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En el contexto de la extraña convivencia entre los enfoques nacionalistas y los liberales, el gobierno de Onganía mostró una inequívoca vocación por acercarse a Estados Unidos y a aquellos países  de la región ideológicamente moderados o abiertamente anticomunistas -entre ellos el régimen militar brasileño-.
   
No obstante, los inicios de la gestión de Onganía no estuvieron exentos de roces con Washington. El mismo día del golpe, el 28 de junio de 1966, el Departamento de Estado norteamericano prohibió todo contacto entre los funcionarios norteamericanos radicados en Buenos Aires y el régimen militar. El gobierno norteamericano tardó 18 días en reconocer al régimen militar que derrocó a Illia. La oposición más tenaz al reconocimiento provino de los legisladores liberales en el Congreso norteamericano (y, sobre todo, de los senadores Robert Kennedy, demócrata, y Jacob Javits, republicano), que impulsaron además un proyecto de interrupción de la ayuda económica y militar norteamericana a los regímenes de facto. (1)
   
Por cierto, la demora del reconocimiento al régimen argentino por parte de las autoridades de Washington colocó en una situación muy incómoda al presidente Onganía, pues activó a los elementos nacionalistas y a los medios de prensa argentinos, que atacaron a las autoridades norteamericanas por lo que consideraron una nueva intromisión en asuntos internos. El propio Juan Domingo Perón, desde Madrid, sostuvo ante el periodista de Primera Plana, Tomás Eloy Martínez, que este incidente con el gobierno de Estados Unidos 

(..) Es la gran ocasión que tienen estos muchachos para ganarse el afecto popular. ¿Sabe qué haría yo en estos momentos? (...) Lanzaría un llamamiento nacional explicando al país que Estados Unidos nos aisló y que somos lo bastantes fuertes como para seguir adelante solos. Ya vería usted cómo inmediatamente el pueblo no vacila en engrosar las filas detrás de Onganía (...). (2)

El canciller Nicanor Costa Méndez, consciente de la presión interna de los sectores nacionalistas, adoptó una posición dura y decidió no solicitar a las autoridades norteamericanas el reconocimiento. (3) Mientras tanto, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina y los Departamentos de Estado y de Comercio norteamericanos pugnaban por una actitud más flexible de la administración de Lyndon Johnson hacia el régimen de Onganía. La presión combinada de estos ministerios, y, sobre todo, la inclusión en el discurso del 9 de julio de 1966 de un párrafo sobre la futura vuelta a la democracia representativa por parte del presidente Onganía -un “gesto” que agradó tanto a liberales argentinos como norteamericanos-, abrieron las puertas para el reconocimiento de la administración Johnson al nuevo régimen militar argentino. El secretario de Estado, Dean Rusk, temió que una mayor demora fortaleciera a los elementos nacionalistas en las fuerzas armadas y en la opinión pública argentinas; el vocero del Departamento de Estado dejó constancia del párrafo de Onganía en el texto del reconocimiento norteamericano y el presidente Johnson se limitó en los hechos sólo a “lamentar” la caída de Illia. Finalmente, el 15 de julio de 1966, el gobierno norteamericano reconoció al régimen argentino, mientras el canciller Costa Méndez, adoptando un discurso agradable a los oídos de los sectores nacionalistas, se esforzó en señalar que “no hicimos ninguna gestión para obtener el reconocimiento”. (4) 
   
Tan sólo dos semanas después de solucionarse el problema del reconocimiento, un nuevo incidente enturbió los vínculos diplomáticos bilaterales. La fatídica “noche de los bastones largos” del 29 de julio de 1966, Warren Ambrose, un profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, contratado para dictar cátedra en Buenos Aires, fue apaleado por la Policía en la Facultad de Ciencias Exactas. El 1º de agosto, el Departamento de Estado reclamó explicaciones a la Cancillería argentina por esta agresión; el 4, el subsecretario para Asuntos Interamericanos de la Cancillería norteamericana, Lincoln Gordon, criticó la actitud policial, y el 5, el secretario de Estado Dean Rusk sostuvo que su gobierno estaba “muy preocupado” por la situación en la Argentina. El día 8, el Palacio San Martín, adoptando los argumentos de los nacionalistas ortodoxos, notificó su desagrado respecto de las palabras de Gordon y Rusk, señalando que implicaban una injerencia en los asuntos internos. Pero días después, el propio presidente Onganía se lamentó ante dos periodistas norteamericanos por la violencia policial ocurrida en la Universidad de Buenos Aires, admitiendo que las declaraciones de Gordon “no estaban muy lejos de su propio punto de vista”. La administración Johnson se sintió satisfecha con estas declaraciones de Onganía, y el día 11 de agosto de 1966 el vocero del Departamento de Estado, Marshall Wright, declaró que el incidente estaba cerrado, destacando el positivo efecto en la Casa Blanca de las declaraciones efectuadas por el presidente Onganía a los periodistas norteamericanos. (5)
   
