La política exterior
En
el ámbito de la política exterior, el gobierno provisional profundizó el
cambio de rumbo iniciado ya por el peronismo en su última etapa. Se daría una
posición de apertura y de “colaboración internacional”, implementando una
más activa participación en organismos internacionales y un alineamiento con
Occidente en la Guerra Fría, la que pronto alcanzaría el continente con la
crisis cubana. A pesar de una cierta desconfianza inicial de Estados Unidos,
derivada del acercamiento que se había operado entre este país y el gobierno
peronista en los últimos años, el gobierno provisional obtuvo el
reconocimiento diplomático. No obstante, la preocupación norteamericana por
las inversiones y los contratos petroleros pendientes se acentuó ante la
designación de funcionarios de tendencia nacionalista y el pedido de un informe
sobre la situación económica a Raúl Prebisch, economista de la Comisión Económica
de las Naciones Unidas para la América Latina (CEPAL),
cuyas ideas el gobierno norteamericano no compartía. Estas medidas
llevaron a los miembros del Departamento de Estado a concluir que el apoyo a Perón
hasta el final de su gestión había sido acertado. (1)
Sin
embargo, las aprensiones norteamericanas respecto de Prebisch resultaron
infundadas, pues el economista terminó recomendando la necesidad de atraer
inversión y créditos externos, dado que no era posible al país recuperarse
con sus propios recursos. Entre fines de noviembre y comienzos de diciembre de
1955, una misión norteamericana encabezada por Henry F. Holland, secretario
asistente de Estado para Asuntos Interamericanos, y Samuel Waugh, director del
Eximbank, mantuvo conversaciones formales en Buenos Aires con un grupo de
funcionarios liderados por Raúl Prebisch. Las discusiones se centraron sobre
los problemas económicos de la Argentina y la posibilidad de asistencia
financiera por parte de Estados Unidos. Prebisch hizo una detallada descripción
de la situación económica y el plan del gobierno para enfrentarla, poniendo el
acento en el mejoramiento de la agricultura como base para la recuperación económica.
También mencionó la necesidad de reconstruir los sistemas de transporte y
energía, y de importar maquinaria para la industria y la agricultura. Se
tocaron además temas específicos de la relación bilateral, como el plan de
expansión de la CADE, el irresuelto problema de AMFORP, las restricciones
sanitarias norteamericanas a las importaciones de carne argentina, y la
posibilidad de que la Argentina adhiriera al Mondo Monetario Internacional (FMI)
y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, el Banco Mundial).
Waugh dijo que esperaba que el Eximbank pudiera ser útil a la Argentina, pero
enfatizó que no era política del banco financiar proyectos públicos para los
cuales hubiera disponible capital privado. Los argentinos no hicieron ningún
pedido especial y quedaron en enviar un representante a Washington para
continuar las conversaciones. (2)
Por
otro lado, el presidente Aramburu señaló a Holland que era intención del
gobierno adherir en la primera oportunidad que se presentara a la resolución
anticomunista establecida en Caracas. Según Aramburu, la Tercera Posición de
la Argentina era una ”ficción tonta” y su gobierno estaba considerando
incluso declarar fuera de la ley al partido Comunista. Holland aprobó estos
anuncios y mencionó el efecto favorable que había producido en círculos
internacionales la devolución del diario La Prensa a sus dueños.
A
mediados de enero de 1956, Prebisch presentó dos informes más -el primero había
sido conocido en octubre anterior-, relacionados con los problemas económicos
internos. En el segundo de ellos, se destacaba la explotación de los recursos
petroleros, la expansión de las plantas eléctricas y la reconstrucción de los
ferrocarriles como los tres sectores de la economía que necesitaban atención
urgente. Respecto del petróleo, se recomendaba que la expansión estuviera a
cargo de YPF, continuando la política contraria a las concesiones privadas para
salvaguardar el país de la acción de los monopolios internacionales. Esas
recomendaciones coincidían con la política ya adoptada por el gobierno
militar, que había cancelado el contrato con la Standard Oil de California,
suspendido las negociaciones con otras compañías y anunciado la intención de
hacer de YPF el único responsable del desarrollo de los recursos petroleros del
país. El gobierno de Aramburu planeaba fortalecer a YPF otorgándole autonomía,
reconstituyendo su equipo técnico y extendiendo los oleoductos y gasoductos. Se
pensaba que en tres años YPF podía duplicar su producción. Las compañías
extranjeras serían invitadas a participar del programa a través de contratos
de servicios o arreglos mixtos con YPF. La embajada norteamericana consideró el
juicio de Prebisch sobre el tema del petróleo poco realista y percibió la
posición del gobierno militar sobre la cuestión como un retroceso que
desterraba por completo la esperanza que existía un año atrás de mejoramiento
de la situación económica argentina. (3)
Para
llevar adelante todos los proyectos respecto de la agricultura y el
establecimiento de nuevas industrias en el campo del acero, maquinarias agrícolas
y para ferrocarril, papel y celulosa, químicos y petroquímicos, Prebisch señalaba
que el gobierno tendría que conseguir importantes fondos externos. Aconsejaba
al gobierno ingresar al BIRF y al FMI y enviar misiones financieras a Estados
Unidos y Europa para negociar créditos. El gobierno debía complementar esas
medidas con reformas a la política bancaria e impositiva, la progresiva
eliminación del control de precios y de cambios y la conversión de los
acuerdos comerciales bilaterales del país al sistema multilateral. El 27 de
enero, las recomendaciones de Prebisch eran aprobadas, y el gobierno comenzó a
explorar las posibles soluciones.
(4)
El
gobierno provisional por decreto-ley Nº 328 del 14 de enero de 1956 ratificó
la Carta de la OEA. Esta había sido aprobada en la Conferencia de Bogotá en
1948 y la Argentina fue el último país en entregar su ratificación. También
en 1956, por medio del decreto-ley 15.970, se concretó la ratificación de los
convenios de Bretton Woods, que el peronismo había enviado al Congreso, pero
habían sido retirados a causa de la oposición radical. El país ingresaba así
al FMI y al BIRF o Banco Mundial. (5)
Los
primeros problemas en las relaciones argentino-norteamericanas giraron alrededor
de la situación de algunas compañías como Kaiser de Córdoba, que había sido
colocada en una lista de compañías interdictas, sospechosas de realizar
negocios impropios durante el régimen peronista. Luego de la intercesión de ex
funcionarios e inversores norteamericanos en favor de la firma, ésta fue
retirada de la lista y su contrato renovado. También quedaba por resolver el
problema de las compañías envasadoras de carne. Estas habían estado en la
posguerra bajo control gubernamental, por lo cual se les habían fijado los
precios de compra de ganado y de venta, así como las tarifas para la importación
y la exportación. Como los precios del mercado interno habían sido fijados por
debajo del costo, se suponía que el gobierno debía compensar a las compañías
por las pérdidas con un subsidio calculado sobre la base del capital invertido
originalmente. El gobierno militar había removido muchas de las regulaciones,
pero quedaban por acordar las pérdidas sufridas durante el gobierno anterior, y
en este aspecto las negociaciones se alargaban, por lo cual las compañías
presionaban al gobierno norteamericano para que interviniera en su favor. La
situación de AMFORP también permanecía irresuelta, pues no se llegaba a un
acuerdo respecto de la valuación de sus propiedades. Estos problemas, al que se
sumaría el de la empresa de energía CADE, serían de fundamental importancia
en la relación económica bilateral. El hecho de no poder encontrar el gobierno
argentino una solución en los dos últimos casos impidió que la Argentina
recibiera una mayor asistencia económica por parte de los bancos
norteamericano.
(6)
Por
otra parte, funcionarios argentinos nuevamente plantearon la revisión de las
regulaciones sanitarias de manera que pudiera introducirse a Estados Unidos
carne proveniente de zonas libres de aftosa. El embajador argentino también
propuso discutir una lista de productos que pudieran ser vendidos en Estados
Unidos para expandir el comercio entre ambos países. El Departamento de Estado
rechazó ambas propuestas, arguyendo que era poco lo que el gobierno de Estados
Unidos podía hacer dado que el comercio estaba en manos privadas.
(7)
A
la vez, la marina argentina exploró las posibilidades de compra en Estados
Unidos para un portaaviones, equipo para un regimiento y un escuadrón de
aviones jet. Se sugirió que algunas de dichas adquisiciones podrían ser
realizadas bajo la sección 401 de la ley de Seguridad Mutua norteamericana. La
sección 401 contemplaba otorgar ayuda militar sólo a países que hubieran
firmado acuerdos militares bilaterales con Estados Unidos o que estuvieran bajo
amenaza soviética directa. El gobierno norteamericano dijo comprender el
problema argentino, pero reiteró que al no existir un convenio bilateral,
Estados Unidos se veía limitado por falta de disponibilidad de fondos y
limitaciones legales. Posteriormente, el secretario asistente Holland expresó
al embajador argentino la preocupación de su gobierno acerca de que la
Argentina decidiera comprar armas en el bloque soviético, señalando que era
consciente de que su gobierno no había proporcionado las armas como la
Argentina esperaba, pero que tenía la certeza de que, si la Argentina deseaba
créditos para la compra de las mismas, el gobierno consideraría sus pedidos y
podría adquirirlas a precios razonables.
