Las relaciones con América Latina
Las
relaciones con Chile
En
las relaciones argentino-chilenas se actualizaron dos importantes diferendos
limítrofes: el de la zona de Río Encuentro o Palena, una herencia del gobierno
de Frondizi; y el diferendo en el canal de Beagle, un legado de carácter más
antiguo. Un tercer factor de perturbación fueron las versiones acerca de un
supuesto pacto militar a nivel de las cúpulas castrenses de la Argentina y
Brasil, que alimentaba viejos fantasmas de hipótesis de conflicto en las mentes
de los militares y otros sectores nacionalistas chilenos.
Tanto
el presidente Illia como su canciller Zavala Ortiz no estaban conformes con los
“Pactos del Sesenta” firmados el 12 de junio de 1960 como corolario del
acuerdo suscripto en marzo de ese mismo año por los entonces presidentes Arturo
Frondizi y Jorge Alessandri. Estos acuerdos establecían el arbitraje de la
Corona Británica en la región de Río Encuentro; la división del canal de
Beagle por la línea media; el otorgamiento de la isla Lennox e islotes
adyacentes a Chile; el sometimiento de la soberanía de las islas Nueva y Picton
y otros islotes a la Corte Internacional de Justicia de La Haya; un Acta
Adicional al Protocolo del 16 de abril de 1941 sobre revisión, reposición y
densificación de hitos; y un Convenio de Navegación en los Canales Fueguinos.
El presidente chileno, Eduardo Frei, al notar el poco entusiasmo del gobierno de
Illia con los pactos firmados durante la gestión de Frondizi, decidió
retirarlos del Senado trasandino donde esperaban su ratificación. Por su parte,
Illia y Zavala Ortiz prefirieron la vía bilateral para la solución del
diferendo y no el camino arbitral. (1)
Pero
el camino de la solución política a través de ambos gobiernos no estuvo
exento de obstáculos. El gobierno de Illia debió ocuparse de las consecuencias
de un incidente ocurrido durante el gobierno anterior, en septiembre de 1963,
cuando el personal de la gendarmería argentina decidió colocar un alambrado en
Valle Hondo, al este del cerro de la Virgen, en la zona llamada por los
argentinos de Río Encuentro y por los chilenos del Palena. Este alambrado fue
colocado con el supuesto objetivo de evitar el contrabando de ganado hacia
territorio chileno, según las denuncias efectuadas por hombres de campo
argentinos. Como era de esperarse, el hecho motivó del lado chileno protestas
diplomáticas, acusaciones de expansionismo hacia el ejército argentino, y
obstáculos económicos para el ingreso de productos argentinos en Chile, que
fueron desplazados por brasileños. (2)
A
pocos días de instalado Illia en el cargo presidencial, el 30 de octubre de
1963, el nuevo gobierno respondió a la denuncia efectuada el 26 de septiembre
por las autoridades de Santiago respecto de la colocación del alambrado en las
inmediaciones del paralelo del cerro de la Virgen. Según la denuncia
trasandina, este paraje estaba en territorio perteneciente a Chile. A su vez, la
nota de respuesta argentina del 30 de octubre señalaba que el alambrado estaba
“en zona argentina incuestionable, por estar comprendida dentro de la
demarcación hecha en 1955 por la Comisión Mixta”. Asimismo, la nota
argentina denunciaba el corte del alambrado efectuado en forma unilateral por
fuerzas chilenas el 8 de octubre, las incursiones de personas arreando ganado
con custodia de carabineros chilenos “dentro de territorio incuestionablemente
argentino” y la instalación de carabineros trasandinos en la zona litigiosa
comprendida entre el cerro de la Virgen y el lugar de la confluencia de los
ríos Encuentro y Engaño. La nota concluía con la promesa del gobierno de
Illia de retirar el alambrado pero “sin renunciamiento a los derechos
soberanos de la Argentina” y subrayaba la voluntad de la gestión radical de
“resolver todos los problemas del pasado”. (3) Cumpliendo con la promesa
efectuada, a principios de noviembre Illia ordenó el levantamiento del
alambrado, como un gesto de buena voluntad hacia el gobierno chileno. (4)
Tras
la reunión de la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (CECLA) en
Alta Gracia, entre marzo y abril de 1964, donde los cancilleres de la Argentina
y Chile ratificaron su deseo de solucionar por vía pacífica el litigio
limítrofe, tuvo lugar un nuevo incidente en la zona de Palena o Río Encuentro.
