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Uno de los problemas claves en las relaciones de la Argentina con Gran Bretaña -al igual que con Estados Unidos- fue la cuestión de la cancelación de los contratos petroleros con la empresa Shell. En 1961 se habían firmado nuevos contratos entre YPF, Shell y Esso. Estos contratos eran una renegociación de los firmados en diciembre de 1958 como resultado de los escasos resultados obtenidos en las áreas comprendidas. Se otorgaban nuevas áreas, en el caso de Shell eran 20.600 km2 en un área entre las provincias de Neuquén, La Pampa, Mendoza y Río Negro. Shell se comprometía a entregar un crédito en pesos a YPF de 10 millones de dólares en los términos del acordado con anterioridad. El crédito podría ser utilizado para financiar 30% de los productos adquiridos a YPF por Shell. La empresa estatal argentina recibiría 1.750.000 dólares como compensación por la concesión de las nuevas áreas. (1) 
    En 1963, el tema de los contratos petroleros era de suma importancia en la campaña electoral. La mayoría de los partidos políticos incluían en sus plataformas electorales la cancelación de los contratos. Los contratos se dividían en tres categorías: perforación, desarrollo y producción, y exploración y producción. El contrato de Shell pertenecía a la última categoría, que correspondía a contratos con un alto riesgo de capital, ya que lo invertido sólo se recuperaría en caso de encontrarse depósitos comercialmente explotables. Los contratos más criticados eran los de desarrollo y producción y el contrato con Esso que tenía cláusulas sobre precios muy generosas con la compañía. Las críticas se concentraban en los precios que YPF debía pagar para adquirir el crudo producido, los cuales eran considerados desorbitantes. Por otra parte, los contratos obligaban a YPF a aceptar toda la oferta de crudo, aun si esto significaba cerrar sus propias plantas productoras por exceso de oferta. Otra de las críticas era que el 60% de las sumas involucradas en los contratos debían pagarse en dólares. (2)  
    El Foreign Office solicitó al embajador en Buenos Aires, Sir George Middleton, que en su reunión con el presidente electo, Arturo Illia, le recordase que el contrato entre Shell e YPF difería de los demás contratos, en un intento por evitar la cancelación del contrato (FO, 371/ 167888, 13-8-1963). La embajada informó que en reuniones con funcionarios de la embajada de los Estados Unidos, coincidieron en que algunos de los contratos debían ser cancelados por ser contrarios a los intereses de YPF; sin embargo, era extremadamente difícil establecer un criterio justo para la cancelación o continuación de cada uno de los contratos firmados. Aun los contratos de Shell y Esso tenían ventajas únicas, ya que retenían para la compañía una participación en el mercado de consumo interno. (3)  
    El gobierno de Illia estableció un Comité para la investigación de los contratos firmados. El Comité concluyó que existían irregularidades en los contratos con Shell, Esso, Carl Loeb, Pan American International Oil y Union Oil. Las principales irregularidades eran la inexistencia de un llamado a licitación internacional, la ausencia de estudios técnicos y financieros antes de la firma de los contratos, y, luego de su firma, la ignorancia hacia el Congreso Nacional, donde los contratos no habían sido considerados. (4)  
    Finalmente, como se vio, en noviembre de 1963 el gobierno anuló los contratos petroleros firmados entre mayo de 1958 y octubre de 1963. El decreto no consideraba compensaciones a las compañías afectadas, sólo hacía referencia a restituciones, lo que cerraría la puerta a reclamos por la pérdida de futuras ganancias. Por cierto, Shell y Esso no habían sido de las más perjudicadas ya que no se había alcanzado la etapa de producción en sus áreas. Un representante de Shell recibió la garantía del presidente argentino de que las propiedades de la compañía no serían objeto de ninguna acción legal. (5) 
    El tema del petróleo apareció nuevamente en 1965 cuando el gobierno argentino intentó llegar a acuerdos con las compañías cuyos contratos habían sido cancelados en 1963. Según la lectura realizada por la embajada, la propuesta del gobierno respetaba los reclamos de las compañías por los gastos efectuados en la exploración. (6)  
    Debe hacerse notar el hecho de que, al igual que en el caso del análisis de los funcionarios norteamericanos, los miembros del gobierno británico insistían en que los problemas de la balanza comercial y de pagos de la Argentina podrían resolverse abriendo la producción petrolera a las empresas extranjeras. El avance y retroceso de Frondizi e Illia, respectivamente, en el tema petrolero constituyó un factor más que perjudicó a la Argentina, al crear una imagen de desconfianza sobre el largo plazo del país. Además agregó un renglón en la lista de “negocios inconclusos” o “inversiones perdidas” que ya existía entre la Argentina y el Reino Unido.  
    Otros dos temas interesaban a Gran Bretaña. La renovación del acuerdo de mayo de 1946 sobre regulación de los servicios aéreos entre la Argentina y Gran Bretaña se concretó en Londres el 12 de enero de 1965. (7) Respecto de la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías, en 1960 el juez de primera instancia había fallado en contra del pedido de compensación por parte de la compañía. A pesar de que la última iniciara un proceso de apelación, el gobierno británico presionó para lograr un acuerdo entre las partes. En 1964, la Cámara de Apelaciones revirtió el fallo del juez de primera instancia y determinó que el gobierno argentino era responsable por el quiebre de la compañía El gobierno apeló a la Corte Suprema que, en 1965, confirmó la sentencia de la Cámara de Apelaciones. (8)  
    Otra cuestión de la agencia bilateral que cobró relevancia durante el gobierno de Illia, y que era de mayor interés para la parte argentina, fueron las negociaciones respecto del aprovisionamiento de carnes argentinas al mercado británico. En 1962, la Junta Nacional de Carnes de la Argentina había enviado un memorándum al Committee of Inquiry into Fastock and Carcass Meat Marketing and Distribution, en el que se explicaba que la baja de los precios en el mercado británico no podía ser atribuida a las importaciones de carne argentina, sino al incremento de la producción de carne británica por el programa de subsidios implementado luego de la guerra. La baja de precios en el mercado británico fue simultánea con una disminución de las importaciones argentinas debido a contingencias climáticas adversas en el país sudamericano. En cifras, los años 1961 y 1962 representaron los menores volúmenes de exportación de carnes al Reino Unido. El memorándum resaltaba la preocupación del gobierno argentino por la posible incorporación del Reino Unido al Mercado Común Europeo y sus consecuencias para el comercio anglo-argentino. (9) 
    En 1963 comenzaron las negociaciones para reducir las importaciones de chilled beef desde la Argentina. El gobierno argentino insistía en que la solución debía encontrarse en planear las cantidades más que en aplicar restricciones. El gobierno inglés intentaba estabilizar el mercado interno. En la Argentina se sostenía que la estabilización del mercado inglés no podía alcanzarse a través de restricciones a las importaciones argentinas. El problema del mercado inglés no estaba relacionado con el comercio con la Argentina sino que era una consecuencia del programa de subsidios implementado por el gobierno británico y del aumento de importaciones de otras regiones. De todas maneras, como las cantidades de las propuestas no diferían, el gobierno argentino confirmó que las importaciones iban a estar dentro del marco de la propuesta inglesa. (10)  
    A los pocos días de asumir Illia como presidente, tuvo lugar la visita de la delegación del Instituto Británico de la Carne, entidad que agrupaba a los importadores del Reino Unido. Esta delegación visitó por espacio de diez días una serie de cabañas y estancias de las provincias del interior argentino, el mercado de carnes de Liniers y varios frigoríficos. Si bien los miembros de la delegación elogiaron en forma unánime la calidad del chilled argentino, los importadores británicos tuvieron opiniones divergentes respecto de las condiciones en que el producto llegaba a las carnicerías. Incluso algunos de ellos demostraron su preocupación por las alteraciones de temperatura que sufrían las carnes durante el proceso de comercialización, recomendando la acción combinada de exportadores e importadores para revertir éste y otros inconvenientes. (11)  
    Asimismo, por esos mismos días se concretó también la visita de una delegación británica para estudiar e intercambiar propuestas acerca del convenio de cereales con las autoridades económicas argentinas. (12)  
    Por su parte, entre los días 6 y 9 de noviembre de 1963 tuvo lugar en Buenos Aires un encuentro entre una delegación británica -integrada por el subsecretario de Agricultura, Pesca y Alimentación, D. W. Tame, funcionarios de dicho departamento y de la embajada británica en Buenos Aires- y una argentina -compuesta por el director de Política del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Santos Goñi Demarchi, y otros funcionarios de la Cancillería, la Junta Nacional de Carnes y la Secretaría de Comercio. (13) 
    Por cierto, además del problema de los subsidios a la ganadería británica y la vigencia de medidas de carácter proteccionista en el conjunto de la Comunidad Europea, que restringieron las posibilidades de colocación de las carnes argentinas, también influyó negativamente en el comercio de carnes con Gran Bretaña la necesidad interna del gobierno radical de mantener un nivel de consumo interno adecuado, lo cual lo obligó tanto a fijar precios máximos para las carnes como topes en los volúmenes de exportaciones de dicho producto, para evitar el desabastecimiento. Así, a principios de febrero de 1964, el Ejecutivo fijó por decreto dos topes para la carne que se exportaba con destino al Reino Unido: un tope de 6.000 toneladas para las ventas de carne vacuna congelada y uno de 23.000 toneladas para las de carne vacuna enfriada. (14)  
    Por otra parte, en 1964 nuevamente el tema de la consolidación de deudas se convirtió en uno de los asuntos claves de la relación anglo-argentina. El objetivo del gobierno argentino era convertir el endeudamiento de corto plazo en un endeudamiento de largo plazo. (15) La propuesta argentina de refinanciación contemplaba 330 millones de pesos que vencían en 1965 y 1966, de los cuales sólo 30 millones de pesos era endeudamiento con el Reino Unido. En esta época las relaciones anglo-argentinas estaban dominadas por el tema de las islas Malvinas, la cancelación del contrato con Shell, el reclamo por la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías, y el pedido de aumentar las exportaciones de carne. (16) La posición del Reino Unido era no negociar ningún refinanciamiento hasta tanto la Argentina comenzara negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Una vez que las negociaciones con el FMI mostraran un progreso significativo, se podría establecer un mínimo compromiso para extender los acuerdos de 1963 a los primeros seis meses de 1965. Si existía un acuerdo con el Fondo, se podrían establecer compromisos de largo plazo como, por ejemplo, alargar los plazos hasta finales de 1966. (17)  
    En octubre de 1965, la deuda argentina con el Reino Unido ascendía a 84 millones de libras correspondientes a los refinanciamientos establecidos desde 1957. A principios de ese año, se había negociado un refinanciamiento del 60% de las cuotas de 1965, llevando el plazo a 1968-1972, pero este acuerdo había sido sujeto al desarrollo del caso de la cancelación de los contratos con Shell. (18)  
    En septiembre de 1965 se negoció un nuevo acuerdo de refinanciamiento, (19) que establecía lo siguiente: 

