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En julio de 1957, antes de finalizar su estadía como embajador, Sir Francis Evans, envió un informe sobre la situación de la Argentina y sus relaciones con el Reino Unido al ministro Selwyn Lloyd. Evans consideraba que uno de los problemas argentinos era la incertidumbre en asuntos económicos, atribuyendo ésta a una fuerza que aparecía constantemente en la historia del país: el nacionalismo. De acuerdo con el embajador británico, el nacionalismo había imposibilitado a la Argentina de seguir la senda de su recuperación. Estériles afirmaciones nacionalistas habían perjudicado el interés extranjero en la economía argentina, como así también la confianza de los países occidentales en el futuro argentino. Al nacionalismo peronista, le había seguido el nacionalismo de las Fuerzas Armadas y, de acuerdo con Evans, el próximo gobierno civil sería también de índole nacionalista. Las dificultades económicas argentinas eran consecuencia de la negación, por parte de los distintos gobiernos, de la participación extranjera en la explotación de sus recursos minerales y en la recuperación de su sistema de energía y comunicaciones. Los dos países más capacitados para este tipo de participación eran los Estados Unidos y el Reino Unido; sin embargo, la incertidumbre política en la Argentina los disuadía de realizar grandes inversiones. Los recursos naturales habían adquirido un nivel de “santidad” tal, que era inconcebible pensar que la participación extranjera en su explotación no impulsaría reacciones destructivas. (1)
   
En 1958, la campaña electoral en la Argentina concentró la atención británica. Copias de los discursos de Arturo Frondizi, candidato presidencial por la Unión Cívica Radical Intransigente, forman parte de los legajos del Public Record Office. En su discurso de cierre de campaña, Frondizi manifestó que habría cambios en el comercio exterior argentino: “dejaremos de vender una gama limitada de productos a un sector limitado de compradores. Comerciaremos con todo el mundo y venderemos todo lo que podamos vender a los mejores precios que podamos obtener”. (2) El presidente se mostraba decidido a defender el precio de las exportaciones y a tratar de diversificar los mercados y los artículos exportables. (3) Ante una pregunta sobre la posibilidad de reducir las exportaciones de carne al Reino Unido o exigir precios más altos, Frondizi respondió:

defenderemos nuestro comercio exterior buscando comprar y vender en las condiciones que favorezcan nuestro desarrollo integral. No queremos interrumpir relaciones comerciales con nadie, sino intensificarlas, pero tenemos derecho a exigir precios retributivos por nuestros productos, del mismo modo que satisfacemos los que se nos exigen por los ajenos. (4)

La embajada británica señalaba la importancia que el presidente electo otorgaba a las inversiones extranjeras. En una visita a Brasil en abril de 1958, Frondizi había expresado su voluntad de atraer capitales extranjeros, los cuales gozarían de todas las garantías otorgadas por la Constitución y las leyes argentinas. Asimismo, se hacía notar la referencia a la integración entre la Argentina y Brasil como paso inicial para el establecimiento de un mercado común en América del Sur. (5) 
    El análisis británico de la campaña electoral de Frondizi enfatizaba los puntos sobre petróleo e inversiones extranjeras. Respecto del petróleo, se miraba con atención la afirmación de Frondizi de que la explotación estaría a cargo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) pero se autorizaría la participación de empresas privadas para su extracción. El capital extranjero era considerado importante para el proceso de capitalización y desarrollo de la economía argentina. El gobierno de Frondizi le otorgaría al capital extranjero el mismo tratamiento que al capital nacional y no aplicaría nacionalizaciones. (6)  
    El nuevo embajador en Buenos Aires, Sir John Ward, informó de una reunión informal con el presidente electo, quien albergaba esperanzas de que el gobierno inglés cooperase a través de créditos e inversiones para desarrollar la economía argentina. En su informe, el embajador describía las relaciones entre ambos países. En 1956 las importaciones desde la Argentina habían alcanzado los 91 millones de libras y en 1957, 107 millones. Las exportaciones hacia la Argentina habían sido de 17 y 33 millones, respectivamente. Ward señalaba que el mayor problema de la economía argentina era el tema de los recursos petroleros. A pesar de tener una considerable cantidad de recursos, el estado argentino carecía de los recursos necesarios para su explotación y las presiones de índole nacionalista impedían que empresas extranjeras participaran de las exploraciones y/o explotaciones. Esta situación obligaba al gobierno argentino a gastar sus divisas en la compra de petróleo y derivados. (7)  
    El Foreign Office consideraba que la ayuda que el presidente Frondizi requería eran créditos de largo plazo o inversión directa por parte del Reino Unido. El tema de los créditos estaba relacionado con la garantía de los mismos otorgada por el Export Credits Guarantee Department (ECGD). Este organismo tenía un límite para los créditos de mediano plazo a la Argentina establecido en 60 millones de libras que ya había sido alcanzado. Por lo tanto, la ayuda solicitada por el presidente Frondizi sólo sería otorgada si existieran créditos disponibles y si el límite de ECGD fuera expandido. (8) 
    En octubre de 1958, una reunión privada entre el entonces titular de la Secretaría Económica y Social, Rogelio Frigerio, y el embajador británico Ward sorprendió al último por alcanzar un giro inesperado. Frigerio comenzó expresando que el gobierno argentino necesitaba inversiones británicas porque no deseaba atar su futuro a la relación con Estados Unidos. El secretario aseguraba que Estados Unidos tenía un interés estratégico en que la Argentina fuera capaz de autoabastecerse de petróleo en caso de una guerra. Ward se sorprendió cuando Frigerio comenzó a explicar que rápidamente la Argentina conocería a sus verdaderos amigos. Aquéllos que le prestaran dinero de inmediato serían considerados para hacer negocios en el futuro, mientras que los que se negaran serían ignorados. El embajador afirmó que los créditos no eran ni la única ni la mejor manera de asistencia económica. Frigerio sostuvo que no hablaba de créditos para asistencia económica sino créditos de amistad. Ward asumió que esto significaba términos especiales para el reembolso de los mismos. Frigerio finalmente preguntó a M. Ewbank, un funcionario del Banco de Inglaterra presente en la reunión, si la Argentina podía esperar un crédito de esa naturaleza por parte del gobierno británico. La respuesta fue que si la idea era un crédito interestatal en lugar de la financiación bancaria a las exportaciones británicas, la posibilidad debía ser excluida. El embajador concluyó que Frigerio era