(8)
En
junio de 1956 arribó a Washington una misión argentina, encabezada por el
presidente del Banco Central argentino, Carlos Coll Benegas, para continuar las
conversaciones iniciadas con Holland en Buenos Aires. Al mes siguiente, la misión
mantuvo reuniones con funcionarios de los Departamentos de Estado, Agricultura y
Tesoro y del Eximbank. Los funcionarios argentinos explicaron sus proyectos y
estimaron la necesidad de capital para los próximos cinco años en 1.200
millones de dólares. La Argentina esperaba que el Eximbank y el BIRF le
otorgaran créditos para cubrir los costos de los programas más urgentes, es
decir, 160 millones para transporte, y 103 millones para electricidad. Sin
embargo, pronto se hizo evidente que no sería posible obtener estos créditos.
El Eximbank no estaba dispuesto a otorgarlos, aduciendo para ello varios
motivos: por tratarse de un gobierno provisional, porque debía realizar
previamente un estudio de la situación argentina que demoraría por lo menos un
año, porque no haría préstamos para el sector energético dado que había
compañías privadas que deseaban invertir en él, y por la limitada capacidad
argentina de endeudarse en dólares. Cuando el BIRF contestó a Coll Benegas en
términos semejantes, el enviado argentino se sintió muy decepcionado. De todos
modos, Holland continuó bregando por que se le concediera a la Argentina algún
tipo de asistencia financiera, bajo ciertas condiciones. (9)
La
larga discusión entre Holland y el secretario del Tesoro, George Humphrey,
sobre la ayuda que debía recibir la Argentina complicó las posibilidades de
este país. Holland quería ofrecer a la Argentina un crédito de 200 millones
de dólares; Humphrey en cambio sólo quería como máximo 20 o 30 millones.
Para el último, el asunto era de naturaleza comercial, para Holland era cuestión
de seguridad. Incluso para éste, aunque el crédito no fuera justificable
financieramente, debía considerarse como un precio extra por la seguridad. Créditos
insuficientes bien podrían significar la caída de Aramburu y la asunción de
los radicales o los socialistas que no simpatizaban con Estados Unidos. Por su
parte, el secretario de Estado John F. Dulles instó a Humphrey a apoyar un crédito
de 50 millones de inmediato, porque esperar un año sería desastroso para las
relaciones norteamericano-argentinas. (10)
Mientras
estas discusiones se llevaban a cabo en Estados Unidos, el nuevo embajador
norteamericano, Willard Beaulac, se reunía con los ministros argentinos de
Hacienda, Comercio y Trabajo para reiterarles que un pronto y adecuado arreglo
con los envasadores, AMFORP y CADE tendría un importante efecto en las
negociaciones que se llevaban a cabo en Washington. Los ministros señalaron que
el gobierno estaba haciendo todo lo posible y coincidieron en que el problema de
la CADE era el más difícil de solucionar. Después de tratar estos temas también
con el canciller y el subsecretario de Marina, Beaulac informó a su gobierno
que el temor de Aramburu a que el fracaso de las gestiones pudiera traer
consecuencias políticas adversas era acertado. El embajador recomendaba la
consideración urgente y favorable del pedido argentino de financiación para el
transporte, dado que el mejoramiento de los transportes era esencial para el éxito
de los planes del gobierno para reactivar la agricultura y aumentar las
exportaciones. (11)
El
5 de septiembre el Eximbank informó al gobierno norteamericano su decisión de
ofrecer a la Argentina un crédito de 100 millones de dólares, de los cuales 85
millones debían ser para el transporte público y 15 millones destinados a préstamos
para empresas privadas. Una misión técnica sería enviada a la Argentina para
estudiar la cuestión del transporte, y sobre la base de su informe se
considerarían las propuestas específicas. El banco también tendría en cuenta
los avances realizados respecto de la estabilidad financiera y del tratamiento
satisfactorio a los inversores privados. La propuesta del Eximbank fue aprobada
por el gobierno al día siguiente. Cuando el Departamento de Estado comunicó la
decisión a Coll Benegas, éste expresó su disconformidad con el monto
ofrecido. El funcionario argentino solicitó un aumento de la cifra a 125 o 130
millones para cubrir las necesidades de transporte mínimas, pero el banco
respondió que no era posible, aunque la entidad estaba dispuesta a considerar
fondos adicionales para el sector energético si el problema de AMFORP era
solucionado. El embajador argentino, Adolfo Vicchi, también expresó su
desilusión con el resultado de las gestiones al secretario Dulles, señalando
la diferencia con otros países -se acababa de otorgar a Brasil una asistencia
de 1000 millones. Otros funcionarios trataron de conformar a Coll y Vicchi,
diciendo que éste era sólo el comienzo de lo que esperaban fuera una estrecha
relación financiera entre los dos países. (12)
Teniendo
en vista las elecciones para la Convención Constituyente a realizarse en el mes
de julio de 1957, el gobierno argentino intensificó sus esfuerzos para lograr
alguna evidencia de apoyo norteamericano. A fines de marzo Aramburu envió a
Gainza Paz, el dueño de La Prensa, en misión privada para tratar de
obtener alguna asistencia financiera adicional. El enviado entrevistó al
presidente Eisenhower, al secretario de Estado Dulles, al subsecretario del
Tesoro Burguess, y a los directores del Eximbank y del BIRF. Describió la crítica
situación económica encontrada por el gobierno de Aramburu y señaló el
progreso realizado hacia la democratización de las instituciones y la libre
empresa. Recordó que su gobierno se había acercado a Estados Unidos
revirtiendo el aislacionismo de Perón; había ratificado la Carta de la OEA y
adherido a la resolución anticomunista de Caracas; había ingresado al FMI y al
BIRF, y había aumentado la cooperación militar con Estados Unidos. Señaló
también que su gobierno enfrentaba serios problemas económicos y necesitaba la
ayuda de Washington. En el caso de no poder hacer frente a las necesidades más
urgentes, los argentinos podrían exigir buscar otras alternativas. Por ello era
muy importante poder llegar a las elecciones de julio con un conjunto de logros
a fin de obtener un resultado favorable al gobierno.
(13)
Pero
tanto Gainza Paz como el embajador Vicchi recibieron la misma respuesta de todos
los funcionarios: el gobierno norteamericano comprendía los problemas de la
Argentina pero ésta debía solucionar las cuestiones de AMFORP y de los
envasadores de carne -que la misión de Coll Benegas había prometido-, para
poder colocarse en posición de solicitar nuevos créditos al Eximbank. El
asunto fue debatido, sin embargo, entre los funcionarios del Departamento de
Estado y del Eximbank, pero se decidió continuar con la misma política.
(14)
Los
pedidos de asistencia financiera fueron renovados por los ministros argentinos
de Hacienda y Comercio y el presidente del Banco Central a los miembros del
gobierno norteamericano que llegaron a Buenos Aires para participar de la
Conferencia Económica de la OEA a fines de agosto de 1957, pero no dieron
resultado. No obstante, en septiembre, el Eximbank comenzó a considerar el envío
de una misión técnica para analizar el proyecto de explotación de carbón en
Río Turbio, como un gesto de buena voluntad hacia el gobierno argentino. También
proponía autorizar la colocación del fondo de 15 millones de dólares
reservado para el sector privado del crédito otorgado en 1956. Sin embargo, en
esa circunstancia, el embajador Beaulac advirtió a su gobierno que, debido a
que la Unión Cívica Radical estaba presentando propuestas de monopolio estatal
para la explotación del petróleo y otras fuentes de energía a la Asamblea
Constituyente, no era conveniente que se hiciera gesto alguno que pudiera ser
interpretado como que se restaba importancia a posibles enmiendas restrictivas a
la Constitución. (15)
Por
cierto, la posición de Beaulac no era compartida por Viron P. Vaky, el
funcionario del Departamento de Estado a cargo de los asuntos con la Argentina,
quien describió bien la falta de comprensión hacia la posición argentina. El
gobierno norteamericano -señaló- dio por supuesto que el gobierno argentino
podía hacer lo que Washington quería sin ningún riesgo político, y asumió
que la Argentina tendría eventualmente que aceptar las exigencias de Washington
porque no tenía alternativa. En opinión de Vaky, Aramburu había actuado de
buena fe: había creado un mercado libre de capitales; había hecho posible la
remisión de ganancias; había removido los controles estatales, restringido las
actividades comerciales gubernamentales y solucionado los reclamos de los
envasadores de carne. Advertía, además, que la Argentina tenía alternativas
al modelo norteamericano: siempre podía volver a la política económica
nacionalista y estatista, o aceptar la ayuda soviética. Vaky temía que la
presión que Washington imprimía al gobierno argentino resultara un boomerang
y alienara a aquellos sectores que luchaban contra posiciones nacionalistas.