En esta oportunidad, el conflicto fue provocado por la acumulación de
materiales por parte de la gendarmería argentina para aprovechar una caída de
agua y proveer de luz eléctrica a la región del Valle Hondo, la misma donde se
colocara el polémico alambrado que Illia ordenó retirar. Al obligar a dos
periodistas chilenos a retirarse de la zona, la gendarmería argentina hizo
estallar un conflicto diplomático, expresado en una serie de notas de protesta
chilenas y réplicas argentinas. (5)
Por
cierto, estos incidentes
poco contribuyeron a allanar el camino para una solución bilateral directa, que
era la opción que privilegiaba la Cancillería argentina. Finalmente, y a pesar
de los esfuerzos diplomáticos argentinos por llegar a un acuerdo directo, la
Cancillería trasandina decidió el 24 de agosto de 1964 elevar en forma
unilateral el caso al arbitraje de la reina Isabel II de Inglaterra. (6) El
gobierno argentino terminó aceptando la mediación británica, como un gesto de
buena voluntad hacia las autoridades chilenas. Así, en una nota del 13 de
septiembre de 1964 el gobierno de Illia sostuvo que
Argentina
no se opondrá, en este caso, a lo que (el árbitro) haga dentro de las
atribuciones regladas por el Tratado General de Arbitraje de 1902. En tal
sentido debo recordarle que mi gobierno considera que hubo arreglo entre las
partes, de acuerdo al Acta Nº 55, del 1º de noviembre de 1955, de la Comisión
Mixta Argentino-Chilena, en lo referente a la línea de frontera comprendida, en
un sector, entre el hito 16 y la confluencia de los ríos Falso Engaño y
Encuentro y, en otro sector, entre el Cerro de la Virgen y el hito 17 en la
margen norte del Lago General Paz. En consecuencia, en lo referente a esos
sectores habrá que estar a lo que dispone el artículo 2º del Tratado de 1902,
cuando dice: “No pueden renovarse en virtud de este Tratado las cuestiones que
hayan sido objeto de arreglos definitivos entre las partes.(...) (7)
Como
era de esperarse, la aceptación de la mediación británica por parte de las
autoridades argentinas, como un gesto de acercamiento a Santiago, cayó mal en
los bloques de los partidos de la oposición en el Congreso, que interpretaron
este paso como una señal de concesión o debilidad del gobierno de Illia. Así,
los diputados socialistas Emilio Carreira y Ramón A. Muñiz presentaron junto
con otros un proyecto de resolución expresando su oposición a la actuación de
la reina británica como mediador en el conflicto limítrofe argentino-chileno
en los siguientes términos:
(...)
Es difícil si no imposible explicarse la dualidad de conducta de nuestro
gobierno. Por un lado reclama respecto de la medida usurpadora contra el
gobierno inglés, al cual ha puesto pleito y por el otro lo acepta o propone
como árbitro para que decida en juicios arbitrales sobre los intereses que se
vinculan a nuestro suelo, pretendido por otro país.
No podemos disimular la conducta del gobierno británico al tomar en sus manos
aquellos pleitos sabiendo que, a su vez, está demandado por una de las partes.
