciera un nuevo gobierno español que no
mantuviera buenas relaciones con el gobierno de Perón, el primero se vería
obligado a pedir la ayuda de Gran Bretaña o Estados Unidos. En ese caso, como
los británicos no podían proveer víveres a España, la obligación habría
recaído en Estados Unidos y esto habría aumentado su influencia en España, lo
que no era deseable para Gran Bretaña.
(6)
En
opinión de Rein, el acuerdo fue de gran importancia para el gobierno de Franco.
Le permitió aumentar la ración diaria de pan, disminuyendo las posibilidades
de que el régimen cayera a causa de la grave situación económica. En marzo de
1947, el ministro de Industria y Comercio declaraba que el abastecimiento del
año estaba asegurado por la carne y el trigo argentinos. Esto fue la causa de
la gran popularidad que la Argentina gozó en España en esos años y que Eva
Perón pudo constatar personalmente en su visita unos meses más tarde. La ayuda
argentina colaboró asimismo en evitar la implementación de un boicot
económico contra el gobierno de Franco propuesto incluso en las Naciones
Unidas, aunque hubo otras razones para no aplicarlo, como por ejemplo el temor a
fortalecer el régimen franquista, a provocar en España una inestabilidad que
pudiera ser aprovechada por los comunistas, o a perjudicar allí los intereses
económicos y políticos de Gran Bretaña y Estados Unidos. (7)
En
noviembre de 1946, la “cuestión española” fue derivada del Consejo de
Seguridad a la Asamblea General de las Naciones Unidas. El embajador español en
la Argentina, conde de Bulnes, inmediatamente
se entrevistó con el canciller Bramuglia para solicitarle que la Argentina se
opusiera a cualquier intervención en los asuntos internos de España. No muy
convencido de la simpatía de Bramuglia por España, Bulnes hizo la misma
petición a Perón, quien le respondió que estaba decidido a defender el
principio de no intervención en las Naciones Unidas. (8)
Así,
el 3 de diciembre, en el curso de la discusión en el comité político de la
Asamblea General originada en la propuesta polaca que solicitaba la extensión
del boicot a España y el retiro de todos los jefes de misiones diplomáticas,
el representante argentino, José Arce, sostuvo que la “cuestión española”
no entraba dentro de las atribuciones de la ONU, pues se trataba de un asunto de
política interna española. Consecuentemente, anunció que su país se
abstendría de votar en todo lo concerniente a dicho asunto. No obstante, el
gobierno español no quedó demasiado conforme con la postura argentina. El
embajador español dijo al canciller Bramuglia que la Argentina podía hacer
algo más que limitarse a cumplir sus deberes con España. El día anterior a la
votación en la Asamblea General, el 11 de diciembre, Bulnes envió directamente
una nota a Perón con el propósito de obtener un compromiso firme del
presidente. En la sesión, Arce explicó que la Argentina había decidido
cambiar su actitud y que votaría en contra de cualquier resolución que pudiera
ser considerada como una intervención en las cuestiones internas de España.
(9)
La
resolución de la Asamblea General amplió el boicot primitivo y declaró que
los atributos del régimen de Franco no le permitían integrar las Naciones
Unidas. Instaba además a los estados miembros a retirar sus embajadores y
ministros plenipotenciarios de Madrid, recomendando al Consejo de Seguridad
tomar medidas adicionales en el caso de que en un tiempo prudencial no se
estableciera en España un régimen democrático. La resolución fue adoptada
por 34 votos a favor, 6 en contra -entre ellos la Argentina-, trece abstenciones
y una ausencia.
(10)
Franco
envió inmediatamente su agradecimiento al gobierno argentino, y la prensa
española hizo el elogio de los seis estados hispanoamericanos que habían
votado en contra de la moción. En la Argentina, el voto de Arce produjo la
crítica de la oposición, ya que ésta desaprobaba el pacto Franco-Perón. No
obstante, tampoco les gustaba a muchos la intervención de las Naciones Unidas
en los asuntos internos de un país soberano, por lo cual sólo los diarios de
los partidos de izquierda -comunista y socialista- criticaron el voto. Por
cierto, como lo prenunciaran los funcionarios británicos y norteamericanos, la
resolución de las Naciones Unidas terminó generando apoyo interno al régimen
de Franco, tal como había ocurrido en la Argentina con la intervención
norteamericana en la campaña electoral en la cual había salido favorecido
Perón.
