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El comercio de la carne comenzó a verse perjudicado por el tema de la aftosa. En 1957 el tema de la enfermedad comenzó a preocupar a los importadores de carne argentina. En ese entonces, no existían restricciones a la importación de carne argentina al Reino Unido. La Argentina proveía 15% del total de las importaciones de carne a Inglaterra. Esta cantidad era 25% menor que los niveles de importaciones anteriores a la guerra, sin embargo, el Foreign Office consideraba que Inglaterra no podría absorver niveles mayores debido al crecimiento de la producción nacional. (1)  
    A pesar de la enfermedad, en 1958, el Ministerio de Agricultura británico sostuvo que Inglaterra no estaba en condiciones de imponer una prohibición total a las importaciones de carne argentinas debido a la aftosa, ya que el país sudamericano proveía 20% de las importaciones totales de beef con carne de muy alta calidad. En caso de una prohibición total, Inglaterra no podría reemplazar la carne argentina con importaciones desde Australia o con producción nacional; en esto se basaba el informe del Ministerio para recomendar al Foreign Office el rechazo a la posibilidad de implementar una prohibición total. (2) 
    La embajada en Buenos Aires consideraba nuevas situaciones en el tema de la carne al asumir Frondizi la presidencia argentina. En un telegrama al Foreign Office, la embajada afirmó que Frondizi intentaría incrementar la ganancia argentina en su comercio de carne. De acuerdo con la embajada, Frondizi se había convencido, a través de “malos consejeros”, que Inglaterra ejercía un control monopólico sobre el negocio de carne argentina. Esto lo podría llevar a tomar decisiones unilaterales intentado apelar al nacionalismo argentino. Las posibilidades no eran muchas, Frondizi no podría nacionalizar los barcos extranjeros de los que dependía el comercio, ni decidir cómo la carne debía ser comprada por Inglaterra. La única posibilidad era nacionalizar los frigoríficos británicos o norteamericanos. De acuerdo con el informe del embajador, en conversaciones privadas, los dueños de los frigoríficos no se habían mostrado preocupados por esta posibilidad, en tanto y en cuanto recibieran compensación, ya que las regulaciones argentinas y los problemas con los sindicatos no hacían muy atractivo el sector. El problema se presentaría para las exportaciones que podrían verse reducidas, ya que los frigoríficos argentinos no eran tan eficientes como los extranjeros. (3)  
    En este mismo período, el gabinete británico analizaba la posibilidad de reducir las importaciones de beef argentino con el objetivo de estimular la producción ganadera en el Reino Unido. La oferta total en 1957 había sido de 1.279.000 toneladas, correspondiendo 64% a la producción nacional. La producción argentina representó 20% y 56% de las importaciones de beef. La reducción de importación de carne argentina podía defenderse basándola en el tema de la aftosa, pues, por ejemplo, la producción francesa había sido excluida del mercado británico bajo esa consideración. El informe del Tesoro enviado al Foreign Office consideraba, sin embargo, que debido a la dependencia británica una reducción de carne argentina era impracticable, porque la oferta argentina no podría ser reemplazada en el corto plazo. (4)  
    Consideraciones respecto de una reducción de importaciones argentinas ya habían sido analizadas en 1956 y 1957 por presiones de los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda y de la National Farmers’ Union. La conclusión alcanzada en aquellos años era que una restricción cuantitativa en las importaciones argentinas de carne era contraria a la política económica y comercial de Gran Bretaña. Una reducción de este tipo provocaría el aumento del precio en el mercado interno británico. A pesar de que el aumento no sería de consideración, su efecto psicológico en un momento en que el gobierno intentaba estabilizar los precios era evaluado, por el informe del Tesoro, como contraproducente. La posibilidad de establecer cuotas a las importaciones argentinas sería contraria a la política comercial británica y debilitaría su postura de rechazo a las restricciones impuestas en el comercio internacional. Asimismo, le abriría paso a presiones por parte de productores nacionales o del Commonwealth para imponer cuotas y restricciones en otros sectores como productos lácteos. Sin embargo, el Tesoro aclaraba que en el GATT Inglaterra había reservado sus derechos para imponer cuotas en el comercio de carne. Las conclusiones del informe eran que una reducción no podía ser impuesta solamente a la Argentina, sino que debía ser parte de una política de reducción en todas las importaciones de carne. Esta medida no estaría de acuerdo con los principios que determinaban la política económica y comercial del Reino Unido y podría tener consecuencias “embarazosas” en el GATT y el FMI. También podría significar la reducción de exportaciones británicas a la Argentina lo que podría reducir cualquier beneficio inmediato de la restricción de las importaciones de carne argentina. (5) Desde la embajada en Buenos Aires, la reducción de importaciones de carne argentina era considerada como una medida que perjudicaría, en primer lugar, los intereses británicos en la Argentina y a la clase social -“el estanciero”- que tenía más vínculos con Gran Bretaña. (6)  
    La discusión prosiguió con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación como el impulsor de la idea de reducir las importaciones argentinas de carne. El Ministerio justificaba la decisión como un paso necesario para incrementar la producción nacional y las importaciones desde el Commonwealth. Asimismo, era una medida para reducir la posibilidad de infección de aftosa en el ganado británico. Se proponía una reducción constante en los próximos 10 años acompañada por un incremento en la producción nacional y las importaciones desde el Commonwealth; esto evitaría un posible aumento de precios internos que ocurriría en el caso de una reducción drástica. Mientras se aceptaba que imponer restricciones a las importaciones argentinas acarrearía problemas en el comercio, se sostenía que las exportaciones hacia la Argentina no tenían un gran valor. Asimismo, por ser la Argentina un país políticamente inestable, el futuro de las relaciones comerciales y financieras también lo era. El informe concluía que no debía sacrificarse “la oportunidad de asegurar reales beneficios para nuestra agricultura doméstica y el comercio del Commonwealth meramente para evitar ofender a la Argentina”. (7) 