Nos parece que enfrentamos un caso de posible prevaricato internacional que
estamos en el deber de denunciar e impedir. (8)
Ante
los inconvenientes, el 6 de noviembre los cancilleres Miguel Angel Zavala Ortiz
y Gabriel Valdés firmaron una declaración conjunta argentino-chilena, en la
que ambos gobiernos se comprometían a iniciar conversaciones con el fin de
someter el litigio limítrofe a la Corte Internacional de Justicia. (9) No
obstante la aceptación argentina de la vía multilateral, según el testimonio
de Zavala Ortiz, hasta el momento del golpe que derrocara al gobierno radical,
una misión diplomática argentina buscó en Chile la solución bilateral
directa, a través de un contacto entre las marinas de ambos países. (10)
Un
nuevo momento de tensión en las relaciones entre ambos países se produjo
cuando el gobierno de Illia estableció por decreto el 22 de febrero de 1964
como el Día de la Antártida -en conmemoración de la instalación en esa fecha
de 1904 del primer observatorio magnético y metereológico en las Orcadas del
Sur, y proclamó los “irrenunciables derechos de soberanía sobre la
Antártida Argentina”. A la vez, el canciller Zavala Ortiz anunciaba el mismo
día desde la Antártida que la Argentina “nunca renunciará a lo que es
propio”. (11) Finalmente,
la emisión de una serie de sellos postales argentinos sobre la Antártida
provocaron la reacción del subsecretario interino de Relaciones Exteriores
chileno, Enrique Bernstein, quien sostuvo que estas actitudes del gobierno
argentino violaban lo establecido en el Tratado Antártico de 1959. Bernstein
subrayó que según el mencionado tratado, “ningún acto o actividad que se
lleve a cabo (...) constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una
reclamación de soberanía territorial en la Antártida ni se ampliarán las
reclamaciones anteriores”. (12)
No
obstante estos roces diplomáticos, ambos países lograron un acercamiento
durante la reunión de la CECLA en la localidad cordobesa de Alta Gracia, entre
fines de febrero y principios de marzo de 1964, oportunidad en que los
cancilleres argentino y chileno, Zavala Ortiz y Julio Philippi, emitieron el 6
de marzo una Declaración Conjunta en la que ambas partes remarcaron su
decisión de “encontrar solución, por la vía judicial o arbitral” a los
problemas pendientes de carácter territorial; se comprometieron a acelerar las
tareas de colocación de hitos para “señalar con más claridad y precisión
la línea de frontera”; se obligaron mutuamente a “impulsar las medidas
necesarias con el fin de facilitar e intensificar un creciente intercambio
comercial entre los dos países y de promover el progreso social y económico de
ambos pueblos”; a “unir sus esfuerzos para obtener un fortalecimiento del
sistema interamericano”, y a mantener “un sistema de consulta y mutua
información de carácter permanente sobre todos los asuntos de interés común,
con el objeto de coordinar su acción en los organismos internacionales, tanto
de carácter regional como mundial”. (13)
Asimismo,
a fines de febrero de 1965 el canciller Zavala Ortiz protagonizó con su colega
chileno Gabriel Valdés un acto de confraternidad al pie del Cristo Redentor en
la provincia de Mendoza, reafirmando mutuamente los deseos de paz y ratificando
el camino de acercamiento iniciado unos meses antes en la reunión del CECLA.
Vale acotar que el acto contó con una importante presencia de las autoridades
eclesiásticas de ambos países, que tenían un fuerte interés en cerrar la
antigua disputa limítrofe. Así, el encuentro binacional en el Cristo Redentor
tuvo por protagonistas, entre otras figuras, a los cardenales primados de la
Argentina y Chile, Antonio Caggiano y Raúl Silva Henríquez. (14)
Como
fruto de estos intentos de acercamiento, el 28 de octubre de 1965 se realizó un
encuentro entre los presidentes Illia y Eduardo Frei en Mendoza, que también
finalizó con una Declaración conjunta efectuada dos días después, donde
ambos reiteraban su compromiso con la integración latinoamericana. (15)
Según
testimonio del canciller Zavala Ortiz, Frei creía en la posibilidad de unir a
las dos naciones, al punto que pensó en Córdoba como capital hipotética de
dicho Estado binacional. Pero Frei advirtió a su colega Illia de la oposición
de la marina chilena a cualquier concesión territorial y de la necesidad de
consultarles antes de dirigirse al Congreso. A pesar del clima de cordialidad
que -siempre según Zavala Ortiz- caracterizó a la cumbre presidencial de
Mendoza, vale aclarar que ésta se desarrolló en un contexto de creciente
presión no sólo de los militares, sino también de los medios de prensa y los
grupos nacionalistas de ambos países. En el caso de los militares argentinos,
el director de Gendarmería Nacional, general Julio Alsogaray, ordenó cubrir
con tropas la frontera con Chile ante la supuesta presencia de carabineros
chilenos en la estancia La Florida, ubicada en terreno alegado como argentino.