(11)
Cuando
la mayoría de los países, en cumplimiento de la resolución de la ONU
retiraban sus embajadores de Madrid, el gobierno argentino se apresuró a
designar su embajador, dado que el puesto se encontraba vacante. El nombramiento
recayó en Pedro Radío, quien recibió instrucciones del presidente que
mencionaban la amistad, ayuda y adhesión a España en un momento en que ésta
era aislada por el contexto internacional. No obstante, las instrucciones del
canciller le ordenaban no formular declaraciones políticas o ideológicas, a
fin de evitar problemas a la política exterior argentina. La presencia del
embajador fue utilizada políticamente por el gobierno de Franco para incentivar
la reacción nacionalista ante el aislamiento provocado por la decisión de las
Naciones Unidas y tratando de demostrar que España no se hallaba sola.
(12)
El
nuevo embajador español, José María de Areilza, conde de Motrico, arribó a
la Argentina a mediados de mayo de 1947 con instrucciones de conseguir el apoyo
argentino para España en los foros internacionales de los cuales ésta había
quedado excluida. Asimismo debía incentivar el rol de la Argentina como
mediadora, y lograr su intercesión ante los demás gobiernos sudamericanos. Sin
embargo, resultó evidente que Perón encontraba dificultades en su apoyo al
régimen de Franco. A veces, el embajador español debió apelar a la
intervención directa del presidente argentino, ante las reticencias de la
cancillería. De todos modos, el gobierno español consiguió la intercesión de
la Argentina ante varios países latinoamericanos para tratar de que éstos
normalizaran sus relaciones con Madrid. Areilza consultó con Bramuglia sobre la
factibilidad de que el gobierno argentino presionara a Paraguay y Bolivia para
que enviaran sus representantes diplomáticos a España. El canciller argentino
así lo hizo, logrando que el gobierno boliviano mejorara sus relaciones con
Madrid. Perón también trató de interceder en favor de España ante el
gobierno de Chile. Asimismo, Bramuglia logró que Brasil apoyara una iniciativa
para tratar de anular el boicot impuesto a España por las Naciones Unidas,
accediendo al pedido del canciller brasileño de que no se realizara la reunión
del Comité Americano sobre Territorios Dependientes, que había sido
establecida en la Conferencia de Bogotá con el respaldo argentino. Por último,
el gobierno argentino asumió la representación de España en países que eran
francamente hostiles a ésta, como los del bloque soviético. De este modo, en
Buenos Aires la embajada española pudo hacer contacto extraoficial con
representantes de países que no mantenían relaciones con España. (13)
Con
todo, el acontecimiento quizá más importante en las relaciones
argentino-españolas en la época del gobierno peronista fue el viaje realizado
por Eva Perón a España. Ella era el símbolo de los barcos cargados de
cereales que llegaban de la Argentina a los puertos españoles y representaba a
uno de los pocos países amigos, por lo cual fue recibida con toda pompa. Su
visita además sirvió a Franco para realizar una activa propaganda en favor de
su régimen y también para desviar por un tiempo la atención interna de la
situación económica crítica y del aislamiento internacional.
(14)
No
obstante, la intención inicial de Eva Perón de visitar España terminó
convirtiéndose en un viaje por Europa, que incluyó el Vaticano, Italia,
Francia, Suiza y Portugal. Según testimonio del propio embajador español, esto
se hizo para matizar el exclusivo viaje a España que no era del agrado de la
cancillería argentina. España fue, sin embargo, el primer punto de escala en
la gira y, al contrario de lo que ocurrió en la Argentina, la prensa española
no mencionó los demás países que Evita visitaría hasta que la primera dama
dejó el territorio español.