Proponía dar consideración favorable al financiamiento en los ámbitos del
transporte y de la explotación de carbón. No obstante, el Eximbank finalmente
decidió limitar su acción respecto de los pedidos argentinos a la colocación
de los 15 millones de dólares pendientes y considerar todo pedido adicional
caso por caso.
(16)
Respecto
de las relaciones del gobierno provisional con Europa Occidental, cabe recordar
que en esta región, en 1947, había comenzado a implementarse la
multilateralización del comercio. La Organización Europea de Cooperación Económica
(OECE), creada en esa época, había comprometido a sus miembros a liberalizar
el comercio entre los países del occidente de Europa. Poco después, la Unión
Europea de Pagos (UEP), establecida en 1950, organizaba un sistema de pagos
multilaterales con liquidaciones mensuales de saldos. Hasta 1955, el gobierno
argentino se había mantenido en un “bilateralismo estricto”, pero el
gobierno de la Aramburu decidió en 1956 iniciar tratativas para insertar su
comercio internacional en el sistema multilateral.
Después
de haber dudado acerca de si otorgar al gobierno de la Revolución Libertadora
un reconocimiento de facto o de jure, el gobierno británico se
decidió por el último al conocer la decisión en el mismo sentido del gobierno
norteamericano. (17)
Con el fin de mostrar la buena voluntad del gobierno británico, el Foreign
Office analizó la posibilidad de otorgar una extensión de crédito a la
Argentina, teniendo en cuenta la imposibilidad de este país de pagar el crédito
existente. Sin embargo, una de las condiciones para concretar la operación era
que la Argentina realizara esfuerzos para solucionar los casos de expropiación
de empresas británicas aún pendientes de compensación como, por ejemplo, el
caso de la Compañía Primitiva de Gas. Otra de las condiciones era que se
estableciera una mejor atmósfera respecto del conflicto sobre las islas
Malvinas. Finalmente, se dejó de lado el tema Malvinas y se aprobó la extensión
del crédito por un año, hasta diciembre de 1957, con la condición de alcanzar
una solución en el caso de la compañía de gas.
(18)
El
informe de Raúl Prebisch sobre la economía argentina creó muchas expectativas
en la embajada británica en Buenos Aires. Esta señaló que el informe marcaba
el fin de una época de aislamiento de la Argentina, resaltando la recomendación
de que el país adhiriera a los organismos internacionales de crédito. Asimismo
se mencionaba la disolución del Instituto Argentino de Promoción del
Intercambio (IAPI), lo que significaba que el comercio exterior pasaría otra
vez a manos privadas. (19)
El
Tesoro británico, por su parte, sostuvo que Gran Bretaña debía trabajar en el
escenario europeo para que la Argentina liberara su comercio y estableciera un
sistema multilateral. Se especulaba que la Argentina tendría ayuda monetaria de
Estados Unidos, lo cual también beneficiaría a Gran Bretaña si cooperaba en
rehabilitar la economía argentina. Según el Foreign Office, el
proceso de multilateralización debía realizarse en dos etapas. Por un lado,
establecer un acuerdo de pago de la deuda entre la Argentina y sus países
acreedores a la manera del Club de La Haya y Brasil. Por otro, sentar las bases
para la multilateralización del comercio y las transferencias entre la
Argentina y los países de Europa Occidental.
(20)
La
situación externa de la Argentina era bastante comprometida para el año 1956.
En una reunión informal entre funcionarios del Banco de Inglaterra, el Banco
Nacional de Bélgica, el Banco de Francia, de Alemania, de Holanda, y de Italia
se informó que la deuda de corto plazo superaba los 800 millones de dólares y
las reservas argentinas eran menores a los 350 millones. En 1956 la Argentina
debía pagar 225 millones de dólares y al mismo tiempo financiar su comercio
exterior. La conclusión de la reunión entre los representantes de la banca
sostenía que la posición de la Argentina iba a mejorar en los próximos tres años.
Sin embargo, 1956 iba a ser un año muy difícil. A pesar de que los países
europeos no estaban en condiciones de otorgar grandes créditos, podían
negociar el pago de las deudas ya adquiridas por la Argentina con el fin de
aliviar su posición externa. Los representantes expresaban sus esperanzas en el
programa de reconstrucción presentado por Raúl Prebisch, quien, sin duda, les
inspiraba confianza. De acuerdo con las conclusiones de la reunión, los
representantes confiaban en que la situación argentina se modificara, y no querían
perder la porción del mercado argentino que habían adquirido en el pasado.
(21)
En
1956 comenzó a negociarse la multilateralización del comercio. La propuesta
argentina se resumía en tres puntos: a) que todo el comercio con los países
fuera del área del dólar debía conducirse en monedas transferibles; b) que
los países de Europea Occidental debían establecer, en proporción con su
comercio, un fondo de monedas transferibles por el monto de 150 millones de dólares
con el fin de financiar la multilateralización del comercio, y c) que este
fondo se pagaría a través de las ganancias por exportaciones argentinas en los
próximos dos años, estableciéndose mientras tanto una financiación o una
moratoria para deudas comerciales existentes. En realidad, el gobierno argentino
intentaba obtener tres tipos de financiamiento: el fondo de 150 millones de dólares
para financiar la multilateralización del comercio, un refinanciamiento de las
deudas existentes, y créditos nuevos a largo plazo para la compra de bienes de
capital para ser pagados luego de tres años. (22)
La
embajada británica en Buenos Aires inició consultas con sus pares de los países
de Europa Occidental. La propuesta argentina fue juzgada inaceptable, siendo, de
acuerdo con los europeos, demasiado optimista. Respecto del fondo de 150
millones de dólares existía el temor de que fuera utilizado para financiar
deudas comerciales con otros países como Japón. De acuerdo con el Foreign
Office, la propuesta argentina no era realista y en ella no se podía
basar una multilateralización del comercio y las transferencias financieras. En
efecto, realizar una propuesta de multilateralización junto con un
requerimiento para nuevos créditos sin negociar el pago de las deudas
comerciales ya existentes, era, para el Foreign Office,
irrazonable. El gobierno del Reino Unido no colaboraría con el fondo de 150
millones de dólares, recordando el crédito otorgado por 20 millones de libras
que había sido extendido recientemente por un año. Por otra parte, era
inaceptable la propuesta argentina de basar el tipo de cambio entre la libra y
el dólar en la tasa establecida en el mercado de New York para la libra
esterlina transferible. El Foreign Office requería operar de
acuerdo a la tasa oficial del dólar establecida en Londres. (23)
El
gobierno argentino comenzó a enviar notas a cada uno de los países
participantes de la multilateralización de su comercio exterior con Europa
Occidental. A comienzos de marzo de 1956, la embajada en Buenos Aires le remitió
al Foreign Office una copia de la nota enviada al gobierno alemán.
