El pacto Perón-Frondizi
El
gobierno de la Revolución Libertadora había prometido las elecciones generales
para el 23 de febrero de 1958. En los meses anteriores, se hizo cada vez más
difícil al gobierno separar las cuestiones políticas de los asuntos
electorales. El propósito primitivo de eliminar el control peronista de los
sindicatos mediante la intervención de la CGT, y de prohibir la ocupación de
cargos sindicales a dirigentes que hubieran actuado durante el gobierno de Perón
no resultó. Los sindicalistas peronistas lograron el control de numerosos
sindicatos, y en otros, aunque hubieran sido elegidas personas independientes
para los puestos directivos, los afiliados continuaban respondiendo al
peronismo. Las directivas de Perón eran transmitidas por un grupo clandestino
de dirigentes de la CGT, quienes trataban de incentivar las actitudes
revolucionarias. En septiembre y octubre de 1957, una ola de paros y dos huelgas
generales se dispusieron en contra del gobierno, en demanda de aumentos de
salarios. (1)
En
el seno del gobierno se produjo una fuerte controversia sobre la manera en que
se debía responder a la presión gremial. El presidente Aramburu y los
ministros civiles eran partidarios de una política moderada que contemplaba el
aumento de salarios. El vicepresidente Rojas, con el apoyo del ministro de
Marina Teodoro Hartung, postulaba en cambio una política de línea dura
contraria al aumento de sueldos y que demandaba el arresto de los agitadores
peronistas y comunistas, a quienes responsabilizaba de los problemas gremiales.
Las
opiniones enfrentadas alcanzaban también la estrategia para las elecciones
generales y amenazaban con provocar
una división absoluta entre presidente y vicepresidente. Aquéllas se
manifestaron cuando, según el
vicepresidente Rojas, el presidente parecía no prestar atención a las
recomendaciones políticas de la Junta Militar. El presidente se negaba a
refrendar decretos leyes preparados por la Junta Militar -los cuales había
aceptado en un principio-, que ordenaban la proscripción del partido Comunista
y el arresto de dirigentes gremiales peronistas. El almirante Rojas sospechaba
que Aramburu tenía motivos políticos para no aceptar las sugerencias de la
Junta Militar.
El
6 de octubre, en una reunión en Olivos, la discusión casi llegó a la ruptura
entre presidente y vice. Ambos se acusaron de tomar iniciativas que podían
comprometer la palabra empeñada por el gobierno de neutralidad en las
elecciones generales. Aramburu señaló que la propuesta de Rojas de arrestar a
dirigentes sindicales apuntaba a provocar desórdenes entre los trabajadores. El
presidente aludía a rumores que advertían que Rojas intentaba utilizar la
inquietud obrera para justificar la suspensión de las elecciones y el
establecimiento de un régimen dictatorial. Rojas negó terminantemente la
acusación y a su vez reconvino al presidente y a los ministros civiles por
utilizar sus cargos para apoyar el programa de la UCRP y quitar votos a Arturo
Frondizi.
(2)
Las
alternativas de la Asamblea Constituyente habían demostrado la imposibilidad de
acordar cambios políticos relevantes en un contexto de proscripción de un
partido que había sido mayoritario en el país y de fuerte competencia entre
los demás partidos para conseguir los votos peronistas. No obstante, el 15 de
noviembre se hizo público el decreto de llamado a elecciones para el 23 de
febrero de 1958, hecho que aventó las dudas sobre la realización de los
comicios. Una docena de partidos designaron sus candidatos, pero era sabido que
los candidatos con posibilidades reales de acceder a la presidencia eran sólo
dos: Ricardo Balbín por la UCRP, y Arturo Frondizi por la UCRI. El primero era
percibido como el candidato oficial, con sus ventajas y desventajas, entre éstas
el hecho de representar la continuidad de lo realizado por la Revolución
Libertadora, lo cual implicaba el mantenimiento de las medidas antiperonistas y
de la política económica y social. Frondizi, inversamente, se presentaría
como opuesto a todo lo actuado por el gobierno militar. Postularía el fin de la
persecución ideológica y política, una amnistía para los acusados de delitos
políticos, la integración de la clase trabajadora en la vida nacional, un
programa económico que daba prioridad a la industria pesada, y la adopción del
sistema de enseñanza libre que permitiría la existencia de universidades
privadas.