(...) Considerando que el gobierno del Reino Unido desea unirse a otros gobiernos de Europa Occidental y a los gobiernos de Japón y los Estados Unidos para suministrar ayuda a la Argentina por medio de la refinanciación de las deudas comerciales a mediano plazo de la Argentina con el fin de prestar su cooperación al gobierno Argentino para que pueda disponer del monto total de divisas necesario para hacer frente a todas las obligaciones que vencen entre el 1ero de enero de 1965 y el 31 de diciembre de 1965.
(...) El gobierno del Reino Unido pondrá a disposición del gobierno argentino un préstamo por un monto máximo de 3.500.000 libras (denominado el préstamo de refinanciación) a fin de prestar su cooperación al gobierno argentino para que pueda disponer del monto total de las divisas necesarias para hacer frente a los pagos que vencen entre el 1ero de enero de 1965 y el 31 de diciembre de 1965, ambas fechas inclusive, con el gobierno del Reino Unido, personas o sociedades anónimas residentes en el Reino Unido.
El préstamo de refinanciación constituirá la ayuda financiera que suministrará el gobierno del Reino Unido con respecto al 60 por ciento de las cuotas de capital sobre las deudas comerciales a mediano plazo reconocidas que vencían durante 1965 y pagadas durantes ese año, hasta el 31 de marzo de 1966 inclusive.
El préstamo será abonado en cuotas al gobierno Argentino contra evidencia de los pagos realizados a los acreedores correspondientes. Las cuotas se abonarán mensualmente comenzando un mes después de la fecha de este Convenio y finalizando tres meses después de la fecha del presente Convenio, con un pago final dentro de los cinco meses desde la fecha del presente.
El gobierno argentino deberá rembolsar al gobierno del Reino Unido las sumas adelantadas según el Préstamo de Refinanciación (...) en veinte cuotas trimestrales consecutivas, el 31 de enero, 30 de abril, 31 de julio, y 31 de octubre de cada año, comenzando el 31 de enero de 1968, los montos totales se rembolsarán anualmente como sigue:

Valores Porcentuales

1968

15

1969

20

1970

20

1971

20

1972

25

El acuerdo se firmó y entró en vigencia el 16 de septiembre de 1965.  
    A comienzos de 1966, el Board of Trade analizó las líneas a seguir con países como la Argentina por el déficit en la balanza comercial. Se intentaba presionar a los países para que facilitaran la entrada de productos británicos. Se reconocía que en el caso de la Argentina no existía discriminación contra los productos británicos. Sin embargo, se consideraba que el gobierno podría promover con mayor énfasis los productos británicos como, por ejemplo, la compra de aviones VC 10 para Aerolíneas Argentinas. Existían otros obstáculos en la relación como, por ejemplo, los temas no resueltos respecto de la cancelación de los contratos petroleros o de la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina. Se analizaba la posibilidad de reemplazar las compras de carne argentina con compras en Rumania, país que abriría su mercado a productos británicos. (20)  
    Sin embargo, el Foreign Office insistía en mantener buenas relaciones con la Argentina. Consideraba que era esencial para Gran Bretaña mantener una presencia activa en los mercados latinoamericanos. Por esto, insistía en que el Export Credits Guarantee Department (ECGD) debía garantizar el 90% del monto de los contratos por bienes de capital en la Argentina. En ese momento, el ECGD cubría sólo un 75% del monto. Esta diferencia de 15% había dificultado la firma de contratos en los últimos 18 meses. (21)  
    El siguiente cuadro sintetiza la evolución de la relación comercial anglo-argentina en el período 1955-1965. Se incluye también el comercio con los Estados Unidos como un parámetro para la comparación.

