Las relaciones con América Latina
Las relaciones con Brasil
Por
cierto, el acercamiento que iniciaron los gobiernos de Janio Quadros y Arturo
Frondizi -manifestado en el Acuerdo de Uruguayana- se interrumpió durante la
gestión de Illia, debido a la adopción de una política “universalista” y
“latinoamericanista”, que, retomando la tradición del yrigoyenismo era
reacia a la formación de bloques parciales dentro de la región o al concepto
de “integración selectiva” manejado por el desarrollismo frondizista. (1)
No
obstante, de ambos lados las relaciones trataron de mantenerse cordiales,
tratando de superar las divergencias e incluso alcanzando la cooperación en
algunos asuntos espinosos. A poco de iniciado el gobierno de Illia, en noviembre
de 1963, el presidente brasileño Joao Goulart envió un mensaje a su nuevo
colega, señalando “la solidaridad del gobierno de Brasil por la defensa de la
soberanía nacional” asumida por las autoridades argentinas con motivo de la
anulación de los contratos petroleros. Por cierto, este mensaje de Goulart
provocó el descontento del bloque del radicalismo intransigente en el Congreso,
ya demasiado sensibilizado con este tema como para tolerar comentarios del país
vecino. Así, los diputados Juan C. Achiary y Julio Fernández Mendy,
presentaron en la Cámara Baja un proyecto de declaración que expresaba
1º
- Su
protesta ante la indebida intromisión por parte del gobierno de los Estados
Unidos del Brasil en los asuntos internos de la República Argentina, con
referencia a la anulación de los contratos petroleros, medida que es calificada
insólitamente por ese gobierno como una “...defensa de la soberanía
nacional”.
2º - Su desagrado ante la actitud pasiva del Poder Ejecutivo ante un acto que
viola el principio básico de la soberanía nacional y que debió merecer un
inmediato y categórico rechazo.
(...)
Sin entrar aquí al análisis de las consecuencias que para el país implica la
inauguración de una aventurada política petrolera, actos de tal naturaleza no
sólo constituyen una intromisión en asuntos que en nada competen a otros
gobiernos, sino que comprometen seriamente las relaciones amistosas entre ambos
países, basadas en reglas permanentes que hacen al respeto mutuo y a la soberanía
de cada Estado. (2)
En
la reunión de la CECLA en Alta Gracia, se registraron divergencias de enfoque
entre el gobierno argentino y el brasileño respecto del Acuerdo General de
Tarifas y Comercio (GATT). Mientras para la Argentina el acuerdo sobre comercio
internacional no había funcionado de manera idónea, pero resultaba un
instrumento aprovechable siempre que se le añadieran órganos complementarios,
autónomos y ejecutivos, Brasil optaba por la necesidad de su abolición. No
obstante, la mayoría de los miembros de la Conferencia optaron por la tesis
argentina, más moderada. (3)
Ante
la caída de Goulart y la asunción de Ramiro Mazzilli como presidente
provisional, en abril de 1964, el gobierno argentino acusó recibo de la nota
formal de las autoridades brasileñas -lo cual implicaba la continuidad de las
relaciones-. El gobierno de Illia adoptaba así una actitud conciliadora, fiel
al principio de no intervención en los asuntos de otro país. El ministro de
Defensa del gobierno de Illia, Leopoldo Suárez, a fin de aventar los fantasmas
de los sectores nacionalistas respecto de un posible asilo político de Goulart
en territorio argentino, señaló la inexistencia de problemas en la frontera o
de un pedido de asilo por parte de Goulart. Por su parte, el ministro del
Interior argentino, Juan Palmero, intentó desmentir versiones sobre la
presencia de Goulart en la ciudad correntina de Santo Tomé. Pero estas
declaraciones oficiales no fueron suficientes para despejar los resquemores de
los sectores nacionalistas. Al mismo tiempo que tuvieron lugar las declaraciones
del titular de Defensa, las fuerzas de la Subprefectura Nacional Marítima
reforzaron su personal y su armamento del lado argentino del puente Paso de los
Libres, a fin de evitar posibles infiltraciones de Goulart u otros elementos
“populista-marxistas” en territorio argentino. Por su parte, la llamada
Federación Argentina de Entidades Democráticas Anticomunistas (FAEDA) dio a
conocer un comunicado en el que exhortaba al gobierno de Illia a “intensificar