    La embajada en Buenos Aires consideraba la proposición como altamente perjudicial. Los efectos de reducir las importaciones de carne argentina serían desastrosos no sólo para el país sudamericano sino también para el Reino Unido. De aplicarse esa medida, tanto las exportaciones como las inversiones británicas podrían verse afectadas negativamente. El mercado argentino para los productos británicos era considerado como de un valor fundamental, y mucho menos riesgoso que los mercados del Mediano y Lejano Oriente. (8) El Departamento de las Américas del Foreign Office, dirigido en ese entonces por H. Hankey, coincidía con el análisis de la embajada. La medida contra la Argentina afectaría la política comercial hacia América Latina. El Foreign Office proponía el rechazo de la propuesta. América Latina comenzaba a ser considerada como un escenario de importancia tanto política como económica. Esto se desprendía de un incremento del 22% de las exportaciones británicas a América Latina en 1957, mientras las exportaciones a las demás regiones habían registrado un aumento del 4%. (9)  
    El Departamento de las Américas elaboró un informe sobre la propuesta del Ministerio de Agricultura. Mientras el Chancellor of the Exchequer y el presidente del Board of Trade aceptaban que las restricciones no se podían aplicar únicamente a la Argentina, sino que tenían que formar parte de una política general hacia las importaciones, y que una medida de este tipo iba en contra de la política económica y comercial del país, el Ministerio de Agricultura no aceptaba estas conclusiones. El Ministerio insistía en una política sostenida de reducción a aplicarse durante los diez próximos años. El entonces ministro de Agricultura Hare proponía como reemplazo de las importaciones argentinas un incremento en las importaciones desde Australia y Nueva Zelanda y en la producción nacional. De acuerdo con el Foreign Office, la propuesta era contraria a la política del gobierno británico y a los acuerdos con el GATT y con el FMI. Mientras el Tesoro y el Board of Trade no apoyarían la medida, el Foreign Office consideraba que el Commonwealth Relations Office estaría de acuerdo con las restricciones. 
    Las consecuencias que el Foreign Office analizaba eran varias. En la Argentina, el gobierno no aprobaría la medida, lo que podría significar políticas anti-británicas en temas como Malvinas o la Antártida. La situación económica argentina era muy inestable y una reducción de sus ganancias en libras esterlinas podría resultar en una crisis económica de tal magnitud que pondría en peligro la continuación del gobierno con la consiguiente posibilidad de un retorno al peronismo. En este caso el peligro de políticas anti-británicas se incrementaría. En América Latina, la medida tendría un efecto negativo para las nuevas relaciones con el Reino Unido. De acuerdo con el análisis del Foreign Office, luego de la crisis del Canal de Suez, América Latina había adquirido una gran importancia como proveedor de materias primas y como mercado para las exportaciones británicas. Políticamente, la importancia de los 20 votos latinoamericanos en las organizaciones internacionales había aumentado con la consolidación del bloque de Asia y Africa. Los empresarios británicos volvían a estar interesados en esa área y el gobierno intentaba promover el interés en esa región. El gobierno enfatizaba la importancia que el Reino Unido podría tener en los procesos de industrialización y modernización que los países latinoamericanos habían encarado. América Latina consideraba beneficiosa una ayuda de este tipo que la alejaba de una dependencia exclusiva hacia los Estados Unidos, el cual no proveía estabilidad ni de mercado ni de precios para los productos latinoamericanos. El Reino Unido gozaba de una mejor reputación en ese sentido. La destrucción del comercio de carne con la Argentina destruiría esa reputación y haría altamente difícil persuadir a los latinoamericanos de las “buenas intenciones” del gobierno británico. Por su parte, los Estados Unidos no apoyarían la medida británica, ya que tendría consecuencias perjudiciales para el gobierno argentino. En caso de obtener el apoyo norteamericano, sería por la razón equivocada: el uso de cuotas discriminatorias proveería la excusa para impulsar las mismas medidas en Estados Unidos. Esto podría suceder con otros socios comerciales. Otra de las consideraciones negativas realizadas por el Foreign Office era la posibilidad de penetración soviética aprovechando el espacio vacío que dejaría Gran Bretaña en las exportaciones argentinas. (10)  
    En julio el Foreign Office realizó otro informe sobre las consecuencias políticas de la medida. La exclusión de la carne argentina del mercado inglés podría regenerar los sentimientos anti-británicos del período peronista. Asimismo, se exacerbarían los reclamos por la soberanía sobre las islas Malvinas. Respecto de la Antártida, de acuerdo con el Foreign Office, la medida tornaría imposible un acuerdo con la Argentina para mantener el statu quo respecto de la soberanía sobre el sector en disputa. Sería entonces necesario mantener la presencia británica en el sector, a pesar de ser altamente perjudicial en términos económicos, para poder sostener el reclamo legal. En casos extremos la medida podría llevar a actos de enfrentamientos en la zona. En momentos en que el Reino Unido esté comprometido en otras áreas del globo, los riesgos de acciones militares contra bases inglesas en la Antártida o contra las Malvinas se incrementarían. En momentos así, ni las Malvinas ni el sector antártico podrían ser defendidos por su posición geográfica. (11) 