Comercio exterior argentino con los Estados Unidos e Inglaterra
(millones de dólares a precios corrientes)

  Importaciones Exportaciones
 

Desde
Inglaterra

Desde
EEUU
Total Total Hacia
EEUU
Hacia
Inglaterra
1955 76 154 1173 929 118 201
1956 53 230 1128 944 118 212
1957 101 307 1310 975 112 237
1958 102 203 1233 994 128 237
1959 90 191 993 1009 107 235
1960 113 327 1249 1079 91 221
1961 140 383 1460 964 84 174
1962 119 396 1357 1216 88 204
1963 78 242 981 1365 150 200
1964 81 255 1077 1410 91 154
1965 73 273 1198 1493 93 153
Fuente: Lewis, C. (1975) Anglo-Argentine Trade, 1945-1965, en Rock, D. (1975) Argentina in the Twentieth Century (University of Pittsburgh Press).

 

Comercio exterior argentino
(porcentajes)

  Importaciones Exportaciones
  Desde
Inglaterra
Desde
EEUU
Hacia
Inglaterra
Hacia
EEUU
1955 6.47 13.12 21.63 12.70
1956 4.69 20.39 22.45 12.50
1957 7.70 23.43 24.30 11.48
1958 8.27 16.46 23.84 12.87
1959 9.06 19.23 23.71 10.60
1960 9.04 26.18 20.48 8.43
1961 9.58 26.23 18.04 8.71
1962 8.76 29.18 16.77 7.23
1963 7.95 24.66 14.65 10.98
1964 7.52 23.67 10.92 6.45
1965 6.09 22.78 10.24 6.22
Fuente: Elaboración propia en base a datos de Lewis (1975).

En los diez años analizados las importaciones desde el Reino Unido nunca superaron el 10% de las importaciones totales, mientras que, desde los Estados Unidos superaron ampliamente el 20% en ocho de los años analizados. Desde la firma del acuerdo multilateral, las importaciones desde Inglaterra aumentaron, mientras disminuyeron las exportaciones. Las exportaciones hacia Inglaterra decrecieron significativamente. Teniendo en cuenta que el total de las exportaciones aumentó un 62,2%, la participación inglesa cayó 11,39 puntos. La participación de los Estados Unidos también decreció, pero sólo 6,48 puntos. Por su parte, las importaciones inglesas a pesar de haber alcanzado una participación cercana al 10%, en 1965 representaban el mismo porcentaje que en 1955. Las importaciones norteamericanas aumentaron 9,66 puntos en el período analizado. El cuadro demuestra que el comercio con Inglaterra perdió gradualmente importancia en los años analizados. A partir de 1959 las exportaciones a Inglaterra disminuyeron significativamente. Es necesario destacar que en 1958 existió en el seno del gobierno británico una discusión sobre la posibilidad de disminuir gradualmente las importaciones de carne argentina.
   
