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Respecto de Estados Unidos, el gobierno de la Revolución Libertadora no obtuvo todo el éxito esperado. Las misiones económicas argentinas encontraron una franca oposición a sus pedidos de créditos para mejorar y ampliar el sistema de transportes y de energía. La posición del gobierno norteamericano era que no se otorgarían créditos públicos para emprendimientos para los que hubiera disponible capital privado. Esta determinación se sumaba a los problemas -de larga data- que el gobierno argentino tenía pendientes con compañías que tenían participación de capitales norteamericanos. La solución de los problemas con estas compañías fueron condición sine que non para la concesión de futuros créditos y, al no hallarse aquélla, la situación entre ambos gobiernos no pudo destrabarse. De todos modos, el gobierno argentino recibió créditos pero de un monto mucho menor que el solicitado.
   
El gobierno provisional abandonó el bilateralismo al que se había aferrado estrictamente el gobierno de Perón e incorporó el país al sistema multilateral de pagos. Los acuerdos con los distintos países europeos permitieron la extensión de los plazos de las deudas que tenían vencimientos próximos y la renovación de créditos. Por cierto, el comportamiento de algunos gobiernos europeos fue distinto al norteamericano, pues si bien éstos pusieron también como condición la solución de los problemas pendientes con las compañías de sus nacionales que operaban en la Argentina, dicha condición no fue excluyente.  
    Finalmente, como señala Norma González, el gobierno militar legó enormes problemas a su sucesor. Los viejos problemas de intranquilidad sindical, inflación, desequilibrio en el presupuesto, déficit crónico de divisas y agotamiento de las reservas persistieron. Es significativo, además, que en el último tramo de este gobierno se generara una controversia intragubernamental sobre la necesidad de apelar al capital privado para el desarrollo de los sectores de petróleo y de energía. Dos ministros de filiación radical presentaron sus renuncias, y otros dos, también radicales, amenazaron con hacerlo, ante la campaña llevada a cabo por el ministro de Comercio e Industria, Julio Cueto Rúa, con el propósito de hacer comprender que, si la Argentina alguna vez quería alcanzar el autoabastecimiento de petróleo, tendría que permitir la participación del capital extranjero. (1)

  1. N.D. González, op. cit., pp. 288-289.

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