(3)
La
aceptación que parecía tener el movimiento frondizista llevó a que el
gobierno considerara la idea de levantar la proscripción al partido Peronista.
No obstante, una consulta con oficiales navales reveló una opinión negativa prácticamente
unánime. El gobierno permitió sin embargo el registro electoral de un grupo de
partidos neoperonistas, estrategia que apuntaba a dividir a los simpatizantes
frondizistas. La marina se opuso firmemente a la medida, pero ésta se mantuvo
debido al apoyo del ejército y la aeronáutica. El temor de la marina consistía
en que una orden de Perón podría llevar el caudal de votos en blanco a apoyar
una de las listas neoperonistas. Aramburu y algunos ministros estaban dispuestos
a aceptar la victoria de los peronistas en alguna provincia, aunque consideraban
que la elección debía anularse si obtenían un triunfo mayor. A su vez, los
almirantes Rojas y Hartung pensaban que era inmoral permitir la participación
de los neoperonistas en la elección y luego negarles los cargos si ganaban. Era
preferible mantenerlos proscriptos y hacer una elección limpia con todos los
demás partidos. Por cierto, la oposición de Aramburu a la eliminación de los
partidos neoperonistas poco antes de la elección respondía a la percepción de
que dividiendo los votos peronistas se contribuiría al triunfo de la UCRP.
Pero
en estas estrategias había un imponderable que era la posición que Perón
ordenaría asumir a sus seguidores. En Chile, los miembros del Comando Táctico
desarrollaron una estrategia que sería presentada a Perón en Caracas por John
William Cooke y que señalaba que había que respaldar a Frondizi, dado que éste
representaba la corriente más popular y nacional. La mayoría de los dirigentes
y bases peronistas, sin embargo, consideraban que debía insistirse con el voto
en blanco, pero esto implicaba facilitar el continuismo entre el gobierno
militar y la UCRP de Balbín. Perón solicitó un tiempo para pensar su decisión.
A comienzos de febrero comenzaron a llegar los indicios de que el ex presidente,
ahora instalado en Santo Domingo, pedía a los candidatos de las listas
neoperonistas que renunciaran a ellas y a sus simpatizantes que no avalaran con
sus votos el plan continuista de la Revolución. Esto podía interpretarse como
un apoyo tanto a Frondizi como al conservador popular Vicente Solano Lima. El
interrogante se reveló una semana más tarde cuando fueron distribuidas copias
de una carta de Perón ordenando votar por Arturo Frondizi. Se hizo
evidente entonces que dicha resolución sólo podía ser producto de un
pacto Perón-Frondizi. (4)
En
las altas esferas del gobierno no podía creerse que Frondizi hubiese hecho un
pacto con Perón, motivo por el cual se hizo caso omiso de la evidencia que
presentaron los ministros civiles. En
una reunión solicitada urgentemente, el ministro de Relaciones Exteriores,
Alfonso de Laferrère, presentó documentos diplomáticos que testimoniaban los
contactos entre representantes de Frondizi y de Perón, y demostraban un acuerdo
político entre ambos. El almirante Rojas propuso citar a Frondizi para que
aclarara la cuestión, pero no se tomó ninguna medida. El canciller decidió
presentar su renuncia. Tampoco existe evidencia de que la Junta Militar se
reuniera formalmente para tratar la posibilidad de la existencia de un pacto
semejante. El ministro de Marina Hartung no estaba convencido de que la victoria
de Frondizi estuviera asegurada.