La nota expresaba que los pagos entre los dos países se efectuarían en monedas
transferibles fuera del área del dólar. La Argentina cotizaría las monedas
transferibles sobre la base de tipos vigentes en mercados internacionales. En
materia de importaciones ambos países adoptarían las medidas necesarias para
evitar que mediante otorgamiento de licencias o por fijación de tipos de cambio
se produjeran discriminaciones que afectaran las importaciones procedentes del
otro país. En materia de exportaciones ninguno de los dos países establecería
restricciones en las ventas de sus productos al otro. Las medidas que adoptara
la Argentina para su intercambio con los países limítrofes, teniendo en cuenta
las características particulares de ese comercio, no significaría apartarse de
los compromisos expuestos. La Argentina aceptaría la reexportación de sus
productos. Ambos gobiernos establecerían negociaciones por las deudas
comerciales ya adquiridas. En un primer momento se extenderían los acuerdos ya
establecidos de refinanciación, pero se iniciarían conversaciones para
establecer acuerdos de largo plazo. El intercambio de información debía ser
permanente. Por cierto, a los pocos días el gobierno británico recibía una
nota idéntica a la dirigida al gobierno alemán, ante la cual el gobierno británico
pidió algunas aclaraciones. (24)
En
abril se realizó una reunión en Paris entre representantes del gobierno
argentino y de Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, la República Federal
Alemana, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza y el Reino Unido para discutir
la propuesta del gobierno argentino. Los representantes expresaron los
requerimientos básicos para la multilateralización del comercio. La diferencia
que tenían con la nota enviada por el gobierno argentino era que la tasa de
cambio debía basarse en la paridad establecida por el Fondo Monetario
Internacional para una de las monedas de los países participantes en el sistema
multilateral y la tasa correspondiente de esa moneda establecida por los
mercados europeos en el marco del sistema de arbitraje. Para lograr esto el
gobierno argentino debía terminar con el presente sistema de favorecer el
comercio en dólares. (25)
La
propuesta alemana respecto de las deudas comerciales no fue aceptada, por lo que
las negociaciones entre la Argentina y Alemania proseguirían en un marco
bilateral. El 30 de mayo de 1956, en una nueva reunión en París entre los
representantes de los países europeos y del gobierno argentino, se suscribió
el Acta de París que establecía en forma transitoria el sistema multilateral
de pagos y transferencias a partir del 2 de julio de 1956. Los países europeos
se comprometían a mantener una política de importaciones abierta, mientras que
la Argentina se comprometía a no discriminar a los países participantes ni
firmar acuerdos bilaterales de comercio con terceros países que resultaran en
discriminaciones contra los países europeos. En su comunicación a la prensa,
el Foreign Office informaba que los representantes de Argentina,
Austria, Bélgica, Francia, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza y el Reino
Unido habían alcanzado un acuerdo basado en la propuesta argentina para
establecer un sistema multilateral de pagos y comercio. El comercio y las
transferencias financieras serían conducidas en monedas transferibles. Las
deudas que la Argentina había contraído con los países participantes serían
negociadas en una base de igualdad con pagos crecientes en los próximos diez años
con un interés de 3,5% anual. De este modo, la Argentina dejaba atrás el
bilateralismo iniciado con el convenio Roca-Runciman en 1933. (26)
Respecto
de las deudas de la Argentina con los países europeos, cada uno de los
acreedores tenía distintas posturas frente a las negociaciones y la forma de
pago. El gobierno alemán estimaba que la deuda se reduciría a 125 millones de
pesos por cancelación de contratos. La deuda con Francia se estimaba en 45
millones de pesos, con Italia en 130 millones, y con el Reino Unido en 65
millones de pesos. (27)
A
principios de 1957, la Argentina había alcanzado acuerdos con la mayoría de
sus países acreedores. Con el Reino Unido el pago de las deudas se haría en
los próximos diez años. Con Italia había alcanzado un acuerdo similar con el
refinanciamiento de pagos adeudados. Con Holanda el período para el pago era de
cinco años, ya que el monto de la deuda era pequeño. Francia sostenía que no
podía llegar a ningún acuerdo -que necesitaría la aprobación del Congreso-
antes que el gobierno argentino resolviera el caso de los bienes expropiados sin
compensación por el gobierno de Perón, especialmente las propiedades del grupo
Bemberg. Alemania también ponía condiciones para alcanzar un arreglo. El
gobierno alemán consideraba necesario llegar a un acuerdo sobre las propiedades
y activos alemanes controlados por el gobierno argentino desde la Segunda Guerra
Mundial, y sobre las compañías alemanas establecidas en la Argentina bajo el
gobierno de Perón que eran investigadas por el gobierno de la Revolución
Libertadora. Una vez que se alcanzaran acuerdos en estos dos puntos, el gobierno
alemán insistía en que establecería un acuerdo para la deuda basado en la
situación de la misma al 30 de junio de 1956. Las compras alemanas de cereales
argentinos se habían incrementado en el último tiempo y esto había
posibilitado a la Argentina cancelar muchos de los pagos atrasados. (28)
El
Reino Unido estaba interesado en que Alemania integrara el sistema multilateral.
Por otra parte insistía en que la situación respecto de la deuda con Alemania
debía normalizarse ya que Alemania era el único país que estaba recibiendo
pagos de parte del gobierno argentino. El Reino Unido consideraba la posibilidad
de aplicar la cláusula de nación mas favorecida como una manera de terminar
con las diferencias que existían entre los países participantes del sistema y
Alemania. El problema con Alemania era que este país había recibido un
tratamiento preferencial respecto de los demás países europeos. La solución
para reparar la situación era que Alemania reintegrara el dinero que había
recibido o que la Argentina pagara a los demás países acreedores en proporción
a lo pagado a Alemania. El gobierno argentino consideraba que la mejor solución
era un paso intermedio entre estas dos propuestas. (29)
De
acuerdo con estimaciones del Tesoro británico, Alemania había recibido 46
millones de pesos más de lo que hubiera recibido si hubiese integrado el
sistema multilateral. Desde junio de 1956 a mayo de 1957 la Argentina había
efectuado los siguientes pagos en pesos a los países europeos: Reino Unido, 3,3
millones; Francia, 4,6 millones; Italia, 5,6 millones; y Alemania 28,4 millones.
Además de los 28,4 millones de pesos por deudas comerciales, Alemania había
recibido 10 millones de pesos de la deuda pública que alcanzaba los 20
millones. La Argentina había pasado de tener un déficit de 10 millones de
pesos a un superávit de 14 millones en su cuenta de comercio bilateral con
Alemania. De acuerdo con estas estimaciones, el Tesoro afirmó que, sumados los
pagos al contado o en productos, Alemania había recibido un total de 62
millones de pesos. Alemania había cambiado su posición inicial y ahora estaba
dispuesta a reintegrar a la Argentina 10 millones de pesos, concediéndole un crédito
por nueve años. (30)
Finalmente,
la Argentina y Alemania alcanzaron un acuerdo. El gobierno argentino se
comprometió a entregar todos los activos alemanes confiscados durante la
Segunda Guerra Mundial. Respecto de las propiedades, éstas serían entregadas a
una comisión argentino-alemana con el fin de ser privatizadas. El problema
respecto de las firmas alemanas que estaban siendo investigadas por
enriquecimiento ilícito bajo el gobierno de Perón sería solucionado, de
acuerdo con la nota del gobierno alemán, por el gobierno argentino a través de
soluciones prácticas independientemente de los procesos legales iniciados. Esto
significaba que el gobierno argentino, sin intervenir en el curso de la
justicia, le había asegurado al gobierno alemán que las sentencias serían
favorables a las firmas. De acuerdo con la información de la embajada británica
en Buenos Aires, las firmas germanas estaban aparentemente satisfechas con
“este ejemplo de savoir-vivre sudamericano”. (31) El gobierno alemán
sostuvo que con el acuerdo alcanzado estaba dispuesto a integrar el sistema
multilateral de comercio y deudas.