Bramuglia
debió explicar a los embajadores de Gran Bretaña y Estados Unidos que había
sido informado del viaje de la esposa del presidente como un hecho consumado,
señalando que no estaba de acuerdo con el mismo. El canciller rechazaba la
intromisión de Eva Perón en los asuntos de la política exterior argentina y
temía que su viaje a España perjudicara la imagen internacional del país. En
consecuencia, convino con Perón en que la primera dama tocaría en sus
discursos temas que no asociaran demasiado a la Argentina con el gobierno de
Franco. En cuanto a la tan mentada oposición norteamericana al viaje de Eva
Perón a España, parece haber sido menos la política oficial del gobierno de
Estados Unidos que la oposición personal del embajador norteamericano en la
Argentina, George Messersmith, que trataba en ese entonces de mejorar las
relaciones de su país con la Argentina y consideraba que la identificación del
gobierno de Perón con el de Franco alimentaría la prédica de los sectores
norteamericanos más antiperonistas, que calificarían al gobierno argentino de
fascista y antidemocrático.
Los
representantes de los países comunistas en las Naciones Unidas, trataron
nuevamente durante 1947 de profundizar el aislamiento de España e incluso de
que se votaran sanciones económicas en su contra. En septiembre, Polonia pidió
que se refirmaran las resoluciones del año anterior y que el Consejo de
Seguridad decidiera alguna acción respecto del régimen español, pues no se
observaba ningún cambio en el mismo. Otros cinco países latinoamericanos
también pidieron la confirmación de las resoluciones de diciembre, pero no
solicitaron la profundización de las sanciones. A su vez, la Argentina
defendió a España sobre la base de que la Carta de la ONU prohibía la
intervención en los asuntos internos de los estados. El delegado argentino se
opuso a la reiteración de las sanciones. Señaló asimismo que su país no
había desobedecido la resolución de la Asamblea General al designar un
embajador en Madrid, pues la misma no era de carácter obligatorio. Para esta
época, sin embargo, ya varios países habían cambiado su posición respecto de
España, entre los cuales sorprendentemente se encontraba Estados Unidos. Así,
el párrafo de la nueva resolución que refirmaría las decisiones adoptadas en
diciembre no alcanzó la mayoría necesaria para quedar establecido. Esto fue de
gran significado para el gobierno de Franco, a pesar de que todavía harían
falta tres años más para que la proscripción diplomática fuera completamente
anulada. En España el resultado de la votación produjo gran júbilo, salvo en
los sectores opositores que se sintieron dejados totalmente de lado por los
países occidentales. El ministro español Alberto Martín Artajo señaló que
dicho resultado era consecuencia de la firme posición de España y destacó la
defensa de la Argentina y de otros estados hispanoamericanos en las Naciones
Unidas. (15)
Las
relaciones de Perón con Franco alcanzaron su punto culminante en 1948,
produciéndose en ese año la firma del protocolo Franco-Perón, y la visita a
Buenos Aires del ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo. El
Protocolo Adicional al Convenio de 1946 fue firmado en Buenos Aires el 9 de
abril de 1948, aunque fue anunciado unos días antes en un intento por atenuar
la repercusión de la exclusión de España del plan Marshall. La Argentina
aumentaba hasta 1.750 millones de pesos el monto total del crédito del cual
España podría hacer uso para adquirir víveres y materias primas, a un
promedio de 350 millones de pesos anuales hasta fines de 1951. Se especificaba
que los precios a pagar por España no podrían ser superiores a los que pagaban
otros países por productos argentinos. La Argentina se comprometía a permitir
importación de bienes no esenciales de España por 70 millones de pesos
anuales. La diferencia favorable a la Argentina en el comercio entre ambos
países sería acreditada en pesetas en una cuenta especial sin intereses. La
Argentina debería invertir ese saldo en España en emprendimientos comerciales,
industriales o mineros o para comprar barcos, equipos de ferrocarril y bienes de
capital. Estas reservas en pesetas también podrían emplearse en el
establecimiento del puerto franco en Cádiz, que tendría una vigencia de 50
años.
(16)
El
protocolo fue importante para la supervivencia del régimen franquista,
asegurando a España una provisión mínima de cereales durante unos meses
críticos, al menos hasta fines de 1948, cuando la amenaza de un colapso
económico ya había disminuido bastante. Sin embargo, el protocolo recibió
críticas, basadas en el argumento de que se estaba hipotecando el país, y
entregando el puerto de Cádiz y la industria española a un estado extranjero.
De todas maneras, la ofensa a la soberanía española nunca llegó a
materializarse, pues la crisis de la economía argentina de 1949 afectó las
relaciones con España y el cumplimiento del protocolo.