El cuadro demuestra, asimismo, el desequilibrio existente en el comercio anglo-argentino. Mientras las importaciones desde Inglaterra no superaron el 10%, las exportaciones hacia Inglaterra llegan a alcanzar el 29%. Este era uno de los factores más importantes en el comercio anglo-argentino y fue, sin duda, una de las razones por las cuales el comercio se modificó. En 1965 el desequilibrio no era tan pronunciado.  
    En el caso de los vínculos con España, se destacó, a principios de junio de 1964, la firma de un acta que puso término a las deliberaciones llevadas a cabo en Buenos Aires por parte de la comisión mixta hispano-argentina, entidad que había sido creada por convenio el 4 de julio de 1963. Dicha acta establecía los siguientes objetivos: a) posibilitar una mayor cooperación económica bilateral, que superara el ámbito estrictamente mercantil para alcanzar cuestiones de cooperación técnica; b) establecer una secretaría permanente para el intercambio de información e iniciativas entre ambos países; c) crear empresas mixtas; d) fijar Madrid como sede para una próxima reunión de la comisión mixta; y e) establecer la primera quincena de mayo de 1965 como fecha tentativa de dicha reunión. (22) 
    Asimismo, el 13 de abril de 1965, el presidente de la Junta Nacional de Carnes, Adalberto Reynal O’ Connor, suscribió un acuerdo comercial con España por el cual las autoridades hispanas se comprometían a adquirir 31.000 toneladas de carne enfriada y congelada en el período comprendido entre mayo y diciembre de 1965. (23)  
    En diciembre de ese mismo año, una misión comercial española viajó a Buenos Aires e intentó cerrar un acuerdo sobre carnes y otros ítems de intercambio, con el objetivo de revertir el desequilibrio comercial, favorable en ese momento a la Argentina. Pero a las diferencias en torno de los precios de las carnes, se sumó una dificultad presente en otro rubro de intercambio: la negativa argentina a otorgar a los libros importados de España las mismas facilidades arancelarias que gozaban los libros argentinos en el mercado hispano. Estos factores pospusieron la firma del convenio sobre carnes con España. (24)  
    Como en el caso de las relaciones con España, un aspecto importante de los vínculos con Italia fue el comercial, y, dentro de este aspecto, la cuestión de las carnes y otros productos primarios argentinos, en el contexto del creciente proteccionismo de la Comunidad Económica Europea. En este ámbito se destacó, la visita a Buenos Aires, entre los días 22 y el 24 de octubre de 1963, del ministro de Comercio Exterior de Italia, senador Giusseppe Trabucchi, cuyo objetivo era el de acordar con las autoridades argentinas el envío de 30.000 toneladas de carne tipo congelado. (25)  
    Posteriormente, en junio de 1965, el entonces secretario interino de Comercio argentino, Alfredo Concepción, firmó con el consejero comercial de la embajada de Italia, Domenico Toppani, un acuerdo comercial, que establecía la compra de trigo candeal argentino por un valor de 13 millones de dólares, o, en su defecto, de trigo pan, aceite de lino, algodón, cueros, subproductos oleaginosos y de molienda. Estas compras serían abonadas mediante aperturas de créditos documentarios utilizables contra entrega de documentos de embarque en Buenos Aires. Por su parte, por este acuerdo la Argentina se comprometía a importar productos italianos como aluminio en lingotes, parte de material rodante ferroviario, máquinas de oficinas, máquinas-herramientas pesadas y semipesadas no fabricadas en la Argentina, y equipos e instalaciones para la industria petrolera. (26)  
    En el ámbito de las relaciones políticas bilaterales, cabe resaltar, durante la visita del senador y ministro de Comercio de Italia, Giuseppe Médici, a Buenos Aires en febrero de 1965, la firma de un convenio de cooperación nuclear entre la Comisión Nacional de Energía Atómica de la Argentina (CNEA) y el Comité Nacional de Energía Nuclear de la República de Italia. (27) 
    Otro hecho destacado fue, a mediados de septiembre de 1965, la visita del presidente italiano, Giuseppe Saragat, a la Argentina, cuyo resultado más importante fue la difusión de un comunicado conjunto, donde Saragat e Illia reafirmaban una serie de principios que hacían a la ”tradición cultural común” de la Argentina e Italia, tales como la democracia, la libertad, el desarrollo económico y social, la convivencia pacífica y el respeto mutuo de las naciones. Asimismo, ambos mandatarios convinieron en dar impulso a la integración latinoamericana y alentar las relaciones con las diferentes comunidades europeas y americanas. En el plano estrictamente bilateral, se registraron pocos avances sustantivos en materia económica. En su declaración conjunta, Illia y Saragat se limitaron a coincidir en la necesidad de ampliar la cooperación económica, técnica y financiera entre ambos países. (28) 
   
Respecto de las relaciones con la Santa Sede, se destacaron la continuación de las  negociaciones para suscribir un acuerdo, iniciadas durante la gestión de Frondizi. Tras largas negociaciones, el canciller Zavala Ortiz y el nuncio apostólico, monseñor Humberto Mozzoni, llegaron a un acuerdo, cuya firma, pautada para fines de junio de 1966, debió ser postergada por el golpe que precisamente derrocó a Illia. Poco tiempo después, el canciller del gobierno de Onganía, Nicanor Costa Méndez, firmó este acuerdo con el Vaticano, que eliminó el anacrónico sistema del Patronato. Este sistema, heredado de la época colonial obligaba a la Iglesia Católica a someter los nombramientos de los prelados y otras resoluciones a la aprobación previa del gobierno, requisito que la colocaba en situación de desventaja respecto de otras religiones, que no tenían estas trabas. (29)  
    A principios de octubre de 1964 el presidente de Francia, general Charles de Gaulle, visitó la Argentina. En dicha oportunidad, el primer mandatario radical pronunció un discurso en el que depositaba su esperanza en el respaldo francés a los principios cepalino-desarrollistas expresados en las conferencias de Alta Gracia y Ginebra:

(...) La política internacional que durante siglos buscó el equilibrio en la extrapolación de fuerzas, lográndolo sólo transitoriamente, hoy busca el equilibrio de la justicia.
Para alcanzar esa justicia es menester que el crecimiento de unos países no lo sea a expensas o en detrimento, de otros.
(...) Dos tercios de la población del mundo aguarda las respuestas a los principios que América Latina enunció solidariamente en Alta Gracia y que en Ginebra encontraron la coincidencia de setenta y siete países. Por lo que tradicionalmente ha sido Francia, por lo que es Francia, nosotros esperamos que seguirá acrecentándose el apoyo francés a esa gran causa: así resulta concretamente, por otra parte, del informe Jeanneney (...).