esfuerzos” a fin de evitar “la conquista de América Latina por los
rojos”. (4)
Por
cierto, las posiciones asumidas por los gobiernos de Buenos Aires y Brasilia
fueron opuestas en el caso de la crisis dominicana. Mientras el presidente Illia
decidió no enviar tropas a la República Dominicana en apoyo de la posición
norteamericana -factor que lo enfrentó al comandante en jefe del ejército,
general Juan Carlos Onganía, un firme partidario de la intervención-, el
gobierno del general Castelo Branco no sólo envió tropas a Santo Domingo sino
que uno de sus generales, Panasco Alvim, recibió formalmente el mando de las
mismas. (5)
A
principios de agosto de 1964, el canciller argentino Zavala Ortiz realizó un
viaje a Brasil. Allí suscribió con su colega brasileño, Vasco Leitao da
Cunha, una Declaración Conjunta en la que ambos reafirmaron: a) la mutua decisión
de intensificar las relaciones bilaterales en los campos político, económico y
cultural; b) la mutua defensa, en los planos nacional, continental y global, de
los principios de libertad, democracia, autodeterminación de los pueblos,
soberanía de las naciones e independencia y desarrollo económico de los
pueblos; c) el compromiso de ambas partes por promover y fortalecer la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC); por acrecentar la coordinación de
los países latinoamericanos a través de las instituciones del grupo informal
latinoamericano, creado en ocasión de la UNCTAD I en Ginebra así como de
actualizar la Carta de Alta Gracia; y por estimular entre sí y con otros países
de la región a través de los organismos internacionales “fórmulas que
contribuyan al desarrollo económico, social y cultural y al afianzamiento de la
democracia en los países de América y del mundo”. (6)
Asimismo,
Zavala Ortiz y da Cunha suscribieron un Comunicado Conjunto que, como la
declaración conjunta mencionada en el párrafo anterior, tan sólo enumeraba un
conjunto de buenas intenciones entre ambos gobiernos: a) concertar un nuevo
acuerdo de trigo; b) coordinar esfuerzos para controlar la importación y
exportación de café; c) intercambiar información en materia de legislación
sobre transporte marítimo; d) intercambiar impresiones sobre la Ronda Kennedy
del GATT; y d) la participación argentina en el cuarto centenario de la fundación
de Río de Janeiro a celebrarse en 1965. (7)
Un
nuevo encuentro a nivel de cancilleres, con declaración conjunta incluida, tuvo
lugar durante la visita a Buenos Aires del titular de Itamaraty, que se llevó a
cabo entre el 19 y el 23 de abril de 1965. De acuerdo con la interpretación que
el diario Jornal do Brasil otorgó al texto de la declaración conjunta,
ésta no fue más allá de una mera enumeración de coincidencias verbales entre
Zavala Ortiz y da Cunha: la necesidad de “fortalecer y agilizar” el sistema
interamericano; de “fortalecer” la ALALC “con miras a la construcción de
un mercado común latinoamericano”; la creación a futuro de una Comisión
Argentino-Brasileña de coordinación para atender lo referente al comercio
bilateral y los problemas derivados de la complementación económica, y la
creación de una comisión empresarial privada argentino-brasileña que debía
funcionar en forma paralela a la comisión citada anteriormente. (8)
El
caso más importante de cooperación bilateral se produjo en ocasión del
aterrizaje de Juan Domingo Perón en Río de Janeiro a principios de diciembre
de 1964, en el marco de su frustrado retorno a la Argentina desde el exilio
madrileño. Las autoridades brasileñas le comunicaron a Perón que era persona
no grata en Brasil, y que no podría continuar viaje ni permanecer allí. De
acuerdo con declaraciones de Itamaraty, el gobierno brasileño decidió
interrumpir el viaje del líder justicialista a la Argentina “en atención a
un pedido” del gobierno argentino. Por su parte, la Cancillería argentina negó
cualquier intervención de las autoridades de Buenos Aires en la decisión
adoptada por el gobierno de Brasilia. (9) Lo propio hizo Ricardo Illia, hermano
y secretario del presidente, quien sostuvo que el último no deseaba estorbar la
vuelta de Perón a la Argentina y que no tenía nada que ver con lo ocurrido en
Brasil. (10)
Sin
embargo, si bien el presidente Illia, movido por sus convicciones democráticas,