Por otra parte, a fines de julio de 1966, Alvaro Alsogaray fue enviado a Estados Unidos con la misión de informar acerca de los objetivos del nuevo régimen militar argentino, a fin de tranquilizar los recelos del Congreso norteamericano tras la caída de Illia. Las sólidas vinculaciones con medios financieros y organismos internacionales norteamericanos y europeos y la buena imagen del ex ministro de Economía eran cartas que el gobierno de Onganía quiso jugar en su favor. (6)
   
En Nueva York, Alsogaray, devenido en embajador especial, se entrevistó con los senadores Robert Kennedy y Jacob Javits, para explicarles las razones que animaron el golpe de junio. A su vez, en el banquete ofrecido en su honor por la Sociedad Panamericana de Estados Unidos y la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana, Alsogaray procuró calmar los temores de los sectores empresariales y financieros, afirmando que el gobierno de Onganía alentaría a las empresas y al capital privados a participar en el desarrollo de la actividad petrolera argentina. Asimismo, Alsogaray intentó contrarrestar los rumores de antisemitismo del nuevo gobierno, sosteniendo que “en la Argentina no hay sentimientos ni campañas antisemitas”. (7) 
    Las declaraciones de Alsogaray en Estados Unidos tuvieron repercusión en la Argentina. El elogio de Spruille Braden al discurso libre-empresario del embajador mereció el repudio de los dirigentes gremiales y de los nacionalistas argentinos, quienes tenían un ingrato recuerdo del ex embajador norteamericano en la Argentina, a raíz de su cruzada en las elecciones de 1946 contra el entonces candidato a presidente Juan Domingo Perón. El 28 de julio de 1966, el comité central de la CGT censuró las declaraciones de Alsogaray que “contradicen los postulados de la Revolución Argentina, que han creado en el pueblo una gran expectativa”. De manera similar, la lista amarilla de Empleados de Comercio expresó preocupación por el hecho de que “la Revolución Argentina recurra a hombres que no cuentan con el beneplácito del pueblo y responden a concepciones superadas por la nueva etapa histórica que debemos iniciar los argentinos (...)”. (8) Por su parte, la Agrupación Justicialista de la Asociación de Trabajadores del Estado se opuso a la designación de Alsogaray para atender negocios en la Argentina, y reclamó su destitución “por sus declaraciones hirientes al pueblo trabajador. Esperemos que la Revolución cumpla”. (9) Finalmente, un comunicado del Sindicato de Luz y Fuerza de la Capital Federal del día 28 de julio de 1966 sostenía que el embajador Alsogaray había  vertido “conceptos que no creemos beneficien en nada la expectativa y esperanza que abriera en el seno de nuestro pueblo la Revolución Argentina (...)”. (10)  
    Por último, las declaraciones que Alsogaray efectuó en Estados Unidos sobre política económica molestaron al propio gobierno de Onganía, en tanto le enajenaban la buena voluntad gremial. Además, al prometer medidas favorables a la libre empresa y a las inversiones extranjeras, el ex ministro de Economía rompió con un pacto que había hecho con el gobierno al aceptar el cargo de embajador especial: el de no hacer declaraciones sobre política económica, a fin de no estorbar la gestión del ministro Salimei. Sin embargo, Alsogaray, que nunca se resignó a perder protagonismo en la conducción económica, aceptó el cargo justamente especulando que, a través de su permanente contacto con agencias de noticias internacionales, podía formular declaraciones que sirvieran para presionar sobre la política económica del gobierno y recortar el margen de maniobra de Salimei. (11)  
    Por otra parte, en diciembre de 1966, el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos de Estados Unidos, Lincoln Gordon, inició contactos con el presidente Onganía y el canciller Costa Méndez, con el fin de testear la posición argentina en la reunión de los presidentes americanos de Punta del Este, que se celebraría el 14 de abril de 1967. 
   