En el caso de los medios de prensa de ambos países, éstos efectuaron una
fuerte campaña provocada por las agresiones entre carabineros y gendarmes y por
la alusión de la Cancillería trasandina a supuestos derechos sobre la zona de
Laguna del Desierto. En cuanto a los grupos nacionalistas, varios autores citan
manifestaciones antiargentinas en las calles de Santiago, tales como la quema de
la bandera argentina, el apedreo de la embajada y del edificio de Aerolíneas
Argentinas, entre otros incidentes. A pesar del tenso clima existente de uno y
otro lado de la cordillera, en el citado encuentro de Mendoza, los presidentes
convinieron el retiro de los carabineros. (16)
No
obstante lo convenido en la cumbre de Mendoza, la patrulla de carabineros
chilenos mantuvo su presencia en la zona de Laguna del Desierto, lo cual inició
una nueva etapa de quejas diplomáticas que incluyó un tiroteo entre gendarmes
argentinos y carabineros el 6 de noviembre de 1965 y un vuelo rasante de un
avión chileno sobre el crucero La Argentina, que navegaba cerca de
Puerto Williams, el día 3 de diciembre del mismo año. Como era de esperarse,
estos incidentes generaron comentarios de prensa de uno y otro lado de la
cordillera, con mutuas acusaciones de expansionismo imperialista incluidas. (17)
Del lado argentino, las manifestaciones “antiargentinas” en las calles y
medios de Santiago recibieron el repudio de diversas agrupaciones, entre ellas
del comité nacional de la Federación de Partidos de Centro (FPC), el
Movimiento Juvenil de Agitación y Lucha de la UCRP, la juventud de la UCRI y la
rama femenina de la Avanzada Patriótica Argentina. (18)
A
pesar de que los incidentes de Laguna del Desierto evidenciaron un contraste
entre la actitud conciliatoria del presidente Illia y del canciller Zavala Ortiz
y la actitud dura de los militares argentinos, el 5 de diciembre se anunció un
sorpresivo acuerdo entre los gobiernos argentino y chileno, decidiendo que la
Comisión Mixta de Límites iniciara su XXIV período de sesiones en Balmaceda,
localidad ubicada a 300 kilómetros al norte de Laguna del Desierto, con la
presencia de los ministros de Defensa de ambos países. Por este acuerdo,
carabineros chilenos y gendarmes argentinos prestarían colaboración a los
demarcadores. Para lograr este paso, el gobierno de Chile dejó sin efecto su
precondición de que los gendarmes se retiraran del territorio de laguna del
Desierto. Según Castello, dos posibles razones pueden explicar este paso atrás
de las autoridades chilenas: 1) que las mismas hayan recibido algo en
compensación por parte del gobierno argentino, posibilidad que éste negó en
forma terminante; y 2) que el gobierno chileno adoptara este paso tras una
conversación telefónica entre los presidentes Illia
y Frei en la que el primero le manifestó que la estabilidad de su
gobierno “depende de que podamos llegar cuanto antes a un satisfactorio
arreglo” con las autoridades de Santiago. (19)
Respecto
del segundo frente de conflicto con Chile -la zona del canal de Beagle-, la
gestión de Zavala Ortiz no logró ningún avance concreto. Los “Pactos del
Sesenta” acordados con Chile durante la gestión de Frondizi, que sometían a
la Corte Internacional de La Haya la cuestión de la soberanía de las islas
Nueva y Picton, habían sido anulados por la gestión radical como base de
negociación. Para colmo, las autoridades chilenas comenzaron a reclamar el tema
de la “costa seca”, teoría según la cual la Argentina no tenía derecho
alguno sobre las aguas del Canal, lo cual era equivalente a decir que el límite
pasaba por la costa sur de Tierra del Fuego, perteneciente a la Argentina. Como
era de esperarse, la tesis chilena chocó con la firme oposición de la marina
argentina, cuyos oficiales reclamaban llegar a Ushuaia por aguas propias,
insistiendo en una línea divisoria del canal de Beagle. (20)
Junto
con los diferendos por las zonas de Río Encuentro y del canal de Beagle,
debemos mencionar como otro elemento perturbador de las relaciones bilaterales
las declaraciones que el comandante en jefe del ejército argentino, general
Juan Carlos Onganía, efectuara
respecto de un “pacto” entre la Argentina y Brasil para luchar en
forma coordinada contra el comunismo en la región. Estas declaraciones cayeron
muy mal en el partido oficialista chileno, la Democracia Cristiana, el cual
declaró a Onganía persona no grata. (21)
NOTAS
Sobre los acuerdos del “Sesenta” ver los trabajos de Miguel Angel Scenna, Argentina-Chile. Una frontera caliente, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1981, pp. 175-177; J.A. Lanús, op. cit., vol. II, pp. 224 y 226, y A.E. Castello, op. cit., pp. 159-160.