pudo no haber tenido parte en el intento por evitar la concreción del
“Operativo Retorno”, lo cierto es que el canciller Zavala Ortiz tomó cartas
en el asunto. Años después, en una entrevista que Antonio Castello le
efectuara al propio Zavala Ortiz en 1982, éste reconoció haber realizado
gestiones ante el gobierno de Brasil a través del embajador argentino en
Brasilia para frenar el regreso de Perón, al señalar lo siguiente:
En
cierto modo el gobierno nacional llegó a tener información muy concreta sobre
la existencia de la preparación de dos golpes de estado. Uno, de los peronistas
que querían el regreso de Perón para dar el golpe para su reposición en el
gobierno. El otro era el que esperaba que viniese Perón para que el Ejército y
la población reaccionaran con un golpe de estado pretextando la presencia de
Perón en el país. De tal modo que Perón resultaba el factor común entre dos
golpes encontrados (...) En consecuencia yo hice una gestión ante el gobierno
de Brasil a través de nuestro embajador en ese país y las razones que di y la
credibilidad absoluta que había hacia nuestra palabra en ese tiempo, no
solamente en Brasil sino en muchos países, hizo que a pesar de lo inusitado del
pedido, inclusive de la hora en que se tuvo que formular porque fue en la
madrugada del viaje, estando el presidente del Brasil, el mariscal Castelo
Branco, y el ministro de Relaciones Exteriores, Vasco da Cunha, ya en sus
reposos domiciliarios. Dieron su aprobación el presidente y la cancillería del
Brasil para que se detuviera el vuelo de Perón por aquello, que es un principio
internacional, que los países deben evitar que con su anuencia o sin su
anuencia, pero con su intervención pueda causarse daño peligroso a un país
amigo. Es así como Brasil pudo justificar perfectamente su situación y no hubo
quejas por su actitud. Ni Perón siquiera las formuló. Parece que él venía un
poco traído por la fuerza, por compromisos con ciertos amigos que hacían de
esto una cuestión fundamental, pero lo significativo es que Perón no hizo
ninguna diligencia para proseguir el viaje, no insistió ante el gobierno del
Brasil para hacerle rectificar su conducta y al mismo tiempo declaró que él no
venía a producir un golpe, que venía a evitarlo (...) (11)
De
acuerdo con el testimonio del propio Illia en una entrevista que le efectuara el
historiador norteamericano Joseph Page en 1978, el entonces primer mandatario,
al enterarse de que el “Operativo Retorno” dejaba de ser una amenaza para
convertirse en una realidad, dejó en manos de sus ministros la resolución de
un asunto en el que deseaba tener el menor perfil posible, pero en el que también
prefería la permanencia de Perón en Madrid. Así, el canciller Zavala Ortiz,
pero también los militares decidieron activar una serie de gestiones destinadas
a que las autoridades brasileñas abortaran el “Operativo Retorno”. (12)
También
se dio un entendimiento en el plano de las relaciones militares, cuyas
respectivas cúpulas estaban seriamente preocupadas acerca del peligro de
infiltración castro-comunista en la región. No podemos dejar de mencionar al
respecto las declaraciones del entonces comandante en jefe del ejército
argentino, teniente general Juan Carlos Onganía, respecto de la conformación
de una alianza militar con sus colegas brasileños para combatir el comunismo.
Si bien, según Castello, no hubo en realidad planes secretos ni intentos por
parte del titular del ejército argentino por coordinar acciones con Brasil en
el marco de la “doctrina de la seguridad nacional”, no podemos dejar de
citar estas declaraciones, por dos razones. En primer lugar, por el efecto
adverso que tuvieron tanto en Brasil como en la Argentina, lo cual era de por sí
un indicio de la existencia de fuertes divergencias entre ambos gobiernos y del
predominio de hipótesis de conflicto alimentadas por los sectores nacionalistas
civiles y militares argentinos y brasileños, factor que abortaba cualquier
posibilidad de acercamiento bilateral. En segundo lugar, por el valor profético
de estas declaraciones, que adelantaban lo que sucedería años después durante
los años del Proceso militar argentino: la cooperación argentino-brasileña en
el marco de la “Operación Cóndor” para la lucha contra la subversión.