una figura siniestra y una mala influencia. Estaba sobrepasando sus poderes tanto en asuntos financieros como sociales, siendo el último un campo suficientemente ancho y mal definido para permitirle manipular los sindicatos y el sistema gubernamental de obras sociales. Un ejemplo de su nefaria influencia es su acción reciente de forzar a los empleadores de la industria química a pagar los salarios completos por una huelga reciente de tres semanas. (9)

En el informe anual sobre el año 1958, el embajador inglés destacaba la ayuda financiera que el gobierno argentino había recibido de Estados Unidos. El Fondo Monetario Internacional le había otorgado 75 millones de dólares, mientras que el gobierno de Estados Unidos junto con bancos norteamericanos y canadienses le habían concedido créditos por 254 millones de dólares. En 1958, el Reino Unido seguía siendo el comprador más importante de productos argentinos. Las importaciones de productos argentinos alcanzaban 105 millones de libras, de los cuales 65,5 correspondían a las compras de carne. Las exportaciones inglesas a la Argentina totalizaban 32,.4 millones de libras. (10) 
    Políticamente, el informe anual destacaba el alineamiento del gobierno de Arturo Frondizi con el mundo occidental. El rol jugado por la Argentina en el establecimiento de la denominada Operación Panamericana era considerado como constructivo. Otro evento positivo era el papel más activo que la Argentina tenía en la política internacional luego de su elección para integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Las relaciones con Estados Unidos habían mejorado, superando las establecidas durante el gobierno provisional, debido, en gran parte, a la necesidad argentina de asistencia financiera norteamericana. En ese sentido, la tendencia europeísta del gobierno provisional había disminuido; no obstante, el informe reconocía esfuerzos realizados por el gobierno argentino para mantener buenas relaciones con Europa. Respecto de las relaciones anglo-argentinas, se destacaban los contratos aprobados bajo el gobierno provisional para la construcción de la usina eléctrica de Dock Sud a cargo del grupo British Thomson Houston. A pesar de algunas afirmaciones anti-británicas durante la campaña electoral, el embajador Ward afirmaba que Frondizi “se esforzó en asegurarme privadamente antes de las elecciones que quería buenas relaciones anglo-argentinas y confirmó los compromisos del gobierno provisional luego de asumir su cargo”. (11)  
    Los documentos británicos mencionan el stand by de 75 millones de pesos para la Argentina, aprobado por el FMI en diciembre de 1958, confirmando que las condiciones del préstamo eran que la Argentina debía implementar un programa de reforma monetaria y estabilización económica, unificando el tipo de cambio y liberalizando las importaciones.  
    La embajada reprodujo un discurso de Frondizi sobre su plan económico. Los principales objetivos del plan eran eliminar el déficit fiscal, suprimir los subsidios del transporte público, comenzar gradualmente un plan de reducción de empleados públicos, establecer un tipo de cambio libre y unificado, y abandonar el sistema de cuotas y permisos de importación. Los puntos considerados más importantes eran los referidos a la liberalización. El programa de estabilización significaba que los controles e intervenciones del estado serían suprimidos. A partir del 1º de enero de 1959 el sistema de cuotas y límites a los productos importados serían eliminados. Desde esa fecha el tipo de cambio se unificaría y liberalizaría. (12) 
    En otro informe, la embajada en Buenos Aires resaltaba que el presidente Frondizi considerara que la recuperación económica argentina sólo podía lograrse a través de una estrecha relación con Estados Unidos. Ese interés hacia Estados Unidos tendría un efecto muy importante en el comercio con los países de Europa Occidental. Los norteamericanos estaban preparados para expandir sus exportaciones a la Argentina en rubros tales como tractores, maquinarias para producción de cemento y papel, y aviones. Ya habían reemplazado a los países escandinavos en la venta de pasta de papel. La embajada concluía que los empresarios ingleses deberían prepararse para enfrentar una competencia fuerte de parte de los empresarios norteamericanos, quienes estaban dispuestos a invertir su tiempo y a ofrecer créditos muy generosos. (13)  
    La ayuda norteamericana no se hizo esperar. En marzo se firmó un acuerdo entre la Argentina y Estados Unidos por el cual el último proveería asistencia técnica por un valor de 319 millones de pesos. La asistencia consistía en la creación de un organismo promotor de la producción de carne, y programas de cooperación universitaria en las áreas de ingeniería industrial, administración pública y tecnología agrícola. La Comisión Nacional de Energía Atómica recibiría 4 millones de pesos para desarrollar un instituto regional de estudios atómicos. (14)  
    En este nuevo marco, los países europeos occidentales decidieron apoyar el programa económico argentino. El Club de París liberó a la Argentina de cumplir las obligaciones que se desprendían del sistema multilateral de comercio y pago cuando las mismas eran contradictorias con el nuevo plan económico, como, por ejemplo, usar los ingresos por el comercio con el Club para financiar el comercio y las obligaciones de pago con sus miembros. De todas maneras, el Club de París seguiría existiendo como un foro de discusión de los temas de interés entre la Argentina y los países europeos. (15)  
    En septiembre de 1959 existió un intercambio de notas entre la Argentina y los países integrantes del Club de París que determinaban el curso de las relaciones en el marco del nuevo plan económico. Las mismas expresaban:

La República Argentina otorgará (nombre del país) un tratamiento no menos favorable, en materia de comercio, pagos, derechos de aduana, otros impuestos de importación y exportación, recargos y retenciones cambiarios y condiciones de crédito, que el otorgado a cualquier país. Queda entendido que este compromiso no impedirá a la República Argentina concluir acuerdos comerciales especiales con otros países latinoamericanos, como parte de un programa de integración económica regional. El gobierno argentino adoptará, a la brevedad posible, las medidas necesarias para eliminar todos sus arreglos preferenciales con terceros países referentes a la navegación. Asimismo, observará el principio de no discriminación en la referida materia. El gobierno argentino señala la existencia de acuerdos preferenciales con los países vecinos en materia de navegación. La República Argentina reafirma su intención de cumplir integralmente sus obligaciones con (nombre del país) de conformidad con el Convenio de Consolidación de Deudas firmado en Buenos Aires el 25 de noviembre de 1957. (16)

En otra carta el gobierno argentino expresaba que

el gobierno del Reino Unido no se propone, como consecuencia de la adopción por el Gobierno de la República Argentina, con efecto desde el 30 de diciembre de 1958, de un mercado libre de cambios para todas las transacciones relacionadas con la compra y venta de divisas extranjeras, tratar a la República Argentina, para los fines de importaciones como un país dentro de la zona del dólar o a efectuar cambio alguno en la política expresada en la Nota Convenida en París el 30 de mayo de 1956 con respecto al tratamiento de las mercaderías importadas al Reino Unido desde la República Argentina. (17)

Ambas notas determinaban que las relaciones comerciales y financieras con el Reino Unido, en particular, y los demás integrantes del Club de París, no se modificaban como consecuencia del nuevo plan económico argentino. En realidad, el gobierno argentino tenía intenciones de profundizar las relaciones con el Reino Unido. 
    En abril de 1959, el presidente Frondizi le envió una carta al embajador británico Ward. En ella ratificaba la voluntad del gobierno argentino de intensificar las relaciones comerciales y financieras con Gran Bretaña. Estimaba que existían una gran variedad de sectores en los cuales la cooperación británica sería bienvenida, como, por ejemplo, equipamiento de transporte ferroviario, plantas de energía eléctrica y materiales para la construcción de caminos. Además, el presidente se mostraba interesado en contar con un fondo en libras esterlinas para respaldar los esfuerzos realizados con el fin de estabilizar el peso. En otro párrafo, Frondizi expresaba su preocupación por el número de empleados públicos, asegurando al embajador británico que durante su gobierno ese número no aumentaría. Asimismo, se refería sintéticamente al problema de los sindicatos, señalando que “esos males, que heredamos del pasado y que fueron incentivados por la política de poder de la dictadura por todos conocida, serán gradualmente eliminados”. (18)  
    El gobierno argentino no ignoraba la importancia que la Argentina tenía en las relaciones entre el Reino Unido y América Latina. El Foreign Office sostenía que la Argentina era el socio comercial más importante del Reino Unido en América Latina. En 1958, Estados Unidos había aportado el 16,8% del total de las importaciones a la Argentina; el Reino Unido, 8,9%; Venezuela, 8%; y Alemania, 7,8%. Ese año, el Reino Unido compró 25% de las exportaciones argentinas; Estados Unidos, 12%; Holanda, 12%; y Alemania Occidental, 10%. El valor de las exportaciones del Reino Unido hacía Argentina alcanzaba los 33 millones de libras, mientras que el valor de las exportaciones argentinas al Reino Unido totalizaba 104 millones de libras. El informe reconocía que existían presiones por parte de los exportadores ingleses para reducir las compras en la Argentina con el fin de reducir el déficit de la balanza comercial entre ambos países. (19) Era ésta la primera vez -en el período estudiado- que se aludía a la necesidad de reducir las exportaciones argentinas con el fin de disminuir el déficit de la balanza comercial bilateral.
   