Una
vez puesto en marcha, el ministro de Economía argentino, Adalbert Krieger
Vasena, explicó que el sistema multilateral de comercio y pagos era un
instrumento a través del cual la Argentina obtenía dólares en Europa. Enfatizó
que era sólo en el mercado libre argentino donde las divisas europeas eran
transferidas en dólares. Explicó que existía un acuerdo de caballeros entre
la Argentina y los gobiernos europeos para no extender el mercado libre, ya que
esto implicaría una pérdida de dólares para Europa. El consejero financiero
de la embajada francesa en Buenos Aires, Viaud, sostuvo que esto no sólo sucedía
en la Argentina sino también en Chile, Uruguay y Paraguay, lo que le
representaba a Europa una pérdida importante de dólares. Su consejo era
suspender la convertibilidad de la libra esterlina para estos países. Sin
embargo, en una nota de la embajada británica al Tesoro se expresaba que esto
no sería considerado, si el Reino Unido tenía todavía como objetivo alcanzar
la convertibilidad de la libra esterlina. (32)
El
25 de noviembre de 1957 se firmó el acuerdo multilateral. Este incorporaba
formalmente al sistema multilateral de comercio y pagos a la Argentina y once países
europeos: Austria, Unión Económica Bélgica-Luxemburgo, Dinamarca, Francia,
Alemania, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza y el Reino Unido. Se establecía
una política de no discriminación en comercio y pagos entre los países
europeos y la Argentina, en contraste con las cuotas y los precios diferenciales
que se establecían en los antiguos esquemas de comercio bilateral. De todas
maneras, la Argentina mantenía su política de preferencias respecto de los países
vecinos, y continuaría comerciando bilateralmente con ciertos países de Europa
Oriental. (33)
A
su vez, el acuerdo para la consolidación de deudas determinó que el gobierno
argentino pagaría la deuda con un interés anual de 3,5%. La suma de 20
millones de libras esterlinas se pagaría en nueve cuotas con anterioridad al 30
de junio de cada año. (34) Una nota en The Review of the River Plate
sostuvo que
la
significación especial e inmediata para la Argentina de la ratificación del
convenio celebrado en París hace 18 meses consiste en que una masa de deudas
con el extranjero, equivalente a unos 500 millones de dólares, que de otra
forma habría debido abonarse en tres o cuatros años, podrá ser amortizada
ahora en diez años. (...) Por lo tanto se ha producido un arreglo general de
anomalías y eliminación de obstáculos para las buenas relaciones financieras
internacionales, que será de gran utilidad para este país en los difíciles años
venideros. (35)
A
mediados de 1957, la embajada británica en Buenos Aires analizaba la situación
del comercio anglo-argentino. Con el fin de estudiar el rol de Gran Bretaña
como socio comercial de la Argentina, la embajada en Buenos Aires informaba al Foreign
Office sobre el comercio con Estados Unidos. El déficit en la balanza
comercial para la Argentina alcanzaba los 80 millones de dólares en 1956. De
acuerdo con estadísticas de Estados Unidos, las exportaciones argentinas
totalizaban 130 millones de dólares, los productos principales eran algodón
(48 millones), carne (22 millones), productos animales (12,5 millones), y
minerales (6,8 millones). Las exportaciones norteamericanas a la Argentina
alcanzaban los 211 millones de dólares. Los productos más importantes eran
automóviles y accesorios, totalizando 47 millones. Los demás productos eran
aceites vegetales por 27 millones, acero por 21 millones, carbón y otros
combustibles por 16 millones, y productos farmacéuticos por 16 millones. El
gobierno argentino argumentaba que el déficit con Estados Unidos estaba siendo
reducido, transfiriendo importaciones fuera del área del dólar. Respecto de
ayuda financiera, el gobierno argentino había recibido en los dos últimos años
216 millones de dólares en créditos del gobierno norteamericano. El
Export-Import Bank había otorgado 60 millones para la construcción de una
planta de acero en San Nicolás, 100 millones para transporte, mientras los créditos
privados habían alcanzado 56 millones. (36)
El
consejero comercial de la embajada británica en Buenos Aires sintetizó las
relaciones argentino-británicas en su discurso frente a la Cámara Británica
de Comercio de Buenos Aires. Comparando las cifras totales para el año 1956 con
las del año 1955, el hecho más significativo era que las exportaciones
argentinas al Reino Unido se habían incrementado en volumen y valor, mientras
que las importaciones argentinas desde el Reino Unido habían declinado tanto en
volumen como en valor. Las exportaciones argentinas habían aumentado de 86
millones de libras en 1955 a 92 millones en 1956. Este aumento no correspondía
al aumento de un producto en particular sino a una crecida general del nivel de
exportaciones de los principales productos. Así, el Reino Unido era considerado
el mejor socio comercial de la Argentina. Sin embargo, las exportaciones del
Reino Unido hacia la Argentina habían decrecido de 23 millones de libras en
1955 a 17 millones en 1956. La única categoría que había tenido un aumento
considerable era la de maquinarías y equipos eléctricos. En los primeros tres
meses de 1957 las exportaciones argentinas al Reino Unido habían aumentado
respecto del mismo período en 1956 de 27 millones a 28 millones. Por su parte,
las exportaciones del Reino Unido a la Argentina lo habían hecho de 3 millones
a 6 millones para los tres primeros meses de 1956 y 1957.
(37)
El
establecimiento del sistema multilateral de comercio y pagos tuvo resultados
inmediatos con un aumento de las exportaciones europeas hacia la Argentina. En
ese contexto, las exportaciones británicas aumentaron de 17 millones de libras
esterlinas a 33 millones. Las exportaciones argentinas también mostraron un
aumento, sin embargo, parte de este crecimiento se debía al déficit en dólares
que impulsaba a la Argentina a rechazar el área del dólar para sus
importaciones. (38)
Sin
dudas, el comercio anglo-argentino se caracterizaba por una desproporción entre
las exportaciones de ambos países. Mientras las importaciones británicas de la
Argentina alcanzaban los 100 millones de libras anuales, las exportaciones británicas
a ese país representaban un cuarto de ese monto. Una de las explicaciones era
que la Argentina utilizaba las libras obtenidas por las exportaciones a Gran
Bretaña para la compra de petróleo y derivados en otras áreas del mundo. Uno
de los objetivos del sistema multilateral era, justamente, que las compras se
pudiesen efectuar entre los países participantes. (39)
Por
otra parte, el comercio de la carne comenzó a verse perjudicado por el tema de
la aftosa. En 1957 el tema de la enfermedad comenzó a preocupar a los
importadores británicos de carne argentina. En ese entonces no existían
restricciones a la importación de carnes argentinas al Reino Unido. La
Argentina proveía 15% del total de las importaciones de carne a Gran Bretaña.
Esta cantidad era 25% menor que los niveles de importaciones anteriores a la
guerra, sin embargo, el Foreign Office consideraba que Gran Bretaña
no podría absorber niveles mayores debido al crecimiento de la producción
nacional.
(40)
A
pesar de la enfermedad, en 1958 el Ministerio de Agricultura británico sostuvo
que Gran Bretaña no estaba en condiciones de imponer una prohibición total a
las importaciones de carne argentinas debido a la aftosa, ya que el país
sudamericano proveía 20% de las importaciones totales de beef con carne
de muy alta calidad. En caso de una prohibición total, Gran Bretaña no podría
reemplazar la carne argentina con importaciones desde Australia o con producción
nacional. Con estos argumentos, el Ministerio recomendaba al Foreign Office
rechazar la posibilidad de implementar una prohibición total. (41)
Asimismo,
deben mencionarse las negociaciones que llevaron tres asuntos pendientes de
solución con Gran Bretaña cuando el gobierno provisional tomó el poder en
septiembre de 1955. Estos eran los de la Compañía Primitiva de Gas, la Compañía
Anglo-Argentina de Tranvías y Empresa de Tranvías del Puerto, y la Compañía
de Tranvías Lacroze de Buenos Aires.
La
Compañía Primitiva de Gas era una empresa británica expropiada en 1945 por un
decreto del gobierno de facto. Desde ese año se mantuvieron negociaciones para
lograr el pago de una indemnización. A fines de 1954, con el objeto de evitar
los gastos y demoras judiciales, la Compañía había presentado una propuesta
de arreglo extrajudicial al Ministerio de Industria por una suma
considerablemente inferior al valor real de los bienes, según la tasación
efectuada por la misma compañía. Frente a la falta de respuestas por parte del
gobierno argentino, la compañía había iniciado las tramitaciones legales.
(42)
El
tema de la Compañía Primitiva de Gas era el que más interés despertaba en el
gobierno británico. Al expropiarse la compañía en 1945, se había realizado
una oferta de compensación de 14 millones de pesos (350.000 libras esterlinas)
que la compañía rechazó. En 1949 se llevó el caso ante la justicia y se
realizaron tres evaluaciones a cargo del gobierno argentino, de la compañía, y
de un experto judicial. Las evaluaciones eran, respectivamente, de 26 millones
de pesos, 141 millones y 96 millones (650.000 libras esterlinas, 3,8 millones y
2,4 millones). Por su parte, el gobierno argentino inició un juicio a la compañía
por exceso de ganancias. Desde 1950, la compañía, apoyada por el gobierno británico,
intentaba alcanzar un acuerdo extrajudicial. En 1953, el gobierno argentino
aceptó la idea de establecer un comité conjunto formado por funcionarios del
gobierno y representantes de la compañía para considerar los reclamos, pero
aquél no produjo ningún informe. Posteriormente, la compañía había
realizado otra oferta al gobierno argentino que consistía en una compensación
de 2,8 millones de libras esterlinas. Frente a esta situación, el Foreign
Office recomendaba que Lord Reading se reuniese con el embajador
argentino para expresarle la disconformidad del gobierno británico por los
sostenidos retrasos para alcanzar un acuerdo. Luego de once años, el gobierno
británico consideraba que era justo que la compañía fuera compensada en un
futuro cercano.
(43)
En
1956, el representante de la Compañía Primitiva de Gas en Buenos Aires, G.
Cortés Funes, sostuvo que cualquier acuerdo con el gobierno argentino debía
respetar tres condiciones. En primer lugar, debía comprender un pago adecuado e
inmediato a los accionistas de Primitiva. El acuerdo debía reconocer la
voluntad del gobierno argentino de reparar los daños producidos por el régimen
anterior. La última condición era que el acuerdo debía tener amplia
publicidad en la Argentina. Cortés Funes afirmaba que los activos expropiados
alcanzaban los 5 millones de libras, que era la cifra invertida por los
accionistas. Primitiva reclamaba una compensación de 2,8 millones de libras y
el gobierno ofrecía sólo 2 millones.