    El Ministerio de Energía también intervino en la polémica sobre la reducción de importaciones de carne argentina. En un telegrama enviado al Board of Trade, el ministro J. Jenkins, señalaba las consecuencias que semejante medida tendría para el sector energético. La principal consecuencia era que la Argentina vería reducido su nivel de libras esterlinas. Argentina consumía 13 millones de toneladas por año de petróleo, de las cuales sólo 4,5 millones se producían en el país, el resto era importado. Esto representada una ganancia importante para las dos principales compañías petroleras inglesas -la Argentina era el segundo mercado en importancia para Shell, después del Reino Unido. De acuerdo con Shell, una reducción del nivel de libras esterlinas como consecuencia de una reducción en la exportación de carne, perjudicaría al sector petrolero. Respecto de las propiedades de Shell en la Argentina, una medida como la propuesta podría llevar a la nacionalización del sector petrolero. Shell consideraba que existían en la Argentina importantes reservas petrolíferas, más allá de las explotadas por YPF. El presente gobierno había iniciado conversaciones para abrir el sector a las empresas privadas nacionales y/o extranjeras, una reducción del comercio de la carne, abortaría estas posibilidades. (12)  
    La otra empresa petrolera era British Petroleum (BP) cuya principal actividad era exportar petróleo a YPF. BP también consideraba que la reducción en el comercio de carne afectaría sus negocios en la Argentina, ya que el país carecería de las divisas necesarias para pagar sus importaciones de crudo. Como Shell, BP creía que el gobierno argentino finalmente abriría las puertas a la inversión extranjera en el sector y, por supuesto, la medida propuesta no beneficiaría semejante apertura. El ministro concluía que la propuesta afectaría los intereses británicos en el sector petrolero argentino y, asimismo, abriría las puertas a la Unión Soviética. La Argentina ya realizaba importantes compras en el bloque soviético, su carencia de libras esterlinas la empujaría a aumentar sus compras en esa área. El ministro consideraba muchísimo más perjudicial la penetración soviética en el sector petrolero argentino que las pérdidas que Shell o BP pudieran experimentar. (13) 
    El corresponsal del diario The Times en Buenos Aires sostuvo que la declaración del Conservative Expanding Commonwealth Group -un grupo dentro del Partido Conservador-, favoreciendo el incremento de las importaciones de carne desde los países del Commonwealth, provocó muchos comentarios pero una mínima alarma en la Argentina. El secretario de Agricultura de la Argentina Horne afirmaba que no creía en la realización de la propuesta, pero que de todas maneras la Argentina estaba preparada para enfrentar esta posibilidad ya que intentaba diversificar sus mercados. Esto significaba que la Argentina estaba intentando escapar de ese estado de dependencia del mercado británico. (14)  
    En octubre de 1958 se organizó un grupo de trabajo con funcionarios del Tesoro, Foreign Office, Board of Trade, Ministerio de Agricultura, Ministerio de Energía, y Commonwealth Relations Office, con el fin de analizar las consecuencias de la propuesta del Ministerio de Agricultura para reducir las importaciones de carne argentina en los próximos 10 años. La conclusión del grupo de trabajo fue que las desventajas de la propuesta eran mucho más significativas que sus beneficios por lo que se recomendó rechazarla. De acuerdo con el informe, la propuesta era contraria a la política comercial del Reino Unido, a los acuerdos asumidos en el GATT, y a la política hacia América Latina y hacia la Argentina en particular. Asimismo, la medida podría disminuir el apoyo de América Latina hacia el mundo occidental y, en particular, respecto de las cuestiones coloniales pendientes en las Naciones Unidas. Finalmente, reduciría las posibilidades de alcanzar un acuerdo con la Argentina respecto del sector antártico y alentaría una penetración comunista en ese país. (15)  
    El gobierno argentino que desconocía estas discusiones del gobierno británico decidió, en diciembre de 1958, reducir el embarque de chilled beef en 40% para el primer trimestre de 1959, con el fin de mejorar la oferta de carne en la Argentina y reducir los precios internos que habían aumentado desmesuradamente en los últimos meses del año 1958. 
    En 1960 existió un problema por una medida del gobierno argentino que favorecía a la Corporación Argentina de Productores de Carne (CAP). La CAP estaría habilitada a usar recursos del fondo oficial de ganadería para compensar las pérdidas en su producción que se calculaban en 500 millones de pesos a fines del año 1960. Esta medida no sólo era discriminatoria contra los frigoríficos británicos y norteamericanos sino que podía provocar un aumento en el precio de la carne, perjudicando aún más a los productores extranjeros. Desde el Foreign Office se informó a la embajada que era necesario hacer conocer al ministro de Economía, Alvaro Alsogaray, que una medida de esa naturaleza entorpecería las buenas relaciones entre ambos países. Por su parte, Alsogaray le aseguró al embajador que no era intención del gobierno de subsidiar a la CAP. Se había decidido cambiar la ley para permitir a la CAP el retiro de capital adicional del fondo regulador, pero cada retiro sería estrictamente controlado por el gobierno y requeriría un decreto público especial. La CAP retiraría el dinero de un fondo formado por un impuesto del 3% sobre la venta de cada animal en pie comercializado en el mercado argentino. En caso de que los fondos no fueran suficientes, la CAP debería solicitar un crédito a los bancos como sus competidores extranjeros. El gobierno argentino propuso adelantar a la CAP 500 millones de pesos. Esto produjo rechazo desde los frigoríficos extranjeros que también habían obtenido pérdidas en sus últimos ejercicios. (16) 
   