Las
polémicas declaraciones de Onganía fueron efectuadas en el contexto de su
viaje a Brasilia en agosto de 1965, ocasión en la que el titular del ejército
argentino sostuvo la necesidad de “actuar unidos” contra “nuestro
enemigo”, tras ser condecorado por el ministro de Guerra brasileño, general
Arthur Costa e Silva. A su regreso, el 31 de dicho mes, Onganía volvió a
referirse al tema en los siguientes términos:
Hemos comprobado en España y Brasil ansiedad coincidente con la nuestra para que los ejércitos tomen los contactos necesarios para resguardar efectivamente, y ante cualquier contingencia, la unidad existente en el espíritu de nuestros pueblos. El Ejército argentino está dispuesto a ese acercamiento mayor, como imperativo de la solidez que merecen los fundamentos de nuestra nacionalidad y al de agrupar fuerzas para oponerse al comunismo. A este enemigo tenaz, fluido, sinuoso, no lo persuadiremos ni retardaremos con el sonido de la retórica que tiene la confesión de los errores cometidos, ni con la citación de medidas de enmienda en un utópico clima de convivencia pacífica. La referencia a esta necesidad de la hora, hecha durante mi visita a Brasil, no agregó sugerencias sobre la disolución de la O.E.A., sobre la creación de fuerzas interamericanas, ni sobre la disolución de las fronteras normales en procura de fronteras ideológicas; fue más simple y concreta la sugerencia: unirnos estrechamente en base al conocimiento de cuáles son nuestras intenciones y cuáles nuestros medios para llevarlos a cabo y enfrentar con eficacia el enemigo en la forma y lugar que se presente. (13)
Las
declaraciones de Onganía provocaron la reacción de la prensa brasileña y del
ministro de Guerra de ese país, general Arthur Costa e Silva, quien negó la
existencia de un pacto entre él y Onganía, (14) a pesar de que los diarios
brasileños dejaron flotando en el aire la duda sobre si existió en realidad un
pacto tácito. (15)
Desde
la perspectiva de la embajada norteamericana, las declaraciones del entonces
comandante en jefe del ejército en Brasil evidenciaron su creciente poder, al
mismo tiempo que la progresiva debilidad del gobierno de Illia. Además,
demostraron la preocupación de Onganía por establecer una fuerza
interamericana para combatir el comunismo, a la vez que
reflejó su falta de fe en la OEA. De acuerdo con el informe de la
embajada norteamericana al Departamento de Estado, la presentación de la política
exterior por parte del titular del ejército argentino, en términos de la
“frontera ideológica” en un país extranjero, llevó a la gente a
preguntarse si el general estaba hablando por el ministro de Relaciones
Exteriores o en realidad lo estaba desafiando. El usualmente taciturno Onganía
parecía abandonar su bajo perfil y estar interesado en crear una nueva imagen
para sí mismo en el exterior. (16)
Finalmente,
en el Congreso argentino, hubo senadores y diputados opositores que solicitaron
informes al poder Ejecutivo sobre las declaraciones del entonces comandante en
jefe del ejército, quien, ante el clima interno provocado por sus dichos,
prefirió seguir la actitud de su colega brasileño y negar la existencia del
hipotético pacto. (17)
Por
último, cabe mencionar que los gobiernos de la Argentina y Brasil asumieron una
posición coincidente en el Tercer período de sesiones de la Comisión
Preparatoria para la Desnuclearización de América Latina (COPREDAL), que se
llevó a cabo en abril de 1966 en la ciudad de México. En dicho cónclave,
tanto el representante argentino, Luis Santiago Sanz, como su colega brasileño,
José Sette Cámara, sostuvieron que el paso de desnuclearizar la región sólo
podía darse con “garantías”. En palabras del representante argentino,
estas garantías debían resguardar “la seguridad en la inviolabilidad del
hemisferio, pues no debe dejarse supeditado al destino de los pueblos los
designios imprevisibles de otros países”. (18)
Por
su parte, Sette Cámara coincidió plenamente con los conceptos vertidos por
Sanz, sosteniendo que
Brasil
no comprende (...) por qué se propone de antemano conferir al futuro órgano
“un cheque en blanco” para negociar en nombre de cada una de las partes
contratantes sobre una cuestión de tanta importancia como es la proscripción
de armas y dispositivos nucleares del hemisferio.
Hay que obtener una garantía de parte de las potencias atómicas, redactada de
manera que le asegure carácter de obligación jurídica, en el sentido que se
respetará la neutralidad nuclear del hemisferio (...) (19)
NOTAS
Miguel Angel Scenna, Argentina-Brasil. Cuatro siglos de rivalidad, Buenos Aires, La Bastilla, 1975, pp. 363-364, no duda en hablar de un distanciamiento en las relaciones con Brasil durante la gestión de Illia.
Proyecto de declaración de los diputados Achiary y Fernández Mendy, Cámara de Diputados de la nación, Reunión 2º, Diciembre 11 de 1963, cit. en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1963, Tomo 1, op. cit., pp. 791-792. Ver también “¿Intromisión brasileña? Proyecto de dos diputados por el mensaje enviado por Goulart”, Clarín, 27 de noviembre de 1963, p. 14.
“Alta Gracia: A pesar de varios esquemas habrá unidad política de Latinoamérica”, Clarín, 4 de marzo de 1964, pp. 12-13.