(44)
Un
informe interno del Foreign Office explicaba que el caso de Primitiva se
encuadraba en el programa del gobierno argentino para reforzar el papel de YPF,
ya que la expropiación le había otorgado a la compañía estatal un control
indirecto pero total sobre la oferta de gas. La Compañía Primitiva operaba el
servicio de gas en Buenos Aires desde 1853. Luego de la expiración de su
contrato por 20 años con la Municipalidad en diciembre de 1939, éste gobierno
sólo había otorgado contratos de corto plazo a pesar de las insistencias de
Primitiva por acordar un nuevo contrato de largo plazo. En 1941, la
Municipalidad le otorgó el monopolio de la oferta de gas a YPF por el término
de 50 años. En 1945 luego de la expropiación, YPF tomó control de los depósitos
de Primitiva. Ese año la Municipalidad inició, con éxito, acciones legales
contra Primitiva por exceso de ganancia por lo que la compañía fue obligada a
pagar 40 millones de pesos.
(45)
Desde
la embajada en Buenos Aires, el primer secretario, A. Tandy, recomendó
presionar al gobierno argentino a solucionar el problema de Primitiva: el
gobierno británico se comprometería a no presionar por el repago del crédito
de 20 millones de libras otorgado al gobierno argentino en tanto y en cuanto el
caso de Primitiva fuera resuelto. El Tesoro rechazó la recomendación de la
embajada, ya que la deuda con la Argentina sería renegociada entre el país
latinoamericano y los países acreedores de Europa Occidental. Por su parte, la
Tesorería argentina afirmó que no estaba en condiciones de pagar más de 1
millón de libras esterlinas y que tampoco podía compensar a la compañía por
la devaluación del peso.
(46)
Para
ese entonces la compañía estaba dispuesta a aceptar 2,4 millones de libras
como arreglo final y de esa suma pagar 26 millones de pesos como arreglo al
reclamo de la Municipalidad de Buenos Aires por impuestos, sin reconocer el
reclamo. Al tipo de cambio de entonces la oferta equivalía a poco más de los
209 millones de pesos ofrecidos con anterioridad por el Ministerio de Industria
argentino. (47)
En
noviembre de 1957, una nota en The Review of the River Plate describía
el acuerdo con Primitiva. De acuerdo con el decreto 15267, el gobierno argentino
pagaría en Londres la suma de 2.060.950 libras como compensación a la Compañía
Primitiva de Gas. El pago se realizaría a lo largo de los siguientes cinco años
y no incluía ningún tipo de interés. El gobierno argentino se hacía cargo de
las deudas municipales de la compañía, mientras que ésta dejaba sin efecto
las acciones legales contra la Municipalidad de Buenos Aires. (48)
Respecto
de la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías y la Empresa de Tranvías del
Puerto la situación era completamente diferente. Estas dos empresas británicas
habían traspasado sus bienes, tasados originalmente en aproximadamente 21
millones de libras esterlinas, a la Corporación de Transportes de la Ciudad de
Buenos Aires en 1939, conforme a la Ley-Contrato Nº 12311, recibiendo a cambio
acciones de la Corporación, basadas en el valor de los bienes de la compañía.
La ley estipulaba un dividendo fijo sobre las acciones, pero este dividendo jamás
fue abonado. (49)
Bajo
los términos del contrato se había acordado con el gobierno argentino que la
Corporación estaría en condiciones de aumentar los precios en caso de
incremento de sus costos. El gobierno no cumplió con este acuerdo y la
Corporación funcionaba a pérdidas. En 1944 el gobierno se hizo cargo sin
aumentar los precios de la Corporación, pero financiándola con adelantos de
pagos otorgados por el gobierno que luego aparecerían como deudas de la
Corporación con el Estado. En 1948 por una ley del Congreso la Corporación
entró en proceso de liquidación y sus activos fueron comprados por el estado
en 1951 al precio de 410 millones de pesos. Este precio no cubría las deudas de
la Corporación ni las inversiones realizadas. Las Compañías no cuestionaban
la ley de liquidación de 1948, pero sostenían que el no cumplimiento del
contrato se debía a que el gobierno argentino no les había permitido aumentar
los precios forzando a las Compañías a la quiebra. Por este motivo reclamaban
una compensación. El gobierno peronista no aceptaba el argumento de no
cumplimiento del contrato y sostenía que la liquidación de la Corporación por
parte del Congreso de la Nación impedía al poder Ejecutivo decidir sobre el
tema.
(50)
En
1956 la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías envió un telegrama al Foreign
Office donde se explicaba que el gobierno argentino, luego del fracaso de
la comisión anglo-argentina de 1953, intentaba organizar una nueva comisión
que investigara los casos de las empresas extranjeras expropiadas. En su
respuesta, el Foreign Office dejó en claro que el gobierno británico
no era parte del conflicto, por lo cual no aceptaría la propuesta de la compañía
de reunirse con el ministro de Economía argentino y representantes de la compañía.
En un telegrama entre la embajada y el Foreign Office se afirmaba
que el caso de la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías no era tan importante
como el caso de Primitiva. Frente a los accionistas de la Compañía de Tranvías
el gobierno insistía en que no tenía poder de reclamar, ya que el caso estaba
siendo tratado por la justicia argentina.
(51)
En 1957, la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías
ofrecía reinvertir parte del dinero reclamado como compensación en el sector
eléctrico argentino. Aparentemente, el gobierno británico comenzaba a tener
una mayor participación en esta disputa, dado que en una reunión entre A.
Tandy y el ministro de Finanzas argentino, Roberto P. Verrier, el tema se
discutió, aunque sin llegar a ningún acuerdo. (52)
La
situación de la Compañía de Tranvías Lacroze de Buenos Aires era similar.
Sus bienes habían sido traspasados a la Corporación de Transportes de la
Ciudad de Buenos Aires en 1939, conforme a la Ley-Contrato Nº 12311, recibiendo
a cambio acciones de la Corporación. Las acciones habían perdido su valor
debido a la imposibilidad de la Corporación de abonar los dividendos fijos
estipulados y a la liquidación de la misma Corporación. La Compañía de Tranvías
no había recibido indemnización. Esta compañía era una empresa argentina,
pero tenía tenedores de acciones por un valor aproximado de un millón de
libras esterlinas residentes en el Reino Unido. (53)
Por
otra parte, la multilateralización del comercio exterior argentino no condecía
con las tendencias que predominaban en los países del Este europeo. La obtención
de créditos en Estados Unidos y la consolidación de la deuda externa por la
firma del Acta de París implicaban límites a las relaciones con dichos países.
De esta manera, hasta fines de 1957 el comercio con éstos y especialmente con
la Unión Soviética disminuyó considerablemente, acumulándose créditos
pendientes concedidos en el convenio de 1953 y su protocolo adicional de 1955.
(54)
Así,
las relaciones diplomáticas se mantuvieron en un plano formal, destacándose sólo
el hecho de la emigración de ciudadanos argentinos de origen ruso a su país de
origen, lo cual preocupó al gobierno argentino. Además el levantamiento de
Hungría en octubre-noviembre de 1956 llevó a que la cancillería argentina
percibiera que el objetivo de la Unión Soviética en el campo internacional era
buscar la dominación mundial. Se concluyó entonces que ante la expansión
ideológica del comunismo debía mantenerse la vigilancia, estableciendo
restricciones al otorgamiento de visas para el ingreso de personas de los países
socialistas y fijando un límite al número de diplomáticos
acreditados tanto para la embajada soviética, como la de Polonia y
Checoslovaquia.
(55)
Pero
a fines de 1957 la situación económica argentina se agravó, acusando la
balanza comercial un déficit de 210 millones de dólares, cifra casi
equivalente a la de las reservas existentes. Por otro lado, las importaciones de
petróleo representaban una erogación de 250 millones de dólares anuales y el
desequilibrio en el comercio argentino-norteamericano aumentaba. El gobierno
argentino comenzó entonces a pensar en iniciativas que apuntaran al desarrollo
de las fuentes petrolíferas por
medio del capital foráneo. Así, el embajador Mauricio Yadarola propuso al
gobierno norteamericano la concreción de contratos entre YPF y empresas
norteamericanas para la perforación de pozos, lo cual constituiría un
antecedente de los que luego firmaría el presidente Frondizi. (56)
Con
el mismo objetivo, a comienzos de enero de 1958 el gobierno de Aramburu envió a
la Unión Soviética una misión encabezada por el subsecretario de Industria y
Comercio, Raúl Ondarts. El resultado de la misma fue la firma de varios
contratos, en particular para la compra de equipos para la industria del petróleo
y para la construcción vial. También se trató la posible exportación de
carne en conserva. La misión fue objeto de suspicacias en Estados Unidos y
Europa Occidental. El secretario de Estado John Foster Dulles afirmó que era
posible que se produjera una ofensiva económica soviética sobre América
latina. No obstante, el gobierno soviético no percibió el resultado de la misión
Ondarts como muy satisfactorio. (57)
Por
último, cabe hacer una mención de las relaciones con los países vecinos en
este período. El nuevo gobierno pasó a tener buenas relaciones con los países
que se habían opuesto al peronismo y empeoró el trato con aquéllos que lo habían
apoyado. Además se transfirieron conflictos internos a la acción externa. Se
produjo un acercamiento con Uruguay, debido la ayuda prestada a los exiliados
antiperonistas. Con Paraguay la relación se hizo tensa, lo cual provocó que
Brasil acrecentara su presencia allí. Con Bolivia la situación amenazaba con
repetirse, por lo cual se decidió un viaje del general Aramburu que permitió
mantener el equilibrio. En Chile se denunciaron los contactos entre el gobierno
de Ibáñez y el de Perón. El empeoramiento de las relaciones quedó demostrado
por la publicación en 1957 de un nuevo libro del chileno Alejandro Magnet -Nuestros
vecinos argentinos- ya sin el aditamento partidista del anterior, en el que
denunciaba nuevamente el expansionismo argentino. Con Venezuela se produjeron
roces por el asilo otorgado a Perón. (58)
Con
la caída de Perón, los militares parecieron haber tomado conciencia de la
Guerra Fría y del hecho de que la política seguida por aquél había
colaborado en debilitar la posición argentina en relación con Brasil. Esto
explicaría algunas iniciativas diplomáticas insólitas como la propuesta, en
agosto de 1956, de un pacto militar del Atlántico Sur en el marco de la
seguridad continental y de la “solidaridad interamericana”, al cual fueron
invitados Brasil, Uruguay y Paraguay, pero que no obtuvo repercusión. El hecho
era sin duda revelador del cambio ideológico operado en el seno de las fuerzas
armadas como consecuencia de las purgas y las reincorporaciones y la
subsiguiente mudanza en la percepción de la seguridad nacional, ahora
identificada con un alineamiento más cercano con Estados Unidos.
