Conclusión
El
interregno del gobierno de Guido ha recibido con bastante razón la denominación
de los “años terribles”, por su precariedad constitucional y la de su poder
para gobernar. El control que pretendieron imponer a Guido las autoridades
militares, cuando ellas a su vez desarrollaban una lucha facciosa, puso un signo
ominoso a ese tiempo.
Es
significativo que, a pesar de la posición que Frondizi había asumido respecto
de Cuba, su imagen en Estados Unidos, tanto a nivel del presidente y demás
funcionarios del gobierno, como ante la opinión pública norteamericana, no era
mala. Se reconocía en él a un gobernante democrático. El hecho de que detrás
del nuevo presidente Guido hubiera un “triunvirato militar” que tomaba las
decisiones de gobierno no fue bien visto entre los funcionarios del gobierno
norteamericano, quienes consideraron que el proceso constitucional seguido en la
Argentina cubría mal un cambio forzado por los militares. El mismo presidente
Kennedy reconoció que habría sido mejor que Frondizi permaneciera en el
gobierno a que se produjera una situación con un gobierno militar enfrentado a
una posible reacción civil. El gobierno norteamericano se debatió, sin
embargo, entre la consideración de que un rápido reconocimiento del nuevo
gobierno argentino pudiera percibirse como una señal en favor de los gobiernos
dictatoriales y el hecho de que postergarlo provocaría la alienación de los
militares argentinos, que era el sector más pronorteamericano del país
sudamericano. También existía el temor a que el caos político-social pudiera
provocar una revolución comunista. Los funcionarios norteamericanos eran
conscientes de que este espectro era enarbolado cada vez que los grupos de
derecha conversaban con gente de la embajada, y era el argumento de los
militares Colorados, pero aquéllos tampoco estaban tan seguros de su
inviabilidad como para descartarlo por completo. El reconocimiento finalmente no
demoró mucho, y evidentemente si bien no se puede decir que alentó, tampoco
puso ningún freno a la lucha facciosa y a los intentos de los grupos militares
más extremos en favor de imponer una dictadura.
Cuando
nuevamente la idea de instaurar un gobierno militar comenzó a tomar cuerpo, el
Departamento de Estado señaló que dicha acción provocaría en Estados Unidos
una reacción adversa y advirtió que no sería reconocido y que el Congreso no
votaría ningún tipo de asistencia. No obstante, el supuesto peligro de una
alianza peronista-comunista parece haber preocupado hasta tal punto al embajador
norteamericano que éste recomendó a su gobierno que pusiera dicha posibilidad
a consideración de la OTAN. Como se dijo, el gobierno de Estados Unidos prefirió
hacer consultas con las cancillerías de los países de Europa Occidental.
Por
otra parte, y como había sucedido anteriormente, las disensiones de los grupos
político-militares en la Argentina fueron trasladadas al gobierno
norteamericano. Prueba de ello fue el pedido de Krieger Vasena, Aramburu y
Manrique de que no se diera legitimidad al gobierno de Guido y se rechazara el
pedido de créditos. Cualquiera haya sido el motivo para proceder de esta
manera, no hay duda de que esta acción contribuía a complicar la situación.
También era significativa la opinión del embajador norteamericano de que el
peronismo era una fuerza disciplinada que podría canalizarse en un partido político
que participara normalmente del juego político.
En
materia de política internacional, el gobierno de Guido representó un cambio
respecto del gobierno de Frondizi. La posición en favor de Occidente fue
enunciada claramente por los dos cancilleres más importantes del gobierno de
Guido, Bonifacio del Carril y Carlos Muñiz. La decisión de participar en el
bloqueo y prestar apoyo aéreo en la crisis de los misiles sostenida por Estados
Unidos ante la Unión Soviética fue una cabal demostración de la nueva posición
adoptada y es el único antecedente de la actitud asumida posteriormente por el
gobierno de Menem en el caso de Irak.
Finalmente,
como ya se dijo, no fue poca cosa el logro de Guido de haber podido obtener la
realización de las elecciones y la entrega del poder a un gobierno presidido
por un civil. No obstante, la proscripción del peronismo era un problema grave
en la dinámica política argentina y amenazaría la gobernabilidad del sistema
y la tranquilidad social mientras no se resolviera.
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