Los presupuestos de la política exterior
El
diseño de la política exterior del gobierno de Frondizi comenzó a trazarla en
1958 un equipo compuesto por Rogelio Frigerio, Oscar Camilión y Carlos Florit.
La Argentina fue ubicada dentro del llamado mundo occidental, se reconoció el
sustento básico del mundo en ese momento que era la coexistencia pacífica, y
un proceso de integración de las regiones, que implicaba la colaboración con
los países del hemisferio, pero con la salvedad de que cada uno de ellos
cumpliera previamente su ciclo de desarrollo nacional, para que de esta manera
la relación fuera entre iguales. La Argentina comerciaría con todos los países
sin realizar ningún tipo de discriminación. Como ya era tradición en la política
exterior argentina, Frondizi incluso aspiraba a obtener para su país un mayor
protagonismo en las decisiones del bloque occidental y a ser el transmisor de
las pretensiones de los latinoamericanos frente a Estados Unidos y Europa. (1)
El
ex canciller Florit afirmó posteriormente que se consideraba a la Argentina un
país occidental, no sólo por hallarse en ese hemisferio, sino por la evaluación
de todos los elementos estructurales de la realidad histórico-social. La
definición geográfica se completaba reconociendo la posición en el sur de
Sudamérica, compartiendo con Chile la península austral, y a las puertas de la
Antártida. También se tenía en cuenta que el país estaba formado por una
inmigración mayoritariamente europea y que cultivaba una eticidad tolerante y
laica de raigambre judeocristiana. No obstante, lo que a juicio de Florit
otorgaría mayor personalidad a la política regional era la evaluación de la
realidad económica regional. La política exterior del gobierno de Frondizi
estaba al servicio de una estrategia nacional de desarrollo económico e
integración. (2)
Por
cierto, el desarrollismo ponía énfasis en la relevancia de las condiciones
mundiales y consideraba que tenía un enfoque singular respecto del tema. En
procesos tan disímiles como la evolución de los precios internacionales o las
negociaciones sobre el desarme, percibía la expresión de cambios frente a los
cuales había que saber adaptarse. No obstante, la característica fundamental
de la época era una transformación científico-tecnológica que señalaba el
rumbo de una nueva revolución industrial. Dicha transformación e
industrialización en expansión generaban una interdependencia entre los países
que cambiaba radicalmente el devenir de los procesos históricos. Según
Frondizi, la historia tendía cada vez más a ser historia universal. Dado que
una parte significativa de la revolución tecnológica se desarrollaba en el
campo armamentista, aquella incidiría especialmente sobre las relaciones de
poder. Los sucesos internacionales de 1957-58 habían llevado a los
desarrollistas a concluir que el fin de la Guerra Fría había llegado y se
afianzaría la coexistencia pacífica. (3)
La
revolución científico-tecnológica, el fin de la Guerra Fría y el fenómeno
de la reciente descolonización eran los nuevos ejes de los conflictos
mundiales. El conflicto Este-Oeste daba paso a un nuevo enfoque de las
relaciones Norte-Sur, el cual iniciaría una etapa cooperativa entre las
superpotencias y de éstas con los países periféricos. Una de las hipótesis
desarrollistas de más peso consideraba que gran parte de los recursos
destinados a la carrera armamentista podrían entonces ser dirigidos a las
regiones subdesarrolladas. Los países adelantados se verían obligados a
cooperar en la industrialización del mundo subdesarrollado. (4)
Pero,
a pesar de los pronósticos de los desarrollistas, la confrontación Este-Oeste
se reactivaría en lugar de desaparecer. En 1960 la Unión Soviética derribó
un avión espía que sobrevolaba su territorio. La negativa del presidente
Eisenhower a presentar sus excusas por el incidente hizo fracasar la Conferencia
Cumbre convocada en París. El clima de hostilidad fue alimentado asimismo por
otros acontecimientos, como el apoyo soviético a las guerras de liberación
tercermundistas, la invasión de Bahía de Cochinos a Cuba, los problemas del
encuentro Kennedy-Kruschev en Viena en 1961, la construcción del muro de Berlín
y los nuevos ensayos nucleares. En el caso de América latina, el contexto se
agravaría, como se dijo, con la llegada de la Guerra Fría al continente, a
través de la Revolución Cubana, acontecimiento que repercutiría en la política
exterior de todos los países de la región. (5)
La
Revolución Libertadora se había inclinado por los vínculos comerciales con
Gran Bretaña. El desarrollismo, en cambio, propició el desplazamiento hacia el
ámbito norteamericano, no porque Estados Unidos fuera la potencia hegemónica y
entonces conviniera colocarse de su lado, sino porque era la única fuente
disponible de capitales para poder implementar los programas para el desarrollo
argentino. Según el canciller Carlos Florit, dicha política internacional era
la “expresión externa de una fina política nacional de desarrollo y
pacificación social” y había
hecho “florecer los mejores vínculos de amistad entre la Argentina y
los Estados Unidos”. (6) Por su parte, en los dos primeros años del gobierno
de Frondizi, los funcionarios norteamericanos percibieron que el programa de política
exterior delineado por el presidente argentino era de corte independiente y
neutral respecto de Estados Unidos. (7)
NOTAS
J.E. Nosiglia, op. cit., p. 129; Félix Luna, Argentina, de Perón a Lanusse, 1943-1973, Buenos Aires, Sudamericana/Planeta, 1985, p. 133; Intelligence Report Nº 7774, National Archives Documents, 1958-59.
Carlos Florit, “Perfil internacional de un mundo en cambio, 1958-1962", en CARI, La política exterior argentina y sus protagonistas, 1880-1995, Buenos Aires, GEL, 1996, p. 143.
José Paradiso, “Frondizi”, mimeo.
Ibid.
Ibid.
Citado en ibid.
Intelligence Report Nº 7774, National Archives Documents, 1958-1959.
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