En esta época apareció un artículo en The Daily Express, incitando a una política anti-argentina. Bajo el título de “La causa común”, decía:

El ama de casa, el carnicero y el agricultor deberían tener una causa común para hacer campaña en contra de la dependencia británica de la carne argentina. Se cree que importaciones infectadas de la Argentina han causado el brote de aftosa que está afectando a Bretaña. Ya debieron ser destruidas 18.000 cabezas de ganado británicas. Esta pérdida puede ser explotada por algunos individuos para aumentar los precios de la carne en los negocios. Pero mucho peor es la pérdida sufrida por los agricultores cuyo ganado fue destruido.
Hay una sola manera de combatir la desastrosa negligencia practicada por la Argentina.
Cortar las importaciones de ese país. Mirar hacia el Imperio.
Los argentinos son proveedores no confiables y malos clientes.
Como proveedores, han repetidamente fracasado en cumplir sus compromisos por causa de huelgas, mala administración o conmociones políticas. Como clientes, venden a Bretaña más del doble de lo que le compran.
Ahora, a través de su ineficiencia ellos han dañado otra vez penosamente la agricultura británica.
El caso contra la Argentina es terminante.
Permítase al gobierno apartarse de los extranjeros. A los agricultores de Bretaña y el Commonwealth -los hombres que pueden ser confiados. (17)