A fines de 1959 los bancos europeos decidieron otorgar créditos a la Argentina que alcanzaron 75 millones de pesos. Los créditos tenían como fin incrementar las reservas del Banco Central al tiempo que el gobierno había decidido liberalizar las importaciones. Los países intervinientes y los montos en pesos eran los siguientes: Reino Unido y Alemania, 17 millones; Francia e Italia, 10 millones; Suiza, 7 millones; Bélgica y Holanda, 5 millones, y Suecia, 4 millones. (20)  
    De acuerdo con un informe de la embajada en Buenos Aires respecto de las inversiones extranjeras en la Argentina, las inversiones norteamericanas representaban un tercio del total, 5.751 millones de pesos. Las inversiones inglesas ocupaban el segundo lugar con 4.006 millones. Bélgica, Suiza y Francia compartían el tercer lugar con inversiones entre 1.000 y 2.000 millones de pesos. La respuesta del Foreign Office a este informe fue cautelosa, ya que se lo consideró parcial por no incluir las inversiones de Alemania e Italia. (21) 
    El primer secretario de la embajada británica, D.I. Dunnett, sintetizó el comercio anglo-argentino en la reunión anual de la Cámara Británica de Comercio. Las exportaciones británicas a la Argentina en los primeros siete meses de 1959 habían registrado un aumento, pasando de 20 millones de libras en 1958 a 26 millones en 1959. La explicación a ese aumento debía encontrarse en las exportaciones de vehículos y aviones, especialmente en las compras efectuadas por Aerolíneas Argentinas de un avión tipo Comet. Uno de los rubros que más había descendido era carbón, lo cual perjudicaba a Gran Bretaña que tenía grandes reservas listas para ser exportadas. (22)  
    Respecto de las exportaciones argentinas a Gran Bretaña, en los primeros siete meses del año, la Argentina había exportado por un valor de 63 millones de libras comparado con 62 millones en el año anterior. Así, a pesar de una caída del 25% en el valor de las exportaciones de carne, el valor total de las exportaciones al Reino Unido se mantuvo, debido al aumento registrado en el valor de los cereales, de 7 a 12 millones de libras. (23)  
    El comercio anglo-argentino registraba, nuevamente, un superávit para el país latinoamericano. De todas maneras, la ventaja, de acuerdo con el primer secretario, era que el comercio se diversificaba año a año. Las inversiones británicas parecían ir en aumento. La Bovril Estates invertiría aproximadamente medio millón de libras en una planta de empaquetamiento. Con el fin de expandir la planta La Forestal se invertirían 250 millones de pesos. Imperial Chemical Industries (ICI) invertiría 1,5 millones de libras para contribuir a la expansión de Duperial. La compañía Diadema, miembro del grupo Shell, invertiría 1,4 millones de libras en una planta para la fabricación de aceites lubricantes y 8 millones de libras para la modernización de la refinería. Una inversión de 10 millones de libras era el resultado de un contrato entre Shell Production of Argentina e YPF, para la exploración de petróleo en un área del sur de la provincia de Buenos Aires y el noreste de la provincia de Río Negro. Laboratorios Glaxo invertiría 300.000 libras para la construcción de una nueva planta. (24)  
    A pesar del superávit comercial con el Reino Unido, la balanza comercial argentina era deficitaria. En su discurso del 1º de mayo a la Asamblea Legislativa, el presidente Frondizi afirmó que desde 1955 a 1958 la Argentina había tenido un déficit comercial de 1.000 millones de dólares, pero que a partir de 1959 se había registrado un pequeño superávit. Esto se debía, principalmente, a la reducción en las importaciones. En el futuro, Frondizi sostenía, la Argentina debería exportar mayor volumen de productos primarios y manufacturados a los países de América Latina y a las nuevas naciones de Asia y Africa. (25) 
    Una de las preocupaciones más grandes del gobierno de Frondizi era el creciente proteccionismo de los países de Europa Occidental, especialmente, en temas agrícolas. Entre el 14 de junio y el 10 de julio de 1960, Frondizi visitó nueve países de esa región. Previamente a su viaje, Frondizi sostuvo que los objetivos del mismo eran reforzar las relaciones con esos países y prevenir el establecimiento de tendencias proteccionistas que perjudicaran el comercio con los países de América Latina. (26) Según los informes de la embajada británica, en sus entrevistas el presidente argentino había hablado como representante de América Latina. Esto reflejaba que el gobierno argentino estaba intentando convertirse en la voz del continente sudamericano. El argumento de Frondizi era que América Latina y, en particular, la Argentina tenían derecho al libre acceso a los mercados europeos. Frondizi reclamaba que los países de Europa Occidental proclamaban una política no discriminatoria pero establecían restricciones al comercio, especialmente en el sector agrícola, por medio de subsidios, cuotas y licencias de importación. La libertad económica y la expansión del comercio mundial estaban limitadas por la falta de libertad en el mercado de capitales, que restringía la competencia internacional y reducía los efectos favorables de un sistema multilateral de comercio. (27) El gobierno argentino mostraba su preocupación por el incremento de medidas proteccionistas respecto de productos agrícolas en países como Francia, Italia y Alemania Occidental. Frondizi señaló que su viaje a Europa había tenido dos objetivos claros: estrechar relaciones con los socios tradicionales argentinos y manifestar su preocupación por las tendencias proteccionistas existentes en los países europeos.  
    En junio de 1960, la Argentina firmó un acuerdo con bancos franceses y alemanes que preocupó al Foreign Office por sus cláusulas preferenciales. El acuerdo sostenía:

El monto total de las operaciones a las que se aplicarán los créditos que el grupo financiero pone a disposición del gobierno argentino, dentro del marco de la reglamentación en vigor en materia de créditos a la exportación, alcanzará una suma equivalente a 50 millones de dólares y será extensible hasta una suma equivalente a 150 millones de dólares valor FOB con acuerdo de las partes.
El gobierno argentino utilizará el crédito concedido para financiar la adquisición de equipos y/o máquinas y/o materiales y/o servicios destinados a la industria privada argentina y a organismos del Estado, entre otros, a la Secretaría de Transportes de la Nación y/o a la Dirección Nacional de Energía y Combustibles, y/o Gas del Estado.
(...) El pago de cada pedido colocado dentro del marco del presente convenio se efectuará de acuerdo con las siguientes condiciones:
    - 5% contra entrega de la orden de compra,
   
- 10% a los 18 meses después de la entrega de la orden de compra,
    - el saldo, o sea 85% en 10 cuotas semestrales iguales a 8,5% cada una, con vencimiento la primera de 24 meses después de la entrega de la orden de compra, y la última 78 meses después de la fecha. (28)

En agosto de 1960, el Export Credits Guarantee Department cambió su política hacia la Argentina. El Foreign Office le informó a la embajada en Buenos Aires que los cambios eran excepcionales para la Argentina, y que su objetivo era igualar los términos del acuerdo firmado con los bancos franceses y alemanes. El ECGD informó a la embajada que ésta era la primera vez que se consideraban garantías para contratos que comprendían créditos mayores a cinco años. El Departamento estaba considerando términos de pago que serían idénticos a los del acuerdo franco-alemán, esto era: 5% al momento de la orden de compra; 10% a los 18 meses de la compra o cuando el 15% de los productos fuera aceptado; y 85% a pagar entre los 24 y 78 meses del contrato. En este caso el Banco Industrial imprimiría pagarés con un banco británico, que se los otorgaría a los exportadores contra la evidencia de que los productos habían sido aceptados. (29) 
    El Tesoro británico le envió un memo al ECGD sobre los distintos créditos obtenidos por la Argentina. La Argentina intentaba lograr una refinanciación por los 142,5 millones de pesos otorgados como stand by entre 1959 y 1960, que deberían pagarse entre enero de 1962 y noviembre de 1963. El objetivo argentino era llevar el plazo hasta diciembre de 1965. Los créditos otorgados por los bancos europeos vencían entre julio de 1961 y diciembre de 1962, el gobierno argentino intentaba llevar el plazo hasta octubre de 1965. Respecto de los acuerdos de consolidación de deuda alcanzados entre la Argentina y los países europeos en 1957, el gobierno argentino deseaba reducir las cuotas de los años 1961 y 1962 de 50 millones de pesos a 25 millones, los 50 millones restantes se pagarían entre 1966 y 1967. En otro informe, el Tesoro sostenía que la Argentina, entre 1960 y 1968, tenía compromisos de pagos que alcanzaban los 2.000 millones de pesos, de los cuales 1.500 deberían saldarse entre 1960 y 1963. El gobierno argentino quería negociar la refinanciación de los créditos en una reunión con los países del Club de París a celebrarse en enero de 1961 en París. (30)  
    La posición del Banco de Inglaterra era que el gobierno argentino encontraría cooperación de parte de los bancos británicos. El Tesoro recordaba a la embajada que, respecto al crédito europeo de 75 millones de pesos, los bancos británicos eran los únicos que arriesgaban sus propios fondos. Desde los bancos británicos se consideraba que el gobierno argentino debía proponer un período de dos años para el refinanciamiento, en lugar de los tres años propuestos; debía realizar un pago en junio de 1961; y, fundamentalmente, planear los pagos gradualmente en lugar de concentrarlos en el último año. (31)  
    De acuerdo con un memo del Tesoro, los objetivos del gobierno británico en la próxima reunión del Club de París eran: que existiese un tratamiento igualitario para todos los países acreedores; que los pagos establecidos para los años 1961 y 1962 se efectuasen en 1966; y que los intereses de las cuotas suspendidas deberían pagarse anualmente junto con las nuevas cuotas. (32)  
    El Banco Central de la República Argentina envió una nota al Banco de Inglaterra donde expresaba:

(...) Con referencia al acuerdo stand-by formalizado en diciembre de 1959 con Uds. y bancos comerciales de otros países europeos nos place informarles que hemos convenido con el Fondo Monetario Internacional con fecha 8 de diciembre un nuevo acuerdo de stand-by por cien millones de dólares. Giros contra este nuevo stand-by podrán realizarse en cualquier momento hasta diciembre de 1961. Asimismo, el FMI ha acordado prolongar de 3 a 5 años plazo reembolso (...). Estos arreglos son parte de nuestro programa monetario para 1961 que incluye posible reordenamiento de algunos vencimientos de obligaciones de corto plazo del BCRA con el fin de preservar un nivel adecuado de reservas monetarias. (33)