Un
rol clave en toda la estrategia política que desembocara en el acuerdo Perón-Frondizi
fue el jugado por el asesor económico del último, el empresario Rogelio
Frigerio. Este era partidario de un programa económico y social desarrollista,
que pretendía transformar el país a través de la expansión de la industria
nacional. En los últimos meses, Frigerio había tratado de obtener el respaldo
de Perón para constituir una alianza electoral que apoyara su programa. Perón,
sin embargo, no estuvo convencido de respaldar los planes frondizistas hasta
fines de 1957.
Las
negociaciones se llevaron a cabo en Caracas, adonde Frigerio viajó dos veces.
La primera vez llegó el 3 de enero de 1958 y la segunda el 18. En la última
circunstancia se produjo la revolución que derrocó al dictador venezolano
Marcos Pérez Jiménez, por lo cual las tratativas se suspendieron, dado que Perón
debió trasladarse a Santo Domingo por su seguridad y Frigerio regresó a Buenos
Aires. Aquí se ultimaron los detalles del documento a firmarse y éste fue
remitido a Santo Domingo el 5 de febrero por medio de un enviado especial.
Cabe
mencionar aquí que el embajador argentino en Venezuela, general Carlos Toranzo
Montero, desempeñó un rol activo en la preparación del golpe que derrocaría
al dictador Pérez Jiménez. Esta intervención llevó al gobierno de Venezuela
a declarar persona no grata al embajador argentino y llamar a su embajador en la
Argentina. El 6 de julio de 1957, el gobierno argentino daba a conocer la
interrupción de las relaciones con Venezuela, fundamentando la decisión en la
negativa del gobierno de ese país en atender las peticiones para que
“reprimiera las actividades delictuosas que se llevan a cabo desde su
territorio en forma sistemática contra el pueblo y el gobierno argentino,
incitando al terrorismo y a la subversión”, lo que aludía a la residencia de
Perón en ese país y a las negociaciones que éste realizaba desde allí. Por
cierto, instaurada la Junta Militar Revolucionaria, presidida por el
contraalmirante Wolfgang Larrazábal, quien tenía una antigua amistad con el
almirante Rojas desde que había sido agregado naval en Buenos Aires, el
gobierno argentino reanudó inmediatamente las relaciones diplomáticas. Esta
evolución de los acontecimientos explicaría el hecho de que Perón haya debido
salir rápidamente de Venezuela al conocerse el golpe, temiendo por su
seguridad. La situación se repitió con la República Dominicana, al instalarse
Perón en Santo Domingo. El gobierno argentino juzgó como una desconsideración
de ese gobierno el que no fueran atendidos sus reclamos por la “injerencia que
desde ciudad Trujillo ha tenido en la política el ex dictador Juan Domingo Perón,
que allí ha encontrado asilo después de su fuga de Caracas”. En
consecuencia, el 9 de abril de 1958, se declararon suspendidas las relaciones
diplomáticas con el gobierno dominicano.
(5)
El
pacto Perón-Frondizi generó posteriormente una controversia acerca de su
contenido. Frigerio sostuvo que tanto él como Frondizi firmaron dos copias del
documento enviado a Perón, pero insistió en que no se establecían medidas
concretas sino la necesidad de hacer frente al radicalismo de Balbín y a las
maniobras del neoperonismo del partido Blanco de los Trabajadores. La afirmación
de Frigerio no concuerda con el texto dado a publicidad por Perón en junio de
1959. Por su parte, Frondizi negó haberlo firmado y el acto de darlo a
publicidad fue atribuido a una maniobra desestabilizadora por parte de Perón
hacia su gobierno. No obstante, la correspondencia particular de Perón en los
primeros meses de la administración de Frondizi indicaría que el texto
conocido es parcialmente verdadero. Según dicho texto los compromisos de
Frondizi incluían la revisión de todas las medidas económicas y la revocación
de todas aquéllas de persecución política contra los peronistas adoptadas por
la Revolución Libertadora, la devolución de propiedades incluidas las de la
Fundación Eva Perón, la normalización de los sindicatos y de la CGT, el
reemplazo de los miembros de la Corte Suprema, la restitución de la legalidad
al partido Peronista. En un lapso no mayor de dos años debía convocarse una
asamblea constituyente que revisara la Constitución, declarara vacantes todos
los cargos electivos y convocara a nuevas elecciones. El acuerdo era de una
envergadura tal que puede comprenderse que Frondizi estuviera decidido a
negarlo.