El embajador en Buenos Aires condenó la nota, ya que perjudicaba las relaciones anglo-argentinas. Sin embargo, la misma revelaba claramente los intereses de los productores ingleses. 
    En 1962, la Junta Nacional de Carnes de la Argentina envió un memorándum al Committee of Inquiry into Fastock and Carcass Meat Marketing and Distribution, en el que se explicaba que la baja de los precios en el mercado británico no podía ser atribuida a las importaciones de carne argentina, sino al incremento de la producción de carne británica por el programa de subsidios implementado luego de la guerra. La baja de precios en el mercado británico fue simultánea con una disminución de las importaciones argentinas debido a contingencias climáticas adversas en el país sudamericano. En cifras, los años 1961 y 1962 representaron los menores volúmenes de exportación de carnes al Reino Unido. El memorándum resaltaba la preocupación del gobierno argentino por la posible incorporación del Reino Unido al Mercado Común Europeo y sus consecuencias para el comercio anglo-argentino. (18)  
    En 1963 hubo negociaciones para reducir las importaciones de chilled beef desde la Argentina. El gobierno argentino insistía en que la solución debía encontrarse en planear las cantidades más que en aplicar restricciones. El gobierno inglés intentaba estabilizar el mercado interno. En la Argentina se sostenía que la estabilización del mercado inglés no podía alcanzarse a través de restricciones a las importaciones argentinas. El problema del mercado inglés no estaba relacionado con el comercio con la Argentina, sino que era una consecuencia del programa de subsidios implementado por el gobierno británico y por el aumento de importaciones de otras regiones. De todas maneras, como las cantidades de las propuestas no diferían, el gobierno argentino confirmó que las importaciones iban a estar dentro del marco de la propuesta inglesa. (19)  
    En síntesis, los problemas que se plantearon respecto del comercio de carnes anglo-argentino durante el gobierno de Frondizi fueron esencialmente dos. Por un lado, el desequilibrio de la balanza comercial bilateral minaba, cada vez más, el interés del Reino Unido por mantener el comercio con la Argentina. Por otro, la política de subsidios implementada después de la Segunda Guerra Mundial tenía como objetivo disminuir el nivel de las importaciones de carne. Esta política consolidó al grupo de los farmers, que no estaría dispuesto a perder una porción del mercado británico a expensas de las importaciones de carne argentina. Así, al decrecer el comercio de carne, que era el pilar de la relación comercial, ésta se resintió. Los antiguos socios -por momentos altamente dependientes- comenzaron a percibirse como competidores.

  1. FO, 371/126188, 22-11-1957.

  2. FO, 371/131962, 5-3-1958.

  3. FO, 371/131962, 6-3-1958.

  4. FO, 371/131962, 28-3-1958.

  5. Ibid.

  6. FO, 371/131962, 16-4-1958.

  7. FO, 371/131962, 5-1958. 

  8. FO, 371/131963, 13-6-1958.

  9. FO, 371/131963, 20-6-1958.

  10. FO, 371/131963, 16-6-1958.

  11. FO, 371/131963, 25-7-1958. 

  12. FO, 371/131963, 24-7-1958.

  13. Ibid.

  14. The Times, 2-8-1958 en FO, 371/131963.

  15. FO, 371/131964, 24-10-1958. 

  16. FO, 371/147802, 29-8-1960, 2-9-1960, 9-9-1960 y 4-10-1960.

  17. FO, 371/147802, 17-11-1960.

  18. FO, 371/162118, 13-3-1962. 

  19. FO, 371/167880, 27-4-1963. 

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