El embajador Ward sugirió al Tesoro instrumentos para fortalecer la posición del Reino Unido en el mercado argentino. El gobierno británico había otorgado una ayuda significativa a la Argentina en los últimos años a través del crédito de 20 millones de libras. Shell había otorgado un crédito por 18 millones de libras para la provisión de petróleo. Los bancos británicos habían tenido una gran participación en los créditos otorgados a la Argentina por bancos europeos. Con el fin de fortalecer la posición del Reino Unido, las facilidades otorgadas por el ECGD deberían continuar para promover las exportaciones de productos británicos, especialmente de bienes de capital. (34)  
    En su discurso anual frente a la Cámara Británica de Comercio en Buenos Aires, el primer secretario de la embajada en Buenos Aires expresó que las exportaciones británicas hacia la Argentina en los primeros ocho meses de 1960 no habían registrado cambios respecto al mismo período del año anterior, alcanzando los 28 millones de libras. Las exportaciones argentinas habían descendido de 71 millones de libras en los primeros ocho meses de 1959 a 67 millones de libras en el mismo período del año 1960. Esta reducción correspondía al rubro carnes y respondía a las dificultades que enfrentaba la Argentina para proveer mayores cantidades de carne para exportación. El Reino Unido compraba 60 millones de libras en carnes argentinas, esta figura representaba 1/6 de las exportaciones totales argentinas. El Reino Unido continuaba siendo el mejor comprador de productos argentinos, llevándose 30% de las exportaciones totales. Respecto de las exportaciones británicas, se registraban aumentos en categorías como maquinarias, maquinarias eléctricas, vehículos y aviones. Estos incrementos compensaban por las disminuciones en otros rubros como químicos, acero, hierro y maquinarias ferroviarias. Una vez más, el primer secretario rescataba la importancia de la diversificación del comercio, lo que posibilitaba que los descensos de algunos productos fueran compensados por los aumentos en otros rubros. Asimismo, enfatizaba el hecho de que la Argentina fuera el país exterior al Commonwealth que más garantías recibía desde el ECGD. En el curso de este año, ICI y Duperial habían anunciado inversiones por el monto de 5,76 millones de libras para la construcción de nuevas plantas para la producción de productos químicos. Por otra parte, Shell Bermuda y Shell Canadá habían anunciado inversiones para aumentar la capacidad de la destilería en la Argentina. (35)  
    No obstante, desde el sector privado se escuchaban quejas respecto del nivel de las inversiones británicas. El empresario anglo-argentino Emmet, en una carta al Foreign Office, rescataba un artículo del diario La Prensa donde se analizaban las inversiones extranjeras en la Argentina. Desde el 4 de diciembre de 1958 (fecha en la que se sancionó la nueva ley de inversiones extranjeras) Estados Unidos había aprobado inversiones por 265 millones de pesos. La siguiente lista mostraba la participación porcentual de los principales inversores: 

Inversiones extranjeras por país de origen
(porcentajes)

  1958 1959
Estados Unidos 48,9 86,4
Holanda 17,9 0,5
Alemania 13,5 n.d.
Italia 7,7 7,3
Reino Unido 3,5 2,0
Francia 2,5 n.d.
Panamá 0,4 2,4
Otros 1,3 0,7
Fuente: FO, 371/147791, 6-1960.

Un informe sobre las inversiones extranjeras en la Argentina, enviado al Foreign Office por la embajada canadiense en Buenos Aires, señalaba que, desde la implementación de la política de desarrollo industrial en noviembre de 1958, los inversores extranjeros colocaron 398 millones de dólares en empresas en la Argentina. El origen de esos fondos era el siguiente:

Inversiones extranjeras por país de origen
(miles de dólares)

Estados Unidos 193.213
Suiza  49.475
Reino Unido 31.753
Holanda 26.254
Alemania 25.109
Canadá 22.101
Italia 18.151
Francia 11.178
Panamá 3.564
Fuente: FO, 371/162095, 29-12-1961.

 

Inversiones por sector
(millones de dólares)

Químicos industriales + fertilizantes 118,0
Industria automotriz 96,7
Metales no ferrosos  44,0
Refinamiento de petróleo 29,0
Maquinaria no eléctrica 26,5
Fuente: FO, 371/16095, 29-12-1961

Inversiones sector petrolero
(millones de dólares)

Pan American 74,4
Loeb Rhoades 31,0
Tenessee 30,0
Standard Oil (New Jersey) 14,1
Union Oil 6,2
Shell Oil 7,8
Fuente: FO, 371/ 162095, 29-12-1961.

La balanza comercial argentina superavitaria de 17 millones de dólares en 1959 se convirtió en un déficit de 111 millones en 1960, a pesar de un aumento en los términos de intercambio, un crecimiento de las exportaciones y una caída de las importaciones de petróleo. La causa del déficit fue una suba en las importaciones, especialmente de maquinarias y vehículos. El comercio con el Reino Unido no sufrió grandes modificaciones. Las exportaciones británicas aumentaron de 40,3 millones de libras en 1959 a 42 millones en 1960. Las importaciones desde la Argentina disminuyeron de 105,5 millones de libras en 1959 a 98 millones en 1960. (36)  
    En febrero de 1961, el diario La Nación publicó una entrevista con el presidente de la Cámara de Comercio Argentina, Eduardo García, quien criticaba los métodos que utilizaban los empresarios británicos para incrementar sus exportaciones a la Argentina. El funcionario argentino expresaba que la responsabilidad por el déficit en la balanza comercial era inglesa. El embajador en Buenos Aires consideró necesario responder los dichos de García. El entonces agregado para Asuntos Económicos de la embajada envió una carta a La Nación   