La
información transmitida por el embajador norteamericano en Ciudad Trujillo
también parecía confirmar los rumores del compromiso entre Frondizi y Perón.
Farland informó que en una entrevista Perón comentó que Frondizi diseñaría
un período de transición de dos años que prepararía el terreno para realizar
nuevas elecciones. Esto permitiría eliminar la posibilidad de un conflicto
social y de crear el clima necesario para el regreso de Perón. (6)
Frigerio
sostuvo posteriormente que el acuerdo con Perón no había sido secreto. Todas
las estipulaciones del pacto eran, en su opinión, el programa de conciliación
que se había propuesto contra la corriente antiperonista y antipopular desatada
en 1955. Dicho programa había sido explicado en distintos lugares del país,
había formado parte de los discursos de Frondizi durante la campaña electoral
y había sido desarrollado extensamente en la revista Qué. Tanto la política
del petróleo, la política respecto del capital extranjero, las ideas acerca de
las asociaciones profesionales o la decisión de terminar con la antinomia
peronismo-antiperonismo no fueron secretas.
(7)
En
virtud del pacto, la fórmula Arturo Frondizi-Alejandro Gómez consiguió una
victoria decisiva en las elecciones del 23 de febrero. Obtuvo 4.070.000 votos, más
del doble de los obtenidos por la UCRI unos meses antes, contra 2.550.000 del
candidato de la UCRP. La UCRI logró una amplia mayoría en diputados,
unanimidad en el Senado y la totalidad de los gobiernos provinciales. El
resultado indignó a gran parte de los militares, quienes consideraron que
Frondizi había manipulado la proscripción de los peronistas en contra de la
Revolución Libertadora. Muchos lo percibieron legalmente electo pero no legítimo.
Se pensó incluso en no entregar el poder. Finalmente se impuso la opinión de
los legalistas, pero que encerraba un condicionamiento. Frondizi asumiría el
gobierno, pero las fuerzas armadas retendrían el poder. De esta manera, a pesar
del enorme respaldo electoral obtenido,
el gobierno de Frondizi se vería debilitado por las condiciones del apoyo
peronista y la tutela que las fuerzas armadas pretenderían ejercer sobre su
gestión.
NOTAS
R.A. Potash, op. cit., pp. 346-347.
Ibid., pp. 346-349. Rojas siempre negó las acusaciones de que hubiera querido postergar las elecciones. El almirante Estévez, quien en la época era subordinado de Rojas y luego fue secretario de Marina, también aseveró que Rojas nunca trató de evitar la elección de Frondizi. Ibid., p. 349, n. 97.
Las alternativas e implicancias del proceso electoral se pueden consultar en ibid., pp. 351-365; A. Rouquié, op. cit., pp. 146-151; Félix Luna, De Perón a Lanusse, Buenos Aires, Sudamericana/Planeta, 1985, pp. 115-118.
R. A. Potash, op. cit., pp. 357-364; Julio E. Nosiglia, El desarrollismo, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983, pp. 70-76; Silvia L. Belenky, Frondizi y su tiempo, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984, pp. 40-43; Mario Barrera, Information, Ideology, and Decision Making: Arturo Frondizi and the Argentine Political System, Ph.D. dissertation, University of California, 1970, pp. 54-55-
María Laura San Martino de Dromi, Historia política argentina (1955-1988), Buenos Aires, Astrea, 1988, tomo 1, p. 42; Claudio Panella, Perón y Atlas,
National Archives Documents, 735.00/2-1958, February 19th, 1958.
Fanor Díaz, Conversaciones con Rogelio Frigerio, Buenos Aires, Colihue-Hachette, 1977, pp. 33 y ss., cit. en J.E. Nosiglia, op. cit., pp. 73-74.
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