Ver al respecto “Chile-Argentina. Límites: Disputa en una zona donde ríos y cerros cambian sus nombres”, Primera Plana, Nº 50, 22 de octubre de 1963, pp. 13-14; “Panorama internacional. Surge un tercer nombre en el pleito fronterizo con Chile: Valle Hondo”, Primera Plana, Nº 51, 29 de octubre de 1963, p. 10 y “Informe especial: Chile: Falta de trabajo, demagogia y el fantasma de la soberanía patagónica”, Primera Plana, Nº 56, 3 de diciembre de 1963, pp. 18-20. Sobre las consecuencias diplomáticas y económicas del incidente de Palena o de Río Encuentro ver los trabajos de M.A. Scenna, Argentina-Chile..., op. cit., p. 177; M.L. San Martino de Dromi, op. cit., p. 267, y A.E. Castello, op. cit., p. 104.
Ver texto de la nota argentina en Clarín, 31 de octubre de 1963, pp. 10-11; La Nación, 31 de octubre de 1963, pp. 1 y 16; y en el trabajo de José Noguerol Armengol, “Argentina-Chile (1963/66)”, Estrategia, Nº 3, Buenos Aires, septiembre-octubre 1969, pp. 125-126.
“Argentina-Chile. Ordenó Illia el inmediato levantamiento del alambrado”, Clarín, 2 de noviembre de 1963, p. 5. Ver también los editoriales “Respuesta a Chile”, La Nación, 2 de noviembre de 1963, p. 4, y “Solución de la incidencia fronteriza con Chile”, La Prensa, 2 de noviembre de 1963, p. 6, que rescataron el retiro del alambrado y la búsqueda de negociaciones bilaterales directas como gestos de buena voluntad del gobierno de Illia hacia las autoridades de Santiago.
Ver al respecto los siguientes editoriales “Con Chile se ha producido otro conflicto”, La Nación, 22 de julio de 1964, p. 3, donde se cita la nota de protesta de la Cancillería chilena de julio de 1964 por el retiro por la fuerza de dos periodistas en la zona de río Encuentro por parte de efectivos de la gendarmería argentina; “Contestóse a Chile por el incidente limítrofe”, La Nación, 28 de julio de 1964 y La Nación, 5 de agosto de 1964, p. 16, donde se cita la respuesta argentina del 27 de julio al reclamo diplomático chileno; “El problema territorial entre Argentina y Chile”, La Nación, 5 de agosto de 1964, pp. 1 y 16, donde se cita la nota de respuesta de Chile del 3 de agosto a la nota argentina del 27 de julio, en la que se propone que los cancilleres argentino y chileno se trasladen al lugar de los hechos para adoptar de común acuerdo medidas que eviten la repetición de incidentes en la zona de Río Encuentro. Pero, ante el rechazo argentino de un régimen de statu quo en la zona de Río Encuentro propuesto por las autoridades de Santiago, éstas volvieron a endurecer su posición y el 18 de agosto de 1964 retiraron su propuesta del 3 del mismo mes de efectuar una reunión de cancilleres en la zona de conflicto. “Chile no desea una reunión de los cancilleres”, La Nación, 19 de agosto de 1964, p. 1. Ver asimismo detalles de estos incidentes en los trabajos de M.A. Scenna, Argentina-Chile..., op .cit., p. 178, y de M.L. San Martino de Dromi, op. cit., p. 267.
M.A. Scenna, Argentina-Chile..., op. cit., pp. 178-179, y M.L. San Martino de Dromi, op. cit., p. 267.
Texto de la respuesta argentina a la nota chilena solicitando el arbitraje británico, citado en La Nación, 14 de septiembre de 1964, pp. 1 y 5.