En las entrevistas que Gordon mantuvo con Onganía y Costa Méndez, quedaron claramente definidas las posiciones de ambos gobiernos en lo referente a esquemas de integración regional. Mientras el gobierno de Estados Unidos impulsaba la presentación de las demandas latinoamericanas en bloque; el de la Argentina era partidario de que cada país discutiera en un plano de igualdad. De este modo, la tesis argentina se opuso a la norteamericana, planteando: a) que cada país debía gobernar en forma independiente su propio proceso de desarrollo; b) que el gobierno argentino no aceptaba autoridades supranacionales que dirigieran la actividad económica del país; y c) que la integración regional debía respetar las autonomías nacionales y establecerse a través de un proceso gradual de negociaciones concretas y pragmáticas que no atentaran contra los diferentes intereses nacionales de cada país. Como podemos apreciar, nuevamente los postulados del nacionalismo desarrollista estaban muy presentes en la postura adoptada por Onganía y por el canciller Costa Méndez. (12)
   
Por otro lado, el 12 de febrero de 1968 tuvo lugar la visita a la Argentina del general Robert Porter, comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos para la zona sur. El objetivo de esta visita era convencer a las autoridades argentinas de que concedieran a empresas norteamericanas la licitación para la venta de tanques AMX-30, que el ejército había otorgado a Francia a principios de ese mes. Desde la asunción de Onganía en junio de 1966, el gobierno norteamericano había cancelado la venta de tanques al gobierno argentino. Para convencer a los militares argentinos, Porter ofreció, además de los tanques citados, otros adicionales de fabricación norteamericana a la tercera parte del precio de los tanques franceses, con la condición de que el comandante en jefe del ejército, general Julio Alsogaray, anulara la licitación concedida a las empresas galas. El ministro de Defensa, Antonio Lanusse, sugirió a Alsogaray la conveniencia de aceptar la oferta norteamericana, pero los sectores nacionalistas del ejército presionaron en la dirección opuesta. Alsogaray cedió a favor de los últimos, y Lanusse, desairado, se alejó de la cartera de Defensa. A principios de marzo, el jefe del Estado Mayor General del Ejército anunció la firma del convenio con la empresa SOFMA para comprar, cofabricar y reproducir los tanques AMX-30 en la Argentina. (13)
   
Se deben mencionar también tres operaciones comerciales que tuvieron una enorme implicancia política, pues perjudicaron intereses privados norteamericanos en áreas que podemos definir como estratégicas dentro del proyecto de política exterior del gobierno de Onganía. La primera operación se concretó a fines de 1967, y consistió en la concesión de un contrato para comunicaciones vía satélite a un consorcio italiano. La segunda, en febrero de 1968, fue la firma de un contrato para que una empresa alemana, Siemens, construyese una planta atómica en Atucha. The New York Times, en un comentario de Malcolm Browne del 23 de febrero de 1968, afirmó al respecto: 

(...) éste es el segundo revés que sufren los Estados Unidos en tres meses (...) La Argentina ha dado otro gran paso en dirección a la órbita económica europea al conceder un contrato para la construcción de la primera planta atómica latinoamericana. Fuertes elementos del nacionalismo argentino y el deseo de evitar ataduras con los Estados Unidos han influido en la concesión (...) La Westinghouse y la General Electric habían ofrecido menor precio, pero sus proyectos habrían significado utilizar como combustible uranio enriquecido, en lugar del natural. La Argentina cuenta con abundantes riquezas de uranio natural, y en cambio habría tenido que depender de los Estados Unidos para recibir el uranio enriquecido. Funcionarios argentinos dicen que Buenos Aires y sus industrias dependerán mucho de la nueva planta. Por lo tanto, se verían en apuros si por cualquier emergencia, un conflicto mundial o algo parecido los Estados Unidos no pudieran cumplir compromisos determinados de enviar uranio enriquecido (...) Peritos y funcionarios norteamericanos en Buenos Aires están convencidos de que la Argentina dio el contrato anterior (el de los satélites) a Italia porque este país es su mejor cliente, y miembros del gobierno actual han dicho repetidamente que se debe comprar a quien nos compra (...). (14)

La tercera frustración para los intereses privados norteamericanos fue la oposición de la Dirección General de Fabricaciones Militares al proyecto de contrato entre la US Steel y la sociedad argentina ACINDAR para expandir el complejo siderúrgico de Villa Constitución, debido a las garantías exigidas por la empresa norteamericana. En este tema, el gobierno de Onganía nuevamente fue receptivo a la posición de Fabricaciones Militares y de los sectores nacionalistas, decidiendo en febrero de 1968 abortar el convenio con la US Steel y orientar sus esfuerzos en estimular a la sociedad siderúrgica nacional SOMISA. (15)

  1. El 28 de junio de 1966, Jacob Javits, senador republicano de Nueva York, invitó al Consejo de Ministros de la OEA para que estudie una política de oposición a los golpes de estado militares, calificando lo ocurrido en la Argentina como “un trágico acontecimiento para la Argentina y el mundo occidental”. Ver al respecto “Los diversos comentarios suscitados en el exterior”, La Nación, 29 de junio de 1966, p. 7.

  2. Declaraciones de Perón en Madrid al enviado especial de Primera Plana, Tomás Eloy Martínez, citadas en E. Anguita y M. Caparrós, op. cit., p. 82.