(17)
Por
su parte, la visita del ministro Artajo a la Argentina culminó con la firma de
cuatro acuerdos. El primero estipulaba algunos puntos sobre la inmigración
española en la Argentina, permitiendo el ingreso de hasta 350.000 inmigrantes
anuales; el segundo, autorizaba a los hijos de españoles residentes en la
Argentina a hacer el servicio militar en este país en lugar de cumplirlo en
España; el tercero otorgaba igual reconocimiento a los títulos académicos en
ambos países, y el cuarto eximía de impuestos el intercambio de publicaciones.
El viaje de Artajo tuvo asimismo un propósito propagandístico, tratando de
difundir la idea de que el régimen franquista era el más sólido bastión
europeo contra el comunismo. (18)
Pero,
a pesar de los mencionados acuerdos, la relación hispano-argentina comenzó a
deteriorarse. A fines de 1948, el gobierno argentino inició sus presiones sobre
España para obtener garantías en oro o dólares por los saldos acumulados como
consecuencia de las exportaciones de cereales, sin obtener resultados. Los
españoles se quejaban de que la Argentina hubiera dejado acrecentar dichos
saldos en lugar de invertirlos en España como preveía el protocolo.
Finalmente, en enero de 1949, la Argentina suspendió todos los tratados
económicos que había firmado en 1946-1948, lo que incluía el suscripto con
España. En febrero y marzo de 1949, se impuso también un embargo parcial a las
exportaciones con destino a España. La negativa española a ligar al oro o al
dólar los mencionados saldos se explicaba por la aparente disposición del
gobierno norteamericano a prestar asistencia en caso de que España tuviera
problemas en su aprovisionamiento desde la Argentina.
(19)
No
obstante, ante la necesidad imperante del trigo argentino en España y la
proximidad de una nueva ronda de debates sobre la “cuestión española” en
las Naciones Unidas, las negociaciones con la Argentina se reanudaron. El 25 de
marzo de 1949 fue firmado un acuerdo por el cual España otorgaba garantía en
oro a su deuda acumulada por un lapso de 18 meses. Asimismo se exhortaba al
gobierno argentino a que realizara las inversiones en España establecidas en el
protocolo primitivo. El gobierno argentino también debía permitir la
importación de productos españoles no
tradicionales por un valor de 70 millones de pesos anuales y la transferencia de
fondos en moneda argentina con el propósito de ayuda familiar. El acuerdo
prohibía a la Argentina fijar precios más altos con España que los
establecidos con otros países. Por último se mencionaba que los tratados de
1946 y 1948 se mantenían en vigencia. (20)
Así,
cuando en mayo de 1949 volvió a debatirse la situación de España en las
Naciones Unidas, la Argentina estuvo otra vez del lado del régimen de Franco.
En esta oportunidad, ya la mayoría de los miembros de la Asamblea General
apoyaban la revocación de las sanciones impuestas a España, aunque no
alcanzaban todavía los dos tercios necesarios. La Argentina apoyó el proyecto
presentado por Brasil, Bolivia, Colombia y Perú, que disponía la libertad de
acción para los países en sus relaciones con España. En noviembre de 1950, si
bien las relaciones argentino-españolas ya eran mucho más tirantes, la
Argentina estuvo nuevamente de parte de los países que demandaban la supresión
del boicot diplomático. Fue este proyecto, propuesto cuando la guerra de Corea
ya estaba en curso, el que logró la mayoría de dos tercios para ser aprobado.
No
obstante el acuerdo suscripto, a partir de agosto 1949 los embarques de cereales
a España cesaron casi por completo. El gobierno argentino señaló que España
había usado para esa época el crédito que le había sido asignado para todo
ese año. Los argentinos en
realidad estaban disgustados porque las consultas del Banco Central a España
sobre el crédito y la garantía de los saldos no recibían ninguna respuesta. A
su vez, los españoles no estaban conformes con la ausencia de inversiones
argentinas en España y la imposibilidad de colocar en el mercado argentino
otras exportaciones que no fueran las tradicionales. Además la Argentina no
había cumplido con las estipulaciones del acuerdo firmado en marzo.