(59)
La
posición que asumirían los países latinoamericanos en la Conferencia Económica
Interamericana, celebrada en Buenos Aires en agosto y septiembre de 1957, fue
adelantada por un informe preparado en 1954, a pedido de Prebisch, por un comité
de expertos regionales bajo la dirección de Eduardo Frei. En éste se ponía de
manifiesto la necesidad de acuerdos para estabilizar los precios de los
productos primarios, y una ayuda mayor para los proyectos de industrialización
latinoamericanos, los planes nacionales de desarrollo, la colocación de
inversiones y el largamente postergado establecimiento del Banco Interamericano.
No obstante, el informe del grupo de Frei no tuvo influencia en la política
norteamericana hacia la región. Tampoco pudo realizar nada importante un comité
especial establecido luego de la Reunión de Jefes de Estado de las Repúblicas
Americanas, que se llevó a cabo en la ciudad de Panamá en julio de 1956. (60)
El
resultado de la Conferencia de Buenos Aires no fue alentador para los
latinoamericanos. Poco antes de que comenzara la misma, el secretario de Estado
John Foster Dulles sostuvo que los latinoamericanos podían hacer frente a sus
aumentadas necesidades mediante préstamos privados o del Eximbank. En la
Conferencia se firmó la Declaración Económica de Buenos Aires, pero ésta fue
solamente una declaración de principios. El gobierno norteamericano siguió
sosteniendo que las instituciones creadas hasta ese momento eran suficientes
para solventar proyectos “sanos”. Incluso finalizada la Conferencia, la
Administración de Cooperación Internacional anunciaba a la prensa que era una
política básica del organismo disponer la asistencia norteamericana de manera
que impulsara el desarrollo del sector privado en los países que recibieran
ayuda.
Los
delegados latinoamericanos plantearon por primera vez en la Conferencia de
Buenos Aires la idea de una asociación económica regional propia. La
Conferencia aceptó en principio la propuesta, recomendando que la cuestión
fuera estudiada con la cooperación de la CEPAL, que estaba estudiando el tema
desde el año anterior y había sometido un informe a la Conferencia. No deja de
ser significativo que el movimiento hacia la integración regional en América
latina fuera impulsado por el organismo de la ONU, y no por la OEA.
(61)
El
hecho se debió fundamentalmente a la actitud de Estados Unidos, que percibía
la integración económica de América latina con mucha desconfianza. Asimismo
tenía un profundo desagrado hacia la CEPAL, en la cual veía un “intruso en
las relaciones económica hemisféricas, un defensor de peligrosas tendencias
estatistas y ‘socialistas’, y un competidor de la OEA”. Toda propuesta
generada por la CEPAL era percibida como un incentivo a los países
latinoamericanos a complotarse contra Estados Unidos, a fin de obligarlo a
cambiar su política regional y a otorgar concesiones económicas. Algunos
intereses norteamericanos, que hicieron suyo este punto de vista, temían que el
aumento del comercio intrarregional latinoamericano perjudicara a los
exportadores, quienes verían menguado su segundo mercado en importancia. Por
cierto, el movimiento en busca de la integración económica revelaba un impulso
panlatinoamericano y no panamericano. A
la larga, dicha integración recibiría el incentivo de algunos acontecimientos
europeos. Además, el arribo a Buenos Aires de numerosos observadores de países
extracontinentales reveló que los temas económicos de América latina no serían
resueltos en un contexto exclusivamente hemisférico.
(62)
Con
todo, la propuesta de integración económica tendría concreción tres años más
tarde con el surgimiento de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio
(ALALC). Hasta entonces, Estados Unidos se mantendría remiso, si no hostil, a
toda sugerencia de crear una entidad de ese tipo exclusivamente latinoamericana,
en la creencia de que la integración haría más difícil el trato con esos países.
Hacia fines de 1959, el gobierno norteamericano continuaría insistiendo en que
cualquier mercado común en América latina estuviera sujeto a las condiciones
del Acuerdo General de Comercio y Tarifas (General Agreement on Trade and
Tariffs, GATT), del cual sólo ocho países latinoamericanos (incluyendo
Chile y Uruguay pero no la Argentina) eran miembros, y que había sido creado
para los países desarrollados y no para los que estaban en vías de desarrollo.
(63)
NOTAS
R. Etchepareborda, op. cit., pp. 65-66; Eduardo A. Roca, “La Revolución Libertadora, 1955-1958”, CARI, La política exterior argentina y sus protagonistas, 1880-1995, Buenos Aires, GEL, 1996, pp. 129-130.
Embassy BA, Despatch 508, 3 Jan. 1956, 835.00/1-356; Embassy BA, Despatch 437 and 15 enclosures, 9 Dec. 1955, 033.1120/12-955, cit. en Norma D. González, U.S.-Argentine Relations in the 1950's, Ph.D. dissertation, University of Massachusetts, 1992, pp. 224-226; E.A. Roca, op. cit., p. 130; Arthur P Whitaker, The United States and the Southern Cone, Cambridge, Harvard University Press, 1976, p. 394.
Embassy BA, Despatch 620, 10 Feb. 1956, 835.00/2-1056; Embassy BA, Despatch 268, 7 Oct. 1955, 835.2553/10-755; Embassy BA, Despatches 558, 19 Jan. 1956, 835.2553/1-1956, and 384, 20 Oct. 1956, 835.00/10-2056, cit. en N.D. González, op. cit., pp. 229-230.
Ibid., pp. 232-233.
Alberto Conil Paz y Gustavo Ferrari, Política exterior argentina, 1930-1962, Buenos Aires, Círculo Militar, 1971, p. 197-199.
DOS, Memoranda, 9 Feb. 1956, 14 Feb. 1956 and 12 May 1956, Folder: Argentina (1956), Box 1, Holland’s Records; Embassy BA, Despatch 681, 6 March 1956, 835.00/3-656; Embassy BA, Nufer to Holland, 28 Sep. 1955 and DOS, Memorandum 29 May 1956, Folder: Argentina (1955), Box 1, Holland’s Records; Embassy BA, Despatch 681, 6 March 1956, 835.00/3-656; DOS, Memoranda, 1 May 1956, 835.311/5-156 and 11 July 1956, 835.311/7-1156, cit. en N.D. González, op. cit., pp. 237-239.
Embassy BA, Despatch 681, 6 March 1956, 835.00/3-656; DOS, Memorandum, 7 March 1956, Folder: Argentina (1956), Box 1, Holland’s Records, cit. en ibid., p. 239.
DOS, Memoranda, 8 Feb. 1956; 9 Nov. 1955; 15 Dec. 1955 and 21 Feb. 1956, Folder: Argentina (1956), Box 1, Holland’s Records; DOS, Staff Summaries, 4 Dec. 1956 and 28 Dec. 1956, Folder: State Department 51-71, Box 16, DDE Diaries Series, DDE Papers as President; DOS, Memorandum, 10 Feb. 1956, Folder: Argentina (1956), Box 1, Holland’s Records, cit. en ibid., pp. 239-240 y 242.