(...) En lo que se refiere a la posición británica tenemos plena conciencia de que nuestros métodos de venta en la Argentina podrían ser mejorados como también que se requiere mayor esfuerzo de parte de los exportadores británicos. Esa es la razón por la cual se ha constituido -tal como fue anunciado en los diarios- una nueva entidad denominada Consejo para la Exportación al Hemisferio Occidental, representativa de los hombres de negocios británicos y cuyo fin es precisamente el de estimular las exportaciones a la América Latina.
Sin embargo, y para ser justos con aquéllos que están realizando una tarea tan buena para fomentar el comercio entre nuestros dos países, debo señalar que en el año 1960 el Reino Unido ocupó el tercer lugar entre los proveedores extranjeros de la Argentina, en posición inmediata inferior a los Estados Unidos y Alemania Occidental. Más aún, el año pasado exportó substancialmente más a la Argentina que a cualquier otro país de la América del Sur.
En lo referente a la extensión del crédito para las mercancías requeridas por la Argentina, nuestros plazos igualan en general a los más favorables de otros países europeos, con la sola excepción de algunas transacciones que encierran una inversión financiera a largo plazo con el suministro de equipos.
En prueba de que el Reino Unido no subestima el mercado argentino, debo expresar que el gobierno británico ha asegurado créditos de exportación para un mayor volumen de negocios con la Argentina que con cualquier otro país de la Comunidad Británica.
En la entrevista a la que me estoy refiriendo, se sugirió que los industriales argentinos cuyas fábricas requieren reequipamiento con maquinaria nueva no mirarían a Gran Bretaña como fuente de suministro. Me place recordar, sin embargo, que según las estadísticas oficiales británicas, se encuentra comprendido en el total de las exportaciones británicas a la Argentina en el año 1960 de 42.077.000 libras esterlinas, un importe de 11.445.000 libras por concepto de maquinarias generales, 4.560.000 libras por maquinarias eléctricas y 10.541.000 libras por vehículos. Estos renglones suman aproximadamente 26.545.000 libras o el 62% en forma de bienes de capital o maquinarias requeridas para el desarrollo. Cito estas cifras para demostrar que el Reino Unido desempeña un papel significativo en el suministro de bienes de capital a la economía argentina. (37)

En una nueva entrevista, García sostenía que el problema con Gran Bretaña era comercial. La Argentina reducía sus importaciones desde Gran Bretaña por los problemas de los exportadores británicos. Básicamente, argumentaba que los exportadores no parecían entender la necesidad de la Argentina de flexibilizar los pagos. Por eso cuando un empresario argentino necesitaba de reequipamiento, primero analizaba sus posibilidades en los Estados Unidos, luego en Alemania, Italia y Francia. (38)  
    Sin embargo, en una reunión entre el ministro de Economía, Roberto Alemann, y representantes de la Cámara de Comercio Británica, el funcionario argentino afirmaba que Gran Bretaña era el único país que admitía libremente las exportaciones de carne argentina. Alemania, por ejemplo, prefería realizar sus compras de carne en los países comunistas y rechazaba la carne argentina por motivos sanitarios. Alemann sostuvo que era necesario que el gobierno británico cancelara un impuesto que se aplicaba sólo a la carne argentina. A pesar de que el nivel del impuesto era bajo, era irritativo y discriminatorio. Asimismo, demostró su descontento por los subsidios otorgados a los productores nacionales por el gobierno británico. (39) 
    Como todos los años, en la reunión anual de la Cámara de Comercio Británica, un funcionario de la embajada, R. Parsons, sintetizó el comercio anglo-argentino. Las exportaciones argentinas hacia Gran Bretaña habían alcanzado un valor de 57,7 millones de libras en los primeros ocho meses de 1961, comparado con 67,2 millones para el mismo período en 1960. Las exportaciones de carne habían tenido una baja de 4 millones de libras en comparación con 1960; sin embargo, seguían siendo el primer rubro totalizando 31,1 millones. Mientras las exportaciones de algodón habían subido, las de cereales habían registrado una baja importante de 12,3 millones de libras en 1960 a 6,8 millones en los primeros ocho meses de 1961. Las exportaciones británicas a la Argentina habían aumentado de 28,4 millones en 1960 a 31,9 millones en 1961. Los rubros más importantes eran acero, maquinaria, vehículos y químicos. Respecto de las inversiones extranjeras, de acuerdo con cifras oficiales, entre diciembre de 1958 y mayo de 1961, el Reino Unido se ubicaba segundo, detrás de los Estados Unidos, con 17 proyectos de inversión privada por un monto de 29,3 millones de dólares. (40)  
    Uno de los temas que más preocupaba al gobierno argentino era la integración de Gran Bretaña a la Comunidad Económica Europea. De acuerdo con un informe del Foreign Office, la preocupación del ministro Alemann era que las principales exportaciones argentinas eran carne y productos agrícolas, representando 93% de las exportaciones totales de Argentina. En 1960 los compradores habían sido el Reino Unido (22% de las exportaciones totales), Holanda (13%), Italia (12%), Estados Unidos (9%), Alemania Occidental (8,5%) y Brasil (8%). El Reino Unido era, sin dudas, el mejor comprador, adquiría 60% de sus importaciones de beef en el mercado argentino y 20% de sus importaciones totales de carne. De acuerdo con estimaciones de la Unión de Empleadores de la Argentina, 55% de las exportaciones argentinas se verían afectadas con la incorporación de Gran Bretaña al Mercado Común.  
    Mientras los países de Europa Occidental y Estados Unidos imponían medidas proteccionistas con el fin de promover sus sectores agrícolas, el gobierno argentino intentaba reducir el déficit comercial que había alcanzado los 170 millones de pesos en 1961. En el informe sobre las posibles consecuencias para la Argentina de la participación del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea, se sostenía que las preocupaciones argentinas eran infundadas ya que el gobierno británico consideraba a la Comunidad como un mercado abierto hacia el exterior. Por otra parte, la carne argentina era de muy alta calidad y no tenía competencia en el mercado europeo. (41) 
    En 1961, de acuerdo con cifras británicas, las exportaciones británicas aumentaron hasta llegar a 50,5 millones de libras comparados con 41,9 millones de 1960. Las exportaciones argentinas disminuyeron desde 97,7 millones de 1960 a 75,1 millones en 1961. Gran Bretaña continuaba ocupando el tercer lugar como importador luego de Estados Unidos y Alemania. La deuda externa argentina había alcanzado los 1.700 millones de dólares. Los pagos de la deuda estaban concentrados en los próximos cuatro años, sin embargo, de acuerdo con el informe anual de la embajada en Buenos Aires, esta situación no era intolerable para la economía argentina. (42)  
    El objetivo del Reino Unido en la reunión de París de enero de 1961 había sido lograr que la deuda argentina se refinanciara por un período de 10 años como máximo. Esto significaba que no podía ir más allá del año 1966, e hizo que la propuesta argentina se modificara ya que llevaba el período de refinanciación hasta el año 1967. Finalmente, la posición argentina se cambió y se intercambiaron notas con los distintos gobiernos acreedores. En la nota al Reino Unido se determinaba que se realizarían pagos anuales hasta el 30 de junio de 1966, fecha en la que se saldaría la deuda de 14.480.126 millones de libras esterlinas. (43)