Sobre la caída de Joao Goulart en Brasil y su repercusión en la Argentina ver los siguientes editoriales: “Atentamente siguióse en esta Capital el curso de la crisis. Tras una prolongada reunión en la Casa de Gobierno negóse que haya pedidos de asilo”, La Prensa, 2 de abril de 1964, pp. 1 y 3; “Repercusión en los círculos locales”, La Prensa, 3 de abril de 1964, pp. 1 y 3; ”Virtual continuidad de las relaciones entre nuestro país y el nuevo gobierno del Brasil”, La Nación, 4 de abril de 1964, pp. 1-2.
M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., pp. 373-374.
Texto de la declaración conjunta de los cancilleres argentino y brasileño, citado en “La declaración de Argentina y Brasil”, La Nación, 6 de agosto de 1964, pp. 1 y 3. Ver también “Misión al Brasil. La sonrisa distraída y la alocada premura”, Primera Plana, Nº 92, 11 de agosto de 1964, pp. 14-15.
Texto del comunicado conjunto de los cancilleres argentino y brasileño citado en “Comunicado argentino-brasileño”, La Nación, 8 de agosto de 1964, p. 1.
Según editorial del Jornal do Brasil de Río de Janeiro del 24 de abril de 1965, citado por La Nación del 25 de abril de 1965, en su editorial “Coincidencia entre Brasil y la Argentina”, pp. 1 y 2, no cabía esperar del encuentro entre los cancilleres Zavala Ortiz y da Cunha “cambios de profundidad en la filosofía de la política interamericana” y calificaba como “lamentable” que no se sacara al sistema interamericano del “plano más o menos académico en que se halla, con el objeto de darle un impulso de renovación y eficiencia capaz de inaugurar una época realmente creadora en el campo de las relaciones entre las repúblicas latinoamericanas” Sin embargo, a diferencia del pesimismo del Jornal do Brasil, el matutino argentino La Nación, en su editorial “La visita del canciller brasileño” del 25 de abril de 1965, p. 6, hacía un balance positivo de la visita de da Cunha.
P. Sánchez, op. cit., pp. 71-72.
R.A. Potash, op. cit., p.207, nota 50.
A.E. Castello, op. cit., pp. 142-143, nota 5.
J. Page, op. cit., p. 160 y p. 324, nota 43. Ver asimismo el trabajo de M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., pp. 372-373, quien sostiene que el canciller Zavala Ortiz hizo gestiones diplomáticas destinadas a evitar que las autoridades de Brasilia permitieran el descenso de Perón en territorio brasileño como escala de su “Operativo Retorno” a la Argentina.
Declaraciones de Onganía en Brasil, citadas en “Onganía considera conveniente la unidad de la Argentina y Brasil”, La Nación, 1º de septiembre de 1965, pp. 1 y 16, y en A.E. Castello, op. cit., pp. 203-204. Sobre esta tema ver también los trabajos de P. Sánchez, op. cit., p. 110, y de M.A. Verone, op. cit., pp. 61-62. Consultar asimismo el análisis de las declaraciones de Onganía en el editorial “¿Quién manda?”, por Mariano Grondona, Primera Plana, Nº 148, 7 al 13 de septiembre de 1965, p. 7.
Ver declaraciones de Costa e Silva en los siguientes editoriales: “No existe pacto militar con Brasil”, La Nación, 7 de septiembre de 1965, pp. 1 y 2; “El país. Onganía: reacciones y alarmas”, op. cit., y “El país. El nuevo Onganía”, apartado “El Ejército y la comunidad”, Primera Plana, Nº 150, 21 al 27 de septiembre de 1965, p. 12; y en A.E. Castello, op. cit., p. 204.
Tanto el conservador O Globo, como los diarios opositores Ultima Hora y Correio da Manha hablan de un acuerdo tácito y de una potencial alianza militar entre los jefes militares argentino y brasileño para una posible acción conjunta contra la infiltración del castrismo. Ver opiniones de los diarios brasileños, citadas en “Hay acuerdo tácito, dicen en Brasil”, La Nación, 6 de septiembre de 1965, p. 2.
Embajada en Buenos Aires al Departamento de Estado, 11 de septiembre de 1965, NARA, 59, Central Foreign Policy Files 1964-66, Box 1606, File DEF Def. Aff. ARG.
Ver al respecto “Negó Onganía el acuerdo con el Brasil”, La Nación, 8 de septiembre de 1965, p. 3 y A.E. Castello, op. cit., p. 105.
“La Argentina pide garantías para un pacto. Es el de desnuclearización en países de la América Latina”, La Nación, 21 de abril de 1966, pp. 1 y 2.
Declaraciones de Sette Cámara en “La Argentina pide garantías para un pacto...”, op. cit.
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