Después
del fracaso de la misión de Emilio Navasqüés a la Argentina, en diciembre de
1949, por un endurecimiento de la posición argentina que significó
prácticamente la reversión de los acuerdos de 1946 y 1948, el nuevo canciller
Hipólito Jesús Paz comunicó al gobierno español la suspensión del
protocolo. Tanto Perón como el canciller aseguraron a las autoridades
españolas que la decisión era una cuestión exclusivamente económica y que
las relaciones políticas entre ambos países permanecerían invariables. El
ministro Artajo respondió a Paz señalando la excepcional gravedad que suponía
para la economía española la supresión de la fuente principal de
abastecimiento de cereales. (21)
Entre
1951 y 1955, el deterioro de las relaciones hispano-argentinas se fue
profundizando. El punto crítico de este proceso se produjo a fines de 1954,
cuando corrieron rumores en Buenos Aires de que el gobierno de Perón se
preparaba para romper relaciones diplomáticas con el régimen de Franco y
establecer vínculos oficiales con el gobierno republicano en el exilio. Todos
los intentos por incentivar las relaciones comerciales fracasaron y el problema
de los saldos acreditados a favor de la Argentina en Madrid continuó sin
resolverse. En ese tiempo, la economía argentina enfrentaba serias dificultades
en tanto la española estaba en franca recuperación. Por esta razón, y porque
su posición internacional también había mejorado, el régimen franquista no
buscó recomponer sus relaciones con Buenos Aires. Así, el conflicto
esencialmente económico se trasladó a otras esferas. (22)
El
concepto de la Hispanidad que en un principio había esgrimido Perón como una
de sus justificaciones para la amistad con España fue desapareciendo. El
presidente argentino finalmente terminó rescatando el concepto de Latinidad
para oponerlo al de Hispanidad y buscó una aproximación con Italia. A la vez,
las relaciones entre Manuel Aznar, embajador español entre 1952 y 1955, y el
gobierno argentino no ayudaron a revertir el conflicto, pues se fueron
desmejorando hasta llegar a una ruptura completa cuando el canciller Jerónimo
Remorino se negó a recibir al embajador y a contestar sus notas. Esta
situación culminó en octubre de 1954 con una agresiva campaña antiespañola
de la prensa argentina. Todo esto ocurría en momentos en que se iniciaba la
confrontación de Perón con la Iglesia Católica, lo cual proveyó motivos
adicionales para la animadversión, debido a la cobertura que la prensa
española realizó de aquélla y a la sospecha de que el gobierno de Madrid
promovía la creación de un movimiento demócrata-cristiano en la Argentina.
Por otro lado, el contexto internacional había mejorado mucho para España, por
lo cual ésta podía prescindir del apoyo argentino. Las Naciones Unidas habían
revocado el boicot diplomático en noviembre de 1950, lo que permitió que los
embajadores de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos se hicieran cargo de sus
embajadas en Madrid y que España fuera admitida en varios organismos
internacionales.
NOTAS
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the Spanish Question, Nueva York, 1946; Lleonart y Amselem, España y
la ONU, 3 vols., Madrid, 1978-84, vol. 1, pp. 84-98, cit. en Raanan
Rein, La salvación de una dictadura. Alianza Franco-Perón, 1946-1955,
Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1995, pp. 20-21.
Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, Madrid, 1946 (1ª ed.,
1934); F.B. Pike, Hispanismo, 1889-1936, Notre Dame y Londres, 1971;
E. González Calleja y F. Limón Nevado, La Hispanidad como instrumento
de combate, Madrid, 1988; M. Falcoff y F.B. Pike, eds., The Spanish
Civil War, 1936-1939: American Hemispheric Perspectives, Lincoln y
Londres, 1982; W.B. Bristol, “Hispanidad in South America,
1936-1945", tesis doctoral, Universidad de Pennsylvania, 1947; L.
Delgado Gómez-Escalonilla, Diplomacia franquista y política cultural
hacia Iberoamérica, 1939-1953, Madrid, 1988; Alberto Martín Artajo, Hacia
la comunidad hispánica de naciones: Discursos de Martín Artajo desde 1945
a 1955, Madrid, 1956; 852.00/4-1349, RG 59, DOS, NA, “A Short Study of
Hispanidad”, 13 de abril de 1949, fuentes citadas en R. Rein, op. cit.,
pp. 22-23.