Por su parte, de Gaulle respondió a las palabras de Illia, con un mensaje en el que resaltó la necesidad de “(...) armonizar más estrechamente nuestras políticas para lograr juntos, en el exterior, objetivos idénticos (...)”. (30)  
    Un resultado de la visita de de Gaulle fue la firma de una serie de acuerdos de cooperación cultural y tecnológica. (31) Pero lo más relevante de la presencia del mandatario francés en la Argentina fue, debido a su impacto inmediato, la utilización de esta visita para fines de política interna. En este sentido, vale apuntar que tanto las filas del partido oficialista como las de la oposición procuraron capitalizar a su favor la presencia en la Argentina de una figura tan ideológicamente emblemática como la de de Gaulle. El presidente Illia recibió a de Gaulle en Ezeiza para darle la bienvenida y el intendente de Buenos Aires entregó al primer mandatario francés las llaves de la ciudad. Incluso se adoptaron medidas de seguridad para evitar la acción de perturbadores, especialmente de peronistas. Por el lado de la oposición, se destacaron las abundantes manifestaciones de los seguidores de Perón que, siguiendo directivas de su líder, no dejaron pasar ninguna oportunidad para hacerse oír a través de gritos, banderas y de la entonación de la marcha peronista. Así, grupos peronistas dieron la bienvenida al mandatario francés al canto de “Perón-de Gaulle, un solo corazón!” y “Perón-de Gaulle-Tercera Posición”. (32)  
    A su vez, estas manifestaciones callejeras de los grupos peronistas recibieron la réplica de un grupo de 50 jóvenes pertenecientes al Movimiento Juvenil de Agitación de Lucha de la UCRP, con vivas a Illia y a de Gaulle. Estas manifestaciones obligaron al gobierno a adoptar medidas de seguridad para recibir al primer mandatario francés. Durante la presencia de Gaulle en Córdoba se registraron enfrentamientos entre la policía y manifestantes peronistas, con un saldo de 29 heridos y la detención de dirigentes gremiales -entre ellos Augusto Vandor-, factor que motivó un comunicado de repudio de la Confederación General del Trabajo (CGT). (33) 
    Las medidas de seguridad adoptadas irritaron a de Gaulle, quien se sintió molesto por la -en su opinión- indiferente actitud del pueblo argentino y a la vez por los repetidos esfuerzos del gobierno para aislarlo del contacto directo con dicho pueblo. Como era obvio de esperar, la versión otorgada por el canciller argentino Zavala Ortiz no coincidió con este sentimiento de disgusto del presidente francés. (34)  
    Asimismo, entre el 4 y el 7 de mayo de 1964 tuvo lugar la visita a la Argentina del presidente de la República Federal Alemana, Heinrich Luebke. La expectativa del gobierno argentino -y muy especialmente de la Cancillería y del equipo económico- respecto de esta visita era obtener de los gobiernos de Alemania y Francia los fondos necesarios para alimentar el plan de desarrollo económico, a fin de compensar la caída de la ayuda material norteamericana -producto a su vez de la anulación de los contratos petroleros y la no renovación de un acuerdo de garantías para las inversiones extranjeras. Pero las expectativas del gobierno radical chocaron con el crudo realismo de la posición germana. El mensaje de Luebke era que Alemania sólo podía aspirar a ser un complemento de la ayuda norteamericana, pero no podía reemplazarla. Asimismo, el mandatario alemán advirtió a Illia que el gobierno alemán no podía determinar las decisiones de los inversores respecto de dirigir o no sus capitales al mercado argentino. Además, las inversiones se manejarían en función de dos variables claves de la política económica que, por cierto, constituyeron dos asignaturas pendientes del gobierno de Illia: el control de cambios y las garantías a los inversores extranjeros. (35)
   
Ante esta evidencia, el resultado de la visita se limitó a un conjunto de expresiones retóricas de buena voluntad bilateral, volcadas en la declaración conjunta que efectuaron los mandatarios argentino y germano. En dicha declaración, ambos coincidieron acerca de la necesidad de fomentar la cooperación económica bilateral, y de incrementar los flujos de intercambio comercial. Asimismo, los presidentes Illia y Luebke subrayaron la necesidad de constituir en el futuro una comisión mixta con el fin de estudiar las cuestiones vinculadas con el conjunto de las relaciones económicas bilaterales. (36) 
   
Otro mensaje crudamente realista para el gobierno radical, similar al enviado por Luebke, había provenido poco tiempo antes de parte del banquero Hermann Abs, presidente del Deutsche Bank, el Kreditanstaalt für Wiederautau y una veintena de empresas alemanas de la importancia de Daimler Benz, quien visitó Buenos Aires en la segunda quincena de abril de 1964. Abs, integrante de la APPI (Asociación para la Promoción y Protección de las Inversiones Privadas en países extranjeros), advirtió a Illia que la Argentina estaba dejando de reunir las condiciones de seguridad que requerían las inversiones de capital. Para colmo de males, durante la presencia de Abs en Buenos Aires, tuvo lugar la sanción, por parte de las autoridades económicas argentinas, de una serie de normas que afectaban el giro de utilidades al exterior. Por cierto, esto contribuyó a fortalecer la imagen negativa que el banquero alemán tenía de la realidad económica local. (37)
   