Proyecto de resolución de los diputados Carrera, Muñiz y otros, rechazando el arbitraje británico en el diferendo limítrofe argentino-chileno, Cámara de Diputados de la Nación, Reunión 71º, Septiembre 24 de 1964, cit. en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1964, Tomo VI: Sesiones ordinarias (del 16 al 30 de septiembre de 1964), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1965, p. 4036.
Texto de la declaración conjunta de los ministros de relaciones exteriores de la Argentina y Chile del 6 de noviembre de 1964, citado en Estrategia, Nº 3, Buenos Aires, septiembre-octubre 1969, sección Documentos, pp. 162-164. Dicha declaración conjunta de los cancilleres argentino y chileno menciona además de la mutua voluntad de someter la controversia a la Corte Internacional de Justicia, otros temas de agenda, como la integración económica tanto a nivel bilateral como multilateral, a través de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). Ver los trabajos de Noguerol Armengol, op. cit., p. 126; J.A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 227; M.L. San Martino de Dromi, op. cit., p. 269, y J. Paradiso, op. cit., p. 151.
El
propio Zavala Ortiz expresó lo siguiente:
En
nuestra época se llegó con el gobierno de Chile -hay una declaración
conjunta (...) con el entonces canciller Valdez- a un entendimiento para
arreglar la cuestión Beagle mediante conversaciones directas y si no, no ir
al arbitraje británico como lo estipulaba el tratado de 1902, sino ir
directamente a la Corte Internacional de Justicia de La Haya (...) Es decir
que había dos posibilidades abiertas y eso se puso en ejecución a tal
punto que cuando nosotros fuimos derrocados una delegación de la Marina
argentina fue a Chile a tomar contactos con la Marina chilena acercándose a
una posible solución directa (...) Luego caímos nosotros y yo no supe
cómo siguieron las gestiones, creo que terminaron allí.
Ver al respecto A.E. Castello, op. cit., p. 161, nota 13, y M.A. Zavala Ortiz, op. cit., primera parte, p. 5.
Declaraciones de Zavala Ortiz en “Ratifícase oficialmente la soberanía sobre la Antártida”, La Nación, 24 de febrero de 1964, pp. 1 y 6. Ver también editorial “El Día de la Antártida Argentina”, La Nación, 22 de febrero de 1964, p. 4.
“Declaraciones chilenas”, La Nación, 22 de febrero de 1964, p. 1.
Texto de la declaración conjunta en “Chile y Argentina: Una reafirmación de hermandad”, Clarín, 7 de marzo de 1964, p. 9. Ver también referencias en M.A. Scenna, Argentina-Chile..., op. cit., p. 178.
“Al pie del Cristo Redentor renovóse la fraternidad argentino-chilena”, La Nación, 28 de febrero de 1965, pp. 1 y 16.
Texto de la declaración conjunta de los presidentes de la Argentina y Chile, Mendoza, 30 de octubre de 1965, cit. en Estrategia, Nº 3, Buenos Aires, septiembre-octubre de 1969, sección Documentos, p. 164.
Ver respecto del encuentro Illia-Frei en Mendoza los siguientes editoriales: “La entrevista de Mendoza”, La Nación, 1º de noviembre de 1965, p. 6, que rescata el encuentro Illia-Frei como un paso decisivo en el fortalecimiento de la amistad bilateral. Por cierto, esta percepción medianamente optimista del diario La Nación, contrasta con los siguientes editoriales de la revista Primera Plana: “Illia-Frei: El cuerno de la abundancia”, Primera Plana, Nº 156, 2 al 8 de noviembre de 1965, pp. 10-11 y “Quinto eclipse de la soberanía”, Primera Plana, Nº 157, 9 al 15 de noviembre de 1965, pp. 8-9, donde se evidencia la asincronía existente entre la posición débil del gobierno y la Cancillería argentinos y la dureza de los medios periodísticos y militares chilenos. Ver también sobre este tema los trabajos de Noguerol Armengol, op. cit., pp. 126-127; M.A. Scenna, Los militares, op. cit., p. 290; M.A. Scenna, Argentina-Chile..., op. cit., pp. 180-181; R. Etchepareborda, op. cit., p. 73; P. Sánchez, op. cit., pp. 120-121; A.E. Castello, op. cit., pp. 236-238, y L. García del Solar, op. cit., pp. 196-197.