  3. Radios oficiales y el Canal 7 de la televisión argentina respondieron a las críticas del editorial del New York Times contra el régimen de Onganía, atacando la intromisión de las autoridades norteamericanas. “El país. Las relaciones con Estados Unidos”, Primera Plana, Año V, Nº 208, Buenos Aires, 20 al 26 de diciembre de 1966, p. 12. 

  4. “Así que pasen dieciocho días”, Primera Plana, Año IV, Nº 186, Buenos Aires, 19 al 25 de julio de 1966, pp. 18-19; “Universidad. El rayo que no cesa”, Primera Plana, Año IV, Nº 189, Buenos Aires, 9 al 15 de agosto de 1966, pp. 13 y 14;“Argentina y USA: El malentendido”, Primera Plana, Año IV, Nº 190, Buenos Aires, 16 al 22 de agosto de 1966, p. 12; “Universidad. Un paso atrás ¿dos adelante?”, Primera Plana, Año IV, Nº 190, 16 al 22 de agosto de 1966, p. 24; y “El país. Las relaciones con Estados Unidos”, Primera Plana, Año V, Nº 208, Buenos Aires, 20 al 26 de diciembre de 1966, pp. 12-13.

  5. En un reportaje efectuado a periodistas norteamericanos, Onganía se expresó en los siguientes términos: “(...) Infortunada y lamentablemente, la decisión del Gobierno de hacer actuar a la Policía fue tomada porque los estudiantes resolvieron ocupar ilegalmente dos edificios de Facultades. Lamento la violencia. Si no lo hiciera estaría avergonzado”. Ver al respecto “La Cancillería informó sobre el caso Ambrose”, La Nación, 3 de agosto de 1966, p. 4; “Nuevas repercusiones tiene en el exterior la situación creada”, La Nación, 12 de agosto de 1966, p. 16; “Universidad. El rayo que no cesa”, Primera Plana, Año IV, Nº 189, Buenos Aires, 9 al 15 de agosto de 1966, pp. 13 y 14; “Argentina y USA: El malentendido”, Primera Plana, Año IV, Nº 190, Buenos Aires, 16 al 22 de agosto de 1966, p. 12; “Universidad. Un paso atrás ¿dos adelante?”, en Primera Plana, Año IV, Nº 190, 16 al 22 de agosto de 1966, p. 24; y “El país. Las relaciones con Estados Unidos”, Primera Plana, Año V, Nº 208, Buenos Aires, 20 al 26 de diciembre de 1966, pp. 12-13. 

  6. “Misiones (II). ¿Qué puede hacer un ex Ministro?”, Primera Plana, Año IV, Nº 185, Buenos Aires, 12 al 18 de julio de 1966, pp. 17-18 y “Testimonios. Onganía rompe el silencio”, entrevista al ex presidente Onganía de Jorge Neder, Primera Plana, Año IX, Nº 411, Buenos Aires, diciembre 15, 1970, p. 17.

  7. “El Ingeniero Alsogaray”, La Razón, 28 de julio de 1966, p. 4 y “Fue agasajado en Estados Unidos el ingeniero Alsogaray”, La Nación, (una selección de la semana), 1º de agosto de 1966, p. 3.

  8. “La CGT también censura a Alsogaray”, La Razón, 29 de julio de 1966, p. 6. Ver también “La semana política. Un balance para treinta días”, La Nación (una selección de la semana), 1º de agosto de 1966, p. 2.

  9. Ibid.

  10. “El Ingeniero Alsogaray” y “Una opinión”, en La Razón, 28 de julio de 1966, p. 4.

  11. “La Nación. La revolución puede ser pacífica”, Confirmado, Año II, Nº 58, Julio 28 de 1966, p. 18.

  12. “Diplomacia. Lincoln Gordon: sólo para presidentes”, Confirmado, Año II, Nº 79, diciembre 22 de 1966, p. 21.

  13. “El país. Diplomacia: Carambola a tres bandas”, Primera Plana, Año VI, Nº 269, 20 al 26 de febrero de 1968, p. 12 ; “El país. Onganía y los militares”, Primera Plana, Año VI, Nº 272, Buenos Aires, 12 al 18 de marzo de 1968, p. 12 y “El Ejército comprará en Europa tanques y obuses”, La Prensa, 1º de marzo de 1968, p.7. 

  14. Artículo de Malcom Browne, The New York Times, 23 de febrero de 1968, citado en “Una operación que suscita comentarios en EE.UU.” por Santiago Ferrari, La Nación, 24 de febrero de 1968, p. 1. 

  15. “En derredor del convenio ACINDAR-US Steel”, La Nación, 25 de febrero de 1968, fuente citada en A. Rouquié, Poder militar y sociedad política en la Argentina, op. cit., pp. 278-279. 

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