Por cierto, un tardío -y por ello inefectivo intento- de fortalecer las relaciones económicas entre ambos países fue la firma, a principios de marzo de 1966, de un acuerdo de cooperación técnica y económica entre el canciller argentino Zavala Ortiz y el embajador alemán Ernst Gunther Mohr, por el cual ambas partes declararon mutuamente su compromiso con el objetivo de fomentar el desarrollo técnico-económico de los respectivos países. (38)

  1. FO, 371/155867, 29-8-1961. 

  2. FO, 371/167888, 13-8-1963. 

  3. FO, 371/167888, 13-8-1963 y 23-8-1963. 

  4. FO, 371/167888, 10-10-1963. 

  5. FO, 371/167889, 16-11-1963 y 17-11-1963. 

  6. FO, 371/179245, 11-5-1965.

  7. Ver Illia al Congreso de la Nación, Buenos Aires, 13 de mayo de 1965, fuente citada en Cámara de Diputados de la Nación, Reunión 7º, Junio 3 de 1965, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación año 1965, Tomo I, op. cit., pp. 333-334.

  8. FO, 371/147814, 3-6-1960; FO, 371/173747, 14-5-1964; FO, 371/179243, 7-10-1965.

  9. FO, 371/162118, 13-3-1962. 

  10. FO, 371/167880, 27-4-1963. 

  11. La delegación del Instituto Británico de la Carne estaba integrada, entre muchos otros, por el presidente y vicepresidente de la entidad, señores E. Shepherd y teniente coronel G. N. Blair; por el secretario del organismo, A. V. Pettit; y por carniceros de, entre otras localidades del Reino Unido, Monthmouth, Surrey, Lancashire, Essex, Londres, Birmingham, Gran Londres, Peebles y Suffolk. Ver al respecto los editoriales ”Visita de un grupo de miembros del Instituto Británico de la Carne”, La Nación, 22 de octubre de 1963, p. 12; “Asistieron a tareas de nuestra ganadería los carniceros británicos”, La Nación, 24 de octubre de 1963, p. 5;  y “Es indiscutible la calidad del “chilled” de Argentina”, La Nación, 31 de octubre de 1963, p. 8.

  12. La delegación británica estuvo integrada por el subsecretario del Ministerio de Agricultura, Pesquería y Alimentación, B.C. Engholm; por R.P. Askow, funcionario perteneciente al mismo departamento; y por T.E. Rogers y C. G. Wallece, de la representación diplomática británica acreditada en Buenos Aires. Por el lado argentino, sus representantes fueron el presidente de la Junta Nacional de Granos, Luis Perazzo; el funcionario de la Dirección Nacional de Comercio Exterior, Leonardo Vartalitis; el consejero y director interino de Asuntos Económicos Paulino D.A. Mussachio; y otros funcionarios pertenecientes a la Junta Nacional de Granos y a la Cancillería. “La reunión con los británicos sobre cereales”, La Nación, 24 de octubre de 1963, p. 3.

  13. “Carnes: concluyeron las reuniones argentino-británicas”, Clarín, 9 de noviembre de 1963, p. 8.

  14. Nuevas cuotas de carne para el Reino Unido”, La Nación, 4 de febrero de 1964, p. 3.

  15. FO, 371/173733, 1-4-1964.

  16. FO, 371/179226, 29-3-1965.

  17. FO, 371/179226, 17-6-1965.

  18. FO, 371/179227, 22-10-1965.

  19. FO, 371/184653, 5-9-1965.

  20. FO, 371/184654, 27-1-1966. 

  21. FO, 371/184654, 8-11-1966.

  22. “Realizóse ayer la primera reunión de la Comisión Mixta Hispano Argentina”, La Prensa, 2 de junio de 1964, p. 5 y ”España y la Argentina. Madrid será sede de las próximas reuniones”, Clarín, 7 de junio de 1964, p. 12.

  23. “Acuerdo para la exportación de carnes a España”, La Nación, 14 de abril de 1965, p. 1.

  24. “Para suscribir el acuerdo con España habría dificultades”, La Nación, 22 de diciembre de 1965, p. 20; “No fue firmado el nuevo convenio de carnes con España”, La Nación, 23 de diciembre de 1965, p. 3; y “El convenio con España”, La Nación, 4 de enero de 1966, p. 6.

  25. “Llegó el ministro italiano Giusseppe Trabucchi. Carnes: Exportación de 30.000 toneladas”, Clarín, 23 de octubre de 1963, p. 11; “Viene una delegación de la Federación de Carniceros de Italia. Confirmado: Gestionan la exportación de 30 mil toneladas de carne congelada”, Clarín, 26 de octubre de 1963, p. 7.

  26. Ver texto del acuerdo comercial con Italia, cit. en La Nación, 17 de junio de 1965, pp. 1 y 16. Asimismo ver editorial “Acuerdo comercial con Italia”, La Nación, 1º de julio de 1965, p. 6.

  27. “Entre nuestro país e Italia se firmó un acuerdo nuclear”, La Nación, 18 de febrero de 1965, pp. 1 y 16.

  28. “Coincidencia en la acción bilateral e internacional entre los dos países”, La Nación, 18 de septiembre de 1965, pp. 1 y 16.