En esta etapa del litigio aparecieron del lado argentino fuertes divergencias entre la Cancillería y Defensa por un lado, y el Ejército por el otro, respecto de los medios más eficaces para manejar el entredicho de Laguna del Desierto. Mientras los dos primeros ministerios optaban por la negociación diplomática sin abandonar los reclamos argentinos en la zona, el Ejército insistía en la ocupación efectiva con custodia armada. La existencia de estas divergencias fue negada por un comunicado conjunto del día 4 de diciembre de 1965, efectuado por los titulares de las carteras de Relaciones Exteriores y Defensa, Zavala Ortiz y Súarez, que señalaba que la gendarmería argentina cumplía en la zona “las medidas de vigilancia que le corresponden, conforme con las instrucciones que le imparte el poder ejecutivo, sin ningún propósito ni intención agresiva”. Sobre los incidentes de Laguna del Desierto y las diferencias de enfoque dentro del gobierno argentino ver los siguientes editoriales “Carabineros en Chile siguen en la zona de Laguna del Desierto”, La Nación, 2 de noviembre de 1965, p. 9; “Siguen las gestiones por el incidente fronterizo”, La Nación, 3 de noviembre de 1965, p. 4; “Gendarmería repelió en el sur una agresión chilena”, La Nación, 8 de noviembre de 1965, pp. 1 y 5; editorial “Lo que se deplora y lo que se afirma”, La Nación, 9 de noviembre de 1965, p. 6, que critica la campaña belicosa del periodismo chileno contra la Argentina; “Atempérase el tono en torno del proceso del conflicto con Chile”, La Nación, 10 de noviembre de 1965, pp. 1 y 20; “La semana política. La crisis limítrofe y la actuación de las fuerzas armadas...”, La Nación, 14 de noviembre de 1965, p. 8; “El país. El precio del candor radical” y “Soberanía: El combate de la cordillera”, Primera Plana, Nº 158, 16 al 22 de noviembre de 1965, p. 12 y pp. 13-16, respectivamente; “El país. La diplomacia de la indecisión”, Primera Plana, Nº 161, 7 al 13 de diciembre de 1965, p. 8. Ver también los trabajos de M.A. Scenna, Argentina-Chile..., op. cit., pp. 182-183; P. Sánchez, op .cit., pp. 124-125; M.L. San Martino de Dromi, op. cit., p. 268 y A.E. Castello, op. cit., pp. 238-240.
“Es enjuiciada la actitud del gobierno de Santiago”, La Nación, 15 de noviembre de 1965, p. 4.
“Constituyóse la comisión de límites de Argentina y Chile”, La Nación, 11 de diciembre de 1965, pp. 1 y 16. Ver respecto de las divergencias entre la actitud conciliatoria de Illia y la enérgica posición de los militares y de las razones del acuerdo entre Argentina y Chile que cerró la crisis de Laguna del Desierto los editoriales “La nación. Es difícil gobernar con discursos”, Confirmado, Nº 27, Noviembre 4 de 1965, p. 10; “La dignidad nacional y el comité “, Confirmado, Nº 28, Noviembre 11 de 1965, pp. 10-11 y “Soberanía. Balmaceda mon amour”, Primera Plana, Nº 162, 14 al 20 de diciembre de 1965, especialmente p. 13 y también los trabajos de Noguerol Armengol, op. cit., pp. 127-128; P. Sánchez, op. cit., p. 125, y A.E. Castello, op. cit., pp. 240-241.
Sobre las dificultades en torno del Beagle y la mediación británica por la zona de Río Encuentro ver el trabajo de J.A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 227, y el artículo de Elvira Montes, “Chile y la política exterior argentina”, Estrategia, Nº 4, noviembre-diciembre 1969, pp. 37-38. Ver también el editorial “Empezó en Londres el trabajo arbitral sobre Río Encuentro. Los representantes de la Argentina y Chile expusieron sus respectivas tesis ante el tribunal británico”, La Nación, 30 de diciembre de 1965, p. 1.
“El país. Onganía: reacciones y alarmas”, Primera Plana, Nº 149, 14 al 20 de septiembre de 1965, pp. 8-9.
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