Mallet al FO, 23 de octubre de 1945, FO, 371/49566; FO minutes, 14 de
noviembre de 1945, FO, 371/49566, cit. en ibid., pp. 80-81.
Bulnes a MAE, 27 de abril de 1946, APG. Leg.11, cit. en ibid., p. 82.
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1º de noviembre de 1946; ABC (Madrid), 31 de octubre de 1946 y 1º
de noviembre de 1946; La Prensa y El Mundo (Buenos Aires), 31
de octubre de 1946, cit. en ibid., pp. 84-85; José Campano, Perón
y España, Buenos Aires, Plus Ultra, 1982, pp. 61-62.
ABC, 1º de noviembre de 1946; 635.5231/11-1346, DOS, NA, Bonsal al
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FO, 371/67892B, Howard al FO, 25 de enero de 1947; Weekly Political
Intelligence Summaries, vol. 15, enero-junio 1947, 29 de enero de 1947,
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4 de diciembre de 1946; Lleonart y Castiella Maíz, España y ONU,
vol. 1, pp. 218-223; AMAE, R. 1279/1, Bulnes a MAE, 5 de diciembre de 1946,
Bulnes a MAE, 12 de diciembre de 1946, J. Arce, op. cit., pp. 43-46; ABC,
13 de diciembre de 1946, cit. en ibid., pp. 35-36.
Lleonart y Castiella Maíz, op. cit., vol. 1, pp. 386-388; J. Arce, op.
cit., pp. 46-48, cit. en ibid., p. 36.
852.00/1-947, DOS, NA, informe de la embajada norteamericana en Buenos
Aires, 9 de enero de 1947; FO 371/60366, Mallet a FO, 12 de noviembre de
1946, cit. en ibid., p. 38.
Radío a Perón, 19 de enero de 1950 (Archivo de la familia Rondot-Radío);
AMREC, División Política, España 1947, 16/14, Bramuglia a Radío, 16 de
enero de 1947, cit. en ibid., pp. 40 y 42.
Ibid., pp. 44-48.
Ibid., pp. 59-62.
Robert P. Huff, “The Spanish Question before the UN”, tesis doctoral
inédita, Stanford University, 1966, pp. 342-367; Lleonart y Castiella
Maíz, España y ONU, vol. 2, pp. 272-306; Florentino Portero, Franco
aislado - La cuestión española (1945-1950), Madrid, 1989, pp. 267-278;
DOS, NA, 852.00/5-2648, “Spain - Annual Political Report for 1947",
26 de mayo de 1948, cit. en ibid., pp. 63-64.
AMAE, R.2434/18; República Argentina, Memoria del Ministerio de
Relaciones Exteriores y Culto, 1948/1949, pp. 895-898; AMAE R. 2434/18,
Areilza a MAE, 3 de abril de 1948, cit. en ibid., pp. 93-94; J.
Campano, op. cit., p. 62.
R. Rein, op. cit., pp. 96-99. A fines de 1948, el gobierno argentino
comenzó a presionar sobre el español solicitando garantías en oro o
dólares por los saldos acumulados en España. Dichas garantías eran
importantes para mantener el valor de los saldos en pesetas españolas, cuya
cotización era manipulada por
el gobierno. Respecto de este punto comenzaron las discrepancias, porque el
protocolo no lo había aclarado debidamente. Ibid., pp. 193-194.
WNRC, BA 1948, box 201, file 710, Embajada en Madrid al Departamento de
Estado, 5 de noviembre de 1948; La Nación y Arriba, 19 de
octubre de 1948; y AMAE, R. 2329/16, Areilza a MAE, 22 de octubre de 1948,
cit. en ibid., p. 67.
Ibid., pp. 193-198.
AMAE R.4611/2; ABC, 5 de abril de 1949; Ministerio de Finanzas, Banco
Central de la República Argentina, Memoria Anual - 1949, Buenos
Aires, 1950, pp. 43-44, cit. en ibid., pp. 199-200.
AFF, 42/3, Perón a Franco, 28 de febrero de 1950; AFF, 185/221 y AMAE,
R.4240/1, Artajo a Paz, 14 de enero de 1950, cit. en ibid., pp. 208 y
210.
Ibid., p. 220.
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