  29. Ver al respecto los trabajos de Miguel Angel Zavala Ortiz, “Política exterior argentina en el período comprendido entre el 12 de octubre de 1963 y el 27 de junio de 1966 (segunda parte)”, en Revista Argentina de Relaciones Internacionales, Buenos Aires, CEINAR, Nº 5, mayo-agosto 1976, pp. 5-10. Ver también A.E. Castello, op. cit., pp. 287-288, y L. García del Solar, op. cit., p. 200.

  30. Textos de los discursos de los presidentes Illia y de Gaulle del 4 de octubre de 1964, citados en La Nación, 5 de octubre de 1964, p. 16. 

  31. Texto de los acuerdos de cooperación cultural y de cooperación científica y tecnológica, citados en La Prensa, 4 de octubre de 1964, pp. 8 y 8.

  32. Sobre las medidas de seguridad del gobierno y la actitud de los peronistas durante la visita de de Gaulle ver J. Page, op. cit., pp. 157-158; P. Sánchez, op. cit., pp. 61-63, y A.E. Castello, op. cit., pp. 132-134. De acuerdo con las declaraciones de un diplomático francés a la embajada de Estados Unidos en París citadas por el historiador norteamericano Joseph Page, el mandatario francés calificó como “ridículo” la estrategia oportunista de Perón y sus seguidores de “colgarse de la cola del avión de de Gaulle en temas del Tercer Mundo”. Embajada de Estados Unidos (París) al secretario de Estado, septiembre 19, 1964, fuente citada por J. Page, op. cit., p. 324, nota 32. Ver también respecto de las medidas de seguridad adoptadas el editorial “Dispusiéronse honores militares para la visita del General de Gaulle. La policía secuestró propaganda destinada a “interferir o perturbar” los actos organizadores”, La Prensa, 1º de octubre de 1964, p. 9.

  33. El comunicado de repudio de la CGT decía: “Esta campaña maquiavélica y criminalmente orquestada ha culminado con la inaudita, intempestiva y sangrienta represión material, espiritual y moral, concretada en el homenaje al general De Gaulle. La CGT repudia este nuevo y vandálico atentado contra el indefenso pueblo”. Texto del comunicado de la CGT en P. Sánchez, op. cit., p. 62. Ver también A.E. Castello, op. cit., pp. 134-136 y editoriales “Grupos peronistas dieron motivo a varios incidentes”, La Nación, 4 de octubre de 1964, p. 8; “Provocaron desórdenes grupos que expresaban su adhesión al ex tirano. Hubo agresión y detúvose a varias personas”, La Prensa, 4 de octubre de 1964, p. 18; y “Mucho público presenció la llegada del General de Gaulle a la ciudad de Córdoba. Adictos a la tiranía provocaron diversos incidentes”, La Prensa, 7 de octubre de 1964, pp. 1 y 5. 

  34. Ante la pregunta de los periodistas sobre cuál había sido la reacción de de Gaulle a las manifestaciones peronistas, Zavala Ortiz sostuvo que

    El General de Gaulle observaba con gran curiosidad las actitudes, la bullanguería de esas manifestaciones que se hicieron en la Capital, en la plaza Francia, y después en Córdoba cuando fue allá, inclusive él a veces creía escuchar que ese coro que decía “Perón” decía “De Gaulle”. Fonéticamente y a la distancia podía existir la confusión y la tomaba, creyéndose vivado y victoreado, con alegría, simpatía y agradecimiento. Pero, aclaradas las cosas, le satisfizo que acá en la Argentina el pueblo pudiera hacer manifestaciones de ese tipo sin que el gobierno las persiguiera e impidiese por algún acto de fuerza.

    A.E. Castello, op. cit., p. 136, nota 3.

  35. Ibid., pp. 103-104. Ver también los editoriales “Visitantes. Alemania no hará lo que no puede”, Primera Plana, Nº 76, 21 de abril de 1964, p. 8 y “El país. Nuevas situaciones y nuevas críticas”, Primera Plana, Nº 79, 12 de mayo de 1964, p. 5.

  36. Texto de la declaración conjunta argentino-alemana en Clarín, 7 de mayo de 1964, p. 12,y La Nación, 7 de mayo de 1964, pp. 1 y 4. Ver también editorial “Los frutos de una visita”, La Nación, 8 de mayo de 1964, p. 6, en el que el matutino, criticando el estatismo del gobierno de Illia, subraya la necesidad de seguir el ejemplo de libertad económica del gobierno alemán, factor clave de su crecimiento económico.

  37. “Inversiones. Desagrado en la banca mundial”, Primera Plana, Nº 76, 21 de abril de 1964, p. 52, y “El país. Nuevas situaciones y nuevas críticas”, op. cit.

  38. “Ayuda técnica y económica de la Argentina y Alemania Oeste. El acuerdo firmado ayer fija esos objetivos”, Clarín, 2 de marzo de 1966, p. 14.

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