DOS, Memorandum, 6 July 1956, 835.00/7-656; DOS, Memorandum, 16 July 1956, 835.2614/7-1656; FRUS, 1955-1957, VII, 412-413; DOS, Memorandum, 14 July 1956, 835.10/1456; DOS, Memorandum, 11 July 1956, 611.35/7-1156, cit. en ibid., pp. 244-247.
DOS, Memorandum, 16 July 1956, 835.10/7-1656; FRUS, 1955-1957, VII, 434, cit. en ibid., pp. 247-248 y 250.
Embassy BA, Despatch 137, 16 Aug. 1956, 835.00/8-1656; Embassy BA, Despatch 169, 24 Aug. 1956, 835.00/8-2456, cit. en ibid., p. 252 y 255.
FRUS, 1955-1957, VII, 441-444 y 448; DOS, Memorandum, 5 Sep. 1956, 835.10/9-556 and Telegram 233, 10 Sep. 1956, 835.10/9-1056; DOS, Memorandum, 12 Sep. 1956, 835.10/9-1256 and Telegram 253, 14 Sep. 1956. 835.10/9-1456, cit. en ibid., pp. 255-257.
FRUS, 1955-1957, VII, 456-460; DOS, Telegram 1066, 16 April 1957, 835.00/4-1657 1144; 25 April 1957, 835./4-2657, and Memoranda, 19 April 1957, 835.10/4-1957; 23 April 1957, 835.10/4-2357; Aramburu to Dwight Eisenhower, 25 March 1957, Folder: Herter, Christian (6), Administrative Series, DDE Papers as President, cit. en ibid., pp. 263-265.
Idem supra; DOS, Memorandum, 10 April 1957, 835.10/4-1057 and 18 April 1957, 811.05135/4-1857; DOS, Memorandum, 16 April 1957, 835.00/4-1657; Embassy BA, Telegram 1048, 17 April 1957, 835.00/4-1757, cit. en ibid., pp. 265-266.
DOS, Telegram 604, 4 Oct. 1957, 835.10/10-457; Embassy BA, Telegram 594, 7 Oct. 1957, 835.10/10-757, cit. en ibid., p. 274.
DOS, Memorandum, 18 Oct. 1857, 611.35/10-1857; DOS, Telegram, 29 Oct. 1957, 835.10/10-2957, cit. en ibid., pp. 274-277.
FO, 371/114022, 21-9-1955; FO, 371/114019, 23-9-1955; FO, 371/1140219, 24-9-1955; FO, 371/114019, 25-9-1955.
FO, 371/114045, 9-7-1955; FO, 371/114046, 14-10-1955; FO, 371/114030, 1-11-1955; FO, 371/114047, 22-11-1955. El caso de la Compañía Primitiva de Gas se solucionó recién en 1957, pero a pesar de la condición expresada en la renovación del crédito, éste no sufrió ninguna modificación.
FO, 371/114031, 8-11-1955 y 11-11-1955.
FO, 371/114032, 29-11-1955; 371/114047, 28-11-1955.
FO, 371/119778, 21-12-1955.
FO, 371/119878, 26-1-1956; FO, 371/119878, 30-1-1956.
FO, 371/119878, 26-1-1956 y 10-2-1956.
FO, 371/ 119879, 8-3-1956; FO, 371/119878, 8-2-1956. Por ejemplo, uno de los temas que más le preocupaba al Reino Unido era la tasa de cambio elegida; el gobierno argentino explicó que la referencia a los mercados internacionales se refería a “free markets”. El gobierno británico no aceptaría adoptar el tipo de cambio de New York ya que esto perjudicaría al valor de la libra. En ese momento, el gobierno estaba realizando un gran esfuerzo para mantener la libra a 2,80 respecto del dólar. [FO, 371/119878, 8-2-1956.] El gobierno argentino también explicó que la multilateralización tendría tres etapas: reuniones con países individualmente para definir los términos del proceso de multilateralización, reuniones conjuntas con los acreedores para discutir temas de interés común, y discusiones sobre las facilidades de largo plazo. [FO, 371/119879, 9-3-1956.]
FO, 371/119879, 14-4-1956.
FO, 371/119882, 28-5-1956 y 30-5-1956; E.A. Roca, op. cit., p. 132; A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 198-199; Juan A. Lanús, De Chapultepec al Beagle, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, tomo I, pp. 49 y 65, n. 102.
FO, 371/119885, 3-7-1956. De acuerdo con estimaciones del gobierno argentino, las cantidades adeudadas a los países europeos y Japón eran las siguientes:
|
Deuda
Externa Argentina, 1956 |
|||
| Deuda Pública | Deuda Privada | Total | |
| Francia | 2.8 | 27.8 | 30.6 |
| Alemania | 30.6 | 168.7 | 199.3 |
| Italia | 94.1 | 35.5 | 129.6 |
| Japón | 60.3 | 8.1 | 69.4 |
| Holanda | 21.1 | 0.6 | 21.7 |
| Reino Unido | 53.2 | 12.0 | 65.2 |
| Total | 262.1 | 253.7 | 515.8 |
| Fuente: FO, 371/119885, 20-8-1956. | |||
FO,
371/126169, 10-1-1957.
371/126169,
10-1-1957; FO, 126171, 22-5-1957. Respecto de la postura de Francia, el
Reino Unido consideraba necesario que el gobierno francés no relacionara la
firma de un acuerdo de deuda con la situación del grupo Bemberg. El
gobierno británico recordaba que Gran Bretaña no relacionaba el acuerdo de
deuda con la situación de la Compañía Primitiva de Gas. 371/126169,
10-1-1957.
FO,
371/126172, 24-6-1957.
FO,
371/126172, 22-6-1957.
FO,
371/126174, 14-9-1957.
FO,
371/126176, 12-12-1957.
FO,
371/126181, 11-1957.
FO,
371/126176, 30-11-1957.
FO,
371/126178, 30-7-1957.
FO,
371/126179, 3-10-1957.
Ibid.
Ibid.
FO,
371/126188, 22-11-1957.
FO,
371/131962, 5-3-1958.
FO,
371/114028, 2-11-1955.
FO,
371/114058, 6-5-1955.
FO,
371/119899, 31-5-1956.
FO,
371/119899, 23-8-1956.
FO,
371/119899, 8-10-1956, 26-10-1956 y 14-11-1956.
FO,
371/119899, 8-10-1956.
FO,
371/ 126176, 30-11-1957; FO, 371/166197, 11-12-1957.
FO,
371/114028, 2-11-55.
FO,
371/119897.
FO,
371/119898, 19-7-1956; FO,371/119898, 19-7-1956.
FO,
371/126299A, 7-2-1957. El tema de la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías
seguía pendiente en el año 1960. El juez de primera instancia falló en
contra del pedido de compensación por parte de la compañía. A pesar de
que la última apelara, el gobierno británico presionó para lograr un
acuerdo entre las partes. La compañía aceptaría 6.650.000 libras
esterlinas en bonos del gobierno argentino por 15 años. Estos bonos
comenzarían a cobrarse a partir del sexto año con una tasa de interés del
6,5%. En 1964, la Cámara de Apelaciones revirtió el fallo del Juez de
Primera Instancia y determinó que el gobierno argentino era responsable por
la quiebra de la compañía.. El gobierno apeló a la Corte Suprema de
Justicia que, en 1965, confirmó la sentencia de la Cámara de Apelaciones.
FO, 371,147814, 3-6-1960; FO,
371/155866, 7-8-1961; FO,
371/173747, 14-5-1964; FO, 371/179243, 7-10-1965.
FO,
371/114028, 2-11-1955.
Mario
Rapoport, El laberinto argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1997, p. 344.
AMREC,
URSS, 1956, Informes y cartas de la embajada argentina en Moscú a la
cancillería, 21-4-1956, 18-7-1956, 20-7-1956, 30-8-1956, 30-11-1956 y
5-12-1956; AMREC, Informe general, 1955-1960, Memorándum, diciembre
1956-enero1957, cit. en ibid., pp. 344-345.
Ibid.,
p. 346.
Ibid.,
pp. 346-348.
R.
Etchepareborda, op. cit., pp. 66-67; E.A. Roca, op. cit., pp.
126-127.
Joseph
A. Tulchin, La Argentina y los Estados Unidos, Buenos Aires, Planeta,
1990, p. 221; R. Etchepareborda, op. cit., p. 67; A. Rouquié, op.
cit., p. 133; N.D. González, op. cit., p. 256.
A.P.
Whitaker, op. cit., pp. 396-397; Gordon Connell-Smith, Los Estados
Unidos y la América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1977,
p. 251.
G.
Connell-Smith, op. cit., p. 251.
Miguel
S. Wionczek, “Latin American Free Trade Association”, International
Conciliation, Nº 551, enero de 1965, pp. 24-25, cit. en ibid.,
pp. 251-252.
A.P Whitaker, op. cit., p. 397.
Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.