  1. FO, 371/126161, 29-7-1957. Estos sentimientos irracionales eran considerados por el embajador saliente como la causa de las negociaciones comerciales siempre difíciles. Eran también obstáculo para la resolución de conflictos menores como los casos de la Compañía Primitiva de Gas o la Compañía de Tranvías de Buenos Aires. Evans consideraba que las relaciones comerciales entre ambos países se habían visto perjudicadas bajo el gobierno peronista. La imposibilidad británica de penetrar el mercado argentino, teniendo en cuenta que el Reino Unido era la principal fuente de divisas, se debía bajo el gobierno peronista a los acuerdos bilaterales con sus cláusulas discriminatorias y a la utilización de las libras esterlinas adquiridas por las exportaciones argentinas para la compra de petróleo. El nacionalismo interfería, según el embajador, en el establecimiento de líneas de crédito para la compra de bienes de capital en el Reino Unido. Ibid.

  2. FO, 371/ 131948, 21-2-1958. En una entrevista al diario O Estado de Sao Paulo, Frondizi afirmó sus ideas respecto de la necesidad de ampliar los mercados para los productos argentinos. FO, 371/131948, 4-3-1958.

  3. Entrevista con France Press, FO, 371/131948, 8-2-1958.

  4. FO, 371/131948, 4-3-1958.

  5. FO, 371/131956, 17-4-1958. 

  6. Ibid. 

  7. FO, 371/131962, 8-4-1958.

  8. FO, 371/131962, 8-4-1958.

  9. FO, 371/131964, 31-10-1958. 

  10. FO, 371/138996, 26-2-1959.

  11. Ibid.

  12. FO, 371/139015, 30-1-1959; FO, 371/139020, 5-1-1959, discurso de A. Frondizi, 29-12-1958.

  13. FO, 371/138998, 27-2-1959; FO, 371/139015, 30-1-1959.

  14. FO, 371/139015, 30-1-1959.

  15. FO, 371/139026, 31-12-1958.

  16. FO, 371/139027, 16-9-1959.

  17. Ibid. 

  18. FO, 371/139032, 10-4-1959.

  19. FO, 371/139015, 23-3-1959.

  20. FO, 371/139015, 9-12-1959.

  21. FO, 371/139015, 23-3-1959. 

  22. FO, 371/139033, 11-1959. 

  23. Ibid.

  24. Ibid. 

  25. FO, 371/147755, 6-5-1960. 

  26. FO, 371/147769, 14-6-1960.

  27. FO, 371/147769, 14-6-1960; FO, 371/147763, 29-7-1960. 

  28. FO, 371/147779, 13-6-1960.

  29. FO, 371/147783, 31-8-1960 y 29-9-1960.

  30. FO, 371/147784, 19-10-1960; FO, 371/147779, 30-6-1960. 

  31. FO, 371/147784, 24-11-1960. 

  32. FO, 371/147784, 15-12-1960. 

  33. FO, 371/147784, 16-12-1960. 

  34. FO, 371/147791, 30-6-1960.

  35. FO, 371/147793, 25-10-1960. 

  36. FO, 371/155834, 15-3-1961.

  37. FO, 371/155846, 9-2-1961.

  38. FO, 371/155846, 5-2-1961. 

  39. FO, 371/155847, 14-6-1961. 

  40. FO, 371/155846, 5-10-1961. 

  41. FO, 371/155848, 10-1961. 

  42. FO, 371/162092, 13-2-1962. 

  43. FO, 371/155835, 1-1961; FO, 371/155840, 12-5-1961.

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